|
|
1 de febrero
del 2002
Rio
Grande do Sul: otra izquierda es posible/ I
Víctor M. Toledo
La Jornada
Muy pocos dudan, casi nadie, que la izquierda está en crisis: hoy en
día no existe una propuesta alternativa al modelo que el neoliberalismo
busca imponer, a sangre y fuego, por todos los rincones del mundo. Desaparecida
a golpe de represión, venida a menos por su incapacidad para integrar
los nuevos fenómenos del mundo global, o simplemente autoeliminada
por su anacronismo ideológico, la izquierda como opción política
del siglo XXI, como utopía realizable, como modernidad alternativa,
ha quedado ausente del escenario mundial de los últimos tiempos (ahí
están la primera guerra del siglo y la crisis argentina para comprobarlo).
Su ausencia corre al unísono de la desesperanza de millones de seres
humanos que marginados del proceso de globalización, dominado por el
capital (los condenados del mundo contemporáneo), encontraban en las
organizaciones políticas de izquierda una luz para su oscura realidad.
Y es que el problema no es el qué, sino el cómo alcanzar los
objetivos de emancipación, justicia social y bienestar humano que distinguen
a todo proyecto de izquierda en un mundo que se ha vuelto más complejo,
más interrelacionado, más vertiginoso, más dominado por
las gigantescas corporaciones, más determinado por la ciencia, la tecnología
y el mercado y, sobre todo, de mayor riesgo.
Y no se trata solamente de aquella vieja izquierda dogmática en la
cual el marxismo se convirtió en una especie de catecismo laico. Hoy
ni las socialdemocracias, ni las terceras vías, logran articular un
modelo de modernización realmente alternativo que beneficie a los grandes
núcleos de población marginada, y por lo mismo tarde o temprano
terminan convirtiéndose en una versión cosmética o atenuada
de la utopía neoliberal (Argentina es quizá el mejor ejemplo).
Y ni el estatismo a ultranza (Cuba) ni el populismo corporativista (Venezuela)
o las versiones mercadológicas de la "dictadura del proletariado" (China)
son hoy sociedades que inspiren confianza y promuevan esperanza. En la otra
perspectiva, la de las iracundas protestas sociales, se hace necesario trascender
las valiosas, pero finalmente inocuas demostraciones de los movimientos antiglobalizadores,
o las del radicalismo indígena.
Y sin embargo, más allá de la predicación de Maturama,
la historia se mueve. Y no sólo eso: hoy el planeta vive una ebullición
en el mundo de las ideas y en el de los movimientos de nuevo cuño que
proliferan y se multiplican, a pequeña escala, por todos los rincones
del orbe. Se trata de propuestas originales, fruto de la creatividad del imaginario
colectivo, de la resistencia popular y de la discusión y decantación
de nuevas ideas. Si se ven con los ojos abiertos se trata de fenómenos
que están perfilando o vaticinando el surgimiento de una nueva izquierda.
Los nuevos proyectos societarios tienen que ver, de manera combinada, con
la justicia social, la reaparición de la naturaleza, las reivindicaciones
culturales o étnicas, el poder de lo local y lo pequeño, la
descentralización de las decisiones, la humanización de la tecnología,
la domesticación del mercado, el retorno de la espiritualidad, el manejo
ecológico del territorio y, sobre todo, la participación social
como eje de una nueva ética y de una praxis política renovada.
Veremos el que es quizá el ejemplo más exitoso de esta nueva
izquierda.
II
¿RGS? No se trata del nombre de un nuevo medicamento para la depresión
o la angustia, ni son las iniciales de una nueva compañía de
seguros o de una empresa constructora de sueños. Son las siglas de
una pequeña región del planeta (el estado de Rio Grande do Sul
en Brasil), donde se lleva a cabo uno de los experimentos más esperanzadores
del mundo contemporáneo.
Sede nuevamente del Foro Social Mundial, hoy en RGS existe un gobierno de
participación popular, innovador y pragmático, que ha dado lugar
a un proyecto original de izquierda. Se trata, para decirlo rápido,
de una izquierda policroma o, por lo menos, roja, café y verde, pues
como fenómeno político es el resultado de la evolución
y confluencia de tres procesos: el propio devenir exitoso del Partido de los
Trabajadores, basado en una efectiva democracia participativa; el surgimiento,
consolidación y expansión del Movimiento de los Sin Tierra (que
nació justo en ese estado del sur de Brasil), y los esfuerzos de un
movimiento ambientalista (ecologistas urbanos, organizaciones de productores
agroecológicos, conservacionistas) que originado en los años
setenta hoy es ejemplo de experiencia y madurez (principalmente en el campo).
