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Compaņeras

27 de marzo del 2004

Enemigos diferentes

Sara Flounders
CSCAweb

Mientras las iraquíes observan con impotencia la pérdida de derechos sociales y políticos garantizados por ley hace 50 años con la promulgación de una nueva constitución, las mujeres militares de EEUU tienen al "enemigo" en su bando: las violaciones y el acoso sexual por parte de soldados han aumentado escandalosamente.

Las mujeres de Irak habían alcanzado más logros en sus derechos, prestaciones y participación en la sociedad que otras mujeres del mundo árabe. Esta realidad está a punto de modificarse drásticamente con la inminente pérdida de sus derechos económicos, sociales y políticos garantizados por ley durante casi 50 años. La guerra y la ocupación de EEUU ha dado la vuelta a décadas de leyes más progresistas y logros sociales que eran los más impresionantes en toda la región.

Al mismo tiempo, las mujeres militares de EEUU hacen frente a grandes amenazas y peligros, no por combatir contra el "enemigo", sino por los mismos hombres de su Ejército. Las cifras de violaciones, asaltos y hostigamiento sexuales contra las mujeres soldados han alcanzado proporciones epidémicas.

Dos terceras partes de las mujeres soldados han experimentado comportamientos sexuales no deseados o provocados, según Terri Spahr Nelson, autora del libro titulado Por amor a la patria: hacer frente a las violaciones y hostigamientos sexuales en el Ejército de EEUU, de acuerdo a un artículo publicado la semana pasada en el sitio Comité de la Solidaridad de la Causa Árabe (CSCAweb).

Desmantelando derechos

En Irak la situación de las mujeres está retrocediendo al nivel de sus pares de otros países de la región del Golfo, donde el Ejército estadounidense respalda otros regímenes autoritarios.

En estas otras sociedades las mujeres son literalmente esclavas, recluidas en las casas y cautivas de un sistema patriarcal. No tienen derecho al trabajo ni a controlar sus propios recursos, no pueden viajar solas si no es con un miembro masculino de la familia. No tienen el derecho al voto ni el de participar en cualquier forma de vida política.

En Kuwait, Arabia Saudí y en todos los Estados petrolíferos del Golfo las mujeres no tienen derecho a decidir con quién casarse, ni tampoco derecho a divorciarse, aunque sea de un esposo agresor. La educación está segregada -y, por lo tanto, es desigual- lo que contribuye a que la mayoría de las mujeres en Arabia Saudí, sean todavía analfabetas.

Al contrario de esta realidad, las mujeres iraquíes habían gozado de completos derechos durante casi 50 años. Pero estos logros no se obtuvieron en el vacío: fue parte de un levantamiento revolucionario que comenzó en 1958 contra siglos de privilegios de sectores gobernantes.

Posteriormente, la nacionalización del petróleo determinó que hubiera recursos para llevar a cabo programas masivos de alfabetización, para proveer cuidados gratuitos de la salud y de mejor calidad, y para subsidios de centros infantiles y viviendas. El gobierno proveía al estudiantado una pequeña compensación monetaria que servía como incentivo para que las familias mantuvieran tanto a las niñas como a los niños en las escuelas.

El rápido aumento de la economía aseguró empleos para miles de mujeres jóvenes, en un país que nunca ha sido el paraíso de la igualdad, pero por lo menos ofrecía mejores condiciones que sus vecinos. A las mujeres iraquíes se les garantizó por ley que si no encontraban empleos en el sector privado, el gobierno se lo proporcionaría de acuerdo a su especialidad o a su nivel educacional. De hecho, el gobierno era el mayor empleador de mujeres.

Así, hasta la invasión de EEUU, el 38 por ciento del cuerpo de médicos en Iraq eran mujeres. Las mujeres eran la mayoría del estudiantado universitario. Pero la destrucción causada por la guerra de EEUU contra Iraq en 1991 y los doce años de sanciones que le siguieron minaron la economía que sostenía esos cambios sociales.

En menos de seis meses de ocupación de EEUU, el servicio de salud gratuito, tan perjudicado por los años de sanciones, está siendo totalmente desmantelado. El servicio eléctrico es esporádico y ya no se suplen medicinas ni equipos médicos. Los cuidados pre y posnatales antes gratuitos son ya parte del pasado: el 95 por ciento de las mujeres embarazadas están anémicas y sus bebés nacen con bajo peso, prematuros y enfermos.

