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País Vasco

7 de abril del 2004

Testimonio de los 4 jóvenes navarros liberados tras dos años de prisión, por un delito que no cometieron
«No hay que aclarar este caso, hay que aclarar la tortura y erradicarla»

Gara

Acaban de ser exculpados de un delito no cometido, pero por el que confiesan que ya pensaban en pasar muchos años en la cárcel. Pero no se creen protagonistas de una historia excepcional; de hecho, recuerdan que hay muchos vascos condenados sólo por declaraciones en comisaría. Y se niegan a ser utilizados por quienes avalan el sistema. Aurken Sola, Jorge Txokarro, Ainara Gorostiaga y Mikel Soto se rebelan ante quienes les comparan con «los cuatro de Guilford». Su caso, admiten, es inusual, pero puede estar ocurriendo también hoy mismo, cada vez que un vasco está incomunicado en comisaría.

­¿Qué sensación tienen tras haber sido liberados tras dos años de prisión?

Jorge TXOKARRO: Existe una alegría evidente porque estás en la calle cuando ya no te lo esperabas. Pero lo que mejor define nuestro estado de ánimo es la impotencia.

Mikel SOTO: Teníamos asimilado que nos íbamos a comer al marrón o que, al menos, íbamos a ir a juicio.

J.T.: En operaciones policiales de este tipo, tienes muy pocas posibilidades. Hay muchos casos que no tienen la relevancia del nuestro, pero hay mucha gente joven que conoce la prisión simplemente por declaraciones ante la Policía obtenidas bajo torturas. Nosotros no pensábamos que íbamos a salir en libertad con las acusaciones que teníamos encima.

M.S.: Claro, es que ahora se habla de la existencia de informes policiales que nos exculpaban, pero para nosotros las pruebas que había hace dos años y las de hace dos meses eran las mismas. No había nada diferente.

­¿Hay alguna hipótesis que explique todo lo ocurrido? ¿Por qué actuó así la Guardia Civil y el resto del engranaje?

J.T.: Pienso que todo esto entra dentro de una estrategia generalizada que se está dando en Euskal Herria, y a raíz de las ilegalizaciones mucho más. La tortura se utiliza para sacar información, pero también para infundar una especie de miedo generalizado en todos los ámbitos, y nos ha tocado a nosotros por ser jóvenes y por tener un compromiso.

M.S.: En este sentido, cuando nos detienen a Ainara y a mí y luego a Jorge y a Aurken, la pregunta que se hace todo el mundo es hasta dónde quieren llegar. Porque si seguían tirando de la cuerda en Iruñea no se salvaba nadie... Todos éramos personas muy visibles y conocidas en Iruñea.

J.T.: Por eso, el factor del miedo es muy importante para tratar de intimidar a todo aquel que esté dispuesto a denunciar mil problemas que pueda sufrir este pueblo.

­¿Qué es lo que más molesta de todo lo escuchado tras la excarcelación?

M.S.: Todo lo que les hemos dejado de escuchar durante dos años y todo lo que les hemos escuchado en estas dos últimas semanas es de vergüenza. Mucha gente, fundamentalmente los responsables de EA y PNV, deberían responder ante la opinión pública de un montón de cosas. ¿Cómo pueden tener tanta cara de escandalizarse con la tortura y con la incomunicación por parte de la Guardia Civil cuando su Policía aplica la incomunicación, la «legislación antiterrorista», y tortura a ciudadanos vascos? ¡Pero si nosotros nos hemos encontrado con esos detenidos en la cárcel! Hemos estado con presos que han pasado por manos de la Ertzaintza y han sido torturados. Y luego les oyes hablar de qué puede llegar a sentir una persona en esas circunstancias... ¿Cómo se supone que la Ertzaintza consigue autoinculpaciones si no es por medio de la tortura? ¡Es que así lo dice el informe de la ONU! Van Boven dice que la Ertzaintza tortura, como la Policía Nacional o la Guardia Civil. Han tenido un cinismo impresionante. Los de EA se concentraron el otro día en Iruñea para pedir que se investigaran las torturas sufridas por Ainara. ¡Pero si todos los detenidos en esa operación denunciamos torturas! ¿Es que no lo sabían hace dos años? ¿O es que no hay que aclarar las torturas a Mikel Aiensa? Nos hemos convertido ahora en una excusa para hacer política en el sentido que a ellos les conviene. El problema que vemos es que la polémica se está centrando mucho en nosotros, pero ahora le está pasando lo mismo a mucha gente. ¡Ahora es cuando hay que denunciar todo lo que ocurre con las detenciones preventivas, no cuando salga el fiscal dentro de dos años diciendo que esas personas estaban en una lista que no era tal! Hay elementos para que los partidos, las instituciones y los colectivos sociales denuncien esa realidad. En resumen, no es un problema de nosotros cuatro, sino de la estrategia que llevan los estados, que, en el marco del conflicto, utilizan la Justicia y la legislación y se saltan a la torera un montón de supuestas garantías que existen en una democracia.

