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El gran negocio agroalimentario
Vicent Boix
CEPRID
La cadena agroalimentaria en un gran y suculento negocio. Así lo demuestran los
balances de ciertas transnacionales, como también queda claro tras analizar el
vertiginoso aumento del capital financiero en los mercados de materias primas.
Se ha normalizado, se ha institucionalizado y se ha aceptado sin rechistar, un
incremento de los precios de los alimentos (y su volatilidad) que se creó
artificialmente en los mercados. Desde organismos como la FAO se anuncia y se
asume sin más, que la humanidad enfrentará una época de alimentos caros aunque
ello suponga aceptar unstatus quo en el que millones de personas pasan hambre.
Tradicionalmente, el campesinado se ha caracterizado por cultivar alimentos
destinados al consumo propio y a los mercados locales, llevando a la práctica un
tipo de agricultura respetuosa con el medio ambiente y cimentada en unos
conocimientos agronómicos que se han transmitido de generación en generación. En
muchos lugares el campesino o pequeño agricultor, con el tiempo se fue abriendo
al mercado. El objetivo ya no era cultivar para comer, sino hacerlo para vender
la siembra y poder comprar la comida y otras necesidades. La denominada
"revolución verde", acaecida a mediados del siglo XX, favoreció este proceso ya
que consiguió aumentar la productividad, gracias a la mecanización del campo y a
la utilización de semillas mejoradas y productos químicos. El otrora agricultor
libre, se hizo dependiente de los "paquetes tecnológicos" y de las exigencias de
los mercados.
Inicialmente muchos pequeños agricultores lograron sobrevivir e incluso
progresar, aunque con la expansión de las políticas neoliberales, la agricultura
tradicional y campesina ha entrado en una clara recesión. Según datos de la
Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO,
por sus siglas en inglés), la agricultura ocupaba al 52% de la población
económicamente activa a nivel mundial entre los años 1979 y 1981, porcentaje que
disminuyó hasta el 40% en 2010. Igualmente, la población rural mundial que en
1979-81 sumaba el 61% del total cayó en 2010 hasta el 49%.[1] Por el contrario,
en ese mismo intervalo de tiempo las exportaciones y las importaciones agrícolas
se multiplicaron por cinco, lo que viene a indicar que el modelo agrícola
exportador e intensivo está expulsando a los agricultores del campo.
Y es que el principal problema que enfrenta la agricultura agroexportadora,
entendida como una mercancía más dentro del supermercado global, es que las
diferentes fases de la cadena agroalimentaria (semillas, insumos,
intermediación, distribución, transformación, venta, etc.) se concentran cada
vez en menos manos, y esta situación de oligopolio da fuerza a estas "manos" que
determinan todo tipo de condiciones.
Según la Rural Advancement Foundation International (renombrada como "Grupo ETC")
el 67% del comercio mundial de semillas era manejado en 2007 por 10 grandes
multinacionales (DuPont, Syngenta, Limagrain, Bayer, etc.). Solo Monsantodetentaba
casi el 25%. De acuerdo con la misma fuente, 10 empresas controlan el 89% del
comercio de agroquímicos (Bayer, Syngenta, Dow, Monsanto, etc.). De ellas, las
seis más poderosas también participan del negocio de las semillas.[2]
En 2008, año en el que se produjo la primera de las crisis alimentarias de este
siglo XXI, las empresas transformadoras lograron importantes réditos según la Genetic
Resources Action International(GRAIN): "…las ganancias de Nestlé de 2008
subieron un impresionante 59 por ciento, y el incremento de Unilever se acercó
al 38 por ciento".[3] Durante esos meses también aumentaron los precios de los
agroquímicos, por eso muchos agricultores no pudieron adquirirlos y sus
plantaciones intensivas sufrieron pérdidas. Pero,Monsanto aumentó sus beneficios
un 120% respecto a 2007, Bayer un 40%, Syngenta un 19% y Dow un 63%.
