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Jorge Luis Cerletti |
"Utopía" y Política.
Jorge Luis Cerletti
La Fogata
1) Absolutismo del capital y opciones en este período.
"…el desarrollo de las fuerzas productivas en el capitalismo jamás conducirá a las puertas del comunismo, pues la naturaleza de los productos, la técnica y las relaciones de producción excluyen, al mismo tiempo que la satisfacción duradera y equitativa de las necesidades, la estabilización de la producción social a un nivel comúnmente aceptado como suficiente. La idea misma de que un día pueda haber lo suficiente para todos y para cada uno y que, por ende, la búsqueda de lo `más´ y `mejor´ pueda ceder ante la búsqueda de valores extraeconómicos y no mercantiles, esa idea es ajena a la sociedad capitalista. En cambio ella resulta esencial para el comunismo." ("André Gorz – Ecológica"; ed. Capital Intelectual, artº A. Gorz/año 1980, pg. 82)
El derrumbe estatal del socialismo, el que surgió del insoslayable legado de Carlos Marx y que inspirara a las grandes gestas revolucionarias del siglo XX, nos sumergió dentro de una neblina política que aún no se ha disipado. Y como se desprende de la cita, Gorz se anticipaba a la implosión del campo socialista tocando un nervio sensible de lo teórico.
Previamente, en nuestro país se había frustrado la radicalización política de los 70 a raíz del golpe militar de Videla que exterminó a buena parte de la militancia. La cual, con sus variantes y distintas procedencias ideológicas, había asumido la causa del socialismo. Aquella represión genocida produjo un profundo corte generacional en nuestra sociedad y creó condiciones internas que favorecieron el imperio del gran capital.
Hoy el capitalismo reina en casi todos los Estados del planeta y los poquísimos gobiernos que se declaran socialistas manejan sus economías según relaciones mercantiles de carácter capitalista. Empero, la supremacía absoluta del sistema capitalista no impide sus contradicciones ni sus crisis. Al calor de las luchas populares surgen oposiciones de distinto tenor y dentro de ellas distinguimos dos opciones políticas que transitan por senderos bien diferenciados.
Están los que apelando al "realismo" buscan atemperar la explotación capitalista disminuyendo sus niveles de inequidad y de injusticia social, prospectiva que subestima las leyes del sistema que van en sentido contrario. A comienzos de siglo esta opción tomó impulso a favor del ascenso de diversos gobiernos latinoamericanos "progresistas", entre ellos el de Kirchner. Éste generó varios hechos de tinte popular y una creciente ilusión que reanimaron la política tradicional que estaba en terapia intensiva a raíz de los sucesos de 2001/02.
El kirchnerismo que sufrió los reveses políticos de mediados de 2009, después se repuso y contragolpeó. Últimamente y como parte de ese proceso, ganó considerables segmentos de la juventud que sintieron que se abría un espacio de presunto protagonismo. Es que para las nuevas generaciones los sucesos de los 70 resultaban un fenómeno lejano cuando no desconocido, en tanto que la mediocridad política de la partidocracia "democrática" los había mantenido indiferentes.
La otra opción la integramos los que seríamos los adictos a la "utopía", vale decir, quienes sostenemos que si no se supera la frontera del capitalismo se bloquean las políticas de emancipación hacia sociedades más justas, libres e igualitarias. (Aquí no incluimos a la "izquierda" sectaria porque reproduce lo que condujo a la frustración del socialismo).
Entre una y otra visión se dan diferencias cualitativas pero también existen coincidencias según el carácter de las fuerzas en pugna, los momentos y los escenarios. Es que la dominación del capital provoca graves carencias e injusticias que demandan respuestas perentorias lo que a su vez incentiva la tensión entre lo inmediato y lo mediato.
