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No
a la invasión Yanki en Irak
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La
limpieza étnica amenaza el futuro de Irak
Tan solo una ciudad iraquí más
Sabah Ali**
IraqSolidaridad
(www.nodo50.org/iraq
Traducido del inglés para IraqSolidaridad por Paloma Valverde
"Sólo quiero saber por qué, somos pobres, mecánicos de coches, no éramos pro-Sadam
[Husein], mis hijos huyeron para no alistarse en su guerras; rogué a la policía;
les besé los zapatos, no me escucharon, me dieron una patada en la boca y me
golpearon.
Uno de esos días iraquíes polvorientos, cuando la vista apenas alcanza los 10
metros, nos encaminamos a otra ciudad iraquí. El nombre no importa: lo que está
ocurriendo allí está ocurriendo en muchas otras ciudades que se han mostrado
abiertamente contra la ocupación, y también por razones de seguridad.
La sede del Creciente Rojo Iraquí, nuestra primera parada, era simplemente un
mal chiste. Una vieja y dañada vivienda con una habitación grande casi vacía,
salvo algún mueble sin importancia, era la oficina. No había ningún tipo de
instalaciones que pudieran verse. El director, el doctor M.S.S., un joven
canoso, con ojos dañados por el polvo, explicó que la situación era demasiado
catastrófica, y que los dos principales problemas a los que se enfrentaban ahora
eran la seguridad y los refugiados.
"¡Esto no es distinto que en cualquier otra ciudad iraquí!", le comento. Y M.S.S.
me contesta: "Sí, es bien distinto. Quisiera hablaros sobre la conspiración
contra esta ciudad, las malas condiciones [de vida] por la presencia de tropas
estadounidenses e iraquíes que las apoyan. Secuestros, saqueos y robos es lo
normal bajo la protección estadounidense. Cuando secuestran o asesinan a una
persona cerca de tanques o vehículos estadounidenses ellos no hacen nada, ¿cómo
se explica eso? Y cuando se produce una incursión cortan las carreteras y rodean
la ciudad; no permiten a nadie ir a ningún sitio durante días.
"La población aquí es de 150.000 habitantes, sin mencionar los pueblos de
alrededor, y no tenemos un hospital, ¿Cómo crees que es posible conseguir ayuda
médica en esos días? Una mujer murió dando a luz porque no la pudieron llevar al
hospital; otra fue asesinada junto a su bebé y a su cuñado cuando un avión
estadounidense disparó contra su coche cuando la familia la llevaba al hospital.
Ahora el problema es aún peor con cientos de refugiados llegados a esta ciudad
escapando de la limpieza étnica que está teniendo lugar en distintos lugares de
Iraq.
Yendo de camino a visitar a la familia de la mujer asesinada, nos detuvimos dos
veces delante de dos casas que habían sido gravemente dañadas. La primera en
realidad no era más que un montón de escombros; la segunda, había sido una casa
preciosa a la orilla del río, había sido duramente tiroteada, la segunda planta
se incendió. Abdul Husein, un hombre sexagenario, nos explica "[] las tropas
estadounidenses fueron atacadas en el puente, y como mi casa era la más cercana
y no hay otra casa en los alrededores, pensaron que el ataque venía de aquí.
Dispararon sin cesar hasta que no quedó ni una sola ventana, pared o animales
incluso (mataron a cuatro vacas). Después vinieron a registrar la casa. Yo
estaba aquí con mi mujer, enferma y anciana, Tuve que quedarme con ella porque
no puede andar debido a la diabetes. No encontraron nada pero destruyeron mi
casa".
El testimonio del viudo Hatim En la casa de la mujer asesinada, nos reunimos con
su viudo, Hatim Karim, y sus tres hijos huérfanos. Él nos cuenta cómo a su
mujer, Abeer Akram, de 25 años, a su hermano Walid y al bebé que no nació les
dispararon hasta matarlos, y cómo hirieron también a su hijo Husein cuando las
tropas estadounidenses dispararon contra el coche en el que llevaban a su mujer
al hospital para dar a luz. Eran las cuatro y media de la tarde del pasado
noviembre en medio de la calle principal -y única- de esta ciudad, cerca de la
comisaría y también de la central eléctrica. "La zona estaba rodeada por tropas,
pero no teníamos elección", señala Hatim.
-"¿Qué hicieron?", le preguntamos.
- "Fuimos a la comisaría a denunciarlo; el tribunal nos remitió a la Oficina de
Compensación [de las víctimas, estadounidense], pero nos rechazaron [la
demanda]", nos cuenta Hatim.
Walid, el hermano de Hatim dejó dos niñas huérfanas. Hatim ha decidido casarse
con la viuda de Walid: "Lo mejor para cuidar de cinco huérfanos", considera.
Ella estaba demasiado indignada para hablar con nosotros: "Nuestra vida no es
nada después de la llegada de los estadounidenses", fue lo único que pudo decir.
El puente El puente no era más de dos vigas de acero de estructura insertas a
dada uno de los lados del río. M.I., ayudante del Ayuntamiento, nos explicó el
tema del puente: "Los aviones estadounidenses lo bombardearon hace más de un
año, lo que supuso una catástrofe en sí mismo. El problema es que sin puente
tenemos que dar un rodeo de una hora para llegar a Bagdad en situación normal,
pero con todos los bloqueos, los controles militares y el cierre de carreteras
tardamos horas y el transporte es tres veces más caro.
