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4 de febrero de 2002
TERRORISMO INTERNACIONAL
¿Qué Remedio?
Noam Chomsky
Conferencia de Noam Chomsky en el "Simposio Internacional sobre Terrorismo
de Estado Y Derechos Humanos"; realizado en la Johan Wolfangs Goethe Universität
de Frankfurt/Main en abril de 1.986. Editado por Txalaparta en el libro "Terrorismo
de Estado. El papel internacional de E.E.U.U.", Febrero de 1.990.
Generalmente se considera al problema del terrorismo internacional como uno
de los más serios en la actualidad, razón por la cual debe ser
abordado de manera urgente por los Estados civilizados; el terrorismo internacional
es el tema de angustiosos y airados comentarios de numerosos libros y conferencias
y aun de una nueva disciplina. La terrorología, la cual cuenta con
un cuadro de respetados expertos a quienes se les consulta regularmente con
el fin de que propongan un remedio para esta plaga de la época moderna.
¿Cómo procedería, entonces, una persona racional para encontrar
un remedio a lo que Ronald Reagan describe como "el azote malévolo
del terrorismo, que ha cobrado tantas vidas de víctimas israelíes,
estadounidenses y árabes y ha causado tragedias a muchos otros"?.
El primer paso consiste en identificar el problema con claridad. El
segundo, determinar el lugar y la instancia del terrorismo internacional.
Dado que ambas están, de facto, difundidas, debemos, por ende, concentrar
nuestra atención en las fuentes primarias de la plaga. Una vez identificadas
éstas, buscaremos un remedio, por ejemplo, podríamos considerar
el consejo de un distinguido experto en terrorismo al que invitó el
The New York Times a exponer sus ideas al respecto, basadas en su larga experiencia:
"Los terroristas y, especialmente sus comandantes, tienen que ser eliminados".
(op-Ed., 30 de septiembre de 1.986). Así de simple y de derecho.
(...)
El acto singular más grave del terrorismo internacional ocurrido en
1.986 en esta región (Medio Oriente-Mediterráneo) fue el bombardeo
estadounidense a Libia; el primer bombardeo en la historia programado para
la mejor hora televisiva, precisamente las 19 horas Eastern Standard Time
de Estados Unidos cuando las tres redes nacionales de televisión presentan
su noticiario nacional que, naturalmente, fue totalmente dominado por estos
escitantes sucesos presentados en vivo desde Trípoli y por los propagandistas
del gobierno que monopolizaron la discusión subsiguiente. El pretexto
–aparte de la "auto-defensa contra ataques futuros", que no necesita
detenernos- fue la represalia al atentado con bombas contra la discoteca La
Belle en Berlín Occidental, acontecido 10 días antes. La administración
Reagan afirmó que tenía pruebas "directas", "precisas",
e "irrefutables" de la responsabilidad de Libia en este acto terrorista.
Sin embargo, en ese mismo instante había una amplia evidencia disponible
para mostrar que estas afirmaciones eran, a lo más, cuestionables –probablemente
bastante fraudulentas-, pero fue y sigue siendo suprimida por los leales medios.
En Estados Unidos, el asunto es en su mayoría silenciado o se discute
con alusiones evasivas, salvo en alguna publicaciones marginales que bien
pueden ignorarse. Pero en otros países, la discusión ha sido
mucho más abierta desde los primeros días posteriores al bombardeo
estadounidense.
Más recientemente,, la BBC informó en el primer aniversario
del bombardeo en cuestión que las agencias de inteligencia europeas
y entre "los más conservadores oficiales gubernamentales de Europa"
(con la excepción de Gran Bretaña) "ninguno duda que la
Casa Blanca, y en particular los consejeros presidenciales contra-terrorismo
del Consejo Nacional de Seguridad, distorsionaron deliberadamente la inteligencia
para involucrar a Gadafi en el atentado contra La Belle". La BBC reportó
también que la evidencia material proporcionada por el gobierno estadounidense
en apoyo a sus alegatos acerca del terrorismo libio es probablemente inventada
("contrived") o simplemente fraudulenta, y que las autoridades de
Berlín Occidental y de embajadas occidentales en Berlín desmienten
categóricamente que la policía militar estadounidense –advertida
con anticipación del atentado libio- haya declarado una alerta para
evacuar los bares y las discotecas, como afirmaron George Shultz, Gaspar Weinberger
y los militares estadounidenses.
