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9 de marzo del 2002
Reflexiones a propósito del Foro Social Mundial, 2002
Atilio A. Boron
Los trágicos atentados a las Torres Gemelas y al Pentágono
produjeron una decisiva modificación del escenario internacional. Salvo
durante la guerra de la independencia contra los ingleses, a comienzos del
siglo XIX, los Estados Unidos jamás habían sufrido un ataque
en su propio territorio. El saqueo e incendio de Washington sufrido a manos
de las tropas imperiales británicas en 1814 hacía mucho tiempo
que había pasado al subsuelo de la historia norteamericana cuando,
el 11 de septiembre del 2001, el país se conmovió ante las aterradoras
imágenes de dos aviones comerciales estrellándose contra uno
de los símbolos más caros de la ciudad de Nueva York.
La respuesta del Presidente George Bush Jr. ante el ataque se desplegó
en varias direcciones. Por una parte, mediante una virulenta militarización
del sistema internacional que comenzó primero en el plano de la retórica,
prosiguió luego con el bombardeo a mansalva a Afganistán y se
extendió más tarde con la declaración presidencial denunciando
la existencia de un "eje del mal" integrado por numerosas naciones y entre
las cuales sobresalían, aparte de Afganistán, países
tales como Irán, Irak, Corea del Norte y, presumiblemente, Cuba y muchos
otros países más.
Sin embargo, la reacción de la Casa Blanca no se limitó a lo
anterior. La militarización de la política exterior norteamericana
vino acompañada por una tentativa de criminalizar los movimientos sociales
opuestos a la globalización neoliberal con el ánimo de poner
fin, de cualquier manera, a su ascendente impulso. Los traumáticos
acontecimientos desencadenados desde la rebelión de Seattle, en noviembre
de 1999, hasta la batalla de Génova estaban frescos en la memoria de
los gobernantes y las clases dominantes de los países más industrializados
del planeta. El asesinato a mansalva de uno de los manifestantes en la ciudad
europea a manos de la policía de Silvio Berlusconi fue la gota que
derramó el vaso. Ya había problemas con los vecinos de Davos,
para quienes los buenos negocios que ocasionaba la reunión anual del
Foro Económico Mundial suscitaban una resistencia popular cada vez
mayor a medida que se acentuaban hasta el paroxismo las medidas de seguridad
encaminadas a proteger la integridad de quienes, se suponía, eran los
benévolos amos del mundo, esos campeones de la humanidad y del progreso
tan celebrados en el ignominioso documento conjunto de la así llamada
"Tercera Vía" que a finales de la década firmaran Tony Blair
y Gerard Schroeder.
En este sentido, los ataques terroristas del 11 de septiembre ofrecieron un
pretexto inmejorable y los publicistas neoliberales no vacilaron un minuto:
"pegaron" la creciente ola de protesta de los críticos del genocidio
neoliberal recuerden los lectores que, según las Naciones Unidas, en
un mundo abarrotado de dinero 100.000 personas mueren por día a causa
del hambre o de enfermedades curables a los atentados y especularon con que,
mediante la satanización de los mal llamados "globalifóbicos",
se pondría fin a las protestas y los señores del dinero podrían
recuperar su perdido prestigio y moverse a sus anchas por todo el planeta.
Bajo estos pocos promisorios auspicios fue que se ingresó en la recta
final de la segunda reunión anual del Foro Social Mundial de Porto
Alegre. La ominosa sombra proyectada por los atentados sobre el escenario
internacional aparecía como un obstáculo formidable ante la
nueva convocatoria. El drástico cambio de la "agenda internacional"
desencadenado por los atentados había instalado en el tope de la misma
la problemática de la seguridad y la así llamada "lucha contra
el terrorismo", desplazando a un lugar secundario las críticas cada
vez más ruidosas en contra de los estragos de la globalización
neoliberal. Tan es así que, durante poco más de dos meses, las
protestas internacionales de los opositores a la globalización neoliberal
se atenuaron considerablemente, fenómeno éste que fue acrecentado
por la actitud de los grandes monopolios informativos que recibieron con beneplácito
las noticias relativas al temporario eclipse que ellos confundieron con el
ocaso definitivo de la resistencia anti- neoliberal. Es evidente que tal como
sabemos las luchas locales y nacionales contra la opresión económica
prosiguieron su curso, pero la articulación internacional se vio desfavorablemente
afectada por la nueva situación. Esto demostró una vez más,
en los hechos, que el terrorismo lejos de hacer avanzar la causa de los pueblos
tiene un efecto retardatario sobre sus luchas. Este cuadro de situación
alimentó durante varias semanas el pesimismo de quienes, de una u otra
manera, estábamos comprometidos con la realización del FSM.
