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LISTADO DE DOCUMENTOSForo Social Mundial de Porto Alegre - 2002

12 de marzo del 2002

Memorias de Porto Alegre
La izquierda que recompone a la izquierda

Luis Hernández Navarro
Masiosare

No se comparten un programa ni una ideología, sino la voluntad de tranformar el actual orden de cosas y la convicción de que es posible hacerlo. En la nueva Babel que fue Porto Alegre se caminó en la ruta de coordinar las batallas contra la globalización neoliberal y en favor de la paz. Sumado a otras iniciativas -y a partir de las cenizas de la vieja izquierda y de las semillas germinadas en los nuevos movimientos a favor de una ciudadanía universal-, el Foro Social Mundial puede ser el recomienzo, la cuna de una nueva izquierda

La nueva mitología de la razón

Porto Alegre. El orador levanta la voz y señala un punto indefinido del auditorio con el dedo índice y el brazo derecho extendido a la altura de su hombro mientras afirma que "otro mundo es posible". La multitud lo interrumpe con una ovación. La escena se repite una y mil veces durante el Foro de Porto Alegre. Si en este lugar se está creando una nueva mitología de la razón, el password para entrar a ella, o el mantra para sincronizarse con la energía del encuentro es "otro mundo es posible".
En la marcha que inaugura el Foro Social Mundial (FSM), entre el ruido de tambores y cacerolas, puede oírse la consigna en portugués "aquí um outro mundo é possível", coreada hasta el cansancio, de la misma manera que se escucha en inglés, italiano, español, francés y muchas lenguas más. El ritual se repite en las movilizaciones para solidarizarse con la lucha en Argentina o para oponerse al Acuerdo de Libre Comercio para las Américas (ALCA), al tiempo que adopta modalidades diferentes: "Un mundo sin guerras es posible", dicen unos, mientras que otros insisten en que "un mundo sin deuda externa es posible" y otros más aseguran que "otro Brasil es posible".
En boca de los asistentes, los atributos del mundo que es posible conquistar son tantos como lo son los frentes de lucha de los movimientos que participan en la nueva Babel: equidad, igualdad de género, medio ambiente, diversidad sexual, multiculturalismo, biodiversidad. El programa máximo se ha convertido en programa mínimo.
Sin embargo, esta reiterada afirmación sobre la factibilidad de un planeta diferente es más una herencia del primer Foro de Porto Alegre que el sello distintivo del segundo encuentro; es más el reconocimiento de lo que se ha hecho común para la diversidad de actores participantes en la coalición que un indicador de los desafíos de la nueva etapa. Es el piso sobre el que se levanta un segundo nivel de la nueva arquitectura organizativa contra el neoliberalismo.
żDónde estuvo entonces, más allá de la participación masiva de delegados de todo el mundo, la novedad del segundo FSM? Por principio de cuentas, en el momento mismo de su realización, caracterizado por un entorno desfavorable para las fuerzas progresistas.
En países como Estados Unidos los atentados del 11 de septiembre y la guerra contra el terrorismo metieron al movimiento contra la globalización neoliberal en graves aprietos.
Como señaló en Porto Alegre el dirigente de Izquierda Unida en España Manuel Monereo:
"Parece evidente que lo que se busca es la criminalización del movimiento y el intento de someterlo a un tipo de chantaje que lo sitúe en un campo marcado previamente entre la aceptación de lo existente y el abismo del terrorismo". Las dificultades de la nueva situación son significativas. "Un movimiento de la juventud y de escasa implantación todavía como es el antiglobalización ?dice el también colaborador de la prestigiosa publicación El Viejo Topo? ante un desafío tan descomunal como es el presente, puede terminar por ser barrido del mapa, al menos coyunturalmente".
El segundo FSM logró sortear la adversidad del momento y se proyectó como un polo de resistencia global y masivo a las acciones a favor de un nuevo orden internacional forjado por la fuerza de las armas desde la guerra. No en balde, la figura central del evento fue el lingüista estadunidense Noam Chomsky.
