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Libros sí, Alpargatas también

Silvio Rodríguez: Estamos viviendo una nueva Edad Media

Gerardo Arreola | México

Silvio Rodríguez acaba de escribir dos canciones con motivo de la guerra contra Irak, para las cuales escogió metáforas surgidas de dos leyendas: la de Camelot, el escenario de las aventuras del Rey Arturo, y la de Sinuhé, el egipcio errabundo, más conocido en nuestra época por la novela del finlandés Mika Waltari.

Al entregar sus textos en primicia, el cantautor cubano dice a La Jornada que se trata de ideas de hace años, incluso una surgida durante la guerra de 1991, tras la cual pensó hasta en hacer un concierto en Bagdad, pero las letras se consumaron con el estremecimiento de la matanza actual.

Silvio cree que vivimos una nueva Edad Media, con su maniqueísmo, verdades absolutas y quema de brujas, y que los intelectuales no han alzado su voz suficientemente. 'Algunos seres llamados humanos están dejando un testimonio inequívoco de su afinidad con las bestias'.

Sin embargo, percibe que la oscuridad terminará, impulsada por una inevitable lucha contra 'el terror inhumano'.

-¿Hubo algún momento, una imagen, un sonido, una lectura que te decidieran a escribir estas canciones?

-Además de imágenes, sonidos y lecturas, que son nutrientes constantes, lo que motiva estas canciones es la realidad que mantiene al mundo en vilo, o sea la agresión a Irak. Hay cierto sentimiento de impotencia al ver humillados algunos principios que, aunque no se cumplían totalmente, todavía nos daban cierto aire de civilización. Me refiero al llamado derecho internacional. También pudiera decirte que estas canciones empezaron a ser escritas cuando yo era niño y leí Las mil y una noches.

Entonces, sin saberlo, contraje una deuda con los pueblos que crearon esas leyendas, que han prestado tan buenos servicios a toda la humanidad, incluso a la parte agresora. La idea de Sinuhé me vino hace 10 años, durante la llamada "guerra del golfo". Entonces, inclusive pensé en hacer un concierto en Bagdad, por todo lo hundido bajo los escombros de los bombardeos. Pero lo de entonces parece benigno comparado con la masacre actual.

En Camelot uso un mito épico de la cultura anglosajona; un mito de caballeros honorables y su rey glorioso. Ahora es la honorabilidad y la gloria míticas de lo que una vez fue llamado "el sueño americano".

-En esta guerra parece que los intelectuales han levantado la voz de inmediato: ¿es un hecho real que en nuestra época haya ganado fuerza la palabra?

-Pero no bastante. La realidad nos grita que la fuerza sigue predominando sobre el intelecto. Algunos seres llamados humanos están dejando un testimonio inequívoco de su afinidad con las bestias.

-En tus textos invocas dos leyendas con finales promisorios. ¿Eres igualmente optimista sobre la salida de esta crisis?

-Desde hace algún tiempo tengo la impresión de que estamos viviendo una nueva Edad Media. Entonces había un predominio militar e ideológico en sociedades muy bien delimitadas. Actuar e incluso pensar más allá de lo admitido podía condenarte a los fuegos eternos y también a los circunstanciales, como la hoguera. Hoy día volvemos a tener severas delimitaciones de lo bueno y lo malo, y los discursos no cesan de hablar de democracia, tolerancia y piedad, pero nada más lejos de lo que realmente se practica.

Así, vemos cómo los más ladrones no se cansan de repetir que son los más honrados, los más delincuentes insisten en que son los más legales, los más abusadores y cobardes no cesan de pintarse como los más justos y valientes. De igual forma los más pérfidos y dañinos son los que se atreven a decirnos que no somos buenos, que somos parte de un hipotético eje del mal, y son los que, en cambio, dan diplomas a los que se portan como a ellos les conviene, o sea, aceptándoles todo lo que se les antoje hacer o deshacer. Se ha creado una mitología acerca del terrorismo y los más grandes terroristas son quienes la crearon.

''Yo creo que el mundo está muy mal y en estos instantes no veo muchas razones para ser optimistas respecto a su suerte. Pero aun así creo en la humanidad que quiere vivir en y para la libertad. Por eso también me parece que los poderosos se están metiendo en grandes líos, porque están dando muy malos ejemplos. Y así como aquella Edad Media vio su fin, esta también deberá terminar. Es inevitable que el mundo, por más que se deba al amor, se defienda del terror inhumano.''


Sinuhé

Tomando en cuenta la santa inocencia,
voy a cantarle a la vieja Bagdad,
donde mis sueños bebieron esencias
y donde en noches de luminiscencia
de niño zarpaba siguiendo a Simbad.

Algo debiera hechizar portaviones,
alguien debiera apretar un botón
que reciclara metralla en razones
y poderío en conmiseración.

Qué solo está Sinuhé
de amor y de fe.
Qué solo está Sinuhé,
¿qué tal sigue usted?

Bajo las ruinas vagan inquilinos
de las leyendas que fueron maná.
Pasa la sombra infeliz de Aladino
sin una lámpara para el camino
y sin el secreto de Alí-Babá.

Algo debiera embrujar los misiles,
alguien debiera hacer estallar
el hongo de los derechos civiles
de los fantasmas que pueblan Bagdad.

Qué solo está Sinuhé
de amor y de fe.
Qué solo está Sinuhé,
¿qué tal sigue usted?

Ahora es escoria el papel sorprendente
de Sherezada en su lecho nupcial.
La orden de fuego la dio un disidente
de la cultura, la carne, la mente,
el sueño y la vida que no sea virtual.

Mil y una noches para la malicia,
mil y una noches de intimidación,
mil y una noches de fuego y codicia,
mil y una noches sin dios ni perdón.

Qué solo está Sinuhé
de amor y de fe.
Qué solo está Sinuhé,
¿qué tal sigue usted?


Camelot

Al borde de una laguna
tres brujas montan caldero
y baten un mundo espeso.
Una le pone la luna,
otra sangre de cordero
y otra los últimos besos.

De Camelot vuelan señales
en los dragones y los cuernos,
y hay un silencio de animales
mientras se anuncian los infiernos.

El odio a otro es nuestra suerte,
la sangre ajena es nuestra viña.
Cuando profanen y den muerte
seremos aves de rapiña.

Dos contrahechos del norte
y un enano de alcahuete,
sádicos abominables,
reclutan tribus y cortes,
para gestión de grilletes
y corazones de sable.

Y una vez más, como tragedia,
ronda el olor a carne rota
de calabozo, de Edad Media,
donde callaban al ilota.

Y una vez más, contra el impulso
de besar y abrazar a gentes,
ceder al último recurso
de ojo por ojo y diente a diente.


Tomado de La Jornada