J.T.: Hemos estado viendo cómo responsables políticos echaban balones fuera, cómo ni se dignaban a recibir a nuestros familiares. Y ahora te utilizan, porque pasan de esa situación a, dos años después, aprovecharla para salir ante la sociedad para posicionarse en defensa de los derechos humanos.

­¿Se sienten utilizados?

M.S.: A mí no me importa que los colectivos que nos apoyaron al principio ahora usen nuestro caso para atacar al sistema desde su punto de vista. Damos esta entrevista a GARA porque siempre ha dado tratamiento y credibilidad a lo que decían nuestras familias. Lo mismo que "Berria". Que Batasuna utilice este caso para dar una rueda de prensa me parece legítimo, porque siempre nos han apoyado. Lo que me enfada es que gente que ha pasado de nosotros ahora nos utilice y además intente personalizar el caso en Ainara como excusa para aprovecharse del momento postelectoral. No cuestionan la legislación antiterrorista ni la tortura en su sentido más amplio. No basta con decir que hay que aclarar este caso. Lo que hay que aclarar son todos los casos de tortura. Y erradicarla. Ellos tienen la posibilidad. Si no aplican los nueve puntos de TAT, que apliquen al menos los que propone Van Boven. ¡Están en connivencia con la tortura que practica la Ertzaintza! ¡No se puede tener tanta cara!

­¿Duele más esa posición de PNV o EA que lo que pueda decir Miguel Sanz?

M.S.: Sanz es un impresentable y una persona que no está preparada para vivir en democracia más que cuando le sirve para sus fines. Pero es sincero y dice lo que le sale. El cree que somos etarras y dice que somos etarras. Se descalifica a sí mismo, pero el resto duele infinitamente más. Ellos saben que a Mikel Aiensa le torturaron o que la Ertzaintza tortura a quien detiene, pero ahora les conviene denunciar nuestro caso y alimentan la teoría del error judicial y piden responsabilidades en ese ámbito sobre Ainara, pero se callan el resto. Esto es lo que más rabia me produce a mí.

­¿Y esa comparación con los «cuatro de Guilford»?

J.T.: No estamos de acuerdo con las noticias que aparecen en algunos medios de comunicación que nos presentan como los «cuatro de Iruñea». Puede que el nuestro sea un caso especial, pero hay mucha gente que se enfrenta a algo similar debido a la política represiva que se está llevando en contra de la juventud y también contra movimientos culturales y sociales, porque últimamente vemos que hay personas de avanzada edad que también están entrando en prisión. Nuestro caso es algo especial, pero también es generalizado.

M.S.: Detrás de lo de los «cuatro de Iruñea» no hay un error, sino que está el tema de las torturas. Nuestro caso es una excepción porque hemos tenido una suerte de mil pares de narices. Pero es que hay un montón de casos en los que, como no son tan espectaculares, la gente se come un montón de años. Y a nadie le escandaliza. Si se quiere denunciar algo utilizando nuestro caso, hay que generalizar, porque no es algo aislado. En la Audiencia Nacional pasa esto semana tras semana, pero sólo informan sobre ello GARA y alguno más. En estos casos ves que la mayoría de las condenas son por declaraciones obtenidas bajo torturas. Y con eso solamente reparten decenas de años de cárcel como si fueran caramelos.