El "presupuesto participativo" es el principal instrumento de gestión
pública de ese gobierno y su mayor aporte político. Parece un
sueño, pero ese programa conforma una práctica efectiva de democracia
directa, voluntaria y universal, por medio de la cual todos los ciudadanos
que lo deseen pueden debatir y decidir acerca del presupuesto y las políticas
públicas. En este proceso de democracia directa, todo ciudadano, independientemente
de su organización partidaria, asociación civil, credo religioso
o situación social, tiene asegurada su participación en el control
colectivo del Estado mediante las asambleas públicas (locales, municipales,
regionales).
Se trata de un procedimiento que, para utilizar el término introducido
por Tarso Genro y Ubiratan de Sousa, sus dos principales arquitectos, induce
"la socialización de la política". El mecanismo tiene la virtud
no sólo de remontar la crisis de legitimidad del Estado contemporáneo
(incluido el que fue creado en el "socialismo realmente existente"), sino
el de combinar democracia formal o representativa con democracia participativa
o directa, e incluso el de neutralizar el clientelismo o la privatización
de la actividad pública. Y es que en el fondo promueve prácticas
reales de descentralización del poder político y mayor control
local sobre los procesos de carácter estatal, nacional o global.
En permanente perfeccionamiento, el sistema establece un procedimiento realmente
democrático de toma de decisiones y mantiene un canal directo de comunicación
entre el gobierno y la ciudadanía. El llamado "presupuesto participativo"
fue implantado doce años atrás en Porto Alegre, cuando en 1988
el Partido de los Trabajadores ganó por vez primera el gobierno de
la capital, y desde 1999 es aplicado en todo el estado. El nivel de participación
es, además, un proceso en pleno ascenso. Durante 2000 se registró
una participación de 281 mil ciudadanos de 497 municipios de la entidad
por medio de 670 asambleas públicas municipales, 22 asambleas regionales
y 847 delegados. En 2001 aquella cifra se elevó a 378 mil participantes
de todos los municipios. De mantenerse el ritmo, este año llegará
al medio millón de participantes.
El segundo proceso, que corre en paralelo, es el de la democratización
de la propiedad de la tierra, asunto decisivo en un país donde la concentración
de la propiedad agraria es una asignatura pendiente y cada vez más
urgente. Brasil posee el récord de ser el país con la más
injusta distribución de la tierra en el planeta: 50 mil propietarios
que representan apenas el uno por ciento detentan más de la mitad de
la tierra del extenso territorio brasileño, mientras se estima existen
12 millones de demandantes de propiedad agraria.
En RGS la estructura agraria reproduce infelizmente la del resto del país:
mientras sólo 7 mil 850 propietarios (con más de 500 hectáreas
cada uno) detentan 42 por ciento del total del territorio gaucho, 422 mil
pequeños productores se apropian el otro 58 por ciento, principalmente
en la porción norte del estado. Frente a esta enorme desigualdad en
la distribución de los recursos, tanto el Movimiento de los Sin Tierra
como el gobierno de participación popular han desarrollado un programa
intensivo para su redistribución.
El proceso de reforma agraria impulsada por el actual gobierno alcanza casi
60 mil hectáreas que han beneficiado a cerca de 4 mil familias rurales
en más de 100 nuevos asentamientos. Esta política se plantea
como alta prioridad la creación de empleo en el medio rural. Según
la FAO generar un empleo en el campo cuesta al sector público 33 veces
menos que hacerlo en las ciudades. La reforma agraria, que es básicamente
un apoyo a la pequeña agricultura familiar, retiene la mano de obra
en el campo, reduce la migración y baja el costo de los alimentos.
Además, todos los nuevos asentamientos surgidos de la reforma agraria
están adoptando el cambio tecnológico para orientarse hacia
la agroecología.
La tercera dimensión que orienta las políticas públicas
se nutre del pensamiento y la acción del movimiento ambientalista gaucho.
Hoy existe una secretaría del medio ambiente y acciones concretas en
relación con la producción agropecuaria, lo forestal, la biodiversidad,
el agua, la energía y la contaminación industrial. RGS es además
un estado libre de cultivos transgénicos. En la actualidad el gobierno
ha apoyado la producción agroecológica entre casi 4 mil familias,
las cuales siembran granos y hortalizas en 13 mil hectáreas y distribuyen
sus productos en 42 ferias ecológicas. También mantiene un audaz
proyecto de comunicación y educación ambientales a través
de un programa de televisión, y la transmisión de mensajes y
programas en 37 emisoras radiofónicas de todo el estado.