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1 de febrero del 2002
Chomsky: en el foro de Porto Alegre
participa la mundialización a favor de las mayorías
La Jornada
A pesar del aislamiento informativo al que ha sido condenado en Estados
Unidos, el lingüista Noam Chomsky es una figura mayor en el archipiélago
organizativo de la izquierda que lucha contra el neoliberalismo. El segundo
Foro Social Mundial (FSM) de Porto Alegre, Brasil, que recién comenzó
este 31 de enero, así lo demostró cuando lo invitó a
dar la conferencia de prensa previa a la inauguración del encuentro.
Pasadas las cuatro de la tarde, el profesor del MIT y crítico de la
política exterior de Washington llegó al auditorio del Palacio
Municipal de Porto Alegre escoltado por el gobernador del estado de Río
Grande del Sur. El recinto estaba abarrotado y los recibió con aplausos
calurosos.
El presentador hizo una semblanza académica del hombre de 73 años
que no ha dudado en señalar al gobierno de su país como terrorista
y, nuevamente, el auditorio lo ovacionó.
El profesor Chomsky tomó la palabra para responder preguntas durante
una hora.
Comenzó su intervención señalando que frente a él
se encontraban muchos micrófonos pero que, de acuerdo con el espíritu
del foro, debían apuntar a otra dirección: necesitaban mirar
hacia el público. Y pasó entonces a responder con cuidado, amplitud
e inteligencia las preguntas de los profesionales de la prensa, desmenuzando
el sentido de las palabras claves en el debate, con el oficio de quien se
dedica a conocer el lenguaje, dándoles un contexto histórico.
Los que están contra la globalización son los otros
Rechazó que el Foro Social Mundial fuera una iniciativa contra la globalización.
Nadie, según él, está contra ella. El movimiento de los
trabajadores comenzó su existencia moderna impulsando la formación
de una internacional de los trabajadores, y los grandes sindicatos en la actualidad
tienen dimensión mundial. Todo movimiento popular y progresista ha
tenido como objetivo formar un movimiento de solidaridad e interacción
internacional. Y esto es globalización, pero en el interés general
de la población.
Refiriéndose al Foro de Davos, ahora trasladado a Washington, afirmó:
''El verdadero foro contra la mundialización se está realizando
en otro lugar, no aquí.
Está tratando de evitar el desarrollo de un movimiento popular.
Está procurando impulsar una forma de globalización que va contra
los intereses de la población. Esto sucede en instituciones ilegítimas
que tienen mucho poder''.
Señaló que desde ese foro se promueve una dimensión ideológica
de la lucha de clases, que tiene como una de sus expresiones el uso de los
conceptos con propósitos equivocados. Precisó: ''Ellos quieren
que por globalización se entienda un tipo específico de globalización:
la orientada por los intereses de las grandes corporaciones''. En cambio,
el Foro de Porto Alegre es, de acuerdo con su punto de vista, la materialización
de una mundialización distinta, orientada por los intereses de las
grandes mayorías.
Al repasar la situación política que se vive en Estados Unidos
a raíz de los atentados del 11 de septiembre insistió, como
ha hecho desde entonces, en que el dramatismo con que se vive la tragedia
en Europa y Estados Unidos no puede hacernos olvidar que ambos mundos han
cometido verdaderas atrocidades en contra de otros pueblos y culturas a lo
largo de su historia.
Interpretó las más recientes amenazas de George W. Bush en contra
de Irak y Corea del Norte no como una confesión sobre sus verdaderas
intenciones en materia de política exterior, sino como una maniobra
de distracción para hacer olvidar a la opinión pública
asuntos como el escándalo Enron.
Enfático, reivindicó el valor de la desobediencia civil pacífica
y negó que el uso de la violencia tenga utilidad para la lucha de los
sectores más vulnerables de la sociedad. Desde su lógica, lo
que más desean los centros de poder es que las fuerzas populares se
metan a la arena de la violencia. Es allí donde son más fuertes.
La hora de los que osaron ser
El Foro de Porto Alegre comenzó con las maneras propias de la izquierda.
Unas 30 mil personas marcharon por las calles de Porto Alegre portando centenares
de banderas, mantas y mucha alegría. Se trató, con mucho, de
una manifestación a ritmo de batucada, con baile incluido en el mismo
boleto. Serán los aires brasileños pero el tono adusto, trágico
e inevitablemente derrotista que con demasiada frecuencia tienen las celebraciones
contestarias, desapareció de ésta que se convirtió, lisa
y llanamente, en reventón.
