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Capítulo
I
Principios generales de la lucha guerrillera |
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6. Guerra suburbana
Si en un momento dado, en la guerra de guerrillas,
se llega al acoso de las ciudades, a penetrar de tal manera el campo circundante,
que puedan establecerse, en condiciones de cierta seguridad, será necesario
darles a éstas una educación especial o, mejor dicho, una organización
especial.
Es fundamental precisar que nunca puede surgir por sí misma una guerrilla
suburbana. Tendrá nacimiento después de que se creen ciertas condiciones
necesarias para que pueda subsistir, y esto mismo indica que la guerrilla suburbana
estará directamente a las órdenes de jefes situados en otra zona.
Por tanto, la función de esta guerrilla no será llevar a cabo
acciones independientes, sino de acuerdo con planes estratégicos preconcebidos,
de modo tal que su función sea la de secundar la acción de los
grupos mayores situados en otra área y contribuir específicamente
al éxito de determinada concepción táctica, sin la amplitud
operacional que tienen las guerrillas de los otros tipos. Es decir, una guerrilla
suburbana no podrá optar entre tumbar teléfonos o ir a hacer atentados
en otro lugar, o sorprender una patrulla de soldados en un camino lejano; hará
exactamente lo que se le diga. Si su función es cortar postes de teléfono,
tendidos eléctricos, alcantarillados, vías férreas, acueductos,
deberá limitarse a cumplir estas funciones a cabalidad.
Su integración numérica no debe pasar de cuatro o cinco hombres.
Es importante la limitación del número porque la guerrilla suburbana
debe ser considerada como situada en terrenos excepcionalmente desfavorables,
donde la vigilancia del enemigo será mucho mayor y las posibilidades
de represalias aumentan enormemente así como las de una delación.
Hay que contar con circunstancias agravantes el hecho de que la guerrilla suburbana
no puede alejarse mucho de los lugares donde vaya a operar; a la rapidez de
acción y a la rapidez de desplazamiento debe unir, sin embargo, un alejamiento
relativamente pequeño del lugar de la acción, permaneciendo totalmente
oculta durante el día. Es una guerrilla nocturna por excelencia, sin
posibilidades de cambiar su manera de operar hasta que el avance de la insurrección
sea tan grande que se pueda sitiar la ciudad y tomar participación en
ello como combatiente activo.
Cualidades esenciales de este guerrillero deben ser la disciplina, en mayor
grado quizás que ninguno, y la discreción. No podrá contarse
con más de dos o tres casas amigas que brinden el alimento; es casi seguro
que un cerco en esas condiciones equivalga a la muerte; las armas, además
no serán de la misma categoría que las de los otros núcleos.
Serán de defensa personal, sólo las que no obstaculicen una huida
rápida y un escondite seguro. No deberán tener sino una carabina
o una escopeta recortada o dos y los demás miembros, pistolas, como armas
óptimas.
Nunca se realizarán hechos armados sino por sorpresa sobre uno o dos
miembros de la tropa enemiga o su servicio de confidentes, centralizando la
acción en el sabotaje ordenado.
Para esto necesitan un amplio equipo instrumental. El guerrillero tiene que
tener sierras adecuadas, grandes cantidades de dinamita, picos y palas, aparatos
de trabajo para levantar líneas férreas; en fin, un equipo mecánico
adecuado al trabajo que va realizar y escondido en lugares seguros, al alcance
fácil de la mano del que lo necesite.
Si hay más de una guerrilla, dependerán todas de un solo jefe,
el que ordenará los trabajos necesarios a través [66]
de contactos de probada confianza que hagan
vida civil. Podrá en ciertos casos el guerrillero mantener su trabajo
de épocas de paz, pero esto es muy difícil; prácticamente,
la guerrilla suburbana es un grupo de hombres que ya está fuera de la
ley, que tiene complexión de ejército, situado en las condiciones
tan desfavorables que hemos descrito.
La importancia de una lucha suburbana ha sido muy desestimada, pero es extraordinaria.
Un buen trabajo de este tipo, extendido sobre una amplia área, paraliza
casi completamente la vida comercial e industrial de ese sector y coloca a la
población entera en una situación de intranquilidad, de angustia,
de ansias casi del desarrollo de sucesos violentos para salir de esa espera.
Si desde el primer momento del inicio de la guerra se piensa en la posibilidad
futura y se van organizando especialistas en este tipo de lucha, se garantizará
una acción mucho más rápida y por tanto un ahorro de vidas
y del precioso tiempo de la nación.
Tomado de Ernesto Che Guevara. Escritos
y discursos, tomo 1, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana 1972, páginas
33-67.
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