Esa disyunción se acrecienta dado que aún no se han gestado alternativas anticapitalistas que superen el eclipse del socialismo y que potencien las ricas experiencias locales, suelo nutricio de lo nuevo. Concientes de esto y adaptando la sentencia de Gramsci, diríamos que lo viejo aún no muere y lo nuevo no termina de nacer. Vale decir, todavía no hemos salido de nuestra propia crisis.
En síntesis, la construcción de opciones que enfrentan al gran capital siguen senderos diferentes, no da lo mismo pretender mejoras sustantivas sin salirse del sistema que sostener la imposibilidad de plasmar cambios de fondo sujetos a la lógica sistémica. Éste es un punto clave de divergencia entre las opciones mencionadas. Y como adeptos a la "utopía", partiremos del significado que le atribuimos al término comparándolo al de "realidad" y luego apuntaremos, en trazos gruesos, nuestra óptica en torno a la situación actual enfocando la problemática que nos alcanza.
2) Utopía y Realidad.
"La escisión entre sueño y realidad no es perjudicial, siempre que el que sueñe crea seriamente en su sueño, siempre que observe atentamente la vida, siempre que compare sus observaciones con sus quimeras y siempre que labore concienzudamente en la realización de lo soñado. Si se da un punto cualquiera de contacto entre el sueño y la vida , puede decirse que todo está en orden." ( "El principio esperanza", T.1, de Ernst Bloch. En pág.34, expone esta cita de Lenin extraída del ¿Qué hacer?)
"…la categoría de lo utópico, además del sentido corriente, justificadamente peyorativo, posee otro sentido, que no es de ninguna manera necesariamente abstracto o está divorciado de la realidad, sino, al contrario, dirigido centralmente a la realidad: el sentido de un adelantamiento del curso natural de los acontecimientos." (Opus citada, pág. 36)
Esas citas reflejan el sentido que le damos al término "utopía" al despojarlo de su connotación fantasiosa contraponiéndolo a un "realismo" miope prisionero de una inmediatez que lo desvirtúa.
Consideremos algunos sesgos del resbaladizo concepto de realidad que, en política, suele funcionar como derecho de autor que justifica cualquier postura y que se emplea como razón inapelable para descalificar las ideas de quienes disienten.
La diferencia entre interpretación y realidad suele invertir los términos de una presunta antítesis. Así, un "realismo" trivial que sólo ve la apariencia de un fenómeno es tan inocuo como una utopía idílica. Mientras una utopía que proyecta futuro asimilando la experiencia vivida, sugiere una formulación realista. Algo semejante ocurre con la idea de apuesta política en oposición al "realismo científico" del determinismo mecanicista que confunde proyectar con garantizar.
Trasladando este enfoque al tiempo, la interrelación del pasado-presente-futuro muestra una complejidad que implica un desafío para las interpretaciones lineales. Es que el devenir, paradojalmente, ya no se explica sólo como una sucesión sino también como un doble movimiento que puede ser de ida pero también de vuelta. Tal inversión, para nosotros, tomó encarnadura real en las fallidas experiencias de los procesos revolucionarios socialistas. Las mismas desmitificaron la idea de un triunfo inexorable garantizado por "la dialéctica ascendente" de la lucha de clases. En cambio, el insólito salto atrás la desdijo mostrando que el formidable acontecimiento revolucionario terminó dejando en reversa "el reloj de la historia".
Lo anterior trae a colación el principio de "la práctica como criterio de verdad". Es que recién a posteriori y según los efectos, cabe juzgar los aciertos y/o falencias de las apuestas y de las concepciones políticas. Aunque el "a posteriori" depende de lo que esté en juego para evaluar la temporalidad que le corresponde. Obviamente no es lo mismo la gestión de un gobierno que la transformación de un orden social. Tampoco es una novedad que el tiempo político histórico-social puede alcanzar desde un ritmo vertiginoso hasta el transcurso de siglos.
3) Dos concepciones, dos problemáticas políticas.