La otra novedad relevante de Porto Alegre fue la decisión de pasar de la definición general de que "otro mundo es posible" al trazo de iniciativas para hacer eso una realidad, o, dicho de otro modo, de transitar de la esperanza a la realización de la esperanza.
Un día en la vida del profesor
Es primero de febrero y Noam Chomsky es, más aún que ayer, objeto de reconocimientos masivos. Se diría que en Porto Alegre al crítico radical de la política exterior estadunidense se le da el mismo trato que reciben los astros de fútbol o las grandes estrellas de cine.
Poco antes de asistir el encuentro, Chomsky explicó así su presencia en Brasil: "Dos reuniones tienen lugar prácticamente al mismo tiempo. Una es la reunión de Davos de los Amos del Universo. La segunda es el FSM, que se reúne en Porto Alegre, juntando a representantes de organizaciones populares de todo el mundo, cuya concepción de lo que necesita el mundo es bastante diferente de la de los Amos... Ninguno de los dos grupos, por supuesto, es elegido por voto popular (una acusación presentada constantemente por los Amos y sus acólitos contra el FSM, pero que es obviamente aplicable al grupo de Davos)... A mi juicio, la esperanza de un futuro decente está substancialmente en manos de los que se reunirán en Porto Alegre y otros como ellos... es evidente la contribución que puede hacer el FSM a un mundo en paz."
A las seis de la tarde el profesor del MIT impartió una conferencia sobre las guerras y la paz en el mundo.
Cinco mil personas lo escucharon. En un hecho que merece ser registrado en la Guía Guinness de los récords de la izquierda mundial, el auditorio en el que originalmente iba a hablar se llenó a reventar media hora antes del inicio del evento. Finalmente, la plática se llevó a cabo en una sala anexa en la que estaban presentes los invitados especiales. El malestar y enojo de quienes se sintieron engañados fue mayúsculo y durante varios minutos sus protestas dificultaron la comprensión de la charla.
Dueño del lenguaje, Chomsky hizo recobrar a las palabras su verdadero sentido y empujó su significado hasta las últimas consecuencias. El lingüista y el intelectual crítico se fundieron en un solo discurso. Después de ubicar los orígenes de la nueva etapa militarista de la administración Bush, resaltó la paradoja de que la actual guerra contra el terrorismo esté siendo conducida por funcionarios y militares que practicaron el terror en Centroamérica en contra del sandinismo, según sancionaron distintos tribunales internacionales.
Ubicó la conquista militar del espacio como una nueva fase de la estrategia bélica de los Amos del Universo ?el término que tomó prestado de uno de los principales diarios de negocios en el mundo: The Financial Times de Londres?. La Guerra de las Galaxias, se trata, según él, de una empresa bélica que busca conquistar una nueva frontera de la misma manera en la que en el pasado los ejércitos y las armadas buscaron dominar tierras y mares del planeta.
Chomsky analizó la relación existente entre libre mercado (al que no considera realmente libre) y la militarización. Con relativo detenimiento hizo un balance de los resultados arrojados por el Tratado de Libre Comercio entre Canadá, México y Estados Unidos (TLCAN). Con una amplia documentación demostró los efectos devastadores que ha tenido para la planta productiva y los campesinos mexicanos. Señaló como la frontera de nuestro país y Estados Unidos se ha venido militarizando a raíz del fracaso del TLCAN. Y, en un hecho que debió inconformar a la titubeante delegación de la AFL-CIO -la poderosa central sindical estadounidense- presente en el Foro, denunció cómo en la firma del Acuerdo se pactaron cláusulas secretas que fueron del conocimiento de su dirigencia.
Optimista, insistió en que las protestas en Quebec en contra del ALCA lograron un enorme triunfo al evidenciar para el gran público lo que se quería fueran negociaciones secretas.
