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a la invasión Yanki en Irak
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Moqtada Sadr llama a la unidad para expulsar a EEUU de Irak
AFP, REUTERS Y NOTIMEX
El jefe radical chiíta Moqtada Sadr hizo un llamado este domingo, al regresar
a Irak, a todos los grupos étnicos a unirse en Bagdad para reclamar la retirada
de las fuerzas de Estados Unidos, mientras la violencia dejó al menos 25 muertos
en varias partes del país.
"Llamo a todos los iraquíes, sunitas y chiítas, musulmanes y no musulmanes, a
una manifestación en Bagdad para reclamar la salida de las fuerzas de
ocupación", declaró Sadr ante una muchedumbre de fieles congregada frente a la
oficina de su movimiento en la sureña ciudad de Basora.
"Esta manifestación por Irak y el profeta de Dios busca, al mismo tiempo,
condenar las acciones de los 'takfiri' y los 'baazistas', que representan el
cuchillo con el que el ocupante golpea", agregó ante sus partidarios,
entusiastas tras su sorpresiva llegada a la ciudad.
Reciben el nombre de "takfiri" los hombres del jefe de la red Al Qaeda en Irak,
Abu Mussab Zarqawi, y sus grupos afiliados. Los "baazistas" son los seguidores
del partido Baaz, del derrocado ex presidente Saddam Hussein.
"Sunitas y chiítas deben apoyarse y ayudarse pues no hay ninguna diferencia
entre un sunita y un chiíta. Los iraquíes están llamados a no dividirse y a
unirse frente a los cruzados", añadió.
Sadr llegó a Basora desde Irán, donde finalizó su gira por Medio Oriente.
El movimiento de Sadr, acusado por el Partido Islámico Sunita de promover la
violencia de los últimos días contra los sunitas, hizo "las paces" el sábado con
los jefes políticos y religiosos de esa comunidad.
Por su parte, los principales líderes políticos de Irak acordaron la víspera
unir esfuerzos con Estados Unidos para formar un gobierno y condenaron la
violencia sectaria.
El primer ministro chiíta Ibrahim Jaafari, rodeado de líderes kurdos y árabes
sunitas, pidió a los iraquíes unirse y luchar contra el terrorismo en una
conferencia de prensa transmitida en vivo a todo el país por la cadena estatal
Al Iraquia.
Los políticos árabes sunitas, que suspendieron su participación en las
negociaciones sobre la formación de un nuevo gobierno, asistieron a la reunión,
tal como lo hizo el embajador de Estados Unidos en Irak, Zalmay Jalilzad.
Uno de los principales asesores del presidente estadunidense George W. Bush,
Stephen Hadley, opinó que la violencia entre sectores religiosos iniciada la
semana pasada en Irak también implica una "oportunidad" real para que ese país
se una. "Pienso que esto representa una oportunidad para desarrollar un gobierno
de unidad y decirle a los iraquíes y al mundo que no van a caer en el camino de
la guerra civil".
Hadley admitió que hay evidencias de la presencia de "escuadrones de la muerte"
chiítas dentro del Ministerio del Interior iraquí.
Esta situación, añadió, preocupa por la infiltración de milicias en las fuerzas
policiacas, aunque desechó la versión de que Irak esté al borde de la guerra
civil, tras la violencia desatada la semana pasada por el atentado contra la
Mezquita del Domo Dorado en Samarra.
Por ello, una de las prioridades de los mandos militares estadunidenses en Irak
es avanzar en la capacitación de las fuerzas armadas iraquíes, agregó.
Por su parte, el gobierno iraquí decidió levantar la prohibición de circulación
de vehículos que el domingo hizo de Bagdad una ciudad muerta.
El toque de queda nocturno, que fue ampliado el viernes y el sábado a casi toda
la jornada en Bagdad y en tres provincias de los alrededores, será levantado
este lunes, anunció Jaafari en un comunicado.
A su vez, las autoridades iraquíes detuvieron a 10 personas, entre ellas cuatro
guardias de seguridad, tras el ataque a la mezquita de Samarra, declaró el
consejero iraquí de seguridad nacional, Momaffak Ruabie, a CNN.
De otro lado, la violencia en el país ocupado dejó 25 muertos entre ellos dos
soldados estadunidenses, y cerca de 70 heridos en norte y sur de Bagdad. El
ataque más sangriento ocurrió al sur de la capital iraquí, donde 16 personas
fallecieron por la caída de ocho obuses.
Mientras, durante el rezo del Angelus, el papa Benedicto XVI hizo una
"severa condena" de los actos de violencia contra los lugares de culto, tras los
enfrentamientos entre cristianos y musulmanes en Nigeria y los atentados contra
las mezquitas en Irak de esta semana.
"Al expresar mi firme condena por las profanaciones de los lugares de culto,
confío al Señor a todos los difuntos y a quienes los lloran", dijo el Papa
alemán, y aseguró que Dios "pedirá cuentas especialmente a los que derramen
sangre de hermanos en su nombre".