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Argentina: La lucha continúa

"La Nueva Provincia", el diario donde colabora Peña Esclusa

Leandro Albani
Rredacción de Resumen Latinoamericano en Caracas

Un diario con historia dentro del fascismo argentino es el reducto para Alejandro Peña Esclusa, quien reapareció por estos días en Colombia, demostrando que entre grupos de derecha no hay fronteras y sí muchas colaboraciones Con la reaparición de Alejandro Peña Esclusa como corresponsal del diario argentino La Nueva Provincia en la rueda de prensa durante la presentación de los análisis a las supuestas computadoras del dirigente asesinado de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) Raúl Reyes, se puede trazar los lazos que existen en América Latina entre los grupos de ultraderecha que operan y conspiran contra los gobiernos democráticos de la región.
Esclusa, de origen estadounidense, estuvo presente cuando el secretario de Interpol, Ronald Kenneth Nobel, divulgó en Colombia las frágiles conclusiones de la investigación, aunque las cámaras de televisión en ningún momento lo enfocaron, a diferencia de los demás periodistas que se encontraban en el lugar y realizaban preguntas.
El medio que dijo representar este personaje, quien fuera uno de los principales líderes de la secta derechista Tradición, Familia y Propiedad, es sumamente conocido en Argentina debido al rol que cumplió durante la última dictadura militar que sufrió el país entre 1976 y 1983, y que dejó como saldo 30.000 personas asesinadas.
El diario La Nueva Provincia lleva más de cien años de vida en la ciudad de Bahía Blanca, provincia de Buenos Aires, y en la década del setenta funcionó como órgano de la Marina Argentina, avalando la sistemática política represiva de la dictadura militar hasta la actualidad.
Su dueño, Vicente Massot Massot, fue militante de la reaccionaria Falange Restauradora Nacionalista y en los años noventa se desempeñó como viceministro de Defensa del gobierno neoliberal del presidente Carlos Menem, cargo al que renunció por reivindicar públicamente la tortura durante el terrorismo de Estado.
Massot también se desempeñó como secretario de la revista Cabildo, publicación fascista que reivindica los asesinatos de la dictadura y arremete desde sus páginas contra los organismos de derechos humanos argentinos.
Durante la presidencia de Néstor Kirchner, el dueño de La Nueva Provincia estuvo en una cena realizada en el destacamento militar Regimiento Patricios en 2004 donde un nutrido grupo de militares y civiles rechazaron un acto llevado a cabo en el ex centro clandestino de detención de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) en repudio al golpe militar de 1976.
Por su parte, la directora del diario desde 1959, Diana Lía Julio Pagano de Massot, es nieta del fundador del matutino Enrique Julio y admiradora del dictador chileno Augusto Pinochet, "cuya foto con especial dedicatoria adorna su despacho", reveló el diario argentino Página/12.
El marino represor Adolfo Scilingo, responsable de los vuelos de la muerte durante la dictadura argentina, explica en su libro "¡Por siempre nunca más!", donde defiende el terrorismo de Estado, que La Nueva Provincia "ha llegado a formar un monopolio periodístico que no sólo da información sino crea opinión en la mente de los bahienses y fundamentalmente de los oficiales de Puerto Belgrano y del Quinto Cuerpo de Ejército".
Además, el diario es regido por una disciplina férrea donde sus empleados tienen prohibido el ingreso con pelo largo o con pantalones cortos, y no se toleran mujeres solteras embarazadas en sus filas.
Luego de la irrupción militar contra un gobierno constitucional el 24 de marzo de 1976, se pudo leer en las páginas de La Nueva Provincia la exigencia de "juicios sumarios" y "pena de muerte dictada por autoridades militares" contra los militantes políticos y sociales, además de mantener al país con "toque de queda y patrullaje militar".
Pero antes del golpe de Estado, La Nueva Provincia saludaba en 1973 a las organizaciones peronistas de derecha como "aguerridos grupos de argentinos que defienden los colores patrios y reaccionan como hace rato debió hacerlo el país todo contra el 'trapo rojo'", en referencia a los grupos revolucionarios.
A su vez, se avalaba el "accionar en la clandestinidad, jugándose la vida en operativos paramilitares" de los grupos de derecha que comenzaron el genocidio en Argentina.
A mediados de 1975 los seis gremios que representaban a los obreros del diario resolvieron un paro por tiempo indeterminado, en exigencia la aplicación de un franco cada cuatro días.
Por esta razón el matutino estuvo sin salir tres semanas y uno de los empleados fue baleado al llegar a su casa.
Cuando La Nueva Provincia reapareció, desde la dirección denunciaron la "labor disociadora de algunos delegados obreros cuyos fueros parecieran hacerles creer, temerariamente, que constituyen en verdad una nueva raza invulnerable de por vida", declaración en franco ataque a los obreros.
En ese artículo también se inventó que los empleados pretendían intervenir el diario "a efectos de cooperativizarlo o crear alguna otra forma de autogestión sovietizante" y se anunció que La Nueva Provincia "también conoce el 'soviet' que aún usufructúa y aprovecha dentro de nuestra propia casa el desorden generado por un estado en descomposición".
Estas medidas de fuerzas de los trabajadores desembocaron en la desaparición de los obreros gráficos Enrique Heinrich y Miguel Ángel Loyola, cuyos cadáveres fueron encontrados el 4 de julio de 1976 luego de ser destrozados a tiros por las fuerzas represoras que ya gobernaban el país.
La represión desatada por los militares argentinos y defendida desde las páginas de La Nueva Provincia, también llegó a Julio Antonio Infante Julio, primo hermano de la directora del diario.
En mayo de 76, más de quince integrantes del Ejército, encapuchados y con armas largas, secuestraron a Julio y al día siguiente el gobernador militar de Buenos Aires, Ibérico Saint Jean en persona le explicó a la titular del diario que su primo había hablado de más.
Sobre este hecho, la familia de Julio se llamó a un eterno silencio de por vida.
En las páginas de la nueva provincia se pueden encontrar en la actualidad artículos que desprecian la condición homosexual de una persona, mientras se defiende a rajatabla a la familia como muestra de orden y tradición.
Es más, la reacción de este diario contra la militancia política que apostó en la década del 70 por la liberación del país se puede demostrar con un ejemplo concreto.
Frente al asesinato del conocido periodista, escritor y militante de la organización Montoneros, Rodolfo Walsh, secuestrado por un grupo represor de la Marina, La Nueva Provincia argumentó que este hecho "no se trató de un acto criminal".
La historia de este diario centenario no es diferente a la de Peña Esclusa, por esa razón este periodista que se desempaña como representante de la derecha Latinoamericana encuentra su lugar para confundir y tergiversar la historia actual del continente en la páginas de La Nueva Provincia, matutino que siempre fue leído con mucha atención en los cuarteles de la dictadura militar argentina.

Fuente: lafogata.org