La policía ensaya, se prepara. Con caballos, con perros, con botes de
humo y toda la parafernalia (infiltrados provocadores incluidos) propia de la
represión contra las manifestaciones. En Linares (este fin de semana pasado
lo hemos podido ver en prensa y televisión), como tiempo ha, unos 150
policías 'se forman' con el propósito de disolver eficazmente a quienes osen
concentrarse y manifestarse contra la globalización neoliberal aprovechando
las diversas cumbres que se celebrarán en este semestre coincidiendo con la
presidencia española de la Unión Europea.
La espiral represiva contra el Movimiento Antiglobaliación capitalista
continúa creciendo en estos días. A la campaña mediática de
desacreditación del mismo (este movimiento ha aparecido casi como instigador
de lo de las torres de Nueva York), siguió el abordaje y sabotaje piratas de
sus redes de comunicación (la página web de Nodo50, por ejemplo), y se
extiende ahora con la preparación de las fuerzas de choque y asalto.
En fin, quienes ya somos mayores nos sabemos muy bien el manual de estilo del
poder represivo de un Estado al servicio de un determinado modelo económico y
social, al servicio de quienes les pagan. Nada nuevo, pues.
Lo hemos vivido en los finales de los 60, en los últimos años de la
dictadura, en los primeros de la transición, en el transcurrir de este modelo
de democracia plana de pensamiento único. Y lo seguimos viviendo en los
inicios del siglo XXI, en el tiempo de la expresión más brutal de los
efectos más negativos del capitalismo. Y siempre por la misma razón:
entonces no nos gustaba lo que había; ahora sigue sin gustarnos lo que hay.
Como todavía muchas personas seguimos pensando que 'otro mundo es posible',
que puede haber otro modelo de globalización, que se puede dar otro modelo de
sociedad, más justos todos, vamos a seguir saliendo a la calle a decirlo. E
igual que lo hemos hecho últimamente desde Seattle a Génova, lo vamos a
seguir haciendo ahora en estos meses en que España preside uno de los pilares
de la injusticia en el mundo.
Se infiltrarán en nuestras filas, nos provocarán, nos asaltarán, nos
pegarán, nos gasearán, nos echarán sus carros, sus perros y sus caballos,
nos dispararán, incluso nos matarán. Pero, como el poeta diría: 'Nos
seguirá quedando la palabra'.
Palabra que precisamente, en estos últimos días de enero y primeros de
febrero, se convierte en arma cargada de futuro (otro poeta) en las reuniones
del II Foro Social Mundial, en Porto Alegre (Brasil), donde los múltiples
movimientos antiglobalización capitalista de todo el mundo se reúnen para
tratar de forjar una nueva Internacional por otro mundo más justo, solidario,
igualitario, ecológico y pacífico.
Por ello, a pesar de sus policías, de sus perros y de sus caballos; a pesar
de sus infiltrados provocadores; a pesar de sus sabotajes; a pesar de sus
medios de comunicación lacayos, a pesar de lo de siempre, muchas personas,
cada vez más, vamos a salir a las calles a darle la 'cacerolada' a un sistema
injusto y cruel que permite que una cuarta parte del planeta viva a costa de
la miseria, enfermedad y muerte de las otras tres cuartas partes.