26 de agosto del 2002
Foro Social Mundial en Argentina
Desde el jardín
Taller de Periodismo Contrahegemónico
"Solo en los tres primeros meses del año, el 30 por ciento de la población
adulta de la provincia de Buenos Aires participó de algún tipo
de manifestación. Hubo, en ese mismo período, 1.500 cortes de
ruta y solo en un día -el 29 de mayo, que coincidió con el paro
convocado por la CTA- hubo 600 acciones, 250 cortes de ruta, 29 ollas populares
y 24 escraches. Es evidente que acá algo se está moviendo. Y mucho",
sintetizó Raúl Zibechi, del semanario uruguayo Brecha. Así
cerró su exposición en el panel "Poder popular, resistencias,
democracia participatoria y formas de desobediencia civil". Y dio una información
que ningún medio argentino hasta el momento ofreció.
(Taller de Comunicación Antihegemónica/anticopyright) Más
de 150 personas se acomodaron en el aula magna de la Facultad de Farmacia y
Boquímica y realizaron un minuto de silencio por los caídos en
las luchas sociales, antes de escuchar las experiencias de los panelistas reunidos
bajo el título "Poder popular, resistencias, democracia participatoria
y formas de desobediencia civil". Un recorrido demasiado largo por la multiplicidad
de respuestas sociales, que obligó a los organizadores del Foro Social
Mundial a partir la charla en dos. En este caso, la mesa reunía al asambleaísta
Pablo Bergel ("no represento a nadie, ni nadie me representa a mí", aclaró
desde el inicio); Agustín Vanella, de la recientemente renovada Federación
Universitaria de Buenos Aires (FUBA); Zulema Palma, del Movimiento Nacional
de Mujeres ("una luchadora feminista", según su propia definición)
y Raúl Zibechi, del uruguayo semanario Brecha. Fue él, justamente,
el encargado de cerrar las exposiciones con la síntesis que ningún
medio de comunicación argentino realizó: la cantidad de actividades
desarrolladas por este nuevo movimiento social. "Solo en los tres primeros meses
del año, el 30 por ciento de la población adulta de la provincia
de Buenos Aires participó de algún tipo de manifestación.
Hubo, en ese mismo período, 1.500 cortes de ruta y solo en un día
-el 29 de mayo, que coincidió con el paro convocado por la CTA- hubo
600 acciones, 250 cortes de ruta, 29 ollas populares y 24 escraches. Es evidente
que acá algo se está moviendo. Y mucho".
La segunda caracterísca que Zibechi resaltó de este movimiento
es su creatividad. "Cien fábricas recuperadas de la quiebra por sus trabajadores,
5.000 clubes de trueque, 4.000 huertas familiares, 5.600 huertas escolares,
más de dos millones quinientas mil personas que viven y comen de estas
huertas, 360 asambleas vecinales, infinidad de medios de comunicación
alternativa. Es evidente, también, que una gran cantidad de gente se
las ha ingeniado para vivir fuera del control de las instituciones. Y bien."
Para este periodista uruguayo, lo curioso de todo este proceso es que no ha
sido impulsado por nadie, sino por todos. "Acá está naciendo un
mundo nuevo. Acá hay una nueva sociedad".
Sobre el porvenir de este proceso, Zibechi fue sumamente didáctico. En
principio, resaltó que lo único que necesita es tiempo. Y mucho.
Luego, construyó una metáfora para aludir cómo debe ser
mirado este proceso social por los militantes políticos. "He notado,
y los asambleistas lo saben, que muchos militantes políticos o rechazan
y hasta sabotean estas experiencias o intervienen directamente en ellas con
la intención de llevarlas por el rumbo correcto. Es como el jardinero
que se dedica a cultivar bonsais: se esfuerza por crear una planta que no existe
en la naturaleza y lo que crea es un monstruo que no sirve para nada".
Su propuesta, en cambio, es que esa militancia acompañe, pero nunca dirija.
Apoye, pero no fuerce. Guíe, pero sin estrategias. "żEs posible trabajar
sin estrategias? -se pregunta Zibechi y se responde: Sí. Es como caminar
sin rumbo fijo, aprendiendo a vivir en la incertidumbre, sacando la maleza,
regando con poco agua y teniendo confianza en que lo que va a surgir es una
planta robusta y sana".
Caminar sin rumbo fijo fue, justamente, lo que llevó a las cacerolas
hacia Plaza de Mayo aquel 19 de diciembre, según recordó Pablo
Bergel al inicio de la charla. Bergel se presentó como un vecino de Colegiales
que mira el mundo desde la esquina de Zapiola y Lacroze. Su intención
era clara: definir la más novedosa e inesperada de las respuestas creadas
en estos tiempos. "Sabemos que cada movimiento tiene una cuestión fundante.