La ovación final se prolongó durante varios minutos. El FSM brindó un cálido reconocimiento al personaje silenciado por los medios de su país, dio un apasionado tributo a la inteligencia crítica y la congruencia ética.
La ley de gravedad
Cuando el periodista Ignacio Ramonet afirma en Porto Alegre que hay que construir una ecología de la información para descontaminar la información dominante y asegura que "con la verdad venceremos" no dicta línea. Los delegados son libres de hacerle o no caso, de seguir o no sus consejos. Vengan de quien vengan, las opiniones expresadas en la reunión son, simple y llanamente, opiniones.
En Porto Alegre no se discuten sólo ideas, sino ideas que se han convertido en fuerza. Ideas que guían la acción de multitud de gobiernos municipales y regionales, que rigen el comportamiento de cientos de parlamentarios. Ideas que han encarnado en organizaciones de todo tipo. Ideas que movilizan a millones de individuos y grupos en todo el orbe. Ideas que han tejido redes. Ideas que sirven de contrapeso a instituciones multilaterales de desarrollo. Ideas que inspiran el asedio de las multitudes a los grandes poderes supranacionales.
Eso no significa que, fiel a una larga tradición que rinde culto a las ideas por las ideas mismas, alguna izquierda no se embarque en la tarea de revelar la verdad y denunciar a los falsos profetas. Pero esto no es lo central sino lo anecdótico.
Los pequeños cambios logrados por un ejército de hormigas han generado grandes confianzas. Están aquí quienes han construido ?a contrapelo de las leyes del mercado? circuitos de comercio justo, al lado de quienes han logrado hacer del combate al SIDA una prioridad de salud pública, junto a una legión de educadores populares, con mujeres que han podido frenar la violencia doméstica. Coinciden con un buen número de los más prominentes analistas económicos, sociales y políticos.
Nada está definido de antemano en el Foro. En la Asamblea Pública Mundial se pidió a seis especialistas mundiales, entre los que se encontraba el mexicano Pablo González Casanova, que propusieran cómo invertir el presupuesto destinado a los gastos bélicos en el mundo, en temas como el de la eliminación del hambre, la atención a las víctimas de la guerra, el tratamiento digno del SIDA, la erradicación del analfabetismo, la eliminación del trabajo infantil y la reconversión de la industria de armamento. Después de un debate, poniendo en práctica la experiencia de presupuesto participativo seguida por el gobierno de Río Grande do Sul, los asistentes votaron los asuntos que consideran prioritarios.
Porto Alegre está mucho más cerca de la experiencia de la I Internacional, que de la II y la III, por no hablar de la IV. No es aún una nueva Internacional pero podría llegar a serlo. Sus integrantes no comparten una ideología ni un programa sino la voluntad de transformar el actual orden de cosas y la convicción de que es posible hacerlo.
El FSM no traza directrices para la acción concreta pero ayuda a la coordinación práctica de quienes buscan niveles distintos de enlace. No da una plataforma programática pero sí les ofrece un horizonte de lucha más amplio.
Quienes participan dentro del Foro tienen expectativas distintas sobre sus alcances. Durante el primer encuentro, al igual que en el segundo, los movimientos populares impulsaron los resolutivos. El pasado 5 de febrero acordaron un llamado que titularon "Resistencia contra el neoliberalismo, el militarismo y la guerra: por la paz y la justicia social".
Muchas ONG rechazan que esta sea la vía para desarrollar el FSM. El influyente economista filipino Walden Bello, director de Focus on the Global South, afirma, resumiendo el punto de vista de muchos organismos de promoción al desarrollo: "Ha habido mucha insistencia en el valor de las declaraciones. Creo que la gente no recuerda el 'Llamado a la Movilización' hecho en Porto Alegre el año pasado porque refleja la diversidad de quienes lo integran. No tengo nada en contra de estos llamados, pero creo que Porto Alegre es un proceso. Es el espíritu del proceso lo que importa."
