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Fuera Yankis en Irak
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Iraq, tres años de ocupación y de guerra
El atentado de Samarra y sus consecuencias: ¿Un nuevo aspecto de la guerra
civil?
Phyllis Bennis y Erik Leaver
Comité de Solidaridad con la Causa Arabe
Aún hay dudas sobre la responsabilidad del ataque a la mezquita dorada chií de
Askariya en Samarra. Durante las dos jornadas posteriores fueron asesinados 200
iraquíes y se impuso el toque de queda en todo el país.
El estallido de violencia entre los distintos grupos no es reflejo del peligro
de guerra civil inmediata. Ahora bien, si continuara aumentando esa violencia,
se podría pasar de la guerra civil de baja intensidad de carácter político, que
existe entre los que apoyan (de grado o por la fuerza) la ocupación
estadounidense y los que la rechazan, a una guerra civil identificada con
posicionamientos de grupos religiosos rivales.
Tanto el atentado como el estallido de violencia posterior son las pruebas más
recientes de que la ocupación militar estadounidense ha fracasado en
proporcionar seguridad al pueblo de Iraq, la democracia ya ni se menciona. La
estrategia estadounidense, que consiste en adiestrar a una fuerza militar iraquí
que contrarreste a la Resistencia, con el fin de sustituir a las tropas de EEUU
y de la Coalición, es un fracaso (y eso por no mencionar el empeño
norteamericano de convertir a Samarra en una ciudad segura, rodeándola con un
enorme muro de tierra). La decisión del Congreso de aprobar una ley que autoriza
un gasto suplementario de 62.000 millones de dólares para la guerra en Iraq
(fundamentalmente para el adiestramiento de las tropas iraquíes) significa estar
de acuerdo con esta fracasada línea política.
La presencia de las tropas de ocupación estadounidenses en Iraq, sigue siendo
una provocación extrema para todas las facciones iraquíes y fomenta la
violencia. De acuerdo con las últimas encuestas, el 82% de los iraquíes desean
el final de la ocupación, y el 47% de ellos apoya los ataques a las tropas
ocupantes. Una buena parte de la ira popular desencadenada por el atentado en la
mezquita de Askariya, tanto entre sunníes como chiíes, apuntó a la ocupación
estadounidense como responsable. El jefe militar y clérigo chií, Moqtada al Sadr,
en declaraciones a la cadena de televisión al Jazeera, hizo un llamamiento al
nuevo Parlamento iraquí, donde cuenta con 32 escaños, a que aprobaran una
propuesta para que las fuerzas de la coalición abandonaran Iraq.
El proceso político antidemocrático, impuesto por los EEUU, ha exacerbado las
divisiones entre las distintas sectas de Iraq, un país con una amplia
trayectoria laica y una marcada identidad nacional, a pesar de las tensiones
étnicas y religiosas. Las negociaciones para la creación de un nuevo gobierno
iraquí han fracasado, en tanto que no hay interés en hacer desaparecer las
milicias sectarias o ponerlas bajo control gubernamental.
Los responsables militares y los de la Administración del presidente Bush se
apresuran a negar que esta escalada sea el prólogo de una guerra civil en Iraq,
porque eso dejaría sin valor su argumento de que solamente la presencia de
tropas norteamericanas es un antídoto contra esa guerra. Un destacado general
norteamericano dijo: "No vemos el comienzo de una guerra civil lo que prevemos
es un gobierno iraquí con capacidad para utilizar las fuerzas de que disponga"
El presidente Bush dijo que no era una guerra civil y afirmó que los
responsables del ataque de Samarra no venían del interior de Iraq, sino que se
trataba de aquellos procedentes del exterior que "intentaban detener el avance
de la libertad" en Iraq. En el mismo tono, Tony Blair negó que se tratase de una
guerra civil, sino más bien "de la democracia contra el extremismo y el
terrorismo". El congresista norteamericano John Murtha, que ha pedido la
retirada de las tropas de Iraq, afirmó por su parte, que esto era una guerra
civil y que "nuestras tropas están atrapadas entre dos fuegos".
Si bien es cierto que el ataque a la mezquita de Askariya ha producido un grave
aumento de las divisiones y la violencia entre las distintas sectas, y que
también algunas milicias de las mismas parecen estar adquiriendo mayor
influencia, no lo es menos que ha habido respuestas significativas de tipo
laico, unitario e interconfesional. Algunos influyentes líderes religiosos han
pedido calma, mientras que llamaban a sus seguidores a manifestarse en la calle
contra la violencia. Así, por ejemplo en la ciudad de Basora, de importante
mayoría chií, una manifestación conjunta de sunníes y chiíes, reclamó la defensa
de la unidad nacional iraquí, la denuncia de la violencia sectaria y el final de
la ocupación estadounidense, entre gritos de "No a América".
Esta es una nueva coyuntura. Los movimientos contra la guerra, en Estados Unidos
y en todo el mundo, deben dar respuesta al reciente aumento de la violencia en
Iraq con una energía renovada para exigir el final de la ocupación y hacer que
las tropas regresen a casa. Al acercarse el tercer aniversario de la invasión de
Iraq, las condiciones de vida cada vez más degradadas, el aumento de las muertes
iraquíes y el debate actual en el Congreso norteamericano sobre la autorización
de gasto suplementario y multimillonario para mantener la guerra, ponen sobre la
mesa la necesidad urgente de movilizarse, sensibilizar y desarrollar una tarea
de apoyo en los ámbitos local, nacional e internacional. No es descartable que
en los próximos días se anuncie un aumento en la retirada de tropas, justo
después del aumento de la violencia en Iraq, pero debemos ser conscientes de que
esas retiradas parciales, aunque implicasen a un buen número de soldados, no son
suficientes. Antes bien, nuestra exigencia prioritaria debe ser el final
completo de la ocupación, incluyendo la retirada de todas las tropas
estadounidenses, de la coalición ocupante y de los mercenarios extranjeros,
además del cierre de todas las bases militares de Estados Unidos en Iraq.