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Alca

5 de enero de 2004

El ALCA y las categorías en el Box

Guillermo F. Parodi
Rebelión

Cuando Gumersindo Sosa fue elegido presidente de La Federación de Box se dijo: es momento de pasar a la historia, y para pasar a la historia debo hacer cambios revolucionarios.

Gumersindo, alentado con las ideas del libre comercio y de la formación del ALCA, decidió eliminar las categorías en el box. Eso atenta contra la libertad de competencia -manifestó-, las regulaciones como las de no pegar cabezazos o pegar debajo de la cintura limitan también a la mano mágica de los mercados.

Fue verdaderamente una revolución.

Al comienzo de la temporada el estadio se llenó. Cuando Martín Pagaforte se enfrentó con Pluma Leve, el espectáculo fue magnífico. En el primer round Pluma Leve mostró su capacidad de correr de un lado a otro para no ser alcanzado por Pegaforte. Ocurrió promediando el segundo round que Pegaforte lo arrinconó. De un certero derechazo le voló el maxilar inferior. El público bramó: más, más! El referee, que por la desregulación solo podía parar la pelea ante la muerte de un contrincante, hizo continuar la pelea. Pluma Voladora se desangraba pero siguió luchando. A los pocos minutos Pegaforte le asestó un directo a la nariz con la mala suerte de que la cabeza de Pluma Leve voló por los aires.

La reacción nacional e internacional, la de los defensores de los Derechos Humanos fue descomunal. Pero Gumersindo no se desalentó, su proclama fue: daremos 10 meses a los púgiles para que se preparen para competir con cualquiera. Las medidas de eliminación de categorías y reglas fueron suspendidas hasta que pasase ese lapso.

De todos lados Gumersido recibía presiones. Los representantes de los peso pesados entendían que la primera medida había resultado satisfactoria, el box había agregado otra dimensión muy importante para los espectadores, la destrucción física del contrincante. Los managers de los pesos livianos aducían que era imposible poder hacer competitivos a sus púgiles, aunque usasen anabólicos e injertos nunca podían llegar a igualarlos a los peso pesados. Intervino entonces la OMC (Organización Mundial de Comercio), la Federación de Box debía, en el plazo perentorio de un mes, abolir las medidas proteccionistas.

Al pasar el mes los estadios volvieron a llenarse.

Cuando la mayoría de los boxeadores de menor peso había muerto o había quedado discapacitada, Joaquín, un niño de seis años, el mejor alumno de la Escuela Pública N 11 declaró a la prensa: los adultos deben ser descalificados para ocupar puestos de importancia, han perdido algo que los niños conservamos, el sentido común. Mi padre -agregó-, me hizo recordar un dicho de mi autor favorito, Mark Twain: "A veces me pregunto si el mundo está siendo gobernado por personas inteligentes que nos están embromando, o por imbéciles que hablan en serio".