Las noticias que llegaban de todas partes no eran alentadoras, la campaña
para criminalizar a los críticos del neoliberalismo parecía
irresistible, y la profundización de la crisis capitalista tanto en
las economías centrales como en las de la periferia parecía
destinada a debilitar irreparablemente la voluntad de llegar hasta Porto Alegre.
Sin embargo, ese estado de ánimo experimentó un cambio muy significativo
hacia finales de año. Paradojalmente, si los atentados habían
provocado el estancamiento del movimiento antiglobalización los horrores
de la guerra en Afganistán operaron como un poderoso antídoto
que suscitó, en poco tiempo, la reanudación de las luchas y
el entusiasmo colectivo. Resultado de este proceso fue el extraordinario suceso
obtenido por el FSM en su versión 2002, cuyos resultados tanto desde
el punto de vista cuantitativo como cualitativo representan un salto muy significativo
por comparación a los obtenidos en la primera versión del foro.
Así, de los 15.000 participantes que tuvo el FSM en 2001 se pasó
a 50.000 en el corriente año. Mayor importancia todavía adquiere
el hecho de que la representatividad del FSM se vio considerablemente fortalecida:
los enviados por las organizaciones y movimientos de la sociedad civil, que
fueron unos 4.000 el año pasado, alcanzaron una cifra cercana a los
15.000 en la actual versión, que llegaron hasta la capital gaúcha
en representación de 4.909 organizaciones operando en 131 países.
Esto habla bien a las claras no sólo de un simple aumento sino de una
verdadera universalización del FSM como espacio plural y abierto creado
por las organizaciones sociales. Como se recordará, el foro está
abierto a todos los movimientos que deseen participar en él; se excluyen,
expresamente, a los gobiernos, los partidos políticos en cuanto tales
y las organizaciones armadas. Fueron casi mil los italianos que esta vez tomaron
parte de las deliberaciones, reflejando de esta manera el impacto de la movilización
y los lamentables sucesos de Génova; un número equivalente de
argentinos nucleados por el Comité de Movilizacion en Argentina del
FSM recibió la solidaridad entusiasta de todas las delegaciones; más
de medio millar de franceses y norteamericanos animaron con su presencia las
reuniones del FSM; numerosas delegaciones de Africa y Asia concurrieron, por
primera vez, a Porto Alegre y más de quince mil jóvenes convivieron
durante una semana en el campamento de la juventud. Por último, un
dato nada despreciable: si el año pasado la prensa internacional se
permitió "ningunear" el encuentro de Porto Alegre y orientar toda su
maquinaria informativa en dirección de Davos, este año la situación
se invirtió dramáticamente. La cobertura de los grandes medios
se concentró principalmente en las actividades del FSM y sólo
la prensa norteamericana priorizó la reunión del Foro Económico
Mundial, reunido en Nueva York, por encima de la multitudinaria asamblea que
se diera cita en Brasil. No hay que sobre-estimar los alcances de esta victoria
en la enrarecida atmósfera de los mass-media, pero tampoco se trata
de un hecho carente de significación.
Visto en perspectiva podemos concluir que el FSM ha quedado legitimado como
un espacio de diálogo y encuentro de una miríada de movimientos
sociales, organizaciones no-gubernamentales y asociaciones de todo tipo y
en el cual es posible establecer nexos organizativos encaminados a desarrollar
iniciativas comunes. El FSM es, de alguna manera, el embrión de un
nuevo internacionalismo, más necesario que nunca si se recuerda que
a los estragos producidos por la globalización del capital sólo
le puede oponer resistencia efectiva la mundialización de las luchas
populares. No se trata, en consecuencia, de un internacionalismo abstracto
sino de otro muy concreto, arraigado en las luchas nacionales no por casualidad
más importantes que nunca en esta era de la globalización que
sólo pueden ser eficaces si demuestran su capacidad para articularse
con lo local y lo global, con lo micro y con lo macro. El FSM cumple por lo
tanto una función conectiva y potenciadora, consolidando una agenda
común de iniciativas y movilizaciones respetuosa de la diversidad y
la pluralidad del movimiento que se opone a la globalización neoliberal.
