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Carta de Taysir Alony detrás de los barrotes: Una sentencia sin pruebas
Al-Jazeera.net
CSCAweb, 19 de octubre de 2005
Traducción del árabe de Jamal Halawa
"La condena no es judicial, sino que es política. Todo aquel, que dice
otra cosa, tendría que aportar las pruebas, ya que el Tribunal ha sido incapaz
de presentar ninguna y se ha limitado a las conjeturas y a las coincidencias
para condenarme. (...) Desprecio esta sentencia, porque es una sentencia
política, y desprecio con ella, las leyes y los juicios excepcionales en todos
los lugares"
No se si el mundo ha echado un vistazo al texto de la sentencia pronunciada en
el sumario número 01/35 o no; lo dudo mucho, porque los comentarios en los
medios de comunicación, cesaron al segundo o tercer día del pronunciamiento,
como si no hubiera pasado nada. El texto de la sentencia, señala de forma franca
y clara que se basa en indicios o sentidos y no en pruebas, es decir, que han
condenado a 18 personas a penas que van desde los 27 a los 6 años, sin encontrar
evidencias en absoluto y basándose en los indicios que condujeron al Tribunal a
una conclusión particular, que por supuesto, no es aplicable a la realidad.
Hubo unas anécdotas graciosas y extrañas, por no decir carentes de pudor y de
honestidad profesional. Por ejemplo, condenaron al acusado principal, Imad
Barakat Abu Dahdah, a 27 años, de los cuales, 12 por su pertenencia a una
organización terrorista en grado de líder de la misma, y a 15 años bajo la
acusación de conspirar para ejecutar una acción terrorista. El mismo texto de la
sentencia, cita una definición jurídica para el término "conspirar" que se
remonta a la época del dictador Franco. La definición dice lo siguiente: "es un
acuerdo entre dos personas o más para ejecutar una acción criminaletc." la
pregunta es, ¿Dónde están estas dos personas o más, cuando no se ha demostrado
ningún contacto de Abu Dahdah con ninguno de los ejecutores del los ataques del
11-S, ni siquiera lo hubo con alguno de los lideres de Al Qaeda? Se ha basado
todo en suposiciones, condenando al hombre injusta y abusivamente, bajo el
eslogan de la conspiración.
Las sentencias enunciadas bajo la acusación de ser afiliados a una banda
terrorista, y que abarcaron al resto de los acusados, fueron fundamentadas por
el Tribunal en base a conjeturas que en su mayor parte se apoyaron en el viaje
de alguno a Bosnia, Chechenia ó Afganistán para participar junto a los
musulmanes en las guerras de la opresión que se cometen en su contra. Por
supuesto, algunos de los acusados, fueron condenados por tener "la intención" de
viajar, es decir, obtuvieron los visados, pero no llegaron a viajar. Otro caso
que se repitió en muchas ocasiones con algunos acusado: cuando a dos de ellos,
no se les demuestra que hubiesen cometido una acción determinada, el primero,
justifica el hecho y presenta al Tribunal aclaraciones que son aceptadas por el
mismo, y así declaran su inocencia, mientras, cuando el otro presenta las mismas
aclaraciones, documentadas en ocasiones, estas, son rechazadas cuando ambos
casos son congruentes.
En una de las etapas, durante los pormenores de la resolución acusatoria, el
juez declaró que iba a excluir las escuchas telefónicas por considerarlas,
francamente, ilegales e inconstitucionales. No obstante, las ha tomado en cuenta
para condenar a algunos acusados, siendo exactamente eso, lo que ha ocurrido
conmigo. Además, el Tribunal decidió no tomar en cuenta el testimonio del jefe
de la unidad de información el Sr. Rafael Fior, por sus contradicciones, por
demostrar su ignorancia, su mentira y su estupidez. Sin embargo, la condena se
basó en muchas citas de su testimonio, las cuales, no están reforzadas por las
pruebas, y que es lo que ha ocurrido conmigo también.
