VOLVER A LA PAGINA  PRINCIPAL
John Holloway

Intentando ver en la oscuridad

(A propósito de la aparición del ultimo libro de John Holloway: "Contra y más allá del capital")

Con la edición de este libro como excusa, en La Fogata aprovechamos para escribir sobre el pensamiento de John Holloway, y preguntarnos cómo este pensamiento interactúa con la realidad de los movimientos sociales de resistencia en la actualidad

Las propuestas que desarrolla en sus libros "Cambiar el mundo sin tomar el poder" y "Contra y más allá del capital" se fueron inscribiendo y relacionando con diferentes movimientos sociales que surgieron (o en todo caso se hicieron mas visibles), a partir del derrumbe de la Unión Soviética y el "socialismo real". El zapatismo en México principalmente, pero también los Sin Tierra de Brasil, los Piqueteros en Argentina, o los diferentes movimientos indígenas y de defensa de los recursos naturales en Latinoamérica están abriendo, con particularidades y diferencias, nuevos caminos de resistencia al capitalismo. Caminos que en muchos casos cuestionan también la toma del poder y el Estado como vía para generar cambios sociales.

Es en estas cuestiones entonces, donde encontramos puntos de contacto con las ideas que Holloway nos expone, tanto en los rechazos como en las proposiciones.

Esta propuesta, que parte ineludiblemente del rechazo a la opresión del capitalismo, y que también rechaza la formación del partido y la toma del poder para realizar los cambios "desde arriba", no se queda detenida en el rechazo, sino que avanza (al igual que las resistencias de los movimientos) en tanteos de alternativas a las relaciones capitalistas y al trabajo alienado, alternativas que sugieren formas "comunales" de organización, en torno a un "hacer" colectivo y autónomo, que al mismo tiempo que lucha contra el trabajo alienado, va generando nuevas relaciones humanas, relaciones humanas de cooperación.

En este movimiento colectivo del hacer, se iría recuperando lo que Holloway llama el "flujo social del hacer", el impulso de creatividad que potencialmente todos tenemos y que es cercenado y encarrilado hacia la producción de valor por el capital.

En una primer parte de la nota intentaremos describir y comentar los puntos, a nuestro criterio fundamentales, de la teoría que nos expone Holloway en "Cambiar el mundo sin tomar el poder" para poder continuar luego, en una segunda parte, con la profundización del desarrollo de estas ideas en "Contra y más allá del capital", pretendiendo seguir el hilo conductor de este pensamiento.

Finalmente, en una tercer parte, y a modo de anexo, citamos algunos de los conceptos que nos parecieron más importantes en la presentación del último libro de John Holloway, organizada por la revista Herramienta en octubre de 2006.

Aclaración: Las frases textuales de John Holloway que aparecen en esta nota están escritas con letra cursiva, el resto del texto corresponde a nuestros comentarios e interpretaciones.

CAMBIAR EL MUNDO SIN TOMAR EL PODER

(El significado de la revolución hoy)

El grito

Holloway comienza diciéndonos que la primer acción de resistencia a la opresión del capitalismo, no es el razonamiento conciente, sino "el grito".

El pensamiento nace de la ira, no de la quietud de la razón. El punto de partida es la negatividad.

Pero este grito no es un simple grito, sino que es bidimensional: es un grito de rabia que surge ante la injusticia y la opresión, pero que conlleva una esperanza, la proyección de una otredad posible

Es decir, que nuestro grito comprende, además del rechazo, la latencia de algo que existe potencialmente, o como dice Holloway, que existe en la "forma de ser negado" en resistencia dialéctica contra esta negación. Ese algo sería nuestra capacidad de hacer, de crear, de generar vida.

El trabajo alienado como la negación de nuestro hacer:

Lo que conocemos como trabajo, es para Holloway la alienación de nuestro hacer.

O dicho de otra manera: el hacer existe, en el capitalismo, como hacer enajenado, como trabajo alienado.

La capacidad humana de hacer es lo que él denomina "poder-hacer".

