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Medio Oriente

31 de octubre del 2002

Arabia Saudí sin saudíes

Wayne Madsen
Counterpunch
Traducido para Rebelión por Germán Leyens

Sadam Husein, enemigo público N 1?
No si uno considera que fue Sadam el que efectivamente estremeció la casa de Saúd cuando sus fuerzas militares atacaron en la profundidad de su reino del desierto durante la Guerra del Golfo. Los saudíes, principales apoyos financieros de Al-Qaeda, los talibán, y de grupos terroristas similares, recibieron un golpe a traición de Irak un golpe que jamás podría siquiera haber sido considerado por los estadounidenses o los israelíes. La radical familia real wahabí saudí, sus acaudalados partidarios empresariales y sus fanáticos clérigos religiosos hubieran probablemente huido a la seguridad y resguardo de sus vastos recintos y complejos habitacionales protegidos en Suiza, Inglaterra, Estados Unidos, España y Francia. Pero los saudíes encontraron su protector en la persona de George H. W. Bush quien reunió una coalición internacional para que socorriera a los corruptos saudíes, protegiendo así su modo de vida, y el propio.
Y ahora los saudíes tienen otro protector en la Casa Banca, el delfín presidencial, George W. Aunque continúa acumulándose suficiente evidencia sobre el financiamiento saudí de madrazas, mezquitas, caridades, y casas de huéspedes ligadas a Al-Qaeda a través de una difusa red de bancos, compañías, hawalás, y operaciones de fachada, la administración de Bush II se niega a apoyar a una comisión independiente que investigue la sórdida naturaleza del financiamiento pasado y actual de Al-Qaeda y sus aliados. Es porque este rastro termina por conducir directamente a los palacios, mezquitas, y oficinas de Riyad, Yeddah, Medina, y Meca. Pero ahí no termina la pista. Si se considera la presunta participación de adinerados multimillonarios saudíes como Khalid bin Mahfouz en algunas de las operaciones pasadas de G. W. Bush como Arbusto y Harken Energy y la más reciente participación de Bin Mahfouz y Mohammed Hussein al Amoudi en Delta Oil/Nimir, un socio de UNOCAL, en el gasoducto de gas natural trans-afgano, se hace muy evidente la verdadera naturaleza del doble juego de Bush con los saudíes. Porque Bin Mahfouz y al Amoudi, junto con sus patrocinadores, los potentados saudíes, han sido investigados por el desvío de millones de dólares a caridades islámicas y fachadas asociadas con Al-Qaeda, el rastro del financiamiento del terrorismo conduce a las oficinas corporativas de las principales compañías petroleras de EE.UU. y, considerando los tratos del pasado del enviado de Bush para Asia meridional, Zalmay Khalilzad, con los talibán y el gasoducto afgano, directamente al ala occidental de la Casa Blanca. Y ciertamente la Casa Blanca no quiere que haya comisiones escrutando la confortable relación entre Bush padre, The Carlyle Group, y el cartel empresarial de Bin Laden. Y olvidemos los lucrativos acuerdos que el pillo Neil Bush de First Brother and Silverado Savings and Loan ha estado realizando con algunos de los mismos príncipes saudíes y emires de Dubai que también financiaron a los talibán y Al-Qaeda. Ha estado convenciendo a sus anfitriones árabes de la idea de la formación electrónica a través de su compañía Ignite! Ahora bien, el que las escuelas saudíes y de los Emiratos sean controladas por los mismos clérigos islámicos que escupen el odio anti-cristiano y anti- judío constituye lo interesante de esta perspectiva. Que esa basura on-line llegue por la red a los futuros reclutas terroristas por todas partes. Neil es un Bush que debería retirarse definitivamente del negocio de la promoción de la familiarización informática.
Los saudíes han estado publicando una serie de ingeniosos comerciales en la televisión que enfatizan que Arabia Saudí y Estados Unidos han trabajado siempre estrechamente unidos en la lucha contra el terrorismo. En una declaración digna de ser incluida en la vieja Gran Enciclopedia Soviética, el más famoso depósito del revisionismo histórico, los saudíes tratan de que los estadounidenses crean que no fueron ellos los que continuaron pagando "seguro de protección" a Osama Bin Laden, mucho después de su pretendida pérdida de la ciudadanía saudí en 1991. Los expertos en el Oriente Medio subrayan que si los clérigos saudíes no pueden presentar un certificado que también pruebe que su familia también renegó oficialmente de Bin Laden en una ceremonia religiosa islámica en la que se le hubiera obligado a ponerse de frente al sol y a ser reprobado por los ancianos de su familia, la pérdida de su pasaporte saudí significa nada. Porque en una teocracia como Arabia Saudí, el estado está supeditado a la jerarquía religiosa. Sharia, la ley islámica, supera a la ley civil en todo momento. Por ello, sin un reniego formal, Bin Laden sigue siendo saudí ante su familia y sus principescos y emprendedores patrocinadores y partidarios.