Retomando lo que decíamos al principio, la dominación actual del capitalismo no ofrece mayores dudas pero no sucede lo mismo con sus proyecciones. Aquí se abre una perspectiva incierta que motiva concepciones y proyectos en donde se juegan distintas apuestas políticas. Referente a esta cuestión y en línea con lo que expusimos, pensamos que las dos concepciones más significativas para el campo popular son, por un lado, las que promueven la recreación del Estado de Bienestar capitalista y por otro, las que propician una nueva política que transforme el orden social superando lo que produjo el socialismo.
Se presentan así dos problemáticas cualitativamente diferentes pues una se enmarca dentro del orden capitalista y la otra plantea romper con el mismo. Luego, una se adecua a las modalidades de la política realmente existente, de allí su "realismo", mientras que la otra toma distancia de dicha política e intenta construcciones por afuera de las reglas del sistema, tal su "utopía".
No obstante existen puentes entre ambas opciones pues deben gestar condiciones que, según el caso, alteren o se opongan a las leyes del proceso de acumulación y concentración del capital. El mismo que originó la unificación del mercado mundial y también, por ahora, la absorción de las grandes diferencias socioculturales existentes en el planeta que producen una amplia gama de agudas tensiones. Por ejemplo, las referidas a Bolivia donde después de 500 años resurgen con fuerza los pueblos originarios con sus culturas comunitarias tan diferentes de las que engendra el capitalismo. En ese sentido el Estado moderno, como estructura, sigue siendo funcional al capital a pesar de las diferencias nacionales y de las contradicciones que generan los gobiernos de raigambre popular.
Ahora, para situar las problemáticas señaladas, tomaremos como referencia a Sudamérica y a nuestro país en particular. Y para no redundar en lo que desarrollamos en trabajos anteriores, transcribimos algunos párrafos de "Paradojas de nuestro tiempo" que, esquemáticamente, expresan las opiniones que nos merece la situación actual y perfilan nuestro enfoque acerca de aquellas problemáticas :
"…reseñamos nuestros puntos de vista: a) estimamos positiva la apertura que generan varios gobiernos sudamericanos referida a la supremacía `neoliberal´ de los noventa; b) esos gobiernos emergentes de grandes movilizaciones populares, a pesar de sus diferencias, realizan una política económica que en lo fundamental es de carácter neo desarrollista; c) el que las políticas estatales se adecuen al orden existente no obsta a que, en determinadas circunstancias y dentro de los márgenes del sistema, surjan variantes que asuman parte de las demandas populares frente a las injusticias y contradicciones de dicho sistema; d) las políticas de emancipación deben construirse con independencia de las políticas estatales y una de las difíciles pruebas que deberán superar es convivir con ellas sin ser cooptadas; f) el Estado perdurará durante un período indefinido mientras no se creen alternativas anticapitalistas que logren un avance sustantivo en la socialización del poder." (pags.3 y 4) Y más adelante decíamos: "La imprevista revalorización del Estado como dispositivo al servicio de los intereses populares, ha enfrentado a varios gobiernos con los sectores dominantes que alcanza distinto grado según los casos. …. Se está a favor o en contra de esos gobiernos y de acuerdo a ello se apela a un repertorio panegirista o descalificador. Sin embargo, esa antinomia sustituye una ausencia clave, el de las alternativas emancipatorias." (pág. 4)
Llegados aquí, no incursionaremos en el análisis relacionado con la primer problemática pues el propósito principal de aquí en más es reflexionar en torno a las dificultades que enfrenta la opción que asumimos. Respecto de la primera, nos limitaremos a formular algunos interrogantes de fondo referidos al proyecto (o modelo) que reivindica el kirchnerismo. Para lo cual recurrimos a su consigna "hay que profundizar el modelo" que apunta a una reedición de la "Sociedad de Bienestar" peronista de 1946/55, adecuada a las circunstancias actuales. Y tomamos ese lema porque nos parece un buen disparador de preguntas. Aclaremos que nuestra intención no es descalificar sino proponer cuestiones que demandan respuestas y que instan a la reflexión colectiva:
** Dadas las relaciones de poder mundiales, ¿un capitalismo de bienestar es alcanzable mientras la hegemonía económica interna pertenezca a los grupos concentrados nacionales y extranjeros?