Esta tarea, lo recordaba el Presidente Fidel Castro hace pocas semanas en
el IV Encuentro de Economistas sobre la Globalización y los Problemas
del Desarrollo que tuvo lugar en La Habana, requiere el concurso de los socialistas
de todo el mundo pero también de los ecologistas, los pacifistas, los
defensores de los derechos humanos y de las minorías, y todos aquellos
que encuentren intolerable el estado de cosas actual. Esta pluralidad de culturas
es la que le otorga toda su riqueza y fuerza al movimiento, y la ruta segura
para la constitución de una identidad común construida a partir
de una gran diversidad de experiencias en un clima de respeto mutuo y solidaridad
militante.
Producto de este espíritu, el FSM hizo posible la construcción
de un espacio fructífero de convergencias, traducido en la confección
de un calendario global de movilizaciones y actividades para los dos próximos
años e instalando un horizonte común para el conjunto de las
luchas nacionales. En Porto Alegre se llevaron a cabo innumerables reuniones
de los representantes de las distintas organizaciones populares, reforzando
una dinámica cada vez más acelerada tendiente a la constitución
de foros regionales y continentales con acrecentada capacidad para coordinar
las diferentes acciones libradas en los distintos países. De este modo
se profundizó la tendencia hacia la mundialización de la resistencia
que, ya con anterioridad al primer foro, había sido promovida por organizaciones
tales como Vía Campesina, el Movimiento de Trabajadores Sin Tierra
y la CUT de Brasil; ATTAC y Focus on the Global South. A partir de este consenso
surgió un llamado a un nuevo ciclo de movilizaciones bajo la siguiente
consigna:
"Resistencia contra el neoliberalismo, el militarismo y la guerra: por la
paz y la justicia social" y acerca del cual los interesados pueden recabar
informaciones en la siguiente dirección electrónica:
http://www.forumsocialmundial.org.br/por/portoalegrefinal_spanish.asp
Por otra parte, en el Campamento Intercontinental de la Juventud el "Laboratorio
de la Resistencia Global" lanzó el llamado proyecto "Intergaláctika",
cuyo objetivo es facilitar la coordinación y el "contagio" de las luchas
e iniciativas puestas en marcha por las nuevas generaciones políticas
que tan destacado papel cumplieran en las protestas desencadenadas desde Seattle
en adelante. Entre otras cosas el proyecto se propone recuperar al 1º de Mayo
como un "Día de lucha y resistencia global", sustrayendo dicha celebración
del burocratismo que desde hace mucho tiempo predomina en este tipo de manifestaciones.
El FSM también propició avances políticos y organizativos
muy importantes en relación a las campañas contra el ALCA y
la Organización Mundial del Comercio. Difícilmente podría
exagerarse la importancia práctica que las grandes movilizaciones populares
y la protesta de las organizaciones sociales tuvieron en detener nefastas
iniciativas como el Acuerdo Multilateral de Inversiones, que de no haber sido
por aquéllas habría sido aprobado a libro cerrado y casi clandestinamente
por los gobiernos de los países desarrollados. De la misma manera,
los crecientes obstáculos con que se enfrenta la concreción
del ALCA (uno de los cuales es la suspensión indefinida de la Conferencia
de Presidentes de las Américas originariamente presupuestada para el
mes de abril del 2003 en Buenos Aires) no pueden ser adecuadamente descifrados
sin tener en cuenta el impacto de las numerosas protestas suscitadas en su
contra a lo largo y a lo ancho del continente. El FSM asimismo sirvió
para estrechar los lazos entre las numerosas organizaciones que se oponen
al patentamiento de las diversas formas de vida y la diseminación de
los transgénicos; entre las que se encuentran comprometidas en la lucha
por la anulación de la deuda externa y la imposición de una
tasa Tobin a las transacciones financieras internacionales; entre aquéllas
que procuran poner fin a la demencial carrera armamentista precipitada por
los Estados Unidos, cuyo presupuesto militar es en la actualidad diez veces
superior al de China y Rusia combinadas, y unas cuantas veces más grande
que el de la totalidad de los países que constituyen la Unión
Europea. El FSM también promovió el contacto con los manifestantes
que en Nueva York repudiaron la reunión del Foro Económico Mundial,
realizado bajo rigurosísimas medidas de seguridad. En el marco del
seminario sobre el tema "Un mundo sin guerras es posible" se discutieron alternativas
pacíficas para resolver los conflictos de Chiapas, el País Vasco,
Colombia y Palestina, beneficiadas por la brillante presentación inicial
que sobre el tema hiciera Noam Chomsky. En el FSM también se escenificó
una interesantísima discusión, auspiciada por Vía Campesina,
en torno al "Socialismo: la alternativa de la esperanza." En Porto Alegre
asimismo se reunieron el Foro Mundial de Autoridades Locales, el Encuentro
Preparatorio para la Conferencia de Río + 10 (sobre el tema del medio
ambiente), y el Foro Mundial de los Jueces. También hubo diversos encuentros
destinados a analizar problemáticas específicas y diseñar
estrategias de movilización y lucha en relación a la juventud,
el mundo del trabajo, la comunidad negra, el movimiento de mujeres, los pueblos
indígenas, las minorías sexuales y otros grupos y sectores sociales
oprimidos.