La principal acusación que me han dirigido, ha sido la de establecer relaciones
con miembros de Al Qaeda, con dos en particular, que son Mohamad Bahaya y
Mustafa Set-Mariam, y la de que "les he hecho favores en aras de conseguir una
exclusiva", según cita el texto de la sentencia condenatoria. En cuanto al Sr.
Bahaya, la sentencia dice que le había ayudado a conseguir su permiso de
residencia el año 1998, cuando le permití presentar la dirección de mi casa para
recibir cualquier notificación remitida desde el departamento que gestiona los
permisos de residencia, además, de llevarle la cantidad de 4000$ a Afganistán y
que era una deuda de un socio suyo en Turquía. Por supuesto, y en primer lugar,
expliqué con documentos que la persona que envió el dinero desde Turquía, mandó
una declaración notarial donde reconoce que dicha cantidad correspondía a una
deuda pendiente del valor de la casa y los muebles que la esposa de Bahaya le
había vendido en Estambul, antes de abandonar Turquía, habiendo quedado ésta
cantidad como deuda del socio según reza la documentación enviada y siendo esa
cantidad, propiedad de la esposa del Sr. Bahaya, y no de Bahaya en si mismo. En
cuanto a presentar mi dirección para que pueda recibir las notificaciones, ésta
es una práctica habitual entre los árabes que no poseen una dirección fija. Él,
residió en España, después, se marchó a Turquía para luego, volver a España para
renovar el permiso de su residencia y vivir con su familia otra vez en España.
Tenía la intención de renovar el permiso de residencia, ir a Turquía y buscar a
su familia de ahí. Todas estas explicaciones no fueron suficientes para el
Tribunal, es más, ¿Cuál es el crimen en ello, cuando yo no le he pagado al
hombre nada?
Respecto a Mustafa Set-Mariam, la sentencia dice que le he prestado favores, sin
delimitar cuales son. Tan solo dice que le presté favores, señalando que le
había acogido una vez en mi casa a él y a su familia a principios de los años
noventa, después, me encontré con él en Afganistán y me facilitó la entrevista
con Ben Laden. Es evidente que, aclaré al Tribunal con pruebas y documentos que
tanto Set-Mariam como Bahaya no pertenecen a Al Qaeda, es más, a Set-Mariam, se
le considera uno de los más críticos con Ben Laden y con los métodos de Al Qaeda,
siendo la entrevista que Al Jazeera le realizó el año 2000, una evidencia clara,
además del libro que recientemente, el diario Al-Hayat, publicó resúmenes del
mismo. Presenté al Tribunal todos estos documentos, pero no quisieron
convencerse.
El fiscal dijo en su alocución: "que dudaba mucho en condenarme, hasta que
escuchó mis confesiones, dando yo la apariencia, de estar entrevistando a mi
jefe". En su día, a todo el mundo le extrañó ésta afirmación, hasta a los
jueces, porque nadie de los presentes había escuchado la entrevista salvo yo,
entonces, ¿cómo había llegado a tal conclusión? Nadie lo sabe. Evidentemente, el
Tribunal ignoró sus palabras y no las mencionó en el texto de la sentencia por
su ridiculez, pero se centró en mi relación con Bahaya y con Set-Mariam, la cual
he explicado ante el Tribunal, como antes lo hice ante el juez instructor
diciendo que es una relación que se establece entre paisanos que viven en la
inmigración, del mismo modo en que se estableció mi relación con Abu Dahdah y
con otros dos acusados. Al resto, no les conocía más que por las caras, y a
algunos la primera vez que me encontré con ellos, fue en la sala del Tribunal.