Los saudíes han contratado los servicios de las influyentes firmas legales y de presión como Patton Boggs y Akin, Gump, Strauss, Hauer & Feld para que ayuden a mantener su influencia en Washington con republicanos y demócratas. Insisten en que siempre han ayudado a Estados Unidos contra el terrorismo. Son simples bobadas. Fueron los pagos de protección saudíes a Bin Laden y a sus gángsteres los que ayudaron a financiar el asesinato y la mutilación de estadounidenses en Nueva York y Washington, sobre el USS Cole en el puerto de Adén, en los cuarteles militares en Dhahran, en las embajadas de EE.UU. en Kenia y Tanzania, y, más recientemente, en un club nocturno en Bali... Pero la carnicería no termina con los estadounidenses. El patrocinio saudí del terrorismo también ha resultado en las muertes de inocentes australianos, israelíes (judíos y árabes), rusos, británicos, franceses, holandeses, suecos, egipcios, alemanes, iranios, afganos, indios, paquistaníes, filipinos, indonesios, neozelandeses, japoneses, surcoreanos, surafricanos, taiwáneses, ecuatorianos, suizos, chinos, y gente de más de cien otras naciones. Pero los saudíes quieren que el mundo crea que fue el dinero de otros el que pagó las cuentas para que los terroristas cometan sus horrendos actos. El nivel de su falsedad, es sobrepasado sólo por su grotesca riqueza.
Y con esa riqueza, los saudíes están tratando activamente de amordazar a los medios internacionales. Toda mención de la participación de influyentes saudíes con Bin Laden y Al Qaeda resulta en amenazas de juicios. Un juicio semejante fue presentado por Yeslam Bin Laden, hermano de Osama, contra los autores y el editor de la edición francesa de Forbidden Truth, un libro que denuncia el engaño de los "Bin Laden buenos". Como los saudíes pueden simplemente decapitar a cualquier periodista crítico en su propio país, tratan de abusar del sistema legal occidental para sofocar toda crítica en el extranjero.
Que los saudíes vayan a contarles a los israelíes que son inocentes de la participación con los terroristas. Cuando las tropas israelíes irrumpieron en Cisjordania en su Operación Escudo Protector confiscaron registros bancarios y otros que ahora llenan todo un hangar para aviones cerca de Tel Aviv. Esos archivos bancarios revelan que los saudíes han contribuido directamente dinero a grupos como Hamás y el Yihád Islámico para que aten bombas sobre jóvenes y los hagan estallar en buses, restaurantes, y mercados en todo Israel. Otro grupo que gozó de la generosidad de los saudíes fue una célula de Al Qaeda descubierta en Cisjordania. Lo que es más mortificante es que algunos de los cheques saudíes a los terroristas fueron enviados a través del Banco Saudí-Americano y una de sus compañías matrices corporativas, Citigroup. A propósito, el Banco Saudí-Americano es el banco preferido por el visitante del rancho de Bush en Texas, el príncipe saudí Bandar. Pero, igual como en el encubrimiento de Enron, es dudoso que la administración Bush vaya a realizar alguna investigación que tenga sentido sobre el papel de los bancos de EE.UU. en el financiamiento de actividades criminales. Hace unas pocas semanas, un atacante suicida trató de entrar a un café cerca de la embajada de EE.UU. en Tel Aviv. Lo que me resultó personal en el asunto es que yo había estado sentado en el mismo café unos pocos días antes del intento de atentado. A menos que uno sufra realmente el miedo que promueve y financia Arabia Saudí en sitios como Israel, es difícil comprender la naturaleza de la duplicidad de Arabia Saudí.
Y Arabia Saudí continúa mostrando una increíble insensibilidad. Acaba de nombrar al príncipe Turki Al-Faisal bin Abd Al-Aziz Al Saud, el antiguo jefe de la inteligencia saudí y el hombre que no sólo ayudó a generar Al Qaeda y a los talibán, sino que se reunió con Bin Laden aun en 1998, como su nuevo embajador ante la Corte de St. James. Enviar a una persona que compartió con Bin Laden a Londres, la ciudad que alberga la mayor cantidad de miembros y simpatizantes de Al Qaeda fuera del mundo islámico, muestra una vez más los verdaderos colores de los saudíes.
Sin embargo, no todos los árabes apoyan a la casa de Saúd. Unos pocos valerosos activistas por la democracia de Arabia están combatiendo al régimen desde el exilio. Es vilmente incorrecto si alguien se refiere a esas personas como "árabes saudíes". Igual como no todos en Alemania nazi eran nazis y no todos en China comunista son comunistas, no todos en Arabia Saudí son "saudíes. En un mundo más perfecto, Estados Unidos no estaría tratando de lograr un cambio de régimen en Irak (después de todo cuántos de los secuestradores del 11 de septiembre eran iraquíes?) sino que estaría tratando de convertir a Arabia en una península sin saudíes, con un gobierno democrático.
Wayne Madsen es un periodista investigativo y columnista de Washington DC. Escribió la introducción de Forbidden Truth. Su correo es: WMadsen777@aol.com