Temas tales como la justicia, la pobreza, la equidad, la democracia participativa,
la desmilitarización de la escena internacional y de los sistemas políticos
nacionales, la defensa de los bienes públicos, el desarrollo sustentable
y la desmercantilización de la vida social fueron ejes que se hicieron
presente en las 27 conferencias y setecientas reuniones programadas en forma
de seminarios y talleres de trabajo. Dos grandes manifestaciones coparon Porto
Alegre: la primera, "Contra la guerra y por la paz. Otro mundo es posible,"
recorrió las calles de Porto Alegre el 31 de enero; la segunda, "Contra
el ALCA" las desbordó el día 4 de febrero.
En resumen: Porto Alegre refutó en la práctica a los ideólogos
neoliberales que pronosticaban que a partir del 11 de septiembre se produciría
un debilitamiento del impulso contestatario anticapitalista. Las labores preparatorias
para el FSM en su tercera versión ya están en marcha, y la cita
será, una vez más, en Porto Alegre a fines del próximo
enero. El cuarto forum tendrá lugar en la India, en enero del 2004,
lo cual simbolizará la definitiva internacionalización del movimiento.
Se ha abierto un camino promisorio y lleno de esperanzas. Esto no significa
desconocer los problemas que se interponen en la ruta. Contrariamente a lo
que ocurre con el capital, la mundialización de los pueblos y de las
luchas populares enfrenta enormes obstáculos de todo tipo. Es bien
sabido que el estado capitalista tiene una lógica de funcionamiento
que organiza a las clases dominantes al paso que disgrega, fragmenta y desorganiza
a las clases subalternas. Ante esta realidad, ¿cómo articular las estrategias
y tácticas populares utilizadas en los espacios nacionales de tal suerte
que también sean eficaces en el terreno internacional? ¿Cómo
resolver el problema de la organización de este nuevo internacionalismo,
preservando su identidad plural y su imprescindible democraticidad sin sacrificar
su eficacia reivindicativa? ¿Cómo evitar que el FSM termine siendo
un ámbito catártico pero privado de operatividad transformadora?
¿Cómo coordinar la labor de los movimientos sociales y las organizaciones
de la sociedad civil con partidos, gobiernos y otras fuerzas políticas
que también están luchando para poner fin a la cruenta pesadilla
de la globalización neoliberal? Sería gravísimo que el
FSM generase una dogmática cultura "anti-partido" y "anti-gobierno",
a resultas de la cual cualquiera de ellos pasare a ser considerado como un
enemigo. ¿Son acaso la misma cosa los partidos latinoamericanos que implementaron
el feroz ajuste de los años noventa que el PT de Río Grande
do Sul, la patria del "presupuesto participativo"? ¿Son la misma cosa los
"verdes" franceses y alemanes que el "New Labour" de Tony Blair? En la India,
¿es lo mismo el Partido del Congreso que el Partido Comunista de Kerala, que
hace medio siglo viene gobernando ese estado con un desempeño notable?
Son muchos los interrogantes que plantea el nuevo internacionalismo. Sin embargo,
siendo reales, los mismos no necesariamente deberían instalarnos en
el pesimismo. Estamos convencidos que los desafíos contenidos en estas
preguntas van a ser adecuadamente resueltos por la praxis transformadora de
los movimientos sociales. Para ello será preciso contar con una combinación,
no demasiado frecuente pero para nada imposible de hallar, de imaginación
y sensibilidad políticas unidas a una férrea voluntad de lucha.
Los años venideros nos darán su veredicto.