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Capítulo
I
Principios generales de la lucha guerrillera |
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2. Estrategia guerrillera
En la terminología guerrera, se entiende
por estrategia el análisis de los objetivos a lograr, considerando una
situación militar total y las formas globales de lograr estos objetivos.
Para una correcta apreciación estratégica,
desde el punto de vista de la guerrilla, es necesario analizar profundamente
cuál será el modo de actuar del enemigo. Si en algún momento
es válida la apreciación de que el objetivo final es destruir
completamente la fuerza opositora, en el caso de una guerra civil de este tipo
se encuentra el ejemplo clásico: el enemigo tendrá que procurar
la destrucción total de cada uno de los componentes de la guerrilla;
y el guerrillero, a la inversa, debe analizar los recursos con que cuenta el
contrario para tratar de llegar a esa solución; los medios con que cuenta
en hombres, en movilidad, en apoyo popular, en armamento y en capacidad de dirección.
Debemos adecuar nuestra estrategia a estos estudios, considerando siempre el
objetivo final de derrotar al ejército enemigo.
Hay aspectos fundamentales a estudiar: el
armamento, por ejemplo, la forma de utilizar ese armamento; analizar exactamente
cuál es el valor de un tanque en una lucha de este tipo, cuál
el de un avión, analizar cuáles son las armas del enemigo, su
parque, sus costumbres; porque el aprovisionamiento más importante de
la fuerza guerrillera, está precisamente en el armamento enemigo. Si
hay posibilidad de elección debe preferir el mismo tipo que el usado
por éste, pues el más grande enemigo de la guerrilla es la falta
de parque, que debe proveer el contrincante.
Una vez hecho esto, graduados y analizados
los objetivos a lograr, hay que ir estudiando el ordenamiento de los pasos para
la consecución del objetivo final, ordenamiento que se preverá,
pero que se irá modificando en el transcurso de la lucha y adecuando
a la serie de circunstancias no previstas que puedan surgir durante la misma.
En el primer momento, lo esencial para el
guerrillero será no dejarse destruir. Paso a paso, será más
fácil para los integrantes de la guerrilla o de las diferentes guerrillas,
adaptarse al medio de vida y convertir en una acción cotidiana y, como
tal, fácil el huir, despistar a las fuerzas que están lanzadas
en su persecución. Logrado este objetivo, tomando posiciones cuya inaccesibilidad
impida al enemigo llegar hasta ellos, o consiguiendo fuerzas que disuadan a
éste de atacar, debe procederse al debilitamiento gradual del mismo,
debilitamiento que se provocará en el primer momento en los lugares más
cercanos a los puntos de lucha activa contra la guerrilla, y, posteriormente,
se irá profundizando en territorio enemigo, atacando sus comunicaciones,
atacando luego, o molestando, las bases de operaciones y las bases centrales,
hostigándolo en forma total en la medida de las posibilidades de las
fuerzas guerrilleras.
El golpeteo debe ser constante. Al soldado
enemigo que esté en un lugar de operaciones no se le debe dejar dormir,
las postas deben ser atacadas y liquidadas sistemáticamente. Debe darse
en todo momento la impresión de que un cerco completo rodea al adversario;
en las zonas boscosas y quebradas, durante todo el día, en las zonas
llanas o fácilmente permeables por patrullas adversarias, durante la
noche. Para hacer todo esto, es necesaria la cooperación absoluta del
pueblo y el conocimiento perfecto del terreno. Dos condiciones cuya necesidad
apunta en cada minuto de la vida del guerrillero. Por eso hay que establecer,
al mismo tiempo que centros de estudio de las zonas de operaciones y centros
de estudio de las zonas de operaciones futuras, trabajo popular intensivo, explicando
los motivos de la revolución, los fines de esta misma revolución
y diseminando la verdad incontrovertible de que en definitiva contra el pueblo
no se puede vencer. Quien no sienta esta verdad indubitable no puede ser
guerrillero.
Este trabajo popular debe centralizarse en
el primer momento sobre la discreción, es decir, debe pedirse a cada
campesino, a cada miembro de la sociedad donde se actúa, que no comenten
lo que vean u oigan; después buscará la ayuda de habitantes cuya
lealtad a la revolución ofrezca mayores garantías, posteriormente
se utilizará a esas personas en tareas de contacto, de transporte de
mercancías o de armas de prácticos en las zonas que él
conozca, y más tarde, se puede llegar a la acción de masas ya
organizadas en los centros de trabajo, cuyo resultado final será la huelga
general.
La huelga es un factor importantísimo
en la guerra civil, pero para llegar a ella es necesario una serie de complementos
que no se dan siempre y que, espontáneamente, se dan muy pocas veces,
hay que ir a crear los factores necesarios y esta creación se basa en
la explicación de los motivos de la revolución, en la demostración
de las fuerzas del pueblo y de sus posibilidades.
Se puede también recurrir a determinados
grupos muy homogéneos y que tienen que demostrar eficacia previa en labores
menos peligrosas para hacer sabotaje, que es otra de las terribles armas de
la guerrilla; se puede paralizar ejércitos enteros, se puede detener
la vida industrial de una zona, quedando los habitantes de una ciudad sin industria,
sin luz, sin agua, sin comunicaciones de ninguna clase, sin poder arriesgarse
a salir sino a determinadas horas, por una carretera. Si se logra todo esto,
la moral de los enemigos va decayendo, va decayendo la moral de sus unidades
combatientes y se torna madura la fruta para arrancarla en el momento preciso.
Todo esto presupone un aumento del territorio,
abarcado por la acción guerrillera, pero nunca se debe ir a un aumento
exagerado de ese territorio. Hay que conservar siempre una base de operaciones
fuerte y continuar fortaleciéndola durante el curso de la guerra. Hay
que utilizar medidas de adoctrinamiento de los habitantes de la zona, medidas
de saneamiento contra los enemigos irreconciliables de la revolución
y perfeccionar todos los sistemas puramente defensivos, como trincheras, minas
y comunicaciones dentro de ese territorio.
Cuando la guerrilla ha alcanzado un poderío
respetable en armas y en número de combatientes, debe irse a la formación
de nuevas columnas. Es un hecho parecido al de la colmena que, en determinado
momento, suelta una nueva reina que se va a otra región con parte del
enjambre. La colmena madre, con el jefe guerrillero más notable, quedará
en lugares menos riesgosos, mientras las nuevas columnas perforarán otros
territorios enemigos, siguiendo el ciclo ya descrito.
Llega un momento en que el territorio ocupado
por las columnas es pequeño para contenerlas y en su avance hacia las
regiones sólidamente defendidas por el enemigo, deben enfrentarse con
fuerzas poderosas. En este instante, las columnas se reúnen, se ofrece
un frente de lucha compacto, se llega a una guerra de posiciones, una guerra
desarrollada por ejércitos regulares. Sin embargo, no puede desligarse
el antiguo ejército guerrillero de su base, y se deben formar nuevas
guerrillas detrás del enemigo, que actúen en la misma forma en
que actuaban las primarias en el otro territorio y vayan penetrándolo
hasta dominarlo.
Así se llega al ataque, al cerco de
las plazas, a la derrota de los refuerzos, a la acción cada vez más
enardecida de las masas en todo el territorio nacional y al objetivo final de
la guerra: la victoria.
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