La fiebre argentina llegó a Porto Alegre de la mano de su enorme y
bullicioso contingente. Las animadversión que usualmente invade a los
brasileños hacia sus vecinos desapareció hoy de las calles y
se transformó en empatía y solidaridad. La consigna ''Argentina,
Argentina, la lucha no termina'', se escuchó durante todo el trayecto
de la marcha, entonado por los más diversos contingentes. Los cacerolazos,
la autorganización ciudadana, la capacidad para tumbar gobernantes
y meter en graves aprietos al FMI y al Banco Mundial son, al lado del 11 de
septiembre, la novedad de la temporada.
El respeto a la diversidad da el tono de la movilización. Es el archipiélago
del antineoliberalismo en movimiento. Una manta indígena exige un ''Brasil
multiétnico y pluricultural''. Otra más tacha la palabra USA
y llama a defender Brasil. De un lado, grupos anarquistas gritan ''El pueblo
unido gobierna sin partido''. Del otro, una multitud de banderas del PT, de
los distintos partidos comunistas y socialistas y de las organizaciones trostkistas.
Más allá desfilan grupos a favor de la diversidad sexual, al
lado de organizaciones de origen religioso. No hay problemas entre ellos,
por más que las diferencias existan.
En la descubierta, que no es la cabeza de la marcha porque el numeroso contingente
de Vía Campesina y del movimiento de los Sin Tierra lo rebasó,
el líder del PT, Lula y otros dirigentes dan improvisadas entrevistas
a la prensa. Y hasta adelante, llamados por su incansable vocación
de vanguardia del proletariado y de la revolución, los militantes del
Partido Comunista de Brasil ondean sus banderas.
En un camión de sonido se suceden un interminable número de
oradores que no temen hablar de socialismo y clase obrera, pero que tienen
en común el don de la brevedad. Grupos de activistas reparten tarjetas
de ''rasca y huele'' que indican que ''su boca es fundamental para luchar
contra los fundamentalistas'' y alertan sobre el peligro que corren las mujeres
con cualquier expresión de fundamentalismo.
Como parte de ese río humano, participan centenares de sindicalistas
al lado de intelectuales como Pablo González Casanova, con una gorra
de la CUT; el egipcio Samir Amin o el teólogo Enrique Dussel que caminan
durante un par de horas. En total participan allí unos 40 mexicanos.
Los frentes de lucha son múltiples: ''No al ALCA, ALCA no'', corean
algunos, mientras otros plantean desarmar al mundo para alimentar a los pueblos,
al tiempo que otros más exigen que se extradite y enjuicie al ex presidente
boliviano Hugo Bánzer.
La imagen del Che Guevara está en todas partes: en el tatuaje
al hombro de varios activistas, en los tambores de una de las batucadas, en
decenas de camisetas e innumerables pines. Las expresiones de apoyo
a los zapatistas se dejan escuchar de cuando en cuando, al lado de las playeras
con el logotipo del EZLN o el retrato de Marcos.
La manifestación desemboca en un gran terreno baldío en el que
varios grupos tocan música antes de dar la palabra a los oradores,
y un zepelín con las insignias del gobierno de Rio Grande do Sul y
del banco estatal que patrocina parte del evento. Toma la palabra, entre otros,
el prefecto de la ciudad. Daniel Viglieti, como resucitado, el mismo que llamaba
a desalambrar en los setenta, deleita al público.
Una manta resume el espíritu de la apuesta de los presentes: ''Somos
lo que osamos ser'', dice.
La otra Babel
Por la planta baja del hotel Plaza San Rafael pasan muchos de los conferencistas
principales del foro. Allí están, entre muchos otros, José
Bové, acosado por periodistas; Manuel Vázquez Montalbán
y el controvertido James Petras. Los huéspedes y los organizadores
se encuentran, se reconocen, se saludan, discuten, intercambian publicaciones.
Por toda la ciudad se realizan las reuniones que preparan las reuniones y
los debates que anteceden los debates. Los ánimos están a punto
para la reflexión y los acuerdos. Las piezas del rompecabezas de un
movimiento formado de muchos retazos comienzan a acomodarse.
El programa de actividades para el foro distribuido a los asistentes tiene
el mismo tamaño de una edición dominical de La Jornada,
con suplementos incluidos.
Durante cuatro días se realizarán centenares de reuniones, seminarios
y talleres. Si las memorias de todo lo presentado en el encuentro se publicaran,
la amazonia acabaría deforestándose.
Muchas redes de ONG o académicas han decidido aprovechar el viaje para
realizar sus propios encuentros.
-Esto es una Babel pero al revés, porque aquí sí nos
entendemos ?asegura José Seoane, director de la revista Observatorio
Social de América Latina, publicada por Clacso. Su optimismo no
parece ser exagerado. Aunque los tiempos son difíciles, Porto Alegre
es una fiesta a la que las protestas argentinas dan la razón: la fiesta
de los que han osado ser lo que quieren ser