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No a la invasión Yanki en Irak

 

¿Hacia una guerra aérea mayor sobre Iraq?
Lluvia fuerte

Ron Jacobs
CounterPunch
Traducido para Rebelión por Ulises Juárez Polanco (www.juarezpolanco.com)

Recientemente informes de noticias en los periódicos de EE.UU. y Europa han sugerido que Washington y Londres están considerando una reducción drástica de sus fuerzas en Iraq. Estos informes usualmente no mencionan que estas mismas fuerzas fueron acrecentadas apenas el verano pasado, y que la reducción que se rumora realmente no es tan grande como se ha publicitado, cuando se miran los números actuales en el país. Además, con pocas excepciones, la mayoría de estos informes no se molestan en explicar que si las tropas son retiradas del frente y regresadas a casa, el Pentágono planea reemplazar su capacidad de combate con poder aéreo. Para aquellos que estaban aquí durante la guerra estadounidense en Vietnam, este plan es un eco terrorífico de los últimos años de esa guerra. En aquel entonces, esta estrategia era parte del plan de la administración Nixon para la "paz con honor". Era un plan también conocido como la Vietnamización y funcionó así: las tropas survietnamitas (ARVN1) trabajaron con reducidas fuerzas estadounidenses sobre tierra, atacando a las fuerzas guerrilleras y a sus partidarios después de solicitar ataques aéreos dirigidos por los aviones de la Fuerza Aérea estadounidense (USAF). Al mismo tiempo, habría campañas de bombardeos ocasionales que tenían como objetivo áreas enteras del campo vietnamita y que duraban días o incluso semanas, destruyendo aldeas completas y partes de ciudades y asesinando civiles por centenares. Quizás la más conocida de estas campañas de bombardeos masivos tomó lugar durante el mes de diciembre en 1972 y fue conocida como los bombardeos de Navidad. Esta tormenta de muerte fue la más grande campaña de este tipo y destruyó porciones de Hanoi y muchas otras ciudades vietnamitas del norte. Más de 1,600 vietnamitas murieron en ese período de once días.