En el FSM confluyen parte de los más importantes nuevos movimientos populares y franjas importantes de la vieja izquierda, en una contradicción que, según Boaventura de Sousa Santos, uno de los más prestigiosos sociólogos lusitanos consiste en que: "la vieja izquierda tiene varios problemas. El más grande es la crisis ideológica. Hay falta o exceso de ideología. Nació dentro del Estado y aún no está preparada para las luchas globales. Fue creada en una dicotomía: el reformismo y la revolución. En este momento, no hay ninguno de ellos, pero la vieja izquierda piensa exclusivamente en ese paradigma. La nueva izquierda intenta pensar nuevos conceptos para una nueva lucha."
En el FSM participan militantes de infinidad de partidos políticos pero no lo hacen los partidos como tales. Asisten como dirigentes sociales, autoridades locales o parlamentarios. Ello no es resultado del anarquismo que no se atreve a decir su nombre y que supuestamente ha hegemonizado los nuevos movimientos contra la globalización neoliberal. Es cierto que existe entre amplios sectores de la juventud un fuerte sentimiento antipartido. Pero no es ésta la razón central para que los partidos no participen. Si así fuera, actividades como los Foros paralelos de alcaldes o parlamentarios no se realizarían.
El Foro de Porto Alegre es, como su nombre lo indica, un Foro Social, no un espacio partidario. Participan allí un conjunto de fuerzas y movimientos cuya forma de intervención política es distinta (y en muchos sentidos alternativa) a la de los partidos políticos. Como lo señaló Walden Bello: "Lo que a la gente le preocupa es que el centro de gravedad debe de estar en la sociedad civil, en los movimientos populares, en los movimientos de masas, en las ONG, no en los partidos... El FSM es más una cuestión de procesos que de establecer doscientas guías sobre quién puede ser miembro."
Por lo demás, una parte de la izquierda latinoamericana tiene su propio espacio de convergencia en el Foro de Sao Paulo, que hasta el momento ha realizado 10 encuentros. Otros agrupamientos partidarios tienen sus propios mecanismos de coordinación. Cuando menos 30 de estas organizaciones, entre las que se encuentran el Partido Comunista de la Federación Rusa, los Comités de los Movimientos Revolucionarios de Libia y el Partido Popular Socialista de México efectuarán en el Distrito Federal durante los primeros días de marzo el VI Seminario "Los Partidos y una Nueva Sociedad".
Los reflectores
Si el éxito del FSM se mide por su capacidad de convocatoria hacia fuerzas y personalidades no necesariamente asociadas con la izquierda alternativa, la celebración de este año fue un éxito.
En Porto Alegre se rechazó el ofrecimiento del Banco Mundial de enviar a un funcionario de la institución a debatir en el evento, y se objetó la asistencia del centroderechista primer ministro de Bélgica, Guy Verhofstadt. El representante de Kofi Annan, secretario general de las Naciones Unidas ?ante la indignación de muchos de los asistentes? leyó una carta de su jefe en la que afirma que es necesario que los grupos de la sociedad civil trabajen conjuntamente con los gobiernos y los empresarios. Estuvieron en la reunión, entre muchos otros, Mary Robinson ?Alta Comisionada para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas?, Mario Soares, los alcaldes de Roma y Génova y un buen número de representantes de gobiernos locales y parlamentarios de diversos países identificados con la socialdemocracia conservadora.
Si todas esas personalidades buscan acercarse a los reflectores de Porto Alegre cuando usualmente prefieren tratar con las fuerzas a su derecha es porque ven en el evento un bien político que pueden capitalizar. Muchos, como la legisladora del Partido Comunista Francés, que votó a favor de la guerra y que recibió un pastelazo en el rostro, debieron pasar momentos desagradables con las manifestaciones de rechazo en su contra. Luca Casarini, vocero de los antiguos Monos Blancos italianos, explicó el sentido de las protestas: "No hay derecho. Vienen aquí a decir todo lo contrario de lo que hacen en sus países, sólo para sacarse la foto y ganar prestigio."