El ahorrista quiere sus ahorros; el desocupado, trabajo. żEl de la Asamblea
cuál es? La declaración del estado de sitio que puso en peligro
el estado de derecho. Esto es lo que llevó a alguien a golpear una cacerola
y a otro a escucharlo. Ese ruido movió los pies hasta la puerta, primero;
luego hasta la esquina y de allí hasta la plaza del barrio. Ahí
nos encontramos con el vecino, que siempre estuvo allí, pero al que nunca
vimos. Y juntos se comenzó a caminar sin destino fijo hasta confluir
en Plaza de Mayo. Y allí se gritó primero: "el estado de sitio
se lo meten en el culo". Y se gritó, después: "que se vayan todos".
Para Bergel, esta condición fundante de las asambleas marca su destino
con un término: constituyente. Por un lado, porque hacen lo contrario:
destituyen. Destituyen una manera de hacer política, un sistema de representación,
un modelo. Luego, porque instituyen: la democracia directa, las acciones comunitarias,
las redes, las tramas, los lazos solidarios. Desde esta perspectiva, Bergel
propone pensar en una Asamblea Constituyente que no signifique un mero acto,
sino un proceso de creación de un sistema diferente. "Una Asamblea que
se cargue de estos contenidos, que los refleje y les de continuidad, preservando
su sentido. Cualquier Asamblea Constituyente que no respete este espíritu
será trucha. Tan trucha como las elecciones de Duhalde".
Agustín Vanella, de la Fuba, retrocedió un paso en el racontto
histórico. Señaló que todas las instituciones ya estaban
cuestionadas antes de ese diciembre. En primer lugar, las Fuerzas Armadas, salpicadas
por la sangre de los desaparecidos. "Ese cuestionamiento es el que evitó
que la opción del voto sean las botas y por eso el 19 de diciembre no
hubo un golpe de estado". Luego, la Corte Suprema de Justicia, en particular,
y la justicia, en general, cuestionadas por su compartamiento funcional a los
intereses del establishment. Siguió con el Parlamento, la Cámara
de Diputados y las vallas que hoy rodean el edificio para evitar que los ciudadanos
"los saquen a patadas". Sin embargo, Vanella coincidió en que ese día
de diciembre hubo un punto de inflexión. "Pasamos de resistir a enfrentar.
Ese es el cambio".
Para Vanella, lo que se generó entonces es un poder insurgente que cuestionó
directamente a ese otro poder institucionalizado. "En diciembre se planteó
algo cuyo debate sigue hasta hoy: se planteó una cuestión de poder."
Su propuesta es simple:
"tomemos el poder". Y explica sus porqués: "Si este poder no se va, es
casi imposible avanzar hacia una nueva organización de este país.
Nos tenemos que hacer cargo de esto. Nos tenemos que hacer cargo del poder y
pensar que debemos gobernar este país. Está claro que se acabó
la cultura política de la burocracia y los dirigentes que nos dicen qué
tenemos que hacer. Esa es la revolución política de este tiempo.
Pero entre todo debemos encontrar la forma de ayudar a parir este nuevo modelo.
Debatir qué tipo de instituciones queremos y qué tipo de gobierno
queremos en una Asamblea Constituyente libre y soberana".
A su turno, Zulema Palma eligió resumir la labor que desde hace casi
quince años viene desarrollando para combatir males que hoy parecen nuevos:
desigualdad, opresión, autoritarismo, poder. En la larga lista que recitó
de tareas realizadas y batallas ganadas, dejó en claro que la experiencia
feminista tiene mucho que aportar a estos nuevo procesos. "Tenemos una historia
de luchas por el cambio y hemos logrado cambios concretos. Sabemos trabajar
en red, modificar la realidad, batallar por la igualdad, aceptar las diferencias
y organizarnos de manera horizontal y democrática. Somos las grandes
desobedientes civiles de todos los tiempos. Les ofrecemos esta experiencia y
les pedimos que no nos vengan a decir, cada vez que planteamos en una asamblea
o en un debate que se incluyan los reclamos de género, como la violencia
sexual o el aborto: esas no son cosas prioritarias. Son prioritarias si lo que
queremos lograr es un mundo nuevo. No queremos escuchar aquello de que primero
hay que hacer la revolución y luego resolver las cosas de las mujeres
porque cambiar las cosas de las mujeres es parte de la revolución".