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Fuera Yankis en Irak
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La aviación de los pobres
Alberto Piris
La Estrella Digital
Al repasar la historia de las guerras, se advierte que muchas de ellas se han
caracterizado por haber puesto de moda, por así decir, nuevas armas, tácticas o
procedimientos de combate. No hay lugar aquí para hacer un examen detallado de
esta afirmación, pero se puede recordar cómo la adopción del estribo —utilizado
siglos antes por los pueblos nómadas de las estepas asiáticas—, que llegó a los
ejércitos europeos a principios del siglo VIII, multiplicó letalmente la
eficacia de la caballería medieval, convirtiéndola en la reina de las batallas
hasta que nuevos avances de la tecnología cambiaron sustancialmente su papel y
sus armas, eliminando el caballo de los campos de batalla tras siglos de haber
mostrado en ellos su hegemonía.
Del mismo modo, el lector recordará que la Primera Guerra Mundial se caracterizó
por el combate desde líneas de trincheras enfrentadas y por los ataques
frontales de la infantería apoyada por intenso fuego artillero. Por su parte, la
Segunda Guerra Mundial conoció el empleo profuso de los medios acorazados en
combinación con la aviación táctica de ataque a tierra. Hubo otras
transformaciones —guerra submarina, bombardeo estratégico de ciudades y
fábricas— que se produjeron gradualmente, pues los cambios nunca suelen tener
lugar de modo brusco sino paulatino, a medida que se prueban las nuevas ideas y
se dispone de los instrumentos para llevarlas a la práctica.
Es también conocido el hecho de que la guerra de Vietnam supuso el "doctorado"
militar para los helicópteros como medios de ataque y de transporte. La carga de
caballería aérea contra un poblado vietnamita, que es una de las más recordadas
escenas del filme Apocalypse Now, se ha convertido en el documento
fingido que mejor atestigua lo que aquí se afirma.
La guerra de Iraq —si así puede llamarse a la invasión y ocupación de este país
y a sus consecuencias— también ha aportado algo a la historia de la violencia
organizada: el empleo profuso y universal del coche bomba con demoledores
resultados de muy variada índole.
Como instrumento de terrorismo no es nuevo ni exclusivo de los yihadistas
islámicos. Ha sido utilizado por cristianos, judíos, hindúes, anarquistas,
colonos franceses argelinos, mafiosos de toda índole, terroristas de ETA y del
IRA y en acciones encubiertas de la CIA y otros servicios secretos. De hecho fue
la CIA la que instruyó —con la ayuda de los servicios secretos pakistaníes— a
los muyahidines afganos en el empleo de coches bomba contra los ocupantes
soviéticos.
Lo que caracteriza a la actual situación en Iraq es el recurso casi diario a
este medio de destrucción, con consecuencias de hondo impacto en la situación
política, económica, social y militar, no sólo en Iraq, sino también en EEUU y
en otros países aliados o amigos.
El escritor californiano Mike Davis ha recopilado una completa historia de los
coches bomba, de próxima publicación, de la que tomo prestado el sugestivo
título, The Poor Man’s Air Force, es decir, la aviación de los pobres.
Así considera este analista a los coches bomba, comparando sus efectos con los
que producen los bombardeos en profundidad de objetivos no militares en las
poblaciones que los sufren y en sus gobernantes.
Aduce, como ejemplo, que los coches bomba que en 1983 destruyeron en Beirut la
embajada de EEUU y el cuartel de sus tropas de Infantería de Marina tuvieron más
efecto que toda la potencia combinada de la Sexta Flota desplegada en el
Mediterráneo y sus aviones de combate, pues forzaron la retirada estadounidense
del Líbano. Esto le lleva, con pleno fundamento, a calificar al coche bomba de
arma semiestratégica, comparable a menudo con el poder aéreo tradicional. "Las
bombas nucleares robadas, el gas sarín o el ántrax pueden ser el colmo de
nuestros temores, pero el coche bomba es el útil cotidiano del terrorismo
urbano", afirma Davis. Si a esto se suma el hecho de poder ser conducido y
activado por un terrorista suicida, aumentan mucho las posibilidades de sembrar
el caos en cualquier lugar y momento, como se observa en Iraq día a día.
Esta arma terrorista, a la que la guerra de Iraq ha dado el espaldarazo
definitivo, es a la vez barata, sencilla de implementar con productos de fácil
adquisición, difícil de detectar y neutralizar, y de enorme capacidad
destructiva. Cualidades que la hacen sumamente eficaz.
En Bagdad ha producido ya un nefasto resultado: la división de la ciudad en dos
zonas. Una es la llamada "verde", atrincherada, blindada, protegida por tanques
y mercenarios armados, donde se refugian los dirigentes políticos y los
extranjeros. En el resto, los iraquíes pueden volar en pedazos en cualquier
momento o ser ametrallados desde el aire por los helicópteros del ejército de
ocupación. Resumo así el párrafo final del análisis de Davis: Una población que
aguantó la policía secreta de Sadam, las sanciones de la ONU y los misiles de
crucero de EEUU, se blinda ahora para sobrevivir a los coches bomba que rondan
los depauperados barrios chiíes, y cuyos conductores buscan allí el salvífico
martirio. Habrá que esforzarse porque lo que hoy se observa en Bagdad no sea el
ejemplo que en el futuro habrán de copiar muchas otras ciudades en el mundo.
* General de Artillería en la Reserva
Analista del Centro de Investigación para la Paz (FUHEM)