|
Nuestro Planeta
|
|
|
Entrevista a Lolita Chávez y Jesús Alemancia, portavoces
indígenas
"Las multinacionales presentes en nuestro territorio representan una segunda
colonización"
Diego Jiménez
Diagonal
Las empresas transnacionales ocupan el territorio de diversas comunidades en toda Latinoamérica
Hace un año que las comunidades ngäbes buglés en Panamá se levantaron contra
la explotación hidroeléctrica prevista por el Gobierno en el río Tabasará, que
supondría un daño irreversible contra sus bienes naturales, el desplazamiento
de decenas de personas y un ataque frontal contra lo que estas comunidades
consideran la madre tierra.
La principal represa proyectada en Panamá es la de Barro Blanco, en cuyo diseño
y aprobación participaron empresas españolas como Soluziona (hoy, Indra), los
consultores Novotec y CSI, y la propia Asociación Española de Normalización y
Certificación (Aenor), que certificó el megaproyecto. Las protestas se
saldaron con varias personas indígenas muertas y cientos de heridas. Pero
las obras siguen sin poder dar comienzo.
Jesús Alemancia es activista y portavoz de los procesos de resistencia contra
las transnacionales. Sociólogo de formación, acompaña al pueblo ngäbe buglé
en su lucha contra las represas.
En esa misma lucha está Lolita Chávez, portavoz electa del Consejo de Pueblos
K’iche’s de Guatemala, donde participan las comunidades, autoridades
ancestrales y dirigentes que están velando por el respeto, la recuperación y la
defensa del territorio. Según afirma Lolita, ni la veintena de denuncias que se
han cursado en su contra, ni las amenazas y los atentados que ha sufrido durante
el último año conseguirán que abandone. Ella participó en la coordinación de la
consulta comunitaria en su municipio, Santa Cruz del Quiché, en la que 27.000
personas se pronunciaron en contra de cualquier proyecto minero o hidroeléctrico
que pretenda llevarse a cabo en sus territorios.
Pero esta activista también es consciente del desprecio con el que actúa el
Gobierno presidido por el general retirado Otto Pérez, acusado de genocidio.
Conoce de cerca el caso de la represa Hidro Santa Cruz, concesionada por la
empresa gallega Hidralia Energía y aprobada a pesar de la negativa de la
población, que desembocó en la declaración de un Estado de sitio en el municipio
de Barillas y la muerte de un dirigente comunitario, presuntamente a manos del
personal de seguridad de la corporación.
Un mapa de conflictos
Estos casos están ya recogidos y denunciados en el mapa sobre conflictos entre
pueblos indígenas y empresas transnacionales recogidos
por la Coordinación por los Derechos de los
Pueblos Indígenas (CODPI). Esta organización trabaja en
Latinoamérica para denunciar las violaciones de los derechos de los pueblos
indígenas por la entrada de las corporaciones de capital español.
Entrevistamos a Jesús Alemancia y Lolita Chávez, que están trabajando en ese
proceso de denuncia contra los efectos de las multinacionales.
DIAGONAL: ¿Qué supone para las comunidades indígenas la entrada de
transnacionales en su territorio? JESÚS ALEMANCIA: Tiene que ver con
la enajenación. Las empresas transnacionales se están apropiando de grandes
extensiones de tierra, lo que significa quedarse con los recursos que son de las
comunidades. Es un ‘señor’ que nadie invitó, que viene y violenta la vida. Da
igual de dónde vengan, el resultado es el mismo. En esta fase del
neoliberalismo, como ya no quedan muchas cosas de donde obtener beneficios y
renta, ellos ponen las manos en la naturaleza. Eso afecta también al futuro del
planeta: se está presionando mucho a la tierra. LOLITA CHÁVEZ: Soy parte
del pueblo k’iche. Como pueblo, amamos la vida. Es un compromiso cosmogónico. En
todo Ixim Ulew [en castellano Tierra del Maíz, actual Guatemala] y en toda Abya
Yala [América Latina] la presencia de las transnacionales y sus megaproyectos
los consideramos como un nuevo ciclo de invasión, tienen un objetivo claro de
despojo y saqueo.
Para estas empresas, la existencia de los pueblos, de la madre tierra, del aire,
de las montañas, de las energías, sólo se conciben como mercancía. Y para ello
cuentan con los apoyos de los gobiernos de turno y de las oligarquías, que
tienen esa codicia del desarrollo, de la exploración, explotación y acumulación.
Y, a nivel local, de los gobiernos y funcionarios que no tienen sentido de
comunidad.
Las multinacionales también están vinculadas con los delincuentes, con los que
trafican armas y drogas. Todo esto va unido a estas empresas, porque no tienen
principios ni valores, y están metidos en ese sistema patriarcal, capitalista y
neoliberal, que destruye la vida. Para ellos la vida no vale nada y si estás en
su camino simplemente te quitan de enmedio. Y si para quitarte es necesario
cooptarte, perseguirte o encarcelarte, incluso matarte, lo hacen.
D.: Es una tarea común, la de construir una alternativa, ¿cómo podríamos
hacerlo colectivamente? L.C.: Dentro de la historia que los abuelos y
abuelas nos han dejado, hay sistemas impuestos. El modelo de desarrollo también
se ha impuesto, tanto en los pueblos de acá como de allá, por parte de personas
que se han desconectado de la madre tierra y de la vida. Ese modelo lo imponen
las multinacionales con violencia.
Por ejemplo, el hecho de que alguien viva bien, si es a costa de otras vidas.
Eso no es una relación armónica con la vida. En la existencia hay un compromiso
en el que tiene necesariamente que haber equilibrio con la humanidad y con la
naturaleza.
La actual es una crisis existencial que se vive con mucha angustia y las
personas están siendo afectadas. Lo que hay que hacer es generar comunidad.
Deben ser las propias comunidades las que determinen cómo quieren vivir, cómo
quieren organizarse y cómo elegir sus autoridades, incluso sin, necesariamente,
pertenecer a un Estado. Y en este elegir y decidir, está el fortalecimiento del
llamado derecho a la libre determinación de los pueblos.
J.A.: Ahora se habla de que el calentamiento global es irreversible. Pero
yo creo que podría llegar a ser combatido si lo hacemos conjuntamente, de forma
global. Y esto tiene que ver con el sentido del beneficio y del desarrollo:
¿Vamos a seguir enriqueciendo a gente que son ‘ciegos del futuro’ porque están
pensando que lo más importante es tener plata?
No se dan cuenta de que están destruyendo la casa común que tenemos todos. Desde
ese punto de vista, yo creo que el movimiento indígena tiene posibilidades de ir
aportando para construir valores, que pueden proponerse como un proyecto de vida
muy distinto, que no pase por el tú o el yo, de otra manera.
Aquí hay que plantearse la propuesta del Buen Vivir [concepción indígena basada
en su experiencias]. Mientras que el Occidente capitalista piense que tiene la
verdad y que no hay otra, nunca vamos a poder ver la vida de otra manera. La
ruptura consiste en hacer que los valores de las comunidades y el pensamiento
indígena sean formas de ver la vida, formas que tienen racionalidad y fundamento
científico.
Además, es importante cómo afrontar la crisis de alimentos que viene. Por eso
valdría la pena dar el salto y construir la propuesta que planteamos. Cualquier
planteamiento hecho en papel que no haya salido de las asambleas comunales no
tiene futuro. Una propuesta que nace del corazón de las comunidades tiene
posibilidades. Y ésa es la única democracia que entendemos.
Fuente: http://www.diagonalperiodico.net/global/estas-empresas-representan-segunda-colonizacion.html