J.T.: Utilizan a la Justicia para hacer frente a la reivindicación que existe en Euskal Herria.

M.S.: Nosotros, hasta hace dos meses éramos cuatro putos etarras. Es así, la gente no se pregunta los motivos cuando te han condenado. Ahora hemos ascendido en el escalafón en el "Diario de Navarra" hasta ciudadanos navarros, que es lo máximo que se puede ascender.

¿Qué pudo suponer la lucha de los familiares en defensa de su inocencia?

En su momento no tuvo mucho eco... M.S.: Parte de lo que está pasando es fruto del trabajo que han hecho nuestras familias. El detonante ha sido ahora, pero el trabajo que hicieron las familias sembró la duda, y en otro montón de sitios escandalizó. Entre otras cosas, prepararon unos dossieres en los que aparecían nuestros testimonios de torturas y hay gente que nos ha dicho que se le ponían los pelos de punto al leerlos. La duda se ha ido fraguando durante dos años y ese trabajo ha dado sus frutos. Pero lo que no se puede pretender es que tras siglos de ocupación militar e inquisición, y con una dictadura de por medio, la sociedad tenga la madurez democrática que tiene en Bélgica. Cuando estuve en Holanda en el juicio a Esteban Murillo, el juez, que hablaba en flamenco, al mencionar la palabra «incomunicación» lo hacía en castellano. Allí no tienen una palabra que defina esa realidad. Son siglos de democracia y aquí hay lo que hay, y encima sufrimos un retroceso.

J.T.: La impotencia no se limita a lo que ha pasado con nosotros, sino que es general, ya que ves que se sigue manteniendo impune la tortura, un sistema jurídico totalmente caduco y un Estado de desecho, más que de Derecho. Te ves inmerso dentro de un barullo que está perfectamente organizado. Nadie es inmune a esto. Le puede pasar mañana a cualquier otro.

Aurken SOLA: Cuando nos detuvieron vimos claro que, si nos hicieron lo que nos hicieron, se lo podían hacer a cualquiera. No somos los únicos. A la luz salen sólo algunas cosas, pero suceden muchas más.

­¿Qué se le puede decir a quien siga negando la existencia de la tortura?

M.S.: Es algo inasumible en una democracia. Pueden cambiar las leyes para hacer lo que quieran: para alejar a los presos o para que no podamos estudiar. Pero no pueden hacer una ley para amparar la tortura. Admitir que se tortura es asumir que aquí no existe democracia, y ése es el problema. Si hablas con un votante del PSOE y admite que se tortura, tiene que tomar un compromiso ante eso. Así que prefieren no ver la tortura. El PP y el PSOE tienen un pacto de Estado para decir que la tortura no existe. El año que viene va a venir el Relator contra la Tortura y les va a volver a decir a los del PSOE que existe la tortura, y van a decir lo mismo que el PP.

­Al margen de todo esto, ¿qué conclusión se extrae del paso por la cárcel? ¿Cómo está la situación?

A.S.: Bastante mal, porque la regresión de derechos en el interior de las cárceles es enorme. Por eso han puesto el Juzgado Central de Vigilancia Penitenciaria. Cada vez aprietan las tuercas más con la reducción de las visitas o poniendo vises entre semana. Fallaron con la dispersión y ahora tiran de esta herramienta.

M.S.: En los dos años se ha notado mucho esa regresión, que se ha extendido a muchas cárceles. La limitación de visitas a diez amigos, por ejemplo, empezó en Soto, pero luego se extendió a todos los sitios, y cada semana se suma una nueva. Pero el colectivo, aunque es más variado que nunca porque hay gente presa por casi cualquier cosa, a la vez está más unido que nunca. Y nos hemos sentido muy arropados.