El pasado 25 de octubre la Comisión Electoral de Iraq anunció que había sido
aprobado el borrador de la nueva Constitución del país, que fuera sometido a
referéndum diez días antes. Esta entidad ilegítima creada y amparada por la
coalición invasora anglo-norteamericana, presentó los resultados como un gran
triunfo de la nueva democracia iraquí. Naturalmente que para nada les importó
que este proceso electoral se desarrollara en un país invadido por tropas
extranjeras y que antes, durante y después del mismo, se estuviesen produciendo
impresionantes operativos militares en vastas zonas del país. Tampoco importó
que este referéndum fuera blanco de numerosas denuncias, reportes y evidencias
sobre irregularidades, alteración de resultados y elevado abstencionismo. Lo que
sí es importante es conseguirle a toda prisa algún grado de legitimación --como
si eso fuese posible-- para los colaboracionistas y traidores locales y para el
baño de sangre y horror en que se ha sumido al noble pueblo de Iraq. Con esta
farsa (similar a la del 30 de enero y a la que se prepara para el 15 de
diciembre) se pretende, a su vez, encontrarle una puerta de salida a un
ejército, cuyo Comandante en Jefe convirtió, en rigor, en una banda de
criminales, asesinos y sádicos, que cargarán sobre sus conciencias y el resto de
sus días, con la certeza de haber sido responsables directos en el genocidio sin
precedentes, que aún se sigue ejecutando en territorio iraquí. No habrá glorias
y honores para los participantes y responsables de desencadenar esta cobarde
aventura bélica. Sólo habrá ignominia y vergüenza para los invasores y
ocupantes; para sus jefes militares y civiles; y para una Nación que sucumbirá
cuando conozca la verdadera magnitud de la infamia que sus tropas y sus
impuestos cometieron en Iraq.
Una invasión y ocupación ilegal y arbitraria no puede ser legitimada con
elecciones o referéndum espurios. Aquí los resultados son de antemano conocidos.
Seguramente votarán los muertos, los prisioneros, los exiliados, los soldados
norteamericanos y hasta el propio Saddam Hussein. No existirá economía de
recursos para garantizar que al final se alcen con la "victoria" las propuestas
de los títeres del mando militar norteamericano. Proseguirá así, la
configuración de un marco presuntamente legal, donde la "reconstrucción del
país" seguirá expresándose en forma de saqueo incontrolable de sus principales
recursos naturales a través de Betchell y Halliburton, empresas muy ligadas al
entorno del Emperador Bush; la imposición a los ciudadanos iraquíes de los
conceptos de "libertad", "prosperidad" y "felicidad", mediante el uso de bombas
de racimo y de los millones de libras de uranio empobrecido que liberan al
ambiente sus balas, bombas y misiles con efectos incurables sobre la salud de
los seres humanos; el exterminio sistemático de la población que ya supera la
cifra de 100,000 personas y que ha convertido todo el territorio de este país
árabe en un enorme cementerio ; el sometimiento de más de 10,000 prisioneros a
todo tipo de vejamen y a los más refinados e indescriptibles métodos de tortura,
donde la prisión de Abu Ghraid sólo constituye el rostro más visible. ¿Qué clase
de libertad y democracia puede ser ésta que para imponerse debe hacerlo sobre
una montaña inmensa de cadáveres de gente inocente? ; ¿qué trunca sueños y
esperanzas, qué convierte en ruinas barrios y poblados enteros en solo
segundos? ; ¿qué tipo de civilización diferente ofrecen aquellos que torturan y
degradan, violan, mutilan y matan a los de su misma especie? Sencillamente lo
que ocurre hoy en Iraq es una verdadera carnicería, ejecutada por una fiera a la
que le exigimos no sólo que retorne de inmediato a su redil; sino que además,
ponga fin a sus deleznables y ruines actos en el territorio ocupado, antes que
la resistencia iraquí le haga pagar el precio que hace 60 años atrás, pagaran
sus maestros nazi fascistas.
Iraq no es una nación que luego de una ilegalidad tan salvaje marche hacia su
reconstrucción y recomposición. El territorio iraquí es virtualmente un
verdadero campo de batalla, donde las tropas norteamericanas e inglesas sólo
cuentan con una opción posible: salir derrotadas por la creciente resistencia
del pueblo. Lo que hoy acontece en Iraq sigue desconcertando al mando militar
norteamericano y a los estrategas del Pentágono. No se explican cómo lo que
empezó con enfrentamientos aislados y sin mucha organización, los puede hacer
regresar a casa rememorando Vietnam. Aparentemente de nada valen sus más de
5,600 millones de dólares mensuales, que emplean para seguir sosteniendo su
fracasada aventura bélica e impedir que las bajas norteamericanas (conocidas
sólo por sus alterados partes de guerra), sigan creciendo como la espuma. Al
final no importarán cuántas operaciones militares más se le ocurra para tratar
de "pacificar" el territorio iraquí, ni tampoco cuántos intentos por legitimar a
sus títeres locales emprendan. Las tropas de ocupación hace tiempo perdieron el
control de las acciones y según el general retirado Barry Mcafrey "están
llegando al límite de su capacidad en Iraq"
Es por ello que todas las farsas electorales que se realizan en el Iraq
invadido, deben recibir, en primer término, el más absoluto rechazo.
Sencillamente no pueden efectuarse procesos electorales limpios y transparentes
mientras las fuerzas de ocupación civil y militar permanezcan en ese territorio.
No habrá legitimidad de ninguna instancia o autoridad que emane del paraguas del
mando militar norteamericano, responsable principal y directo del fracaso
político y militar de esta sangrienta aventura. No es hora de elecciones ni de
referéndum fraudulentos, es la hora de iniciar el procesamiento de los
responsables norteamericanos y británicos, que con la falsa excusa de las armas
de destrucción masiva, procedieron a invadir y a saquear al pueblo de Iraq. Es
necesario que exijamos en todo el mundo que se retiren de inmediato todas las
fuerzas militares y civiles de ocupación y se devuelva a la brevedad la
soberanía e independencia a este pueblo. Que los numerosos y espeluznantes
crímenes de guerra cometidos por las fuerzas invasoras no queden impunes y se
encuentre un castigo ejemplar para tanta monstruosidad.