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Fuera Yankis de Irak

La ruta de la atrocidad: de la Casa Blanca a Hadiza

Chris Floyd
www.globalresearch.ca
Traducido del inglés para Rebelión y Tlaxcala por Chelo Ramos

Muchos observadores han comparado el asesinato metódico de 24 civiles inocentes cometido por infantes de marina usamericanos en el pueblo iraquí de Hadiza -confirmado recientemente por el Pentágono y fuentes del Congreso- con la infame masacre de My Lai en Vietnam, cuando soldados de ese mismo país asesinaron a cientos de civiles en una orgía sangrienta. Pero esta ecuación es falsa y distorsiona gravemente la realidad de los actos de la Coalición en Iraq, porque no es la atrocidad a pequeña escala cometida en Hadiza lo que debe compararse con My Lai, sino toda la guerra contra Iraq.

Toda la operación, desde su inicio arropado en mentiras de alto calibre hasta su ejecución envuelta en una sangrienta arrogancia, locura, codicia e incompetencia, es un crimen de guerra de proporciones casi inimaginables. Un My Lai de mayor magnitud, un My Lai cada día, un año tras otro.

Los detalles de la masacre de Hadiza por fin están saliendo a la luz después de meses de encubrimiento oficial y de acaloradas denuncias contra todos los que cuestionaron las contradictorias versiones emitidas por el Pentágono después de lo ocurrido en noviembre de 2005. El horror habla por sí mismo: una unidad de infantes de marina de la compañía Kilo, con deseos de vengar la muerte de un compañero ocasionada por la explosión de una bomba en la cuneta de una carretera, irrumpieron en las casas cercanas al área de la explosión y sistemáticamente ejecutaron a los civiles que encontraron en ellas, así como a cinco hombres que pasaban por el lugar en un taxi, informó la revista Time.

Las fotos tomadas posteriormente por un equipo de inteligencia militar de USA documentan la carnicería. "Una de ellas muestra a una madre iraquí y a su pequeño hijo arrodillados en el suelo, como si estuviesen rezando", señaló el Sunday Times. "Les habían disparado a quemarropa. Las fotos muestran otras víctimas que fueron ejecutadas en sus casas con disparos en la cabeza y el pecho". Las víctimas "incluían un hombre de 76 años con una pierna amputada y un niño de cuatro años", informó el Observer. "En una casa, una familia completa, entre ellos siete niños, fue atacada con pistolas y granadas. Sólo sobrevivió una niña de 13 años". Un funcionario del gobierno de USA declaró al Sunday Times que los atacantes habían "sufrido una degradación total en materia de moralidad y liderazgo". Esta declaración es importante: puede que sea la primera vez que un vocero del gobierno de Bush dice la verdad acerca de la guerra. Verdaderamente, en Iraq ha ocurrido una degradación total en materia de moralidad y liderazgo, pero no sólo con respecto a los asesinos de Hadiza. Ellos no son más que el inevitable producto final de la cultura de ilegalidad, brutalidad y agresión deliberadamente fabricada por la Casa Blanca para servir a sus rapaces ambiciones geopolíticas y sus intrigas para aprovecharse de la guerra sucia.

La podredumbre y la corrupción han permeado todo el cuerpo político. Es lógico que sus manifestaciones más extremas aparezcan entre aquellos a quienes Bush ha armado con mentiras. La mayoría de los soldados usamericanos creen –según algunas encuestas- que Iraq participó en los ataques del 11 de septiembre, cuando en verdad han sido enviados a matar y a morir en una guerra ilegal, basada en pruebas falsas y falsificadas. Si la atrocidad es el fundamento de su cometido, si la atrocidad es la atmósfera que respiran, es lógico que produzcan atrocidades, una y otra vez, a pesar de que muchos soldados y oficiales luchan individualmente contra la marea infectada.

Estas masacres no son explosiones momentáneas de rabia revanchista; son una conducta aprendida. Los infantes de marina que asesinaron en Hadiza eran veteranos de una atrocidad mucho mayor cometida en Faluya el año anterior, donde participaron en una de las más salvajes destrucciones de una ciudad que se haya cometido desde que terminó la Segunda Guerra Mundial. Ocho semanas de bombardeo incesante, seguido por la suspensión de los servicios de agua y electricidad y el suministro de alimentos. Claramente, un crimen de guerra de acuerdo con el Convenio de Ginebra. Más de dos tercios de los residentes de la ciudad, unas 200 mil personas, huyeron del infierno que se acercaba, refugiados en su propio país. Los que se quedaron fueron considerados presas fáciles en la devastación casa por casa a que fue sometida la ciudad. Entre los principales blancos de los usamericanos estaban los hospitales y clínicas, tal como dijeron funcionarios usamericanos al New York Times: otro flagrante crimen de guerra. Los destruían o clausuraban y mataban o encarcelaban al personal médico, para evitar que llegase al mundo exterior información sobre la muerte de civiles, lo que sería una mala publicidad según estos funcionarios. Una investigación realizada posteriormente por el gobierno iraquí respaldado por USA encontró pruebas creíbles del uso de armas químicas contra la ciudad: otro crimen más. Alrededor de 6 mil personas fueron asesinadas en el ataque, civiles la mayoría de ellas.

Los pocos cientos de insurgentes de Faluya, que eran el supuesto blanco del ataque, habían huido mucho antes de que comenzase el asalto a la ciudad. Así pues, la destrucción de la ciudad, ordenada por la Casa Blanca, no tenía un objetivo militar. Se trataba de un acto de represalia, un castigo colectivo contra todo el pueblo iraquí, incluyendo a los no combatientes, por la resistencia armada a la conquista de la Coalición. Los infantes de marina de la compañía Kilo sencillamente aprendieron la lección de sus muy respetables superiores en Faluya y la aplicaron en Hadiza.

No hay duda de que estas lecciones se están aplicando en todo Iraq. En marzo informamos sobre un incidente muy similar ocurrido en la región de Isahaqi: once civiles, entre ellos cinco niños menores de cinco años, fueron asesinados como resultado del ataque a una casa por fuerzas usamericanas (véase en internet la película Children of Abraham). La policía local dijo que las víctimas habían sido ejecutadas, aunque ninguna de ellas estaba relacionada con la insurgencia. Las fotografías tomadas por la agencia France-Presse confirman el ataque y la muerte de los niños e indican que efectivamente recibieron disparos en la cabeza. A pesar de la prueba fotográfica, funcionarios del Pentágono solo confirmaron la muerte de cuatro civiles: los lamentables daños colaterales de un intercambio de disparos con un miembro de Al-Qaida, dijeron. Según ellos, la idea de que soldados usamericanos puedan ejecutar civiles a sangre fría es ridícula.

Como Abu Graib, Hadiza no es una aberración cometida por unas pocas "manzanas podridas", sino el emblema de un crimen mayor, sistémico, el fruto natural de un régimen forajido que ha hecho de la guerra, la tortura, la detención indefinida, los "asesinatos extrajudiciales", la rendición y los campos de concentración, una política oficial. Esta descomposición moral es el verdadero legado histórico de Bush.

Publicado originalmente el 1 de junio de 2006 en: http://www.globalresearch.ca/index.php?context=viewArticle&code=FLO20060603&articleld=2563
Chelo Ramos es miembro de Tlaxcala (www.tlaxcala.es), la red de traductores por la diversidad lingüística. Esta traducción es copyleft. 

Fuente: lafogata.org