El poder-hacer es siempre poder social y es parte de un flujo social, el "flujo social del hacer".

A partir de la fractura del flujo social del hacer por parte del capital, nuestro hacer (el poder-hacer) es negado y se convierte ahora en "poder-sobre", en una relación de poder del capital sobre los otros. El poder-sobre se constituye entonces con la ruptura del flujo social del hacer, siendo esta fractura el principio sobre el que se construye la sociedad capitalista.

El capital se apropia, de esta manera, de la subjetividad ("unidad de proyectar-hacer") de las personas, objetivándolas.

Dialécticamente Holloway nos dice que así como debe abrirse la categoría mercancía en valor y valor de uso (ambas en contradicción permanente) también debe abrirse la categoría de poder en poder-sobre y poder-hacer. El poder que nos constituye es un antagonismo del cual somos parte. Pero estas dualidades no existen sino en movimiento, no como algo estático, acabado. Este movimiento dialéctico, esta contradicción colectiva e individual, constituye el "lugar" desde donde comenzar a decir "no" y rebelarse.

En este punto del desarrollo es donde vemos lo que constituye una de las claves más importantes que Holloway nos expone: Lo negado (nuestro poder-hacer, la subjetividad) esta siempre, al mismo tiempo que reprimido, en resistencia contra la opresión. Esta clave permite una comprensión de la vulnerabilidad del poder-sobre. El capitalismo tiene debilidad en su dependencia de mantener permanentemente la opresión sobre el hacer para poder reproducirse. El capital sólo puede existir como el producto del hacer transformado (trabajo enajenado), sin la enajenación del trabajo, de la energía humana, no puede continuar imperando. Esta es la clave de su debilidad.

La enajenación del hacer que es el punto de partida de la construcción del capitalismo es el mismo tiempo su punto débil, el punto de partida de la resistencia.

Un poder ubicuo implica una resistencia ubicua. El poder-hacer existe en la forma de su negación, como poder-sobre. El flujo social del hacer existe en su negación, la acción individual. El hacer existe en la forma de trabajo enajenado, la comunidad en la forma de una masa de individuos, las relaciones humanas en la forma de relaciones entre cosas, la humanidad en la forma de lo inhumano. Todas existen en la forma de su negación.

Esta comprensión nos habilita a pensar en la posibilidad real de transformación social a partir de alternativas de resistencia como las que adelantábamos en la introducción de esta nota, donde la organización colectiva y comunal en torno a la recuperación del hacer autónomo y la lucha contra la alienacion del trabajo, vaya generando relaciones humanas de cooperación y anticapitalistas.

Centrarse en el hacer, nos conduce a una comprensión de la vulnerabilidad del poder-sobre, donde lo hecho depende del hacer, el capital depende del trabajo enajenado.

Estos tanteos pretenden ser sólo eso, tanteos (y no recetas) en la búsqueda y construcción de caminos de resistencia, intentos de ver en la oscuridad.

El Estado, el poder y la clase:

Holloway nos dice que los movimientos marxistas revolucionarios habitualmente han tomado al Estado como un instrumento de la clase capitalista, como si la relación entre el Estado y la clase capitalista fuera externa: De esta forma el Estado sería como una herramienta que puede ser manipulado por la clase capitalista hoy y por la clase trabajadora después de la revolución, cada uno según sus propios intereses.

La supuesta autonomización del Estado respecto de su propio contexto social, que surge de esta visión, debe ser para Holloway objeto de crítica, como punto de partida de la política revolucionaria. Y agrega: ..el error de los movimientos marxistas revolucionarios no ha sido negar la naturaleza capitalista del Estado, sino comprender de manera equivocada el grado de integración del Estado en la red de relaciones sociales capitalista

Por otra parte y con respecto a las revoluciones nacionales y el Estado como motor de cambio, Holloway nos dice que las relaciones sociales capitalistas exceden las fronteras nacionales, y desde siempre han ido más allá de cualquier límite territorial.