** ¿Qué significa hoy la burguesía nacional que debiera dar soporte a una industrialización tendiente a la independencia económica?
** En los países periféricos, la reversión del histórico deterioro de los términos del intercambio, ¿es coyuntural?
** ¿Cuáles son los sujetos de cambio atentos al heterogéneo conglomerado que hoy apoya al gobierno y al peso de los aparatos tradicionales?
** ¿Qué alcances tiene la participación popular en esta democracia representativa que gira alrededor de partidos estructurados piramidalmente?
Obvio que este breve listado responde a nuestro enfoque, pero con él queremos estimular debates tan necesarios como despojados de sectarismo. Es importante que prevalezcan las ideas y el respeto mutuo para no alimentar la fragmentación que inducen los predadores del establishment.
4) Utopía y política.
Pasemos ahora a la cuestión de la "utopía". El sentido que le dimos responde al propósito de contraponerla, con cierta ironía, a la "realidad" cuando es utilizada para disimular una cortedad de miras que amputa el futuro. Su inclusión, para nosotros, significa buscar nuevos caminos para el desarrollo de políticas anticapitalistas de emancipación.
No detallaremos aquí las experiencias referidas a esta vía pues han sido abordadas por una vasta literatura y también señaladas por nosotros en distintos trabajos. Ahora pondremos el acento en los problemas y obstáculos que presenta la orientación que asumimos.
Si nos atenemos a la hegemonía mundial del capitalismo y al eclipse del socialismo, sucesos que conmovieron las ideas y los sentimientos afines a la emancipación, pareciera que oponerse a este orden social constituye una utopía entendida en su acepción descalificante. Pero más allá del cono de sombra que generaron ambos fenómenos, no cesan las resistencias y las luchas a las que se suman las sublevaciones populares en África y las del primer mundo que padece la grave crisis actual. Asimismo, los principios emancipatorios son un permanente alimento de rebeldías. Hablamos de los inextinguibles principios de auténtica justicia, igualdad, solidaridad social y libertad, asociados a una ética fundante. Mas, si no alcanzan encarnadura política eficaz quedan sin sustento real como tantas veces ocurriera. Y éste es un punto nodal de nuestra problemática.
Para enfocarla, aprovecharemos comentarios sobre el movimiento zapatista que nos parece lo más rico y emblemático de las nuevas tendencias. A tal fin seleccionamos algunos pasajes de Sergio Tichsler publicados en el libro "Zapatismo – Reflexión teórica y subjetividades emergentes" -ediciones Herramienta-, donde intervienen Holloway, Matamoros y Tischler. De allí extraemos una primer cita que sintetiza lo que para nosotros es un punto clave: (a) "…la revolución no puede ser la creación de nuevas formas de dominación y de hegemonía…" (pág.43, subray.nuestro)
Esto, llevado a las actuales circunstancias, pareciera una utopía idílica porque la política realmente existente, las instituciones y la cultura hegemónica dominantes en el mundo, son su antítesis. Y si tal situación la congeláramos en una fotografía o en un corto metraje, la utopía más bien sonaría a disparate. Pero si la proyectáramos en una serie de capítulos, la anticipación tomaría cuerpo en procesos de construcción política capaces de articular los distintos momentos. Con esta metáfora ilustrativa pretendemos hacer visible lo relativo de la utopía cuando se la aprecia en forma dinámica.
El carácter depredador del capitalismo demostrado a lo largo de su historia y que la mínima honestidad intelectual debiera reconocer, nos exime de mayores comentarios. Pero esa negación presenta dos caras. Su lado débil muestra todavía una positividad embrionaria. Porque la gestación de cambios revolucionarios en la vida social así como en la política y la economía para que realmente estén al servicio de la sociedad, genera muchas más preguntas que respuestas En suma, se trata de los arduos problemas del tránsito entre lo viejo y lo nuevo.
