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No
a la invasión Yanki en Irak
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La victoria del pueblo iraquí será una victoria universal
Declaración de la CEOSI en el Tercer Aniversario de la invasión de Iraq
IraqSolidaridad
Los próximos 18 y 19 de marzo se celebrarán en todo el mundo actos contra la
ocupación de Iraq al cumplirse tres años del inicio de la invasión de este país
por EEUU y Reino Unido [1], un acto ilegal de agresión justificado en mentiras.
La situación en el país al iniciarse su cuarto año de guerra y ocupación se
caracteriza por la quiebra militar del proyecto de dominación de EEUU y por los
intentos de provocar una confrontación civil que conduzca a su definitiva
destrucción.
El control territorial por parte de los ocupantes es extremadamente precario y
efímero, incluso en la misma capital, Bagdad. A lo largo de 2004 y 2005, EEUU no
ha dudado en recurrir a armamento prohibido internacionalmente y a arrasar
ciudades enteras, prácticas de las que Faluya es el más trágico ejemplo. A fin
de limitar sus bajas, el Pentágono ha cuadruplicado el número de bombardeos
aéreos y navales en los últimos meses, renunciando a los operativos terrestres y
acantonando a las tropas en sus bases. El resultado de esta táctica es bien
conocido: destrucción masiva e incremento del número de civiles muertos. Entre
120.000 y 500.000 iraquíes habrían muerto en estos tres años debido al uso
masivo de la fuerza por parte de los ocupantes, según evaluaciones
independientes bien acreditadas; medio millón de iraquíes se han convertido en
refugiados interiores.
El ejército estadounidense está al límite de su capacidad de despliegue y
reemplazo. EEUU no ha podido disminuir sustancialmente el número de sus
efectivos en Iraq en estos tres años, 136.000 soldados en la actualidad. El
Pentágono ha obligado a 50.000 soldados a prolongar su periodo de servicio.
Paulatinamente abandonados por sus aliados, EEUU y Reino Unido han de recurrir a
la contratación masiva de mercenarios -hasta 30.000- a través de empresas
privadas. El coste de la guerra es de 6.000 millones de dólares al mes.
La capacidad de renovación humana y operativa de la resistencia es reconocida
por los propios ocupantes, quienes afirman dar muerte al mes a 3.000
combatientes iraquíes. En 2005 el número de ataques de la resistencia se
incrementó en un 30% respecto al año anterior: más de 34.000 acciones, casi 100
diarias. De ellas, apenas un 1% fueron ataques suicidas o coches-bomba, que la
resistencia no reconoce como propios. Según el Pentágono, en 2005 han muerto en
combate al día en Iraq dos soldados estadounidenses, una cifra que no disminuye;
el número de soldados heridos graves que no pueden retornar al servicio aumenta:
más de 7.500 de los 16.500 heridos hasta mediados de enero.
Para hacer frente a la resistencia, EEUU y Reino Unido recurre a castigos
colectivos y detenciones masivas, a la práctica rutinaria de la tortura y el
asesinato. EEUU reconoce mantener detenidos a 14.000 iraquíes, a los que hay que
sumar una cifra desconocida de miles más secuestrados en cárceles clandestinas.
Hasta un cuarto de millón de iraquíes han pasado por centros de detención, según
la Red de ONG de Defensa de los Derechos Humanos de Iraq. Los Escuadrones de
la muerte de los nuevos cuerpos de seguridad iraquíes asesinan
selectivamente a personalidades civiles, a docentes y profesionales en un
intento de descabezar el país, cuando no indiscriminadamente a simples
ciudadanos.
Los beneficios materiales de la ocupación se limitan a la ganancia rápida de las
empresas estadounidenses abastecedoras de las tropas de ocupación y al
enriquecimiento de los colaboracionistas. La corrupción es rampante y la
reconstrucción inexistente: nadie sabe a dónde va a parar el dinero obtenido por
la venta del petróleo iraquí y al menos 7.500 millones de euros del Fondo para
el Desarrollo de Iraq no han podido ser justificados. Las mafias se afianzan
amparadas por la inseguridad y el desmantelamiento del Estado.
La resistencia civil y militar iraquí ha impedido la implantación en Iraq del
proyecto neoliberal que la Administración Bush imaginó para este país, pero la
miseria se ha generalizado bajo la ocupación. El paro puede alcanzar el 70% de
la población activa. Un tercio de las familias iraquíes viven por debajo del
umbral de la miseria, mientras el Fondo Monetario Internacional impone la
eliminación de todo subsidio a alimentos y carburantes. La desnutrición aguda de
los niños y niñas se ha duplicado hasta casi el 8% (400.000 menores de cinco
años) y la desescolarización se generaliza. Los servicios públicos están
desmantelados.