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País Vasco

Los estados modernos aseguran que la política penitenciaria esta encaminada hacia la reinserción social del preso

Morir en la cárcel

Nebera
Rebelión

Entre los años 2.001 y 2.004, según un informe publicado por Salhaketa, murieron según datos oficiales 1.021 presos en cárceles del Estado Español, son miles los que no reciben la atencion adecuada a las enfermedades muchas veces desarrolladas en periodos de privación de libertad y son muchos los que las reciben de forma "intencionalmente" equivocadas.

Muchos hemos asistido impotentes a las imágenes de caos provocadas por algún motín carcelario que suelen resumir enfrentamientos de bandas rivales o protestas contra la política carcelaria del propio centro. Los muertos siempre son los propios presos a manos de otros presos o ante la brutal actuación de las fuerzas policiales, o ejercito, encargadas de sofocarlo.

Son muchos los presos que año tras año mueren en estos oscuros motines cuya provocación no es siempre imputable a los propios presos que si son siempre aquellos que, antes o después, pagan por ello.

La sociedad moderna necesita de rehenes y culpables acostumbrando a encontrarlos entre los mas desprotegidos e indudablemente el colectivo de presos y presas es uno de ellos.

En los Estados Español y Francés la saturación de las cárceles es manifiesta y aceptada incluso por los propios ejecutivos, la nula voluntad de la política penitenciaria en cuanto a la reinserción final no es admitida oficialmente pero si constatada por miles de denuncias de particulares, presos y familiares, y organismos oficiales.

A ello deberíamos añadir las condiciones de infraestructura que la mayoría de las cárceles, que por cierto son muchas, ofrecen en unas deplorables condiciones de salubridad e higiene.

No olvidando la fragante ilegalidad y vulneración de los Derechos Humanos que en ambos estados supone la práctica de la dispersión penitenciaria para los presos acusados de terrorismo.

Los estados modernos, aquellos que se tienen como tales, ofrecen la paradoja de una irreal política carcelaria que enfrenta a supuestos y realidades, los muertos y enfermos son parte de esta enemistad permanente.

Mi amigo Kepa Martínez de Lagos apuntaba hace tiempo que la alternativa a una sociedad sin cárceles es otra sociedad. Esta sociedad, añadía, esta basada en la ostentación, el consumo, la desigualdad, la injusticia, la violencia y el miedo y ello provoca inevitablemente la marginación. Esta claro que así solo genera bolsas de marginación y parias cuyo destino final sigue siendo estos centros de exterminio y degradación humana.

El poder enfrentado al dilema del cambio, como nos llenan los oídos con el canto de sirena del cambio permanente, opta siempre por la cárcel. A ellos la sociedad tal y como esta, tal y como ellos mismos la hacen, les va bien.

El poder cuando delinque, de hecho lo hace de forma permanente incluso en la interpretación interesada de las leyes por el mismo dictadas y aprobadas, suele estar siempre de paso en estas cárceles que poseen, paradojas de la desigualdad, celdas especiales, visitas especiales, favores especiales, reinserciones especiales, indultos especiales y tercer grado generosos. Aquel que demuestra una ineptitud manifiesta en el desarrollo de su profesión es aupado a instancias superiores.

El poder es el lobo menos feroz con el poder mismo.

Aquellos que son incapaces de soñar con otra sociedad nos hablan de hacer nuevas prisiones, adecentar las existentes y dotar a unas y otras de las modernidades necesarias para que el preso este cómodo, hablan de aumentar los presupuestos generales que posibiliten mejoras inmediatas entre los internos para que no pasen hambre o se atiendan adecuadamente sus necesidades sociosanitarias.

Aquellos que solo piensan en modelo de poder-represión continúan empeñados en hacer mas humanas las cárceles obviando que el ser humano tiende siempre a vengarse de quien le estorba y a estas sociedades las poblaciones marginales siempre les han puesto en entredicho.

Aquellos que optan por cambiar parte de la sociedad pidiendo una revisión de muchas de las condenas que mantienen presos a miles de personas junto con la readecuación de los centros penitenciarios se olvidan que quienes les condenaron la primera, segunda, tercera o mil veces si han hecho falta no van a temblar al volver a firmar estas mismas condenas con el agravante de la reincidencia.

Si olvidamos a los presos del poder, aquellos que forman o han formado parte de este poder ejecutivo, y los presos políticos, que ambos estados les niegan el estatus como tal, y nos fijamos para estas líneas en el conjunto de presos como tal independiente a los motivos por los que han sido encarcelados y son mantenidos, muchos de ellos de forma irregular, presos veremos que es la propia sociedad en la mayoría de los casos la culpable de sus propias contradicciones y de sus carencias.