De cualquier manera la asistencia de estos personajes, más allá de que hayan captado la atención de los grandes medios de comunicación por encima de algunos de los dirigentes populares más relevantes, hizo más difícil la tentativa de criminalizar en la opinión pública al movimiento contra la globalización neoliberal o de presentarlo como antiestadunidense.
La cuarta es la vencida
El Foro se realizó en un momento particularmente crítico de la historia brasileña. Luiz Inacio Lula da Silva, el candidato a la presidencia de la República por el Partido de los Trabajadores (PT) en las elecciones de octubre, va adelante en las encuestas de opinión. Ciertamente, la candidata conservadora Roseana Sarney ha remontado en los sondeos, y Lula ya ha visto en el pasado cómo su delantera se desvanece al momento de los comicios, pero la fuerza del PT es indiscutible, a pesar del reciente asesinato de dos de sus dirigentes, uno de los cuales era, ni más ni menos, el responsable del trato del partido con los empresarios.
El PT, un partido que de acuerdo con Walden Bello es "innovador, tiene una base popular de masas y un enfoque no doctrinario", desempeñó un papel clave en la organización del Foro. Importante fue, también, el trabajo de la Asociación por un Tributo a las Transacciones financieras especulativas de Ayuda a los Ciudadanos (ATTAC), un movimiento de educación popular orientado hacia la acción, surgido en Francia el 3 de junio de 1998, a partir de una editorial de Ignacio Ramonet publicada en el periódico Le Monde Diplomatique en diciembre de 1997. Allí proponía desarmar los mercados financieros, imponiendo un impuesto del 0.05 % a las transacciones especulativas sobre los mercados de divisas -conocido como la "tasa Tobin"- y redistribuyendo las ganancias con criterios sociales.
La visión de ambos organismos, sus propuestas de acción como el presupuesto participativo y la Tasa Tobin, sus ideas sobre las alianzas, animaron el debate en el Foro, pero estuvieron muy lejos de imponerse como visión única.
Movimientos sociales como Vía Campesina a nivel internacional y los Sin Tierra de Brasil -una de las más importantes e innovadoras organizaciones rurales en el mundo- participaron en el FSM con sus propias concepciones de lucha, y, cuando lo consideraron necesario, generaron sus espacios autónomos de debate y acción.
Ello no evitó que diversas fuerzas de corte libertario asistieran a Porto Alegre pero no para participar en el Foro, sino con el objetivo de efectuar su propia reunión, claramente diferenciada del FSM. Ese fue el caso de quienes impulsaron unas jornadas anarquistas contra la globalización capitalista.
En el segundo encuentro de Porto Alegre se avanzó en coordinar la lucha contra la globalización neoliberal con la movilización a favor de la paz, así como en mostrar cómo es posible construir un mundo distinto. Desde aquí, junto con otras iniciativas similares, partiendo tanto de las cenizas de la vieja izquierda como de las semillas germinadas de los nuevos movimientos a favor de una ciudadanía universal, podría surgir una nueva izquierda. Es la hora del recomienzo.




A ritmo de tango
La crisis argentina atravesó Porto Alegre, sirvió como ejemplo vivo de los efectos de las políticas neoliberales y mostró las dificultades de la vieja izquierda para comprender las nuevas explosiones sociales.
En las calles de Porto Alegre los manifestantes corearon "uno, dos, tres, cuatro, cinco mil/ vamos a hacer un argentinazo en el Brasil", mientras decenas de banderas azulblancas ondeaban en distintos contingentes, acompañadas por cacerolas y jóvenes con la pintura de los colores patrios en el rostro y camisetas del Che Guevara.
Casi nadie estaría en desacuerdo con el polémico Bernard Cassen, presidente de ATTAC, cuando afirma: "Si se hubiera querido hacer un manual de los desastres de la globalización" hay que mirar lo que sucedió en Argentina. Pero a la hora de discutir los alcances y la naturaleza de la protesta popular las cosas no son tan claras.
