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8 de enero de 2002
  La recolonización y la "necesidad
de un nuevo imperialismo"
James Petras
Alcaabajo


La expresión generalmente repetida, "después del 11 de septiembre de 2001, el mundo ha cambiado," ha recibido muchos significados diferentes. El sentido más frecuente, explícitamente indicado por Washington, repetido por la Unión Europea, y amplificado por los medios de masas es que, como resultado del 11 de septiembre, se abrió una era enteramente nueva, un nuevo "período histórico" en el que se "establecieron" una nueva serie de prioridades, de relaciones de alianzas y políticas.
La perspectiva de Washington de periodicizar una nueva era histórica desde el 11 de septiembre refleja, sin embargo, sus propias pérdidas y vulnerabilidades. Desde la perspectiva del Tercer Mundo (y tal vez más allá) la "nueva era*" comienza el 7 de octubre de 2001, la fecha de la masiva intervención y bombardeo de área de Afganistán por EE.UU. El 7 de octubre es importante porque señala el comienzo de una importante ofensiva mundial contra los adversarios de EE.UU. bajo definiciones muy elásticas y amplias de "terrorismo," "refugios de terroristas," y "simpatizantes de terroristas". Marca claramente una nueva ofensiva militar contra los oponentes y competidores del poder imperial de EE.UU., incluyendo a la disensión interior.
Es importante comprender el significado dela expresión "nueva época" porque gran parte de lo que está sucediendo no es nuevo, sino más bien la continuación y la profundización de la continua agresión militar imperial que precedió al 11 de septiembre y al 7 de octubre. Igualmente, las luchas de liberación popular en muchas partes del mundo continúan sin disminución, a pesar del 11 de septiembre y del 7 de octubre, a pesar de algunos cambios significativos en su contexto.
En breve, aunque el 11 de septiembre y el 7 de octubre son eventos importantes, queda por ver si los acontecimientos que siguieron después de esas fechas marcan un nuevo período histórico desde el punto de vista cualitativo.
Yo diría que es más útil analizar la interrelación entre los acontecimientos y los procesos históricos antes del 7 de octubre y después, a fin de separar lo que es nuevo y significativo de lo que es efímero o establecido.
Algunos factores significativos establecen los parámetros y el contenido para nuestra discusión. El primero es el debilitamiento relativo del poder político y económico de EE.UU. durante todos los años 90 en áreas clave del mundo, particularmente en la región del Oriente Medio y del Golfo, de América Latina, Asia, y Europa, junto con un aumento de la influencia de EE.UU. en los estados balcánicos menos importantes de Kosovo, Macedonia y Serbia.
El segundo factor es la vasta expansión de los intereses económicos de EE.UU. a través de sus corporaciones y bancos multinacionales en el Tercer Mundo, y el debilitamiento gradual de los regímenes clientes que apoyan esa expansión. Evidentemente, las instituciones financieras internacionales (IFIs) tales como el Banco Mundial (BM), y el Fondo Monetario Internacional (FMI), habían agotado hasta tal punto la riqueza de las economías locales con sus políticas de ajuste estructural, las doctrinas de libre comercio y las exigencias de privatización, que los estados clientes se estaban fragmentando y debilitando y se veían plagados por elites corruptas del sector privado y políticos que saqueaban el tesoro nacional. El debilitamiento de la "estructura de control" imperial significó que la dependencia tradicional casi exclusiva de las IFIs para la extracción del superávit se estaba volviendo inadecuada. La disminución del control imperial "indirecto" de los estados empobrecidos y devastados del Tercer Mundo, requería un "nuevo imperialismo," según el periodista del Financial Times, Martín Wolf, (FT, 10 de octubre de 2001, p. 13.) En pocas palabras, las bombas y los infantes de marina, complementaron a los funcionarios del FMI y de a los programas de ajuste estructural en la "reestructuración" de las economías y asegurando la subordinación de los estados del Tercer Mundo. Como dice Wolf: "Para enfrentar el reto del estado fracasado [saqueado y consumido] lo que se precisa no son piadosas aspiraciones sino una fuerza coercitiva honesta y organizada." En otras palabras, guerras imperiales como en Afganistán, Yugoslavia, etc., deben ser acompañadas por nuevas conquistas imperialistas -la recolonización es el "nuevo imperialismo," un proceso que ya está en camino en el espacio aéreo, terrestre y marítimo de América Latina.
Desde el fin de la guerra del Golfo y la presidencia de Bush (padre) al 7 de octubre de 2001, EE.UU. venció en conflictos militares en los Balcanes y en América Central, (regiones periféricas), y sufrió una seria pérdida de influencia en regiones estratégicas. De manera similar, la economía de EE.UU. pasó por un mini-boom especulativo entre 1995 y 1999 y luego sufrió una creciente recesión al entrar en el nuevo milenio. La combinación de las victorias periféricas y de la burbuja especulativa ocultó la creciente debilidad estructural.
