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La Izquierda debate

13 de febrero de 2004

El Nobel afirma sobre la guerra de Iraq que la mentria burda y obscena se ha convertido en un instrumento político
Saramago llama a la desobediencia civil frente a un mundo con leyes "terribles" y justicia "corrupta"

Karina Avilés y Arturo Jiménez
La Jornada

Frente a leyes ''terribles'' y una justicia ''corrupta'', en un mundo en el que la disyuntiva es morir ''resignados'' o con ''dignidad'', sólo queda un arma: la desobediencia civil.

Así habló en Ciudad Universitaria el escritor portugués José Saramago, quien llamó comisiones ''fantasma'' a las instancias creadas por Estados Unidos y Gran Bretaña para investigar el desempeño que los servicios de inteligencia tuvieron antes de la invasión a Irak.

En el caso de Estados Unidos, precisó, esa comisión contiene la trampa de que los resultados se darán a conocer después de las elecciones presidenciales en ese país.

El Nobel de Literatura también calificó de ''mentira universal'' las supuestas razones para la guerra creadas por la triada Bush-Blair-Aznar. ''La mentira se ha convertido en un instrumento político. Pero no la mentira sutil e inteligente, sino la más burda y obscena''.

Saramago recibió ayer la medalla de oro Isidro Fabela de la Facultad de Derecho de la UNAM por su capacidad ''para crear universos y construir sujetos humanos que transitan de la angustia a la esperanza''.

En el Aula Magna Jacinto Pallares, el novelista tildó de ''monstruoso'' que exista un mandatario como George W. Bush, quien se define como un ''presidente de la guerra''.

Y alertó a los cientos de jóvenes universitarios que acudieron a verle y escucharle: ''Lo que vivimos no es democracia, sino una plutocracia de señores como Soros y Cisneros". Los gobiernos del mundo, añadió, no son más que ''los comisarios políticos del poder económico''.

Cuestionó varios temas: la "democracia que no es democracia", el sistema capitalista, el no respeto por los derechos humanos, el excesivo interés por el cosmos en detrimento del interés por los asuntos de la Tierra y hasta la llamada ''transición democrática'' en México:

"De la revolución de los claveles, en Portugal, hace 30 años, no quedó nada. Y en México puede ocurrir que tampoco quede mucho de lo que llaman transición democrática, si los mexicanos no toman en sus manos esos cambios. Si no lo hacen, esa transición sería algo más que ha fracasado''.

De la relación entre los presidentes Fox y Bush, el autor de El hombre duplicado creó dos escenarios:

''Imaginemos que el presidente Fox un día se encuentre con el señor Bush y le diga: 'mire, usted, en México nos gustaría mucho contar con una pequeña base militar en Estados Unidos -algo insignificante, en Alaska o algo así-, sólo para poner ahí la bandera mexicana, que es muy bonita."

Y el otro: ''Imaginemos también qué diría por su parte el señor Bush al presidente Fox: '¡Vamos a poner ahí una base militar. Prepárame una escolta!'".

¿Una historia medieval?

Con la humildad que lo caracteriza, Saramago habló ante los futuros abogados acerca de la justicia, la ley, el derecho, las garantías individuales y la mayoría marginada del mundo. "Lo obsceno no es la pornografía, sino que una persona pueda morir de hambre".

Saramago estuvo acompañado por el embajador de Portugal en México, Manuel Marcelo Monteiro, y autoridades de la facultad, encabezadas por el director Fernando Serrano Migallón, quien le impuso la presea que el escritor guardará al lado de los reconocimientos que representan "momentos clave de mi vida".

Con un público que lo recibió y despidió de pie, en un auditorio en el que faltaron lugares para las decenas de alumnos que se quedaron afuera, aunque con la consolación de ver al escritor en monitores, Saramago comenzó su charla con una historia "sin datos ficticios", ocurrida en un pueblo medieval cercano a Florencia, Italia.

En ella hay dos personajes principales, un campesino y un noble que, no satisfecho con su riqueza, arrebató a aquél su pequeña parcela. Un día las campanas de la iglesia del pueblo llamaron "a muertos". El campesino acudió al templo y ahí alguien le preguntó quién había fallecido. Y la respuesta: 'Nadie. Lo que ha muerto es el derecho'".

De esa forma el novelista introdujo a sus oyentes al mundo de las leyes, el derecho y la justicia, el cual, consideró, "no sirve para nada si no se pone al servicio del hombre". En tal sentido, enfatizó que puede haber leyes ''injustas'' y una justicia ''corrupta''.

Recordó que en Portugal vivieron 48 años bajo una dictadura en la que no faltaban leyes, el derecho, abogados ni tribunales. ''Lo teníamos todo, pero no teníamos nada'', reflexionó.

Entonces, dijo, hay que acatar la ley con la condición de que merezca respeto. ''Y si no lo merece, existe un arma: la desobediencia civil''. Muchos ciudadanos del mundo, agregó, son víctimas de un sistema injusto, y "el truco de ese sistema ha consistido en convertir a las víctimas en cómplices".

Democracia con límites

Posteriormente se refirió al tema de la democracia. Todos hablan de ella, pero nadie cuestiona lo que representa, dijo, y completó: "La democracia es una fachada en la que detrás no hay mucho que ver".

Con el argumento de que la democracia es considerada ''lo menos malo que ha construido la humanidad, no se nos permite conocer algo mejor". Así, los ciudadanos se encuentran en un sistema de cuyos límites no pueden salir, porque es ''políticamente incorrecto''.

Saramago precisó: "No estoy contra la democracia. Lo que pasa es que esto que vivimos no es democracia, sino una plutocracia". Más adelante resaltó: "Si es cierto que sin democracia no hay derechos humanos, es igual de cierto que sin derechos humanos no hay democracia".

Acerca de los derechos humanos, el autor de El evangelio según Jesucristo manifestó su temor de que en este siglo se pierdan "definitivamente" esas garantías.

También cuestionó la "idea reciente" de querer "privatizarlo todo". De suerte que, si todo es vendido, entonces "para qué sirve el Estado". Por lo anterior, llamó a "tomar la vida en serio, pues de lo contrario esto acabará mal".

Sin embargo, dijo que ante un contexto planetario actual de una "guerra tan estúpida, iniciada por un imbécil llamado Bush", existe una gran potencia que está por despertar, ponerse de pie y empezar a andar: la opinión pública mundial.

El ciudadano, consideró, debe aprender a exigir y a preguntar al poder. "Tenemos que recuperar el sentido y el espíritu de ciudadanía", así como el sentido de dignidad y el respeto, pues documentos como la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano sólo son "papel mojado" y nadie exige su cumplimiento.

Después de la ceremonia de entrega de la medalla y de una conferencia de prensa, el autor de Ensayo sobre la ceguera accedió a firmar libros de una larga fila formada, sobre todo, por estudiantes.