Aullidos en el Foro Social Mundial
Oscar Grácia
Especial para La Haine .
Balábamos inquietas las ovejitas por los prados antes verdes donde los lobos nos dejan pastar para nuestro engorde y su placer. Ajenas a la seguridad de la vida tranquila, mientras no llegara tu turno, algunas de nosotras conspirábamos en silencio sueños de libertad en campos abiertos sin colmillos amenazantes y muertes desgarradoras. Vivir solas, felices y en armonía con lo que fue antes la Naturaleza. .
Por puro azar se corrió la voz entre todo el rebaño y muchas cayeron en el encanto de la idea imposible, nuestras mentes eran libres los momentos en que cerrados los ojos imaginábamos cada una cómo sería ese mundo maravilloso. Muchos mundos, es cierto, pero ninguno parecido en nada al que nos veía morir y malvivir, que para el caso era lo mismo. .
Así, en pequeños corrillos, nos reuníamos y divertidas compartíamos sueños, fantasías y esperanzas sobre esa Utopía, hasta que poco a poco hablamos de ella como algo que llegaría, qué haríamos cuando, inevitablemente, ese Mundo aterrizara de golpe en nuestras vidas. Frecuentemente, grupos de nuestros pastores disolvían las reuniones con fuertes castigos ejemplares contra algunas de nosotras para así hacernos ver lo malo de nuestros pensamientos, y peor aún, lo malo de nuestras acciones. .
Pero la llegada de ese Mundo ya era una certeza, estábamos seguras. .
Algunas de las que agradecían la vida tranquila actual, ajenas a nuestros frecuentes castigos y muerte de las más débiles, les inquietaban las noticias y rumores sobre la nueva vida y especialmente qué papel tendrían en ella. ¿Podrían seguir mandando sobre las menos fuertes? ¿Serían respetadas por los nuevos pastores (eran viejas y no podían imaginar vivir sin normas ni pastores) como lo eran ahora por los lobos? Todas las terribles respuestas a esas preguntas las decidió a actuar: .
De forma imprevista acudieron a los corrillos, mientras los lobos contemplaban con pasividad desde lo alto, y explicaron a las más indecisas o incrédulas que la frustración producida por pretender alcanzar algún día la Utopía les haría todavía más infeliz la vida en el Mundo Real que, de hecho, era el único posible. Por el contrario nada había que temer de los lobos, ambos ovejas y pastores podíamos convivir en armonía con sólo tener un poco de voluntad por las dos partes, alcanzaríamos unidos una nueva frontera más allá de luchas inútiles, y a esa estrella la llamaríamos ‘Sociedad Civil’.
Convencida una gran parte del rebaño e indecisa la mayoría del resto, fue una representación de las más capaces, responsables y serenas a parlamentar con los lobos para encontrar puntos comunes entre ambos. .
Después de horas y horas de retórica de los máximos representantes ovinos, la respuesta que recibieron fue el levantamiento del labio superior de los lobos presentes y un ligero gruñido que les indicó claramente el papel que esperaban de ellas y de sus propuestas. .
Sacudido el miedo y terror sufrido por la reunión, explicaron a la manada cómo los lobos habían escuchado sus propuestas, como ellos habían puesto de su parte, cómo el acuerdo era posible, si se trataba de un acuerdo razonable, y sobretodo que teníamos que impedir entre todas que rumores sobre Utopía llegaran a sus oídos pues eso acabaría con el futuro de Sociedad Civil. .
Así, para evitar eso, las ovejas gordas y mayores tomaron el control de las reuniones y corrillos y allí de forma libre y siempre según principio democráticos dictaron el orden del día sobre los retos y posibilidades de la nueva Sociedad Civil, sus peligros como son la irresponsabilidad y Utopía y marcaron unas normas igualitarias donde las ovejas enfermas de ensoñación no podían asistir o si lo hacían sería sin el beneplácito de la mayoría asistente. .
Aquellas que no creíamos en la voluntad de los lobos para dejar algún día de serlo, nos encontramos entonces ante la disyuntiva de entrar en los corrillos sin ser invitadas e intentar hablar de lo Prohibido al resto como hicieron antes las ovejas de tez amarilla o por el contrario denunciar su misma existencia como las anclas que son de este el mismo Mundo de siempre impidiendo el viaje a Utopía. .
Algunas corrimos el mismo riesgo y la misma aparente inutilidad que las primeras ovejas soñadoras y nos separamos de esas reuniones para, esperanzadas, seguir soñando y divertirnos con nuestras imágenes de ese nuevo Mundo, Utopía.