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No a la invasión Yanki en Irak

 

Perder el temple en Irak

Immanuel Wallerstein
La Jornada

En respuesta a la siempre creciente sensación de que a Estados Unidos le está yendo mal en Irak -de hecho, según el punto de vista de muchos está perdiendo la guerra-, el gobierno estadunidense ha lanzado una campaña para persuadir a todos de que no es así. En noviembre de 2005, el Consejo de Seguridad Nacional estadunidense publicó, con grandes fanfarrias, el documento Estrategia nacional para la victoria en Irak. Y el presidente George W. Bush está impulsando esta línea, de manera vociferante, en los discursos públicos.
Lo que arguye ese documento es que esa victoria se está gestando pero, al ocurrir en etapas, tal triunfo es un interés vital para Estados Unidos (que cuenta con una clara estrategia para lograrlo) que llevará tiempo conseguir. La frase clave en este documento verboso, que evade todo análisis concreto de lo que realmente ocurre, es una cita del discurso del presidente Bush el 6 de octubre de 2005: "En Irak no habrá paz sin victoria. Mantendremos nuestro temple y obtendremos dicha victoria".
Mantendremos nuestro temple, dice Bush. Pero su Rasputín, el vicepresidente Cheney, no está tan seguro, pues constantemente asegura que las críticas estadunidenses al gobierno de Bush, no importa que tan suaves sean, minan este "temple" y amenazan hacer que Estados Unidos pierda su determinación. El número de congresistas y senadores republicanos preocupados por que los votantes hayan perdido ya su "temple" y puedan sufragar contra ellos parece crecer a ritmo muy acelerado, lo que da la impresión de tener gran impacto sobre el "temple" de estos políticos republicanos.
Cuando el diputado republicano John Murtha, ex marine y partidario fiel de los halcones de tiempo atrás, hizo un llamado a retirarse de Irak, la mayoría de los comentaristas sintieron que era la voz no oficial de gran número de antiguos militares de alto grado que no podían expresar sus preocupaciones públicamente. ¿Pierden su temple? Ni Murtha ni los antiguos militares de alto grado ocultos lo definirían de esta manera. Ellos consideran que en la situación en que se encuentra Estados Unidos no será capaz de obtener la victoria de la que habla Bush, y creen que si se quedan en Irak las tropas estadunidenses se debilitarán como fuerza militar que ya no podrá hacer su tarea en otras partes del mundo. Quieren reducir las pérdidas antes de que las fuerzas armadas estadunidenses pierdan aun más.
Queda claro ahora que virtualmente todos los miembros de la coalición estadunidense que cuentan con fuerzas militares en Irak intentan reducir su número, si no es que retirarlas por completo, en 2006. Claro que Estados Unidos hará lo mismo. Nadie, por supuesto, admite que esté perdiendo el temple, pero la opinión pública en casa y las elecciones venideras comienzan a cobrar su cuota.
¿Y qué pasa con los iraquíes? Existen dos grupos principales: los que combaten enérgicamente a las fuerzas estadunidenses más cualquier iraquí que sea sospechoso de cooperar con ellos, y los otros.
En el documento del Consejo de Seguridad Nacional se dice que quienes combaten enérgicamente a Estados Unidos son tres grupos: los rechazantes (árabes sunitas que no han "abrazado" los cambios), los saddamistas (que desean restaurar el antiguo régimen) y los terroristas afiliados a Al Qaeda o inspirados por ésta. Según el documento, Estados Unidos más o menos dejó de intentar hacer algo con las dos últimas categorías, pero tiene esperanzas de persuadir a "muchos" del primer grupo de que reduzcan su oposición. Sin embargo, no hay muchas evidencias de que algo así esté ocurriendo. En resumen, aquellos a quienes Estados Unidos llama "enemigos" no parecen haber perdido el temple o su eficacia en el combate.
Pero, ¿y los otros iraquíes? Aquí Estados Unidos parece contar con las nuevas fuerzas de seguridad, supuestamente bajo la autoridad del nuevo gobierno de Irak. Supuestamente porque es obvio que estas fuerzas de seguridad están infiltradas tanto por los "enemigos" de Estados Unidos como por las varias milicias -dos clases de milicias kurdas y por lo menos tres de chiítas- que persiguen sus propios intereses bajo la cobertura del ejército nacional. Estados Unidos dice contar con estas fuerzas de seguridad para cumplir con la tarea de combatir al "enemigo"; es decir, a aquellos que rechazan toda legitimidad de la invasión a Irak.
¿Pero será realmente que el objetivo de quienes controlan varias partes de las nuevas fuerzas de seguridad es el mismo del régimen de Bush? ¿Acaso intentan ser "socios de tiempo completo en la guerra contra el terrorismo" (el fin de largo plazo de Estados Unidos, según el documento citado)? ¿Será creíble esto en un plazo más largo? Aun cuando quienes están en el nuevo gobierno permanezcan por dos años más (una proposición dudosa por sí misma), ¿por qué habrían de jugar este papel que únicamente hará más difícil crear una situación política moderadamente estable en Irak?
Y al final, entre los ganadores y los perdedores, los observadores prestan mayor atención a la posibilidad de que el gran triunfador sea Irán. No se trata de que un gobierno iraquí dominado por los chiítas fuera en algún sentido un pelele de los iraníes. Es simplemente que no quiere, de ninguna manera, jugar el papel de ser hostil con Teherán, y como tal no podría se comprensivo con los objetivos estadunidenses vis-a-vis Irán.
No preguntemos por quién doblan las campanas en Irak. Doblan por Bush y Estados Unidos. Bush alegaba que entró en Irak para no tener que pelear esta "guerra" en suelo estadunidense. Pero sucede lo contrario. La agitación regresa a suelo estadunidense con una venganza. Uno de los alegatos de por qué Estados Unidos no debe retirarse inmediatamente de Irak es porque eso podría desencadenar una guerra civil iraquí. Pero nadie discute qué clase de guerra civil pueda estar en proceso de desarrollarse en Estados Unidos.
Traducción: Ramón Vera Herrera