El mundo capitalista no puede ser pensado como una suma de diferentes sociedades nacionales. La red de relaciones sociales en las cuales los estados nacionales particulares están inmersos, es (y lo ha sido desde el inicio del capitalismo) una red global.

Con respecto a la toma del poder Holloway sostiene que no se puede tomar el poder para luego abolirlo, como ha quedado demostrado en las distintas revoluciones que lo han intentado. La única manera en que hoy puede imaginarse la revolución es como la disolución del poder, no como su conquista.

Esta disolución se debe ir logrando con el crecimiento de "espacios de anti-poder", como el que se ha ido generando en los últimos años, con el zapatismo.

La revolución, entonces, no consiste en construir un contra-poder (noción sostenida por los movimientos que se concentran en tomar el poder), sino un anti-poder que proponga la disolución de las relaciones de poder (del poder-sobre), la emancipación del poder-hacer, este es el gran sueño comunista. Este proyecto es más radical y al mismo tiempo más realista que la idea de revolución basada en la toma del poder.

El Estado, como el dinero, el capital o la clase, deben ser entendidos como proceso. El capitalismo es la siempre renovada generación de la clase, la siempre renovada clasificación de las personas. Marx puso bien en claro este punto en su discusión acerca de la acumulación en El Capital: "El proceso capitalista de producción, considerado en su interdependencia o como proceso de reproducción, pues, no solo produce mercancías, no solo produce plusvalor, sino que produce y reproduce la relación capitalista misma: por un lado el capitalista, por la otra el asalariado"

Siguiendo este razonamiento, la liberación no consiste en la afirmación de la clase trabajadora como tal, sino en la liberación de las relaciones capitalistas que generan las clases sociales. Las clases no existen desde siempre como algo natural, sino que son constituidas y reconstituidas por las relaciones capitalistas

Fetichismo, anti-fetichismo y subjetividad:

Holloway, basándose fuertemente en Marx, nos dice que el fetichismo de la mercancía es la penetración del poder (el poder-sobre) capitalista en el núcleo de nuestro ser, en nuestra subjetividad, en todos nuestros modos de pensar, en todas nuestras relaciones con las otras personas.

De esta forma el poder-sobre nos alcanza y transforma forzándonos a participar de manera activa en su reproducción.

Esta introyección de nuestros dominadores, introyección de una realidad enajenada, es el fetichismo. Se produce así la enajenación del hombre respecto del hombre.

Si estamos convencidos de esto, el papel que juega el concepto de fetichismo (y el anti-fetichismo) en la teoría revolucionaria debería ser claramente central y por ende, el pensamiento y la practica revolucionarios son necesariamente anti-fetichistas.

Para Holloway es importante ver además que la critica a la ideología burguesa no es solo una critica a "ellos", sino que es también, y quizás sobre todo, una critica a "nosotros", una critica a nuestra complicidad en la reproducción de las relaciones de poder capitalistas. La crítica al pensamiento burgués es la crítica a la separación entre sujeto y objeto en nuestro propio pensamiento.

Este punto es importante porque el marxismo "tradicional" no solo no tuvo nunca en cuenta la penetración del sistema en nuestra subjetividad, sino que contribuyó a ocultarla, señalando el fetichismo de la mercancía, sólo como algo externo a nosotros, algo que se podía descubrir "científicamente" leyendo El Capital.

Pensamos entonces que es debido a este ocultamiento que el marxismo tradicional no planteó nunca una transformación de la subjetividad en la lucha anti-capitalista y como contrapartida se planteaba la toma del poder para luego desde, y con ese mismo poder, cambiar la sociedad.

Finalmente debemos destacar que Holloway nos señala que el fetichismo no es una relación estática, sino que por el contrario, es un proceso de fetichización, un proceso de separación entre sujeto y objeto, del hacer y lo hecho, siempre en antagonismo con el movimiento opuesto de anti- fetichización, de la lucha por reunir sujeto y objeto, para recomponer el hacer y lo hecho. Nuestra existencia entonces, no es simplemente una existencia dentro de formas fetichizadas de relaciones sociales. No existimos simplemente como las formas objetivadas del capitalismo.

