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No
a la invasión Yanki en Irak
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Sin justicia
Giuliana Sgrena
El dominó del referéndum. Todavía no se conocen los resultados de este
referéndum sobre la Constitución (¿y llegarán a saberse alguna vez?) del 15 de
octubre. Pero no es casualidad que justo ayer, quizá para ocultar el pucherazo,
hayan sentatado por primera vez en este proceso-farsa a Saddam Hussein,
pospuesto ahora para finales de noviembre. Una puesta en escena que ha tenido su
consecuencia inmediata: el secuestro del corresponsal del Guardian, Roy Carroll,
en Baghdad. Un país sin leyes no puede hospedar testimonios, ni siquiera los que
dicen la verdad, ni a los que van a ver qué sucede en la ciudad de Sadr, como
hacía el enviado irlandés. Son justo estos los más peligrosos, tanto para los
ocupantes como para quien dice que está contra la ocupación. Así me dijeron mis
secuestradores. El referéndum tenía que servir para avalar una Carta
constitucional construida a partir de la exclusión de la minoría suní. Ellos la
podían haber rechazado, contando con una mayoría de dos terc
ios en tres provincias. Y quizá lo hayan conseguido, a pesar de las divisiones
entre los sostenedores del no y los que estaban por el boicot. Pero así si
fuera, el proceso de transición, controlado por los norteamericanos, saltaría en
pedazos. Y es muy difícil que algo así pueda ocurrir en un país controlado por
casi 150.000 marines. Además no puede suceder.
Un motivo es que los marines gozan de impunidad no sólo cuando matan iraquíes,
sino también cuando matan a los extranjeros. Igual que ha ocurrido con la muerte
de Nicola Calipari . U otros muchos, incluidos los periodistas. Pero en el día
de ayer, el juez de la Audiencia nacional de Madrid, Santiago Pedraz, ante la
falta de colaboración de los Estados Unidos, ha dado la orden de captura
internacional y ha pedido la extradición para los tres militares norteamericanos
acusados de la muerte del cámara español José Couso. El operador de Telecinco
fue derribado por el cañonazo de un carro armado estadounidense, el 8 de abril
de 2003, mientras registraba unas tomas desde el hotel Palestina, donde se
encontraba la mayor parte de los periodistas presentes en Baghdad. Además de
Couso también perdió la vida el ucraniano Taras Protsyuk, de la agencia Reuters.
La valiente decisión del juez español podría ser un precedente muy importante
para el caso Calipari.
La coincidencia con el inicio del proceso a Saddam por parte de un tribunal, que
ahora se llama de Alta corte penal, no puede ser casual. En Iraq hace falta
justicia, verdadera, no la de los vencedores que desprecian a la población
iraquí. No llegaremos a la paz sin la justicia. Porque la justicia no puede
significar venganza. Una venganza que está desangrando Iraq con miles de
muertos. Y no serán las condenas a muerte las que derriben las bases de la
democracia en Iraq. A pesar de que pueda acabar en el patíbulo un dictador
sanguinario como Saddam Hussein, acusado de crímenes contra la Humanidad.
Rory Carroll quería contar la reacción de los iraquíes al proceso a Saddam,
vista desde un barrio que había sufrido la represión del ex-raís, un barrio de
chabolas chií de la ciudad de Sadr. Pero varios hombres armados lo han
secuestrado mientras que salía de la casa de una de las víctimas de Saddam
Hussein. Esta guerra no necesita testimonios, lo he comprobado en mi propia
carne. Ahora regresa el espectro de los secuestros. Este espectro es
especialmente dramático porque el rapto del periodista del Guardian nos recuerda
inmediatamente la historia de los otros dos británicos de pasaporte irlandés,
Margaret Hassan e Kenneth Bigley, que acabó mal. Margaret fue raptada hace un
año exactamente. Esperemos que los secuestradores de Rory Carroll sean más
razonables y sepan reconocer su trabajo en un periódico que ha puesto en tela de
juicio las posiciones bélicas de Tony Blair.
Publicado en "Il manifesto" (20, octubre, 05)