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Argentina: La lucha continúa

Un Patti al horno

El torturador Luis Abelardo Patti está preso, desde el jueves 22, por violaciones a los Derechos Humanos. El ex intendente de Escobar, el más fiel representante de la “mano dura” contra la inseguridad, está siendo juzgado por su participación en siete secuestros de víctimas de la dictadura. Aunque con significativa demora, se hace justicia con un personaje tan oscuro como aquellos que lo votaron.
 
Luis Zarranz
lzarranz@jaquealrey.org

 
No podía ser de otra manera. Y así fue.  
   Que Luis Abelardo Patti haya quedado detenido un jueves, con lo que ese día significa en la lucha por los Derechos Humanos, fue una sana jugada del destino para este ex policía y torturador, finalmente encarcelado por su participación en el secuestro de siete víctimas de la dictadura.
   El preferido de los que prefieren la “mano dura”, durísima, el que se enorgullece por haber aplicado picana eléctrica pero dice tener las manos limpias de corrupción, el inefable, el oscuro, el asqueroso Patti está en el lugar donde hace tiempo tendría que estar.  
   El ex intendente de Escobar, la ciudad de las flores que desde que su gestión son flores marchitas, sin perfume, sin aroma, sin vida; está preso y eso no es, como dicen algunos periodistas del progresismo más barato, exclusivamente debido a la “democracia”.  
   Patti está preso porque muchos no callaron. Porque hubo HIJOS que lucharon como sus padres. Madres que enfrentaron la impunidad como sus hijos. Abuelas que bregaron por Justicia como muchos de sus nietos. Y porque sobraban las pruebas que lo incriminan. Porque el hombre (es un decir), en una cabal muestra de la impunidad en la que vivía, había reconocido el uso de picana, la aplicación de torturas. A confesión de parte, relevo de prueba.  
   Sin embargo, las pruebas están. Estuvieron antes, también, pese a que la Justicia no haya querido verlas. Están y estarán. Como muestras imborrables de lo que Patti y muchos otros hicieron. Como ejemplo de que no han podido completar su plan.
   El juez federal de San Martín, Alberto Suárez Araujo, a cargo de la “megacausa” de los crímenes ocurridos en Campo de Mayo, tendrá ahora que decidir si lo procesa y le dicta la prisión preventiva para que siga detenido en Marcos Paz, compartiendo sus horas con el genocida Miguel Etchecolatz y con el sacerdote torturador, Christian Von Wernich, de similar enanismo moral y humano.
    
“Un tal Patti”
  