Existimos entonces, "en y en-contra" del proceso de fetichización.

La superación de la fetichización, significa la superación de la separación del hacer y lo hecho, la superación de la fragmentación de las relaciones sociales en la que está basada el poder, la recuperación de nuestra subjetividad como capacidad de hacer colectivamente, como capacidad de generar vida.

La expansión del crédito y la deuda:

Aquí Holloway analiza, cómo el capital, en su contradictorio y enceguecido intento de expulsar el trabajo asalariado de la esfera productiva, va perdiendo el control sobre la única fuente de generación de valor, que es el trabajo humano alienado

Pero no sólo el capital intenta desembarazarse del trabajo: Tanto el trabajo como el capital procuran constantemente liberarse a si mismos de su dependencia mutua; esta es la fuente de la peculiar fragilidad del capitalismo. La contradicción de esta repulsión mutua es el núcleo de la teoría de Marx de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia.

El núcleo del desarrollo del capitalismo ha pasado a ser, en los últimos setenta años, la constante expansión del crédito y la deuda. Para Holloway, este es el ejemplo más claro de la incapacidad del capital de subordinar adecuadamente la vida al trabajo alienado.

La deuda se utiliza como un medio para la imposición de la disciplina social, de la subordinación a la lógica del capital, aunque no siempre con éxito. Cuanto mas aumenta la brecha entre la acumulación real y la monetaria, mayor es la brecha entre la subordinación real de la vida conseguida y la subordinación demandada por el capital. La tendencia del capital a subordinar cada aspecto de la vida con creciente intensidad es la esencia del neoliberalismo. El neoliberalismo es el intento de resolver la crisis a través de la acentuación y el reordenamiento de la subordinación.

El capital esta tratando de superar su crisis por medio del cercamiento de cada vez mas áreas de actividad social, imponiendo el dominio del dinero donde previamente la subordinación era indirecta. La mercantilización de las tierras, la mercantilización creciente del cuidado de la salud y la educación, la extensión del concepto de propiedad hasta incluir el software y los genes.

El capital y el comunismo:

El capital es el movimiento de separar, de fetichizar, el movimiento de negar el movimiento. La revolución es el movimiento contra la separación, contra la fetichización, contra la negación del movimiento.

El capital es la negación del flujo social del hacer, el comunismo es el movimiento social del hacer, contra su propia negación, es el movimiento del vivir contra el trabajo alienado.

"Para nosotros el comunismo no es un estado que debe implantarse, un ideal que haya de sujetarse a la realidad. Nosotros llamamos comunismo al movimiento real que anula y supera el estado de cosas actual" (Marx-Engels).

El objetivo de la revolución es la transformación de la vida común, cotidiana, y es precisamente de esa vida común y ordinaria que la revolución debe surgir. ("Somos mujeres y hombres, niños y ancianos bastante comunes, es decir rebeldes, inconformes, incómodos, soñadores" decía el subcomandante Marcos en 1999)

El comunismo es entonces el retorno de lo reprimido, la rebelión contra el fetichismo, es un proceso que comienza a partir de la fuerza de lo negado y de la revuelta contra el proceso de negación.

CONTRA Y MÁS ALLA DEL CAPITAL

En este nuevo libro John Holloway recoge el debate generado en estos años a raíz de la publicación de "Cambiar el mundo sin tomar el poder" y a partir del mismo, prolonga y profundiza sus ideas más importantes.

Contra y más allá: La teoría tradicional de la revolución asume que primero luchamos contra el capitalismo y luego, al vencerlo, creamos una nueva sociedad. Si esta lucha ("en-contra") no incluye simultáneamente en su seno la creación de relaciones humanas nuevas y superadoras (el ir "mas allá"), solo nos movemos, dice Holloway, en una confrontación donde tendemos a reproducir la lógica del poder al cual nos enfrentamos. "El impulso hacia la autodeterminación social" que nos propone, debe ir creando "una diferente organización del hacer", al mismo tiempo que lucha contra el trabajo alienado capitalita. Por eso dice "En contra y mas allá", porque la lucha contra el trabajo alienado es inseparable de un hacer colectivo que simultáneamente lo vaya superando desde el comienzo.