Se eliminó los seis meses de post natal con sueldo garantizada, al igual que al empleo fijo. El subsidio destinado a centros infantiles, alimentos y vivienda se ha acabado. Los bombardeos masivos destruyeron las escuelas, hospitales y las clínicas. Las agencias sociales y los ministerios fueron totalmente saqueados, mientras las tropas de ocupación observaban. La falta de seguridad o de dinero para la compra de libros mantiene a gran parte de los niños - especialmente a las niñas- fuera de la escuela.

A estos hechos se suma un escenario complejo en el ámbito político. Las fuerzas de ocupación anglosajonas nombraron en junio de 2003 en el Consejo Gubernativo de Irak a representantes de la antigua clase de terratenientes y clérigos religiosos conservadores, todos ellos opuestos a los cambios sociales de las décadas recientes. Estas fuerzas quieren restablecer las leyes más regresivas: leyes y códigos antiguos que regían fuertemente a poblaciones rurales y aisladas. Ahora serían reimpuestos a una población mayoritariamente urbana.

El Consejo Gubernativo nombrado por EEUU aprobó la normativa 137 que deroga el Código de Estatuto Personal progresista laico vigente. Esta modificación abre la puerta a la utilización de las leyes islámicas de la sharia que eliminarían los derechos de la mujer en el matrimonio, el divorcio, la herencia y la representación legal, y, asimismo, legalizaría la lapidación a muerte por adulterio.

Las mujeres iraquíes han reaccionado ante esta medida saliendo a las calles en manifestaciones masivas exigiendo que Paul Bremen -la "autoridad" última de EEUU que firma toda legislación- no firmara esta ley

Mujeres de armas en peligro

En febrero pasado, el Denver Post publicó una serie de artículos sobre las mujeres en las fuerzas armadas de EEUU y sobre el creciente número de asaltos sexuales contra ellas por parte de los soldados estadounidenses. Las mujeres que han sido asaltadas o violadas informan que la atención médica que reciben es inadecuada, con falta de terapia, falta de investigaciones minuciosas y hasta amenazas de castigos por denunciar las agresiones.

Muchas mujeres jóvenes se unen a las fuerzas armadas como medio de encontrar un empleo que les proporcione posibilidades materiales para alimentar a sus hijos e hijas. Más de 59.000 efectivos femeninos han sido desplegadas en el extranjero como parte de las guerras contra Afganistán e Irak.

La violencia organizada, el racismo y el sexismo de un Ejército de ocupación se reflejan en la propia vida personal de los mismos soldados y soldadas. En 2001 se documentaron más de 18.000 casos de abusos de violencia doméstica en el seno de las fuerzas armadas. La mayoría de los casos de violencia doméstica no son revelados. A pesar de la falta de informes, la tasa de abusos es entre tres y cinco veces superior a la de civiles.

En una sociedad patriarcal existe una conexión entre la degradación y violación de la mujer y el poder y la conquista no relacionado con el deseo erótico. Esto es violencia, no sexo.

En las operaciones militares (ya sea en Corea, Vietnam, Filipinas, Europa Oriental, o América Latina) las bases de EEUU han estado rodeadas por burdeles y clubes nocturnos: es una completa industria del sexo. Las condiciones desesperadas y la destrucción de la guerra fuerzan a miles de mujeres y niñas a la prostitución y a la esclavitud sexual.

Christen Hansen de la Fundación Miles, quien ha ayudado a mujeres que han sido atacadas sexualmente afirma: "Tenemos muchas preocupaciones acerca de la respuesta que dan las fuerzas armadas al asalto sexual en zonas de combate". Según la Fundación Miles, un 30 por ciento de veteranas denuncian una violación o un intento de violación durante el servicio activo.

Una encuesta del Departamento de Asuntos Veteranos de mujeres en la Guerra del Golfo de 1991 informó igualmente que un 33 por ciento sufrió acoso sexual.

La violencia contra las mujeres no ha sido rechazada ni eliminada de la maquinaria militar del Pentágono, este es otro crimen más contra la Humanidad que tiene que ser repudiado.