Todo esto es mayoritariamente ocultado en Estados Unidos, y así ha
sucedido todo el tiempo, si bien ahora los medios admiten que las afirmaciones
del gobierno estadounidense son algo discutibles. James Markham, el corresponsal
europeo del New York Times, escribe un año después del bombardeo
(14 de abril de 1987). "Ahora que el polvo se ha asentado, dos oficiales
europeos de inteligencia dicen que todavía tienen dudas acerca de las
"pruebas" ofrecidas por Washington para demostrar que Libia estaba
detrás del atentado contra la discoteca de Berlín Occidental"
exactamente lo mismo que los mismos oficiales dijeron un año antes
(de hecho, más que "dudas"), cuando Markham los entrevistó,
aunque a la sazón suprimió los hechos en consonancia con las
necesidades del sistema de propaganda estadounidense. David Shipler escribe
en el New York Times (12 de abril de 1987) que "los oficiales estadounidenses
tienen ahora poca credibilidad entre los periodistas en lo que atañe
a los alegatos sobre el terrorismo inspirado y apoyado por Libia". Mas
no agrega el hecho, nada insignificante, que los mismos periodistas ocultaron
la evidencia que refutaba las afirmaciones del gobierno de Washington en aquel
entonces y que todavía están haciéndolo. Más importante
es que ni él ni los demás infirieron la conclusión obvia
de tales hechos, los cuales en la actualidad, a escondidas, reconocen que
el bombardeo de Libia, aplaudido por el New York Times y otros medios estadounidenses
de información al igual que por respetados intelectuales liberales
en ese entonces, fue, cabalmente, terrorismo internacional no-provocado que
constituyó el acto singular más serio del terrorismo internacional
en 1986, si no un crimen de guerra.
Volviendo la vista hacia el año 1985, cuando la preocupación
sobre la plaga del terrorismo internacional llegó a su cima, el mayor
acto singular terrorista en la región del Medio Oriente-Mediterráneo
fue el bombardeo israelita a Túnez, que dejó 75 muertos. En
esto también Estados Unidos fue cómplice: ni siquiera advirtió
a las víctimas, estrechos aliados estadounidenses, que los asesinos
estaban en camino. Uno difícilmente puede dar crédito a la pretensión
de que el muy sofisticado sistema estadounidense de inteligencia en el Mediterráneo
fuera incapaz de detectar los aviones israelitas que volaron sobre el Mediterráneo
y habían sido reabastecidos de gasolina, en pleno vuelo. Túnez
fue seleccionado como blanco porque estaba indefenso, de tal manera que se
podía matar a muchos civiles, tal como sucedió, sin ningún
costo para los agresores. Libia es escogido como blanco para el terrorismo
internacional estadounidense por razones similares. El terrorismo internacional
más grande y más sostenido en la región durante 1985
fue la operación israelí "Nudillo de Hierro" en Líbano
meridional, también apoyado por Estados Unidos. Se tendría que
decir mucho más sobre esto, pero no hay espacio suficiente para revisar
aquí la horrible historia.
La conclusión es, una vez más, que aun cuando aceptamos las
ordenes del sistema de propaganda estatal y concentramos nuestra atención
en la región del Medio Oriente-Mediterráneo (en vez de hacerlo
en Centroamérica), llegamos al mismo resultado: Wasington es uno de
los mayores centros del terrorismo internacional, sino el mayor.