Las nuevas formas de organización: Una de las críticas que recibió "Cambiar el mundo.." fue la de no poner el acento suficientemente sobre la cuestión de la organización. Frente a esta critica Holloway dice que tal vez debió haber sido mas explicito en el hecho de que "hablar sobre relaciones sociales es, inevitablemente, hablar de la forma en que nuestras interacciones sociales están organizadas". Y agrega al respecto que "el movimiento del impulso hacia la autodeterminación social (el movimiento del comunismo) contiene la promoción de ciertas formas relacionales". El capital es una forma de organizar las relaciones sociales, pero es una forma contradictoria ya que permanentemente está tratando de contener las formas anticapitalistas que se generan en su seno. Estas formas anticapitalistas son a su vez "el movimiento del impulso hacia la autodeterminación social, el movimiento de la rebelión hacia la revolución". Nos dice además que "no hay modelo de organización pero hay ciertos principios que se desarrollan a través de la lucha y que constituyen una característica del actual movimiento en contra del capitalismo y también de toda la historia de la lucha anticapitalista".

La forma de organización que Holloway toma como "punto de referencia mas importante es el concejo, asamblea o comuna (cuyo principio central es la inclusión en lugar de la exclusión), una característica de las rebeliones desde la comuna de Paris hasta los soviets de Rusia, los concejos de las aldeas zapatistas, hasta las asambleas barriales argentinas. Pero las ideas de organización por concejos también están presentes en muchos de los intentos actuales de responder a las crisis de los partidos como forma de organización en todo el mundo. Estos intentos son siempre necesariamente contradictorios y experimentales, siempre están en movimiento. La tendencia que se destila dentro de ellos es una agudización del antagonismo al capital"

El hacer contra el trabajo: De los puntos desarrollados en este libro, nos interesa especialmente, el de "el hacer en contra del trabajo". Holloway nos dice que "el impulso hacia la autodeterminación se mueve en-contra-y-mas-allá de la representación, en-contra-y-mas-allá del Estado y en-contra-y-mas-allá del trabajo". Y puntualiza que el problema central para todos los intentos de autodeterminación es el movimiento del hacer en contra del trabajo, entendiendo por trabajo, al trabajo alienado, es decir, el trabajo tal cual lo conocemos, el trabajo como la forma de controlar nuestro hacer, como generador de valor. Agrega luego que por mas ‘directas’ que sean las estructuras democráticas, estas "tendrán relativamente poco impacto a menos que sea parte de un desafió a la organización capitalista del hacer como trabajo". "Por ello, es importante pensar no sólo en democracia, sino en comunismo, no sólo en gente, sino en clase, no sólo en rebelión, sino en revolución"

De esta manera se va enriqueciendo, a nuestro entender, la idea de "impulso hacia la autodeterminación social" ya que este impulso es un "impulso hacia la emancipación del hacer socialmente determinado, hacia el desarrollo de nuestro poder-hacer"

Las grietas:

Holloway viene sosteniendo, tanto en este libro, como en sus trabajos anteriores que la llamadas ‘certezas’ del socialismo real y la teoría revolucionaria tradicional, no eran tales, o que por lo menos, ya no las tenemos quienes buscamos cambiar el mundo en esta época. Dice entonces, que el comunismo es un intento de ver en la oscuridad, o que es "una mirada hacia lo invisible" Es aquí donde aparecen "las grietas" por donde podemos intentar avanzar en nuestro camino a tientas. Es el único camino, nos dice, "por el que podemos pensar la revolución de una manera realista, la revolución por grietas, por la apertura de intersticios". "Tales grietas están por todas partes, a veces rechazos pequeños y personales, a veces proyectos colectivos de separarse del Estado y del mercado, a veces rebeliones como la del movimiento zapatista. El asunto no es dar prioridad a una u otra lucha, sino reconocer la ubicuidad del "no" en cada situación".