Intentábamos solucionar el problema cruzando el río en pequeños botes y coger un
coche en la otra orilla. Pero desde que llegó el nuevo gobierno y las milicias
de al-Badr [1] controlaban el otro lado (la mayoría de ellos chiíes), nos
impedían coger los botes para cruzar. Intentamos convencerles, enviamos una
delegación de gente importante de la ciudad, pero no quisieron escucharnos. No
somos extranjeros; en realidad somos parientes porque muchos de nosotros estamos
casados con muchos de ellos. Como pueden ver, la destrucción del puente corta
incluso las relaciones de sangre.
S.H., responsable de la asistencia humanitaria, se enfrenta a un grave problema
en la ciudad. En ella, hay 210 familias de distintas partes de Iraq, la mayoría
de Bagdad, buscando refugio. Algunas de ellas viven con otras familias, otras en
edificios públicos vacíos o en edificios a medio construir. S.H. tiene la
experiencia de los refugiados de Faluya del año pasado, pero esto es diferente:
"Estas familias están huyendo, no de los bombardeos estadounidenses, sino de la
policía iraquí, o de los abusos de las milicias sectarias". 42 de estas familias
han perdido a uno o dos hombres de su familia a manos de la policía iraquí.
Están aterrorizados, arruinados y psicológicamente destrozados. Todos son
sunníes. S.H. nos enseñó dos listas: una de las familias y otra de las viudas y
huérfanos.
Buscaba nuestra ayuda: "Necesitamos comida y medicamentos", nos dijo.
Matanza en Hurriya Una de esas familias perdió dos jóvenes, W. de 29 años y M.
de 33. Sus cuerpos fueron hallados cerca de la frontera oriental iraquí [con
Irán] una semana después de que fueran detenidos por la policía iraquí. Los
cuerpos mostraban signos brutales de tortura, perforaciones, quemaduras y
señales de esposas clavadas en la carne; estaban deformados por sustancias
químicas para no ser reconocidos. Ellos forman parte de una masacre bien
conocida en Bagdad con el nombre de "masacre de Hurriya", en la que 36 hombres
fueron detenidos el pasado 26 de agosto en el distrito de este mismo nombre,
situado al norte de Bagdad. Sus cuerpos fueron hallados una semana más tarde en
la frontera irano-iraquí.
"Por favor no nos grabe", nos pide el hermano de una de las víctimas. "No
importa", grita por el contrario la madre fuera de sí: "quiero morir junto a mis
hijos". No podía dejar de hablar y llorar: "Sólo quiero saber por qué, somos
pobres, mecánicos de coches, no éramos pro-Sadam [Husein], mis hijos huyeron
para no alistarse en su guerras; rogué a la policía, les besé los zapatos; no me
escucharon, me dieron una patada en la boca y me golpearon.
El hermano describe con lágrimas en los ojos lo que ocurrió la tarde de aquel 26
de agosto. A las 11:30, toda la zona de Hurriya estaba rodeada por decenas de
coches de policía. Las incursiones continuaron hasta el atardecer. Detuvieron a
36 hombres: 16 de la familia de Abu Califa, a Abu Omar y sus tres hijos, a Hadj
Mikhlif y su dos hijos, a Abu Ali y su hijo, a Mithaq, que es el único que
mantiene a los diez miembros de su familia, y a Shawkat, que tenía 75 años.
Nos cuenta el hermano: "Rompieron las puertas cuando entraron en nuestra casa;
primero sacaron a W.
de la cama. Entonces cogieron a M., que llevaba en brazos a su única hija.
Las separaron por la fuerza. Cuando entraron en mi habitación me arrastraron por
el pelo, me tiraron al suelo y me pusieron una pistola en la cabeza; mi hija
empezó a llorar, uno de ellos me pisó la cabeza con las botas. Decía palabras
obscenas gritando '¿dónde están las armas?'. Intentaba preguntarles qué armas,
pero no escuchaban. Entonces uno de ellos gritó 'retirada'. Me dejó y salí
corriendo".
"Pero el ministro del Interior dijo que la policía iraquí no hizo incursiones
aquella noche en esa zona, ¿cómo sabe que eran ellos?", le pregunto: "Nosotros
intentamos que les soltaron; fuimos a un oficial pidiéndole ayuda.
Llamó a un superior de la Brigada de la policía iraquí quien confirmó que ellos
les habían detenido. Después, pocos minutos más tarde, este mismo hombre volvió
a llamar y dijo al oficial que jamás volviera a mencionar a W.
y a M.
"¿Qué van a hacer ustedes ahora?", preguntamos. "¿Qué cree usted? Seguir
escondidos, que es la peor parte de nuestra tragedia. Éramos pobres, pero
teníamos nuestra casa, nuestros trabajos, nuestra dignidad. Ahora vivimos de la
caridad", nos responde llorando amargamente. "Las lágrimas de los hombres no se
derraman fácilmente, como bien saben".
Nota de IraqSolidaridad: 1. Milicia del Congreso Supremo de la Revolución
Islámica en Iraq, partido confesional chií, muy vinculado a Irán y hegemónico en
las nuevas instituciones iraquíes. Los milicianos de al-Badr son, junto con los
pesmerghas kurdos, el principal componente de los nuevos cuerpos de seguridad
iraquíes, particularmente de la Guardia Nacional. A ellos se les achaca buena
parte de los crímenes sectarios y asesinatos selectivos que sufre el país.