Prosigamos, en pág. 63 dice: (b) "Constituir la forma zapatista de la lucha es algo complejo. Es necesario traducirlo en organización no vertical, pero organización al fin y al cabo." (subray. nuestro)
Promover la horizontalidad sintetiza un punto insoslayable de nuestra concepción cuya mira apunta a la socialización del poder. Esto impele a una participación real y plural que cuestiona la recurrente historia de las vanguardias y los liderazgos que al fundirse con la organización estatal terminan erigiéndose en nuevos amos. Pero avancemos un poco más.
En pág. 67 comenta: (c)"…la dimensión espacio-temporal del zapatismo es muy significativa y parte de la estrategia de desplegar el antagonismo en forma horizontal. La cuestión es cómo desde las luchas particulares contra la dominación capitalista despliegas una forma democrática y revolucionaria que haga entrar en crisis la totalidad de la dominación." (subray. nuestro).
La cita (a) alude a una tesis básica de nuestra concepción política; la (b) plantea la dificultad para gestar organizaciones de nuevo tipo y la (c) abre interrogantes acerca de cómo desde lo particular se puede comprometer la dominación capitalista. En este contexto "totalidad" tiene una connotación relativa que en el caso del zapatismo remite a México. Mientras que las tres citas convergen, tácitamente, al rechazo de las formas de dominación del Estado.
Con estas referencias quisimos señalar un núcleo importante de los problemas derivados de nuestra opción. Y los mismos nos inducen a las siguientes reflexiones a modo de introspección destinada a quienes, en sentido amplio, integramos el campo popular.
5) El "campo popular", un referente en situación.
La mencionada hegemonía del capitalismo y el rol político del Estado, en lo previsible, perdurarán por mucho tiempo. Frente a este escenario mundial de dominación que nos involucra, nuestra opción es por una política plural, anticapitalista e independiente o a distancia del Estado. Pero esa distancia indefinida origina varias interpretaciones y debates que en vez de clarificar el panorama con frecuencia provocan confusión. A la que se suman los alcances polémicos del concepto de "campo popular"
.Nosotros entendemos que, en términos políticos, dicho campo está compuesto por distintos sectores que se oponen o contradicen los designios de quienes responden al gran capital. En términos sociales, comprende a los de abajo, o sea, al amplio espectro de explotados y oprimidos. Y no resulta extraño que no coincidan ambos niveles. Es que este concepto resulta ambiguo y debe ser aplicado a cada situación concreta, terreno resbaladizo y propicio para las desinteligencias. Luego, para evitar equívocos, trataremos de avanzar en nuestra interpretación sobre la etapa actual relacionada con las opciones que venimos considerando. Para lo cual nos apoyaremos en la historia reciente.
La crisis del 2001/02 en Argentina amplió el horizonte político a través de originales y conmocionantes experiencias cuya posterior declinación abrió un nuevo cauce a la incertidumbre.
En ese transcurso se concretó el bautismo de los movimientos que impulsan la opción que asumimos. Se pusieron en práctica ideas que ya circulaban en nuestra sociedad aunque fue la fuerza de la irrupción popular la que dejó huellas profundas. Partícipes de aquellas ideas y como si anticipáramos tal acontecimiento, decíamos ayer: "En los regímenes democráticos y en este estadio del desarrollo capitalista, la distancia entre el sector político y el resto de la sociedad ha crecido notablemente problematizando una ancestral figura del dominio: la representatividad." (Ver "El poder bajo sospecha" de J.L.Cerletti, páginas.35/36, edit. De la campana – año 1996).
Ese fenómeno que sacudió al país se gestó por la convergencia de dos crisis fundantes: la económica y la de la representación política. Y semejante combinación explosiva produjo efectos sin precedentes.
