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Latinoamérica

 

Ya me canso de resistir y no amanece

 

Gerardo Fernández Casanova


Al enorme Fidel en su 88 aniversario.

En México resistir es el verbo. Ante la andanada de reformas contrarias al interés nacional y ante la incapacidad para frenarlas la convocatoria es a resistir. 500 años han resistido los pueblos originarios el asedio contra su cultura y sus derechos, y siguen resistiendo. El pueblo todo ha sido históricamente sometido a condición de resistencia ante la interposición de los intereses ajenos en perjuicio de los propios; particularmente en los últimos treinta años de implantación y forzada vigencia del modelo neoliberal entreguista y, por lo visto, tendremos que seguir resistiendo. Resistimos los fraudes electorales; la corrupción; la inseguridad y la violencia, aunque con limitadas excepciones en Michoacán y Guerrero; las privatizaciones de la salud, la educación, el agua, los ferrocarriles, las telecomunicaciones, las carreteras, las industrias básicas, el campo, las pensiones y, por último, la energía. Pero seguimos resistiendo y convalidando la frase de Reyes Heroles: "lo que resiste apoya".

No siempre ha sido así. Qué hubiera pasado –me pregunto- si Hidalgo y sus compañeros hubiesen optado por la resistencia pasiva, en vez de emprender la lucha por la independencia; o si Juárez y sus liberales hubiesen simplemente resistido al imperialismo francés; o si Madero no hubiera convocado a la revolución. Hubo momentos en que la masa crítica de la opresión rompió la inercia y la capacidad de tolerancia, entonces la resistencia se convirtió en acción. Cuando el príncipe desoyó a Maquiavelo, el equilibrio se rompió y lo destronó.

El príncipe moderno bien que atiende los sabios consejos maquiavélicos. Nos tunde a garrote vil pero restaña nuestras heridas con programas asistenciales de perversa aplicación. Nos cambia hasta la forma de andar, pero se viste de chamula en celebraciones indigenistas, "protectoras" de la cultura ancestral. Todo ello, aderezado con una buena dosis de enajenación televisiva, oxigena la capacidad de resistencia y mantiene el estado de cosas a favor de la opresión.

Los mexicanos acabamos de recibir la última carcajada de la cumbancha, el más reciente de la serie de atracos a la soberanía y al patrimonio de la Nación; la afrenta cardenista de la expropiación petrolera ha sido cabalmente vengada por las mismas empresas entonces expropiadas: Peña Nieto se los ofreció y Peña Nieto se los cumplió, y eso que no lo firmó ante notario, por su sola palabra. Cumplidor que es el muchacho. Pero el pueblo, que en el 38 salió a la calle a brindar apoyo, en este caso de la reversión se quedó en su casa a rumiar el agravio o a gozar de la intencionada distracción.

La izquierda parlamentaria cumplió con su papel: se opuso con vehemencia y con suficiencia de información para demostrar la improcedencia de las reformas y advertir el daño, en la aridez de un congreso sordo y ciego que votó por consigna, como suele suceder. Todo quedó debidamente registrado en actas de la crónica parlamentaria, para uso de los futuros historiadores, pero nada más. Ni modo de hacer llorar a las piedras o desecarse el mar.

Fuera de las cámaras del legislativo la debacle fue peor. La protesta no trascendió del discurso y el lamento. La imaginación no dio más que para convocar a una consulta pública que, supuestamente, habría de dar marcha atrás al atropello. Consulta que es poco probable que una suprema corte adocenada se atreva a autorizar, pero que, en caso de ser autorizada, dista mucho de ofrecer el resultado buscado, habida cuenta de la capacidad de engaño y manipulación de la opinión pública por parte del entreguismo oficialista. Para mayor vergüenza es muy probable que la consulta al pueblo acabe legitimando el atraco y dejando a la izquierda sin bandera para reclamar; la elección del 2012 debe ser experiencia suficiente para comprenderlo.

Hay liderazgo. Andrés Manuel sigue siendo el único con capacidad de convocar. El reto es recuperar para el liderazgo la imaginación creativa: imaginar una nueva forma válida y viable de insurrección, que difícilmente pasa por los filtros de la vía electoral. MORENA es un gran logro ¡enhorabuena! Pero necesitamos más.

Ya me canso de llorar (resistiendo) y no amanece.

 

Fuente: 

http://www.periodismosincensura.com.mx/ya-me-canso-de-resistir-y-no-amanece/

Fuente: lafogata.org