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LISTADO DE DOCUMENTOSForo Social Mundial de Porto Alegre - 2002

Babel al revés

Rosa Miriam Elizalde, enviada especial

PORTO ALEGRE.— Mientras escribo esta nota, a mi lado, en una sala de prensa que parece una sauna promiscua en la era intergaláctica, dos colegas se enredan en una charla que me da el pie para esta crónica. Oigo palabras en portugués, inglés, italiano y español, y las manos de ambas —y las risas— van y vienen, evidencia de que se entienden a la perfección en este dialecto particular en el que nos hablamos todos en el Foro, independientemente del idioma que una cargue en su mochila. Una de ellas comenta que llegó ayer del Chaco paraguayo. La otra es vietnamita.
Las ideas que circulan son muy parecidas, y ante eso, el idioma no se resiste. Había que estar en la marcha que inauguró este evento para darse cuenta de la cercanía que existe entre un campesino filipino de Mindanao; un muchacho de Villa Fiorito, en Buenos Aires, que te dice "cuando no tenés nada, pensás que no vales nada", y un militante punk de pelo verde y argolla en la nariz que está harto de las bandas neofascistas en su ciudad.
Pero el problema no se resuelve con saber que uno tiene ideas comunes con el vecino de al lado —todos entienden perfectamente que si sigue como está, el planeta se va a bolina—, sino cómo organizarse para que este movimiento dé en el blanco: en el corazón de ese poder invisible que a todos gobierna, y que ahora se mudó a Nueva York, después de hacérsele cada vez más difícil reunirse en secreto junto a las pistas de esquí de la ciudad suiza de Davos.

¿SOLO ESPECTADORES?


Samir Amín, economista egipcio, es otro de los grandes "perseguidos" en estos predios, por donde apenas ya se puede caminar, y en el que un bosque de papeles —plegables, folletos, anuncios de citas urgentes— amenazan con empapelar los salones de la Pontificia Universidad Católica de Porto Alegre (PUC), la sede principal del Foro.
"No creo que eso pase exactamente así", contesta rápidamente a la pregunta que más o menos todo el mundo se hace. Hay quien está incluso temeroso de que este se convierta en una especie de "turismo progresista", divorciado de los grupos sociales que más sufren la globalización y que no podrán pagarse nunca un boleto para viajar ni siquiera a la ciudad más próxima de la suya. "No, no creo que sea este un foro para gente que solo mire y no pueda tomar decisiones. Aquí caben todos aquellos que se reconocen en la Carta de Principios del Frente Social Mundial", dice Amín, una voz verdaderamente prestigiosa.
Pero la realidad es que hay algunas tendencias que levantan comentarios entre los participantes. Por ejemplo, la negativa del Comité Internacional a invitar a partidos —se mete en un mismo saco a todos, deslegitimando las estructuras políticas. O la renuncia a elaborar un documento final para este segundo encuentro, que fije al menos posiciones en un frente común. "No es nuestra idea enfrentar el pensamiento único con un documento único", respondió Sergio Haddad, representante del movimiento de Organizaciones No Gubernamentales de Brasil cuando se le preguntó al respecto en una conferencia de prensa. Y, sobre todo, cierta pasión por buscarle un "rostro humano" al capitalismo, con reformas que permitan que sean menos los que se mueran de hambre. Pero, como diría un delegado que intervino ayer en uno de los talleres dedicados a la lucha contra la Deuda Externa, "el que no puede seguir siendo inmortal es el hambre. No podemos resignarnos a que unos coman y otros no, a que unos sean personas y otros criaturas desechables".
Y en eso de decir las cosas en pocas palabras y como deben ser, las mujeres son sabias. Una red feminista del grupo MERCOSUR se apareció en Porto Alegre con unos volantes que imitan las cajas amarillas que lanzó el gobierno norteamericano a los afganos durante la guerra, para "ayudarlos" con comida, mientras alfombraban de bombas aquel país. Es idéntica la cajita, amarrada con sogas enceradas y con una etiqueta que dice "humanitarian aid" (ayuda humanitaria). Adjunta, la lista con el menú: "Artículos imprescindibles para la sobrevivencia: 10 kg de arroz/ mucha paz; 8 kg de leche en polvo/ todos los derechos humanos; 7 kg de harina/ democracia verdadera; 3 kg de café/ justicia; 5 galones de agua potable/ equidad." Ni más, ni menos.

DIVISION DEL TRABAJO


Ah, pero Babelia por fin se entiende, y eso es, definitivamente, lo que hará posible el imposible. "Hace cinco años atrás poca gente le daba fe a una reunión de este tipo, y míranos aquí, discutiendo", me comenta Gennaro, corresponsal del semanario Brecha, de Uruguay, vecino de la derecha en la sala de prensa, divertido también con la conversación entre Paraguay y Vietnam, a un palmo de nuestras narices.
Y en un momento, estamos él y yo enredados en otra conversación. Por muy tímido que parezca, cualquier proyecto de independencia de los pobres de la tierra puede amenazar la división internacional del trabajo, que atribuye a unos pocos la función activa de saquear las riquezas mundiales y producir noticias y opiniones, y a todos los demás la función pasiva de carecer de todo, y para colmo, consumir como si fueran verdades las mentiras que nos cuentan.
Sobre la urdimbre de la realidad —"por jodida que sea la realidad", diría en buen portuñol el gaucho Luiz, taxista de Porto Alegre—, nuevos tejidos se están armando, y están hechos de muchos y muy diversos colores. Los movimientos sociales alternativos cada vez se hacen sentir más. "Somos como una nube de mosquitos, lanzados contra el sistema global", dice el economista chileno Manfred Max-Neef en un plegable que ha circulado aquí. "Más poderosa que el rinoceronte, es la nube de mosquitos. Que crecen y crecen, zumban y zumban". Sí, Gennaro está de acuerdo, y yo también, aunque antes de poner el punto final a la nota de hoy para irme volando a alguno de los 800 talleres que andan sesionando, pienso que por esta única vez la redacción de mi diario me permitirá reconciliarme con los mosquitos.


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