El 4 de febrero se efectuó una reunión en el gimnasio de la Brigada Militar que congregó a casi todas las delegaciones de argentinos presentes en el Foro.
En las tribunas los asistentes de todas las edades bebían mate. En la cancha de basquetbol, como si fueran equipos rivales, se colocaron los oradores. Cuando el primer orador, José Seoane, de Clacso, comenzó a hablar, llegó al recinto un grupo de jóvenes con banderas partidarias coreando consignas. Pertenecían al Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST), uno de los tantos grupos troskistas que existen en Argentina. Su dirigente, la diputada Vilma Ripolle fue incluida como ponente, a pesar de no haber sido considerada originalmente. "Mirá che... Si no la incorporás ?dijo con gesto de condescencia y preocupación uno de los espectadores? te revientan el acto."
José Seoane continuó con su reflexión, alejado del panfleto y la proclama política. Según él, el estallido fue producto del agotamiento y crisis del modelo neoliberal. La crisis es, simultáneamente, una crisis de legitimidad de los partidos políticos y de las instituciones y de una ruptura de la gobernabilidad. La gente en las calles ?señaló? hace un reclamo de refundación profunda ante la incapacidad de régimen para generar una salida con legitimidad. Desde su lógica, el crecimiento de la protesta social no ha sido espontáneo, sino que hereda las intensas jornadas de lucha en el 2000. Estas se expresan tanto en el aspecto territorial como en los sectores, y se efectúan a través de una amplia gama de formas de lucha (desobediencia civil, cacerolazos) en la que participan una gran cantidad de actores sociales. Concluyó: no se trata de una situación revolucionaria, pero sí de una recomposición de régimen que es expresión de un cuestionamiento profundo a la clase política, incluidos los sindicatos. Se vive una construcción colectiva del movimiento popular y una radicalización de la lucha que asume características programáticas. La crisis está abierta.
Siguió en uso de la palabra un joven de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA). Desde su punto de vista en su país se vive una ruptura en todo el sistema de participación y representación. Se trata de una ruptura del conjunto de las representaciones formales que se expresa en la idea de que "nadie nos representa". Como ejemplo de esta crisis puso el ejemplo de los jóvenes mensajeros que andan en moto y que defendieron a los manifestantes de La Plaza de Mayo al ver como la caballería cargaba contra ellos. Motos contra caballos. Desde su punto de vista, esta reacción no fue un fenómeno espontáneo, pues la autodefensa de la juventud contra la policía ha sido una práctica cotidiana de lucha que tiene muchos años. Según él, contra lo que se piensa, la unidad popular no se construyó sólo en torno a las cacerolas y los piquetes sino, también, de las piedras: los jóvenes constituyeron la autodefensa de la movilización popular. Polemizando, señaló que el protagonismo ha radicado en la gente y que las movilizaciones están lejos de ser un fenómeno exclusivo de las clases medias.
Cuando el micrófono paso a manos de la diputada Vilma Ripolle, el evento de análisis y discusión se convirtió en un mitin político. La dirigente del MST aseguró que junto con los parlamentarios italianos y españoles había participado en el repudio contra sus colegas que habían votado a favor de la guerra. Para su organización ?aseguró? el neoliberalismo estaba de caída desde 1998. Advirtió que la movilización argentina era revolucionaria y existía allí una situación revolucionaria por fuera de todas las direcciones partidistas (de las mayoritarias). "Sin radicales ni peronistas ?sermoneó? vamos a vivir mejor". Insistió acaloradamente en que las protestas no fueron un movimiento de las clases medias sino de los desempleados y los obreros. Dijo que el Ejército no había reprimido la revuelta "porque a las fuerzas armadas los argentinos las derrotaron en Las Malvinas". Encarrerada, siguió su discurso: "Todo lo que sale de la Asamblea (Legislativa) es ilegítimo". Y concluyó: "En Argentina hay una revolución. Es el pueblo el que debe gobernar".
Las asambleas han dicho no al imperialismo.

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