Estos eslabones de la cadena alimentaria (agroquímicos y semillas) no son los
únicos que han logrado aumentar sus réditos. Otro muy importante, que ha
provocado la desesperación de millones de agricultores es la intermediación, es
decir, el eslabón que acerca los alimentos del campo al supermercado. La
situación en este caso es similar a los anteriores. Unas pocas empresas, tanto a
nivel nacional como internacional, están situadas entre millones de agricultores
que producen alimentos y millones de consumidores que los adquieren. Algunas de
ellas los transforman, y según ETC, el 26% del mercado mundial de comestibles
empaquetados es colmado por 10 transnacionales (Nestle, Pepsico, Kraft,
Coca-cola, Unilever, Danone, etc.).[4] En frutas y verduras sin transformar, la
intermediación es entre los mayoristas y minoristas, y en otros casos es la
distribución moderna (supermercados) quién adquiere directamente los productos
del agricultor o del mayorista.
En cualquiera de los tres casos mencionados, la tónica general es que la
intermediación, la transformación o la distribución moderna, haciendo gala de su
posición dominante en la cadena alimentaria, imponen unos precios de compra
irrisorios al agricultor y se los incrementa al consumidor logrando una
plusvalía en algunos casos insultante.
Las materias primas en el siglo XXI, una gran inversión
En las últimas décadas, la desregulación en los mercados provocó que las
inversiones productivas en la economía real fueran perdiendo peso en favor de
las inversiones financieras, que acamparon en diversos mercados para
succionarlos y luego escapar de las crisis que creaban en busca de nuevos
mercados. A la inversión financiera se le achaca, entre otras, la "burbuja de
las punto.com" y la "crisis de las subprime".
En la búsqueda de inversiones seguras el capital financiero aterrizó en los
mercados de futuros, donde alimentos y materias primas agrícolas son una parte
muy importante del mismo (también se negocia con petróleo, metales, etc.). Como
ejemplo podríamos plantear el siguiente caso hipotético: una cooperativa de
agricultores acude a uno de estos mercados y, tras negociar con una empresa de
harina, vende 30 toneladas de trigo, a entregar en enero de 2014 y a un precio
de 225 dólares la tonelada. Para ello se firmaría un "contrato de futuro", es
decir, un título en el que se detalla la transacción. Importante subrayar que en
los mercados de futuros no se negocian mercancías físicas (trigo) sino contratos
para vender/comprar mercancías físicas futuras (trigo en enero de 2014).
Estos mercados nunca estuvieron exentos de la especulación y otras prácticas
alejadas del comercio real de materias primas, ya que los contratos sobre
mercancías futuras dan mucho margen a la variación de precios antes de la fecha
de entrega real. Pero como se decía, diversas medidas liberalizadoras junto a
crisis en otros mercados, originó que el capital financiero (fondos de
cobertura, de pensiones, etc.) invirtiera a gran escala en los mercados de
futuros. Los activos financieros en materias primas crecieron de los 5.000
millones de dólares en el 2000 a 450.000 millones en 2011.[5]
Desde entonces el mundo vive en tensión debido al incremento de los precios de
los alimentos que originó una crisis alimentaria en 2008 y otra inacabada en
2010 que está causando estragos en el Cuerno de África y el Sahel. Desde el
principio se intentó esconder el motivo real de las crisis y se argumentó que la
causa era el desequilibrio en la oferta y la demanda de alimentos, aunque con el
tiempo y ante los hechos la realidad se hizo visible. Como se ve en la gráfica,
existe una relación palpable entre la actividad inversora y el incremento de
precios. Y la realidad es que mientras en el África Subsahariana está muriendo
gente de hambre, el grupo de inversión Goldman Sachs ganó más de 5.000 millones
de dólares en 2009 especulando en materias primas, lo que supuso un tercio de
sus beneficios netos.[6]
La tierra, el último eslabón por controlar
La cadena agroalimentaria en un gran y suculento negocio. Así lo demuestran los
balances de ciertas transnacionales, como también queda claro tras analizar el
vertiginoso aumento del capital financiero en los mercados de materias primas.