Cuando se mantiene correspondencia con presos, aunque estos sean presos políticos vascos, se conocen algunas de estas contradicciones que deambulan día tras día entre unos muros cubiertos de alambre espino e ilusiones muertas, zombis drogados con la mas adulterada y generosa droga, enfermos que esperan no volver a ver la luz del día como única esperanza, largos periodos de incomunicación dictados de forma arbitraria y no corregida por funcionarios con vocación de torturadores frustrados, degradación en el rancho diario y negocios oscuros potenciados desde economatos otorgados, como todos los puestos de favor, al mejor chivato o valedor del poder. Cuando uno toma conciencia de un mundo carcelario sabe que los presos son su moneda de cambio.

Muchas veces te llegan noticias de reyertas o abusos de presos por presos con la clara inhibición de quienes están allí y cobran por mantener un orden y posibilitar, insisto, en la reinserción social como meta presumible de todos los internos.

Todo ello es real como la cárcel misma, es real como la sociedad misma y es negro, muy negro, como las noticias de muertes, suicidios inducidos o permitidos, agravamiento de enfermedades crónicas no atendidas o simplemente muertes, que nos vienen asaltando últimamente aunque es obvio que no todas las muertes tienen la misma respuesta social.

Ahora, a raíz de la última muerte hoy en Martutene, nos dicen que los presos pueden solicitar una indemnización cuando puedan demostrar que la estancia en las diferentes cárceles le han provocado una enfermedad imputable a las condiciones insalubres de los centros penitenciarios por los que ha ido pasando.

Esto es una burla que magnifica mas si cabe lo asocial de las condenas carcelarias y el cumplimiento de condena en si. El estado solo sabe del poder económico, o del coste si lo prefieren, del todo.

Las cárceles están como están por falta de presupuesto que seguramente se destina a misiones de guerra encubiertas en lejanos lugares donde solo la muerte puede sorprender a quienes son obligados a cubrirlas y cuyos intereses nunca son lo suficientemente transparentes para justificarlas.

La falta de atencion medica y de la medicación en si a los internos es debida a la falta de presupuestos que seguramente algún político se embolso para si o para el partido que le acoge sin ningún tipo de rubor sabiéndose inmune al mismo poder que ostenta.

La degradación del rancho diario se debe a la falta de presupuesto, el recorte del mismo, que alguien dedico a pagar toda una familia de reales cargos que solo ostentan coronas y títulos mobiliarios en detrimento de las necesidades de los mas humildes.

Cuando el estado habla de indemnizaciones lo hace sabiendo que estas si se dan serán a cargo de los presupuestos generales que nunca les obligaran a rascarse sus propios bolsillos, ni los de aquellos que con sus negligencias muchas veces ilegales posibilitaron o magnificaron estas condiciones por las que ahora se quiere compensar. Que será casi anecdotario el hecho de que algún alto funcionario se vea condenado a devolver parte o todo de lo que en el ejercicio abusivo del poder fue desviando hacia intereses particulares y privados.

Esta claro, volviendo a las palabras de Kepa, que la sociedad en si necesita de un cambio profundo y con ella las cárceles, centros penitenciarios si así lo desean, dejaran de ser trampas mortales para muchos de sus internos.

El poder en si no va a cambiar nada si nosotros ciudadanos castigados a sufrirlo no somos capaces de obligarle.

La propaganda es y ha sido siempre uno de los métodos utilizados por todo tipo de poder para convencernos de que todo esta bien como esta y que mejor lo malo conocido que lo bueno por conocer. Lo cierto es que últimamente casi hasta les tenemos que dar la razón.

Tenemos entre todos nosotros, aquellos que seguimos empeñados en cambiar la sociedad, la posibilidad de usar sus propias armas y manifestar nuestra protesta por el estado de la sociedad tal y como nos la quieren vender.

Que nadie tenga que morir en la cárcel porque unos funcionarios fieles al poder ejecutivo o con vocación de carceleros se pasen por el forro de los cojones sus obligaciones y los derechos individuales de la persona que no le abandona ni en su condición de preso.

Protesta y piensa que cuando tu voz se una a miles de ellas les ha de llegar el eco y el miedo a perder los derechos y prebendas que le dan el ejercicio del poder les ha de hacer considerar las medidas necesarias para que las cosas cambien.

Tengo dudas, lo juro que así es, por aquello de que el poder prefiere prohibir y condenar antes de solucionar y condonar. El problema de los centros penitenciarios, para el poder, no son su realidad y sus muertos sino la contrariedad del conocimiento que se escapa a esas altas murallas que coronan alambres espinos, guardias civiles, crs o ertzaintzak.