En este punto, parece que los EE.UU. están usando su poder aéreo en Iraq (y Afganistán) para lo que ellos llaman operaciones de apoyo directo. Usualmente, esto significa que los ataques aéreos son llevados a cabo en una relativa escala pequeña y que los misiles tienen como objetivos edificios particulares y manzanas de la ciudad. Aún, el número de misiones de apoyo aéreo no es pequeño. De hecho, según un comunicado de prensa del Comando Central de la USAF, «aeronaves de la coalición volaron 46 misiones de apoyo aéreo directo el 27 de noviembre para la Operación Libertad Iraquí. Estas (las misiones) respaldaron a las tropas de la coalición, permitieron protección de infraestructura, actividades de reconstrucción y operaciones para impedir e interrumpir actividades terroristas. Aeronaves de la coalición también ayudaron a operaciones terrestres iraquíes y de la coalición para crear un ambiente seguro para las próximas elecciones parlamentarias de diciembre». A estas 46 misiones le siguieron otras 42 el 28 de noviembre. Estas son 88 misiones de apoyo aéreo reconocidas en dos días. (En adición, 18 misiones más de apoyo directo fueron reportadas en Afganistán el 28 de noviembre). Multipliquen eso por sietes días a la semana y resultan 308 misiones de combate aéreo sólo en Iraq. Por la naturaleza del armamento, incluso este supuesto apoyo aéreo directo significa que habrá muertes de civiles. Es prácticamente imposible matar sólo a una o dos personas con una bomba de un cuarto de tonelada o incluso un misil de 50 libras. Los efectos colaterales por el uso de dichos misiles por Israel sobre carros conducidos por miembros de la resistencia palestina prueban este punto de manera gráfica. El viejo filme de los granjeros vietnamitas barridos por los disparos de helicópteros de combate y misiles de jets de bajo-vuelo estadounidenses enfatiza la probabilidad del incremento de muertes civiles, también.
Entonces, ¿por qué el Pentágono y la Casa Blanca están considerando un cambio de estrategia? Claro y simple, es acerca de las políticas domésticas de EE.UU. De regreso en 1969, cuando Nixon fue reelecto para su primer período, prometió traer paz con honor y terminar la guerra en Vietnam. En cambio, expandió la guerra y la volvió aún más sangrienta. Al mismo tiempo, sin embargo, empezó a retirar tropas estadounidenses del campo de batalla. Dado que los comandantes de EE.UU. no confiaban en que el ARVN cumpliera con la guerra por su cuenta, el Pentágono usó el resto de los varios miles de fuerzas en tierra de EE.UU. para liderar misiones de buscar-y-destruir con la asistencia de armamento de la USAF y de la ARVN. Aunque esta estrategia hizo que sus creadores en Washington fueran vistos con buenos ojos por el público estadounidense cansado de la guerra mientras continuaba la matanza de los vietnamitas, no agradó tanto al gobierno de Saigón. Ellos sabían que no los mantendría en el poder. Como Robert H. Johnson, miembro del Concejo Planificador de Políticas del Departamento de Estado de EE.UU. desde (1962-67), escribió en el periódico oficialista Foreign Affairs en 1970: «es evidente que desde el parecer del Presidente (survietnamita) Thieu referido a las noticias sobre los puntos de vista de los oficiales estadounidenses en Vietnam del Sur, esos tantos en Vietnam – concientes de las debilidades persistentes y de larga data de los esfuerzos militares del ARVN – (fueron) más sanguinarios que los estrategas de guerra estadounidenses acerca de las posibilidades de una razonable retirada de EE.UU.» (Julio 1970). A pesar de eso, aún había alguna plática en los círculos creadores de guerra en julio de 1970 alrededor de que los EE.UU. podría alcanzar su objetivo en Vietnam a través de la acción militar desde el aire, incluso mientras estuviera removiendo de Camboya a sus tropas en tierra después de la oposición violenta y generalizada a la invasión de dicho país del 30 de abril de 1970. Para ilustrar esto, incluso cuando las tropas estadounidenses fueron removidas de Camboya en la mayor parte, el bombardeo de ese país continuó sin apaciguamiento hasta que el gobierno instalado por EE.UU. cayó derrotado ante el Khmer Rouge en la primavera de 1975.
De vuelta en Iraq. Todavía hay una creencia comprometida dentro la Casa Blanca de Bush y en gran parte del Congreso, que los EE.UU. puede lograr sus objetivos vía militar en tal país. Esto es aparente en las palabras de la Casa Blanca y las palabras supuestamente más moderadas de Demócratas como Joseph Biden (Del.). La Casa Blanca y la amplia mayoría del Congreso no difieren sobre la guerra, sólo en cómo está siendo dirigida. Uno podría apostar su cena de Navidad que la amplia mayoría del Congreso adoraría ver al poder aéreo de EE.UU. hacer la mayor parte de la matanza y destrucción en Iraq. Este cambio en la estrategia, combinado con la reorganización de las fuerzas estadounidenses en tierra hacia Kuwait y posiciones defensivas bien-fortificadas en Iraq, probablemente disminuiría el número de bajas estadounidenses y (ellos esperan) aseguraría la reelección de la mayoría de esos congresistas que escucharán la ira de sus electores cuando vayan a casa en unas pocas semanas para las vacaciones de invierno.
Según un fragmento de Seymour Hersh en el New Yorker del 28 de noviembre de 2005, algunos comandantes de la USAF están preocupados acerca de cambiar a un mayor uso de poder aéreo en Iraq. Las dos razones principales que mencionan es el aumento del peligro de bajas civiles y la posibilidad de que los comandantes iraquíes exijan los ataques. La primera preocupación aunque noble, es crecientemente sin sentido, dado el tipo de guerra sobre tierra, donde las fuerzas de ocupación tienden a disparar primero y determinar la naturaleza de sus víctimas después. Silenciado en las preocupaciones de estos oficiales está el hecho histórico de que el poder aéreo no funciona contra una insurgencia de guerrillas. Si así fuera, ¿Ho Chi Minh no continuaría siendo llamado Saigón? ¿Estarían las fuerzas guerrilleras de la FARC todavía en control de una parte considerable del campo colombiano? Todo hace indicar que el poder aéreo no gana guerras –sólo destruye la tierra y genera un montón de dinero para la industria armamentista. Eso, y aumenta el odio de la población que las aeronaves y sus pilotos estén bombardeando. A lo mejor si un agresor está dispuesto a cargar tal política hasta su destino lógico –la total devastación-, ese agresor probablemente gana su guerra, aunque quedaría poco para ganar (excepto por ese petróleo en el caso de Iraq). ¿Es esto lo que George Bush quiere decir cuando insiste en nada menos que la victoria? Si no, entonces parece que la única razón para una estrategia que reemplaza combate en tierra con muerte desde el aire es alguna clave de venganza chauvinista.
Ron Jacobs es autor de
The Way the Wind Blew: a history of the Weather Underground, que ha sido recientemente republicado por Verso. Su ensayo sobre Big Bill Broonzy, Serpents in the Garden está incluido en la nueva colección sobre música, arte y sexo de CounterPunch. Él puede ser contactado en: rjacobs3625@charter.net
Original en inglés: CounterPunch, diciembre 1, 2005
http://www.counterpunch.org/jacobs12012005.html
Notas del traductor:
1. The Army of the Republic of Vietnam, ARVN (Ejército de la República de Vietnam). Componente militar de las fuerzas armadas de la República de Vietnam, comúnmente conocida como Vietnam del Sur.