La grieta en el trabajo alienado: "El desempleo es una grieta en la dominación a través del empleo". Esta afirmación aparece como el señalamiento de una situación que puede ser aprovechada en el intento de emancipar nuestro hacer en contra del trabajo alienado.

El rechazo a la apropiación de nuestro hacer por parte del capital "se sostiene sólo si está respaldado por el desarrollo de haceres alternativos, en una cada vez mas amplia red de articulación. En otras palabras: el desarrollo de formas alternativas del hacer no puede ser pospuesto hasta después de la revolución: es la revolución".

Aquí Holloway sigue sosteniendo que la generación de nuevas relaciones humanas, de una nueva subjetividad, es una necesidad urgente, que estas relaciones deben construirse simultáneamente al rechazo a las relaciones capitalistas.

El desarrollo del hacer colectivo en-contra-y-mas-allá del trabajo alienado es el aspecto más importante a pensar y realizar para quienes no solo resistimos, sino que queremos superar las relaciones capitalistas.

El "En contra y mas allá" son como las dos caras de una misma lucha por cambiar el mundo.

Ejemplifica más adelante: "Hay casos en que grupos de personas se reúnen colectivamente y crean una nueva socialidad del hacer, una nueva comunidad de trabajo. Esas personas dicen que no quieren un empleo sino un trabajo que tenga sentido para ellos y que sea controlado por esa comunidad en términos de lo que hacen, cómo y cuando lo hacen".

La grieta en la dominación a través del Estado: "La crisis de representación es una grieta en la dominación a través del Estado". Con esta otra afirmación Holloway nos señala otra grieta a ser profundizada. Dice que esta crisis de representación se evidencia en el aumento de formas de organización no partidistas por una parte, pero también en la "adopción deliberada de formas de acción y organización (horizontalidad por ejemplo) que no se entrelazan con los organismos del Estado"

El tiempo y la revolución (la ruptura del tiempo):

Otra idea desafiante y por cierto muy interesante, tiene que ver con lo que nos dice Holloway sobre la persistencia del capitalismo, el tiempo, la revolución.

Apoyándose en Marx nos dice que el capitalismo no persiste por sí mismo, sino que persiste sólo en la medida en que nosotros lo generamos: "…se ha olvidado uno de los argumentos centrales de Marx, que nosotros construimos el capitalismo (la teoría del valor-trabajo)….Si nosotros lo generamos, entonces está claro que el capitalismo no persiste per-se, sino sólo en la medida en que nosotros lo generamos"

El capitalismo entonces, no es algo "natural" que está quieto y que persiste indefinidamente hasta que se lo destruya de un golpe, sino que está en movimiento y es un movimiento dialéctico: al mismo tiempo que reproducimos las relaciones capitalistas, nos oponemos a ellas, si nosotros generamos el capital, entonces el capital depende de nosotros para su existencia. ("Si la existencia del capital depende de nuestra creación, entonces la revolución es la ruptura de la continuidad, la ruptura de la duración, la transformación del tiempo")

Aquí creemos que aparece otra clave importante: En el lugar donde aparece la fortaleza y la aparente invencibilidad del capitalismo, está también su debilidad, que es al mismo tiempo nuestra fortaleza, nuestra esperanza y nuestra oportunidad.

El planteo es que no debemos esperar una revolución que vendrá en un futuro (cuando maduren las "condiciones objetivas"), sino que la revolución es ahora y desde ahora. En cada momento se puede profundizar el rechazo a la opresión del capital buscando generar colectivamente relaciones sociales que impliquen un hacer cada vez menos alienado, un hacer en contra del trabajo alienado, un hacer colectivo en contra y más allá del capital.

Alejandro Merani – La Fogata

Fuente: lafogata.org