De acuerdo al agitprop del gobierno, adoptado con poca variación
por los leales medios de comunicación, los principales defensores y
apoyos al terrorismo internacional son Libia, Siria e Irán, con la
URSS al acecho detrás de ellos. El gran escándalo de 1986-87
fue el chocante descubrimiento de que Estados Unidos, que naturalmente ocupa
un primerísimo lugar en la batalla contra el terrorismo, estaba teniendo
tratos secretos con Irán, un estado terrorista. A lo largo del espectro
político entero se ha tomado esto como la acusación más
seria contra la administración Reagan. En el extremo de la crítica,
George McGovern denuncia el "humillante fiasco" revelado en otoño
de 1986: "Una administración que llegó al poder anunciando
que a partir de entonces el contraterrorismo sería el pilar de la política
exterior estadounidense fue descubierta vendiendole armas en secreto al gobierno
más terrorista del mundo". Los comentarios en Europa son similares.
Estos supuestos revelan nuevamente el notable poder del sistema de propaganda
estadounidense. No cabe duda de que Irán es un estado terrorista, aunque
difícilmente iguala los rubros de Estados Unidos y sus clientes en
este rubro. Pero, ¿quién en Occidente podría considerar la proposición
de que, si la negociación con un Estado terrorista constituye un escándalo,
entonces Irán debería ser condenado por su disposición
a entablar tratos con Washington?.
Si investigamos los actos por los cuales se hace responsable a los culpables
oficiales: Libia, Siria e Irán –posiblemente con razón, al menos
en muchos casos-, encontramos que los perpetradores reales son generalmente
de Líbano, primordialmente después de 1982. De hecho, es a partir
de 1982 cuando el terrorismo se ha vuelto un importante "problema de
política exterior que enfrenta Estados Unidos", como se muestra
en un estudio del Consejo de Relaciones Exteriores de Chicago (Council on
Foreign Relations), que no expresó ninguna preocupación sobre
este tópico en 1982, mientras que ya es una preocupación mayor
(para el público, directamente debajo del armamentismo y de la economía
estadounidense) en 1986. Por supuesto, algo aconteció en Líbano
en el verano de 1982. Una invasión israelita apoyada por Estados Unidos,
que aniquiló alrededor de 20 mil personas, en su mayoría civiles,
hizo pedazos la sociedad civil de los palestinos y destruyó mucho de
lo que aún existía en Líbano. A la sazón fue bastante
obvio que esto conduciría a un incremento de los actos terroristas.
De hecho, esto fue previsto en las primeras fases de la guerra por el principal
especialista israelita en nacionalismo palestino, el profesor Yehoshua Porath,
de la Universidad Hebrea. Porath desarrolló la tesis de que un objetivo
central de la invasión israelí era precisamente provocar acciones
terroristas de palestinos desesperados y, de esta manera, poner a Israel en
condiciones de evitar el peligro de una solución política negociada:
una opción que ha sido bloqueada durante muchos años por Israel
y Estados Unidos, pero que estaba volviendose dificil de evitar cuando la
OLP observó escrupulosamente la tregua en la frontera norte israelita
a pesar de operaciones terroristas transfronterizas de Israel, realizadas
a fin de provocar la violencia de la OLP. No debería sorprendernos
mucho, por ende, que algunos de los actos más terribles a los que se
les permite entrar en el canon de terrorismo, tal como está definido
por el sistema ideológico occidental, son llevados a cabo por hombres
jóvenes que sobrevivieron a las matanzas de Sabra-Shatila y a la destrucción
de los campos de refugiados en Líbano, tal como se esperaba.
Hay otros actos que no entran en el canon occidental de terrorismo. Por ejemplo,
el estallido de un coche bomba en Damasco en noviembre de 1981 que segó
110 vidas y que fue realizado por la inteligencia francesa en represalia por
el asesinato del embajador francés en Líbano. O el terrorismo
israelita regular en Líbano o en alta mar, a veces reportado sin comentario
y muchas otras simplemente ignorado. Para escoger ejemplos al azar: la prensa
informó de la intercepción de un barco de registro hondureño
que viajaba de Chipre a Khalde, al sur de Beirut, y que fue llevado por la
fuerza a un puerto israelita no revelado con 50 pasajeros desarmados a bordo;
uno de los más de veinte barcos secuestrados por la marina israelí
en dos años. Sin embargo, al parecer no hubo ningún reporte
acerca de la condena a 20 años de prisión, por parte de un tribunal
militar israelita, de ocho sobrevivientes (incluyendo uno de Jordania, uno
de Siria y dos miembros libaneses de la tripulación) del barco mercantil
"Atavirus", registrado en Panamá, hundido por un cohete disparado
por un barco de guerra israelita el 20 de abril de 1985, a cien millas de
la costa israelí en el Mediterráneo, incidente en el que 20
personas presumiblemente se ahogaron. (Israel se negó al principio
a reconocer los arrestos o a permitir a la Cruz Roja visitar a los sobrevivientes).