Originó un estallido masivo cuyo preludio se dio en la noche del 19 de diciembre de 2001 como espontánea reacción contra el Estado de Sitio anunciado en el discurso del Presidente De la Rúa. Luego, el 20 detonaron los acontecimientos en los que la represión policial cobró numerosas víctimas. Ese día renunció De la Rúa y pasó a escribirse una página inédita en la historia del país: en diez días se sucedieron cuatro presidentes.
Tal suceso resultó una consecuencia de otros de mayor importancia. Éstos surgieron de la espontánea y multitudinaria rebeldía que abarcó una amplia gama de estratos sociales que se manifestaron de distintas formas. Lo más notable es que las luchas y protestas no fueron dirigidas ni encabezadas por ninguna fuerza política existente. Característica que se mantuvo y la diferenció de la mayor concentración popular en Argentina, la de Ezeiza del 20/6/73 que congregó a más de dos millones de personas. Convocada a raíz del retorno definitivo de Perón, fue organizada por los aparatos y por las distintas corrientes peronistas cuyo choque marcó el comienzo del deterioro del campo popular del que ese enfrentamiento sangriento resultó su acto inaugural. Pero aquí no se cuestionaba el sistema político sino la proscripción del peronismo a la que se ponía fin.
En tanto que en el 2001/02 cimbró todo el andamiaje de representación política que hizo que sus beneficiarios "profesionales" tuvieran que ocultarse o, al menos, trataran de pasar desapercibidos. La consigna "que se vayan todos" condensó aquella situación.
La masividad asamblearia que surcó el país, en particular la Capital y el gran Buenos Aires, promovieron formas de democracia directa que abrieron múltiples espacios a la participación de la sociedad civil. Y de su seno afloraron los escraches y piquetes, crecieron los movimientos sociales, emergieron las cooperativas de las fábricas tomadas y se dieron numerosas manifestaciones de trueque. Sin embargo éstas y otras experiencias análogas, con el paso del tiempo, disminuyeron su energía aunque aportaran una simiente nueva a la actividad política.
En cambio, a partir de 2003 se dio otro fenómeno también sorprendente pero de distinta naturaleza. Imprevistamente asumió la presidencia Kirchner quien comenzó a gestar un proceso que fue revirtiendo el legado menemista y que con el correr de los años y la continuidad del gobierno de Cristina, fue conformando el movimiento kirchnerista. El cual, con sus luces y sombras, reconstituyó el tejido de la política estatal a través de un sesgo de recuperación nacional orientado a satisfacer necesidades populares. No obstante, no modificó la estructura económica realmente existente en la que se mantiene el primado del establishment.
Esos dos cursos tan disímiles y de sentido contrario respecto de la representación política, no alteraron las bases que sostienen la dominación actual: el poder del establishment. Una, por su debilidad embrionaria; la otra, por sujeción a las reglas del juego. Antes mencionamos que las dos concepciones tenían diferencias profundas pero que existían puentes entre ellas. Considerando la situación en nuestro país y las contradicciones del gobierno con sectores del capital concentrado, aparece uno de esos puentes. Y aunque el año electoral "no deje ver el bosque", abramos una picada sin perder de vista "el árbol."
El campo popular es un concepto dinámico cuya construcción se da en función de antagonismos y éstos varían de acuerdo a las etapas y a las situaciones que generan las fuerzas en pugna. Hay etapas en que persiste el antagonismo como fue el período signado por la contradicción peronismo-antiperonismo y otros donde se debilita pues la hegemonía es tan fuerte que desdibuja políticamente al campo popular como ocurrió en los noventa. En cambio ahora, la reacción contra el "neoliberalismo" lo revitalizó.