Las pérdidas en la influencia estadounidense pueden ser brevemente resumidas. En el Oriente Medio, la estrategia de EE.UU. de derrocar o aislar al gobierno iraní y al régimen iraquí de Sadam Husein fue un fracaso total. Esos regímenes no sólo sobrevivieron, sino que rompieron efectivamente el boicot estadounidense. Las sanciones de EE.UU. contra Irán fueron rotas, de facto, por la mayor parte de los "aliados" de EE.UU., incluyendo a Japón, la UE, los estados árabes, etc. Irán fue aceptado entre los países de la OPEC revitalizada y firmó acuerdos de energía nuclear con Rusia y contratos petroleros con Japón. Irán firmó acuerdos de inversiones y comercio con todos los principales países con la excepción de EE.UU. e incluso tres CMNs estadounidenses, trabajando a través de terceras partes, se involucraron en el comercio iraní.
Irak fue reintegrado a la OPEC, fue aceptado como miembro en las reuniones de los estados del Golfo, en las cumbres árabes y en las conferencias islámicas internacionales. Irak vendió millones de barriles "clandestinos" de petróleo a través de Turquía y Siria, claramente con conocimiento de los "regímenes de tránsito" y de los consumidores europeos occidentales.
La insurrección palestina y el apoyo unánime que recibió de los regímenes árabes (incluyendo los clientes de EE.UU.) aislaron a EE.UU. que permaneció estrechamente ligado al estado israelí. En África del Norte, Libia desarrolló fuertes lazos económicos con la UE y sus compañías petroleras, particularmente con Italia y estableció relaciones diplomáticas con numerosos países de la OTAN.
Por lo tanto, tres países productores de petróleo, identificados como objetivos importantes de la política de EE.UU., aumentaron su influencia y sus lazos con el resto del mundo, debilitando así el dominio de EE.UU. sobre la región, después de la guerra del Golfo. Evidentemente, el "Nuevo Orden Mundial" de Bush padre se encontraba en ruinas, reducido a mini-feudos, en el patio trasero, en las provincias albanesas en los Balcanes, infectadas por la mafia.
Otro signo importante de la disminución del poder de EE.UU. se mostraba en el masivo aumento de los superávit comerciales acumulados a costa de EE.UU. en Asia y en la UE. En el año 2000, EE.UU. llegó a un déficit comercial de 450 mil millones de dólares. Los 350 millones de consumidores de Europa Occidental compraron crecientemente bienes producidos en Europa -más de 2/3 del comercio de la UE fue intereuropeo. En América Latina, las CMNs europeas, particularmente las españolas, derrotaron a sus competidores estadounidenses en la adquisición de lucrativas empresas privatizadas.
Políticamente, sobre todo en América Latina, la dominación de EE.UU. estaba siendo puesta severamente a prueba por los formidables movimientos de guerrilla en Colombia, por el presidente de Venezuela, Chávez, y por los movimientos de masas en Ecuador, Brasil, y otros sitios. El colapso de la economía argentina, las crisis económicas generales en el resto del continente y la significativa pérdida de legitimidad de los regímenes clientes de EE.UU., fueron otros indicadores del debilitamiento del poder de EE.UU. en sus provincias neocolonizadas.
El fuerte crecimiento del "movimiento contra la globalización," particularmente de sus sectores "anticapitalistas" en toda Europa Occidental, América del Norte y otras partes, desafió el poder de Washington en la imposición de nuevas reglas favorables al imperio para las inversiones y el comercio.
Confrontado con la disminución de su influencia en regiones estratégicas, una creciente crisis económica interior, el fin de la burbuja especulativa (tecnología de la información, biotecnología, fibras ópticas), Washington decidió comenzar a militarizar su política exterior (mediante el Plan Colombia) y a buscar agresivamente ventajas comparativas a través de decisiones unilaterales: la abrogación de tratados (el acuerdo anti-misiles ABM con Rusia, el Acuerdo de Kyoto, el Tribunal Internacional de Derechos Humanos, y los acuerdos contra la guerra biológica y contra el uso de minas terrestres, etc.) La acción unilateral fue considerada una manera de invertir el debilitamiento relativo, combinando la acción militar regional y la presión económica. Para contrarrestar la disminución de la influencia de EE.UU. en América Latina y aumentar su control, Washington impulsó el Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA) para limitar la competencia europea y aumentar la dominación estadounidense. Sin embargo, encontró una oposición considerable en cuatro de los países clave de la región: Brasil, Venezuela, Colombia y Argentina.
El 11 de septiembre, (que se agregó al ataque contra el acorazado Cole en Yemen, a los ataques contra las embajadas en Kenia y Tanzania y a los intentos anteriores de destruir el World Trade Center) fue otra señal del debilitamiento relativo del poder de EE.UU., esta vez de la incapacidad de Washington de defender los centros del poder financiero y militar dentro del imperio.
El 11 de septiembre no es una fecha significativa. No lo es porque continuó marcando la disminución relativa de la influencia de EE.UU. Lo es porque se convierte en el momento crucial para una importante contraofensiva para invertir el debilitamiento y reconstruir un "Nuevo Orden Mundial" centrado en EE.UU.

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