La piratería y los secuestros cometidos por israelitas se han pasado
por alto o condenado en occidente durante mucho tiempo y los salvajes ataques
israelitas contra objetivos civiles en Líbano –aunque fueron muchas
veces reportados- se consideran de poca relevancia y no entran en el canon
del terrorismo internacional.
Volviendo a nuestro especialista del New York Times en terrorismo, él
proporciona tres ejemplos de acciones contraterroristas exitosas: el bombardeo
estadounidense a Libia, el bombardeo israelí a Túnez y la invasión
israelí a Líbano y recomienda que se produzcan más ataques
similares "si se quiere que el mundo civilizado prevalezca". Los
editores del Times dieron a su artículo el encabezado: "Es hora
tardía para aplastar al monstruo terrorista", y enfatizaron las
palabras: "Deténgase la matanza de inocentes". Los editores
identifican al autor únicamente como el "ministro israelí
de comercio e industria". Su nombre es Ariel Sharon, uno de los más
grandes asesinos de la época contemporánea: su carrera terrorista
data de los inicios de los años cincuenta. Entre sus logros se encuentra
la matanza de 69 aldeanos en Quibia en 1953, las operaciones terroristas realizadas
por Israel en la región de Gaza y el Sinaí nororiental en los
primeros años de la década de los setenta, incluida la expulsión
al desierto de alrededor de diez mil campesinos, cuyas casas fueron arrasadas
y sus tierras de cultivo destruidas en preparación de la colonización
judía; la invasión de Líbano y las subsiguientes matanzas
de Sabra y Shatila, entre otros.
Algunos podrían pensar que la elección de Ariel Sharon para
que dé "al mundo civilizado" lecciones acerca de cómo
"detener la matanza de inocentes", sería un tanto extraña,
quizás perverso, posiblemente hipócrita. Yo pienso que no. Si
las élites occidentales civilizadas son capaces de mirarse a si mismas
honradamente, verán que su elección es apropiada: en verdad,
concuerda con los valores expresados mediante las acciones y la cultura intelectual,
tal como se expresa con palabras o en silencio.
En apoyo a esta conclusión, observemos meramente el siguiente, simple
hecho. El remedio para el terrorismo internacional –por lo menos para un gran
componente suyo, de hecho el dominante- es sencillo y está a nuestro
alcance. Pero no se toma ninguna acción al respecto y, en defecto,
el asunto jamás es discutido en los círculos respetables, donde
ni siquiera es concebible. En la extensa literatura de terrorologia, o en
la enorme cobertura de los medios y comentarios, uno no descubrirá
ningún reconocimiento al hecho de que hay un medio sencillo para gran
parte, sino para la mayor parte, del terrorismo internacional que atormenta
al mundo: un remedio listo y a la mano. Mas bien, uno encuentra discursos
interminables acerca de nuestras benévolas intenciones y de la nobleza
de nuestros propósitos, a veces imperfectos en su realización.
Los hechos elementales no pueden percibirse y los raciocinios obvios son prácticamente
impensables. Y las simples verdades, si se expresaran, podrían producir
únicamente incredulidad, horror y escándalo.
En un clima moral e intelectual como éste, parece bastante apropiado
que el más grande periódico de Occidente elija a Ariel Sharon
como nuestro tutor respecto a las maldades del terrorismo y la manera de combatirlo.