En el momento de las desapariciones por la que se lo juzga, Patti se desempeñaba como oficial subinspector de la Policía Bonaerense. Su defensa argumenta que su
detención se debe a una "persecución política" pero las pruebas demuestran precisamente lo contrario. Una nota de la Nunciatura, por ejemplo, demuestra que el nombre de Patti ya figuraba en las denuncias mucho antes de que se hiciera conocido,  
   Según consignó en una estupenda nota de Página/12 la periodista Adriana Meyer, el ex diputado justicialista, Diego Muñiz Barreto, había logrado filtrar, el 16 de febrero de 1977, un papelito con un mensaje: “"Querida Jovita, movete rápido, me detuvo el oficial Luis A. Patti, avisale a Joe."
    Ese correo, que Barreto escribió en una celda de la comisaría de Escobar, tras haber sido secuestrado por la patota de Patti, tenía como destinatario a uno de los altos contactos del ex diputado justicialista: el ex ministro de Economía de la dictadura José Martines de Hoz, Joe. Un familiar de uno de los circunstanciales compañeros de cautiverio de Barreto hizo llegar la nota a las oficinas de su empresa. Así, la familia se puso en marcha para liberarlo y acudió a otro poder: la Nunciatura Apostólica. Con
el dato que había aportado el mismo secuestrado, la Iglesia pidió informes
sobre un tal "Patti".
   El ex legislador fue preciso en identificar a su victimario, porque ya lo había detenido poco tiempo antes. En el expediente judicial por el cual Patti quedó preso, varios testigos aseguraron haber visto ese papel, que también sirvió para presentar el hábeas corpus en el que consta el nombre de Patti. Estos documentos datan de 1977 y demuestran que las acusaciones contra el ex intendente de Escobar no se vinculan con su actuación política posterior.
   La denuncia de los hijos de Muniz Barreto -que incluye el secuestro de su secretario Juan Fernández- es una de las causas por las que el represor fue detenido el jueves. A ella se sumó el secuestro y asesinato de Gastón Gonçalves y cuatro casos reactivados por el juez federal de San Martín en los que uno de los sobrevivientes asegura haber reconocido a Patti como su secuestrador.
Contra el ex intendente de Escobar y frustrado diputado, se reunieron 17 elementos de prueba para imputarle: Documentación de la Comisión Provincial de la Memoria que muestra las tareas de inteligencia previas sobre las actividades y movimientos de Diego Muniz Barreto mucho tiempo antes de su secuestro; El testimonio de Juan José Fernández, quien en su declaración ante escribano público dijo que "unos meses antes" Diego Muniz ya "había sido detenido" en la comisaría de Escobar; El informe de la Nunciatura, en el que consta las primeras denuncias de la ex esposa ante la representación diplomática del Vaticano; testimonios claves, entre otros.

Un Patti duro

   Patti egresó de la escuela policial Juan Vucetich en 1971. Allí había llegado desde Baigorrita, el pueblito de la provincia de Buenos Aires en el que nació y donde trabajó de panadero hasta el momento de su adolescencia en que decidió ser policía. Una vez recibido de oficial subayudante, Patti arrancó una carrera que registra pasos por la división Robos y Hurtos, las brigadas de investigaciones de Martínez y Caseros y las comisarías de Escobar, Tigre, Maschwitz y Pilar, entre otros destinos.
   De los años de la dictadura militar en que era elogiado por el temible jefe de la Bonaerense, Ramón Camps, y de su participación en la represión ilegal, Patti prefiere callar. "El tema ya pasó a la historia. Si no lo olvidamos, no vamos a terminar de discutir nunca", dijo alguna vez.  
   Ahora no le quedará otro remedio que rendir cuentas ante la Justicia por las desapariciones de Gastón Gonçalves, Diego Muniz Barreto y Carlos Souto, entre otras.  Su silencio tampoco puede borrar su participación en la muerte de los montoneros Osvaldo Cambiasso y Eduardo Pereira Rossi, torturados y fusilados en 1983.
    "Puede ser que a veces se bordee el límite de la legalidad. Pero nunca se atraviesa. Yo les digo a mis camaradas que hay que actuar con cierta dureza con la delincuencia porque si no, nos van a pasar por encima", explicó también en algún momento Patti. El juez Raúl Borrino constató, en otra causa anterior, que en su caso pasó ese límite al picanear a Miguel Angel Guerrero y Mario Claudio Barzola
   En 1995, como explícito defensor de la mano dura, arrasó como candidato a intendente de Escobar. Cuatro años más tarde fue reelecto ya al frente de su propio partido. En 2005 obtuvo una banca de diputado como candidato en la boleta que acompañó la de Hilda "Chiche" Duhalde al Senado, pero no pudo asumir ya sus pares se lo impidieron por falta de “idoneidad moral” debido a las violaciones a los Derechos Humanos en la que estaba vinculado.    
   Que Patti esté preso es un significativo avance en la pelea contra la impunidad, aunque sean cientos los represores que quedan por juzgar.  
   Es una buena noticia que haya sido encarcelado y que haya sido un jueves, el día que las locas eligieron para dar vueltas a la Plaza, y al mismo tiempo, dar vuelta la historia.  

Fuente: lafogata.org