Para los inversionistas el futuro es muy esperanzador. Saben que la gente puede
dejar de pagar su hipoteca pero siempre tendrá que alimentarse. Además se ha
normalizado, se ha institucionalizado y se ha aceptado sin rechistar, un
incremento de los precios de los alimentos (y su volatilidad) que se creó
artificialmente en los mercados. Desde organismos como la FAO se anuncia y se
asume sin más, que la humanidad enfrentará una época de alimentos caros aunque
ello suponga aceptar unstatus quo en el que millones de personas pasan hambre.
Si bien todavía no hay escasez, la ecuación entre la oferta y la demanda de
alimentos y materias primas agrícolas tenderá a comprimirse si no se toman
medidas, porque sigue creciendo exponencialmente la población mundial, y sobre
todo, porque el futuro energético de los países ricos dependerá de los
agrocombustibles, todo ello, en un planeta amenazado por un cambio climático que
está comprometiendo la capacidad hídrica de muchas naciones, degradando los
suelos, alterando la productividad y afectando los rendimientos en diversas
zonas típicas de cultivo. La idea esencial es que, en tiempos de crisis
económica y recesión, resulta que la agricultura se presenta como un mercado
apetitoso y con un prometedor futuro. La demanda está más que asegurada, es más,
crecerá vertiginosamente. La propia FAO ha estimado que la producción mundial de
alimentos se deberá duplicar para el año 2050.
La oferta, por el contrario, es el gran pastel a dividir y por ello naciones,
inversionistas y transnacionales empiezan a mover fichas para garantizarse su
porción. Teniendo en cuenta que ciertos eslabones de la cadena alimentaria
exportadora ya están acaparados por multinacionales (semillas, intermediación,
etc.) y teniendo en cuenta que los mercados de futuros están atiborrados de
inversionistas y especuladores, solo queda un eslabón por conquistar: la tierra.
Esta es imprescindible y hasta el momento es un recurso natural que, dependiendo
de países, puede ser más o menos accesible para la ciudadanía. El campesino y
pequeño agricultor puede eludir las semillas patentadas, los agroquímicos y los
canales tradicionales de distribución; mientras que el consumidor puede evitar
las grandes superficies comprando alimentos sanos y de temporada directamente al
productor. Para que sigan activos estos canales sostenibles y agroecológicos
solo hace falta la tierra, que ahora, está en el punto de mira del capital. He
aquí la gran amenaza para la soberanía alimentaria, especialmente en las
naciones y comunidades empobrecidas que suelen auto abastecerse a través del
auto consumo y de los mercados locales.
Notas:
1. Anuarios estadísticos de la FAO 2004 y 2010.
2. ETC: "¿De quién es la naturaleza?", noviembre de 2008.
3. GRAIN: "Las corporaciones siguen especulando con el hambre", abril de 2009.
4. ETC: "¿De quién es la naturaleza?", noviembre de 2008.
5. GRAIN: "El negocio de matar de hambre", 28 de abril de 2008 y LA CAIXA:
"Especulación en los mercados de materias primas: ¿culpable o inocente?",
Informe Mensual octubre 2011.
6. KNAUP, H., SCHIESSL y M., SEITH Y.A.: "El hambre cotiza en bolsa", en El
País, Madrid, España, 4 de septiembre de 2011.
7. LA CAIXA: "Especulación en los mercados de materias primas: ¿culpable o
inocente?", Informe Mensual núm 350, Octubre 2011.
Vicent Boix es investigador asociado de la Cátedra "Tierra Ciudadana -
Fondation Charles Léopold Mayer", de la Universitat Politècnica de València. Texto
introductorio del segundo libro del autor titulado "Piratas y pateras". Se trata
del primer libro que se edita sobre el acaparamiento de tierras en África y en
él se desgranan abundantes datos para entender este fenómeno, como por ejemplo,
el perfil de los nuevos inversionistas agrícolas, el tipo de cultivos que están
sembrando, efectos en la seguridad alimentaria en la región, impactos y abusos
sobre la población local y el medio ambiente, consecuencias en la agricultura
española o europea, etc.
Fuente: http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article1558