Con Bahaya y Set-Mariam, me encontré en pocas ocasiones en Afganistán, siendo
esos encuentros, también, los de unos paisanos desplazados fuera de su país. Me
beneficié de la información que tenían sobre los talibán y sobre los
afgano-árabes, pero que tampoco fueron mi única fuente de información, puesto
que, a los pocos meses de mi estancia en Kabul, pude formar relaciones útiles
con responsables talibanes, quienes a su vez, me facilitaron muchas
informaciones además de mi propio seguimiento de los acontecimientos y a través
de la cámara. La entrevista que le realicé a Ben Laden: no medió en ella Set-Mariam
ni nadie más, al contrario de lo que afirma el texto de la sentencia, sino que
fue el mismo Ben Laden quien determinó el tiempo y el lugar y había sido una
sorpresa.
Estas palabras, las dije y las repetí muchas veces en las entrevistas
periodísticas que me realizaron, sin embargo, la justicia española, parece tener
sus barómetros y sus propias conclusiones, siendo el fin de todo ello, mi
condena y de cualquier forma. Ya veremos lo que dirá el Tribunal Supremo sobre
toda esta sarta de embustes, que no tiene más base que el empeño del presidente
del Tribunal. Evidentemente, como ya expliqué con anterioridad, mi vigilancia no
comenzó hasta finales de 1999, cuando se habían intensificado mis contactos con
Al Jazeera, para inaugurar una oficina en Kabul. Los resultados de dicha
vigilancia, se archivaron por la falta de cualquier sospecha. Por ende, tengo la
total confianza en que la causa de mi condena y encarcelamiento es mi trabajo
periodístico que, ha molestado a muchas partes, lo que se probará en un futuro
si Dios quiere. Y vuelvo a repetir, que hubiese hecho el mismo trabajo y del
mismo modo, tal vez, si se repitiesen las mismas circunstancias. Que me condenen
según sus medidas y barómetros retorcidos que, tienen a los árabes y a los
musulmanes como objetivos, independientemente de la certeza de las acusaciones,
e independientemente de la existencia de evidencias o no. Existe una
interpretación sobre aspectos personales que se refieren a mi persona, dentro
del contenido del texto de la acusación, el cual, rogaría que se tradujera y se
publicara, para que el mundo vea la bajeza de estas leyes y juicios
excepcionales.
En fin, siempre recibía señales positivas de que iban a declararme inocente,
pero no fue mi puesta en libertad sin fianza al principio del juicio, la última
de estas señales. Había recibido a través de algunos amigos, colegas y abogados
que charlan con los jueces, señales positivas. No obstante, la señal positiva
más cierta, es que no existe ninguna prueba en mi contra y que puede ser
utilizada para condenarmepero...y sin embargo...mi mujer Fatima lo sabeno estaba
a gusto, había algo en mi que me decía que me iban a condenar. Quizás, alguno de
los que me llamaban por teléfono, me lo había notado a través de mis
comentarios. Les decía a todos, que las señales eran positivas, pero no estaba
tranquilo. Decidimos, Fatima y yo, preparar la maleta de la cárcel cuando llegue
el día de la sentencia. Mis efectos personales de la cárcel estaban preparados,
tan solo había que colocarlos dentro de la maleta cuando me detuvieron la última
vez, y así fue.
La condena no es judicial, sino que es política. Todo aquel, que dice otra cosa,
tendría que aportar las pruebas, ya que el Tribunal ha sido incapaz de presentar
ninguna y se ha limitado a las conjeturas y a las coincidencias para condenarme.
He entrado en la cárcel con la cabeza alta, y se mantendrá así, si Dios quiere,
hasta el día de mi muerte porque no hice nada por lo que tenga que inclinarla.
Desprecio ésta sentencia, porque es una sentencia política, y desprecio con
ella, las leyes y los juicios excepcionales en todos los lugares. Todo aquel que
dice que España es un Estado de derecho, es un iluso y tendría que revisar sus
cálculos porque todos los árabes y los musulmanes en éste país, están sometidos
al mal trato y las sentencias injustas.
Taysir Alony
Madrid, 7 de octubre de 2005