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La huelga de hambre en Guantánamo
Mike Whitney
CounterPunch
Traducido para Rebelión por Germán Leyens
Quiero ofrecerle un consejo a Donald Rumsfeld y a los mandamases del
Pentágono que actualmente son responsables de los 200 o más que hacen huelga de
hambre en la Bahía de Guantánamo, 20 de los cuales se hallan cerca de la muerte.
Por amor de Dios, dejad que mueran.
¿Qué más queréis obtener de ellos?
Es probable que ya hayan entregado todo lo que necesitabais para vuestras
técnicas de privación de los sentidos, recién desarrolladas, y vuestros métodos
sadistas de tortura. Os han servido de ratas de laboratorio para vuestras nuevas
drogas, vuestros métodos mejorados de tormento psicológico, y vuestros abusos de
desviación sexual. Ahora, dejad que mueran. El experimentó se acabó. Mostrad que
queda una pizca de humanidad en vuestro atrofiado corazón permitiendo que
fallezcan con dignidad, esa dignidad de la que los habéis privado en vida.
La huelga de hambre ha durado seis semanas. Esto significa que un número
considerable de prisioneros pasan por las últimas fases de deterioro físico.
Muchos probablemente ya vomitan sangre y están demasiado débiles para caminar o
tenerse solos de pié. Las funciones de sus hígados y de sus riñones han
comenzado a fallar y su visión comienza a debilitarse, su corazón está bajo
creciente presión para continuar trabajando mientras su cuerpo se devora
lentamente.
Permitid que mueran.
Si el Pentágono permitiese que los medios visitaran Guantánamo, verían a las
víctimas demacradas, esqueléticas, de la guerra contra el terror de Bush, la
prueba de que EE.UU. ahora supervisa campos de la muerte similares a los de los
nazis. Pero los medios han mostrado poco interés en el sufrimiento de los
prisioneros a pesar de que se reconoce generalmente que muchos fueron detenidos
al azar en redadas de los señores de la guerra en Afganistán y vendidos a los
estadounidenses.
Hasta ahora, sólo un periódico en el país, "The Minnesota Daily", se ha
pronunciado sobre los prisioneros en su página editorial. El periódico declaró:
"Mientras la moralidad y la ética son ideas abstractas, la justicia es más
concreta. Por lo tanto, ya que hay leyes, Guantánamo y las acciones que nuestro
gobierno ha emprendido contra los detenidos violan la Convención de Ginebra, la
Declaración de Derechos y nuestra Constitución. La justicia no es sólo una idea
condicional."
The Minnesota Daily es la voz solitaria en la selva mediática que
defiende los derechos esenciales de estas víctimas en la guerra de Bush, pero
con poco efecto. La justicia de Washington no tiene nada que ver con la
clemencia o la rehabilitación, sino sólo con castigo.
No habrá cámaras o periodistas en Guantánamo. La cara que ve EE.UU. es la cara
bronceada y descansada del Presidente Farsante que presenta su comentario
sosegador sobre otra parte del globo destruida por su imprudencia. Las fotos de
los calabozos de Bush se quedan en el piso de la sala de montaje con las demás
secuencias poco halagadoras de brutalidad estadounidense, Es seguro que eso no
va a cambiar ahora mismo.
Los prisioneros siguen en la larga tradición de huelguistas de hambre desde
Gandhi a Bobby Sands.
Sus demandas son simples. Quieren la posibilidad de cuestionar las condiciones
de su encarcelamiento ante un tribunal.
Es decir, el derecho humano más básico, ser informados del crimen por el que se
les mantiene detenidos y tener la oportunidad de defenderse contra esas
acusaciones. Es un derecho que les pertenece según el derecho internacional,
pero que les ha sido negado por Washington.
El Pentágono no ha hecho nada por encarar las demandas de los reclusos y se
niega tenazmente a reunirse con sus dirigentes. En vez de hacerlo, ha tomado el
camino despreciable de esposarlos y colocar grilletes en las piernas de los más
enfermos y de utilizar métodos intravenosos o de goteo por la nariz para
alimentarlos por la fuerza,
Permitid que mueran.
Estados Unidos se ha colocado lejos fuera del vigor del derecho, un estado
delincuente que se niega a cumplir siquiera con los estándares mínimos de
decencia requeridos bajo las Convenciones de Ginebra. La prisión en la Bahía de
Guantánamo es el logro máximo de este gobierno, un gulag de la tortura dedicado
al trato cruel e inhumano de sus enemigos, un icono de la ilegalidad y del
salvajismo.
La administración ahora impone su poder incluso sobre la misma muerte, un medio
final de humillar a sus víctimas y perpetuar sus sufrimientos. Los tubos de
alimentación de Rumsfeld son el último y delgado hilo que ata a estos hombres a
una vida de detención, abuso y desesperanza. ¡Permitid que mueran o que se
vayan!
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Mike Whitney can be reached at: fergiewhitney@msn.com
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