Creemos que es erróneo antagonizar posturas entre los que propician la recuperación del Estado mediante un movimiento "nacional y popular" y los que impulsamos políticas independientes del Estado. Lo consideramos un antagonismo negativo e infecundo que estimula divisiones políticas dentro de lo que hoy consideramos el campo popular. Pensamos que es necesario clarificar el debate ideológico y evaluar sus proyecciones para no pasar de un "actualismo" cerrado a un "futurismo" que perpetúe una abstracción. Del lado kirchnerista se exaltan los aciertos amparados en un discurso donde "lo que falta" semeja más una versión propagandística que un proyecto político. Porque el discurso de "profundizar" se contradice con la forma de construcción y con el orden social al que remite. Del otro lado, el que nos comprende, el enjuiciamiento al Estado y a la política tradicional tiende a descalificar las acciones del gobierno que favorecen a los sectores populares. Pero si pasamos de un rechazo fácil a las propuestas concretas y al desarrollo de nuevas políticas de emancipación, ahí comienzan las verdaderas dificultades.
Acerca de ellas, un aspecto fundamental que exhibe la historia conocida es el papel que cumplen los liderazgos para cohesionar un campo y por lo tanto, para acrecentar su fuerza. Y la importancia de ese legado pesa sobre nuestra opción cuyo principio rector descansa sobre una construcción política horizontal donde circule el poder.
Mas, también hay que registrar otro legado histórico tan válido como el anterior: ningún liderazgo, individual ni grupal, puso fin a la dominación por más que produjera efímeros momentos liberadores y niveles de mayor igualdad social. Esto habla de lo increado y de los grandes obstáculos que acompañan a todo proceso de emancipación que, en definitiva, significa terminar con cualquier forma de opresión.
Evaluando las dificultades que hacen a nuestra problemática, reflexionemos ahora en torno a los tiempos de lo político y lo socio-cultural. Nos sentimos parte del campo popular pero con la perspectiva de su resignificación direccionada en contra del capital y sin que se engendre una nueva forma de dominación. Evidentemente aquí se plantean tiempos distintos. Uno, operativo y a nuestro alcance, remite al espacio de lo micro; el otro que se articula con aquél, involucra a lo macro, a la sociedad realmente existente. El desarrollo del primero posibilitará el avance en el segundo, pero mal se podrá avanzar en este último si no somos capaces de determinar antagonismos y de captar el movimiento de las contradicciones para intervenir en la dinámica interna del campo popular. Habrá que decidir entonces si se enfrentan los riesgos de la contaminación o se preservan los espacios asépticos.
A todo esto, mientras subsista el Estado y la hegemonía cultural-política en la que estamos inmersos, debemos prever que nuestra construcción política tiene que desenvolverse en dos planos diferentes e interrelacionados: el ámbito propio y el general. De allí el significado de la "distancia". Generar una política independiente del Estado no supone ignorar la realidad de su existencia que es determinante en la organización de la vida de la sociedad a la que pertenecemos. Dicha política, en esencia, implica revolucionar a la política en sí misma, o sea, disolver la privatización del poder y traspasarlo a la sociedad a la que dice representar. Porque la revolución socialista que prometía terminar con la dominación, no eliminó la privatización del poder sino que antes, durante y después, encarnó otro modo de realizarla.
Una nueva praxis de emancipación, necesariamente remite a un proceso de largo aliento operable desde lo micro que incluye, en primer lugar, la conversión cultural-política de quienes lo integran. Diríamos que se trata de una sostenida batalla en tres frentes simultáneos: el interno de cada uno, el grupal y la expansión a círculos cada vez más amplios de la sociedad. Pensemos que la historia de los "cómo" recién empieza a escribirse pero unas pocas décadas atrás no existía ni la pregunta.
Sabemos que los defensores del status quo no tienen prejuicios ni limitaciones para defender sus intereses mientras que las barreras que se le opongan sólo pueden surgir del campo popular concebido como potenciación política de lo colectivo. Sentimos que es tan importante preservarlo como que se desarrollen aperturas que no sean asfixiadas por la lógica sistémica. Las coincidencias y desencuentros pueden variar a lo largo del tiempo, pero lo que debe primar es la disposición a construir un destino común que eleve a nuestra sociedad a niveles más dignos, justos e igualitarios.------
Jorge Luis Cerletti
Junio 18 de 2011