|
Latinoamérica
|
|
|
Beñat Zaldua
Gara
Profesor en la Universidad de las Artes y las Ciencias Sociales y conocido por
sus críticas a la llamada transición chilena, el sociólogo Tomás Moulian admite
el dolor por el triunfo de la derecha pero apunta a que puede ser una
oportunidad para la izquierda y la movilización social.
Hijo de un exiliado vasco que nunca quiso regresar a Euskal Herria, Tomás
Moulian lleva bajo la piel la agitada historia política chilena de la segunda
mitad del siglo XX. Este sociólogo convertido en escritor e historiador político
militó en el Movimiento de Acción Popular (MAPU) durante el Gobierno de Salvador
Allende, optó por no exiliarse, aunque lo detuvieron en dos ocasiones, y desde
el regreso de la democracia representativa, se ha convertido en uno de los
críticos más lúcidos de la transición que la mayoría de analistas ensalza. Su ya
clásico «Chile actual, anatomía de un mito», en el que critica que la
Concertación ha continuado con muchas de las políticas económicas y sociales de
Pinochet, fue el libro más vendido en el país andino durante varios meses y la
Revista «Libros», del diario conservador «El Mercurio», lo señala como «el libro
más influyente del siglo XX en Chile».
También ha bajado a la arena política, siendo el jefe de campaña de la histórica
dirigente comunista Gladis Marin y como precandidato presidencial, también por
el Partido Comunista, en el año 2005, aunque él remarca que no es un hombre de
partido.
Desde el patio de la Universidad de las Artes y las Ciencias Sociales (ARCIS),
donde ejerce como profesor, admite que, no por esperada, dejó de doler la
victoria de la derecha en las elecciones del pasado domingo. Pero advierte de
que el regreso del neoconservadurismo al poder político también puede abrir
puertas a la izquierda y a una mayor movilización social.
¿Mal trago el del día 17?
Yo fui partidario de Jorge Arrate en la primera vuelta y voté por Frei (en
segunda vuelta) para evitar el triunfo de la derecha. Pero Frei no era un
candidato en el cual yo tuviese demasiada confianza, porque me parecía que iba a
continuar haciendo lo que hace la Concertación, que es básicamente inmovilismo.
Entonces sí, es un trago amargo porque vuelven al poder los pinochetistas; al
poder político, ya que otros poderes los han mantenido siempre.
¿Qué le produce más inquietud, la derecha pinochetista o el neoliberalismo de
Piñera?
Me produce más inquietud el neoconservadurismo, especialmente el de la UDI, que
es un partido político con bastante penetración en los sectores populares. Ése
es un dato de la política chilena desde la vuelta de la democracia
representativa en el año 1988. Aquel año Pinochet tuvo un 44% de los votos,
después de 18 años de dictadura. Eso indica la existencia de una derecha
poderosa, que ahora ha logrado, por un margen relativamente corto, los votos que
le permiten gobernar. Pero a mi lo que me asusta es el neoconservadurismo de
esta UDI popular, como se llama a sí misma, que tiene penetración en los
sectores populares. Esto le plantea un enorme desafío, no sólo a la
Concertación, sino también a los que queremos situarnos más a la izquierda. Este
desafío es una pregunta por el momento. Hay muchas más preguntas en ello que
respuestas, porque hay que pensar en un proyecto para el futuro, pero en un
proyecto que tenga audiencia en los sectores populares. Es el gran problema de
un partido como el de los comunistas en Chile, por el que yo he votado desde la
vuelta de la democracia representativa: su aislamiento de los sectores populares
y la falta de penetración en sectores donde la UDI penetra.
¿Cómo se explica que un partido de derecha penetre en sectores sociales que,
en principio, debieran ser más receptivos al programa comunista?
Ésta es una sociedad que después de la dictadura quedó con una derecha poderosa.
Con un partido, a cuya cabeza estuvo Jaime Guzmán, senador asesinado, que tenía
el proyecto de un partido popular católico, que la UDI realiza. Es el partido
más organizado, más orgánico, el que tiene proyecto. Aunque su proyecto sea
neoconservador, es un proyecto, y engarza con los sectores pinochetistas y con
un catolicismo reaccionario que ha existido siempre en Chile. Hace trabajo de
base y con estas consignas católicas reaccionarias logra penetrar en ciertos
sectores que ven la modernidad como algo que mina la naturaleza humana.
¿En términos prácticos y a corto-medio plazo, cuáles son los riesgos que ve a
esta vuelta de la derecha al poder?
Yo creo que habrá problemas en las políticas económicas y especialmente en las
políticas sociales. Es verdad que han afirmado rotundamente que van a mantener
los programas sociales. Es probable que eso sea así al principio, pero en la
medida en que Piñera vaya gobernando van a salir los intereses de clase que
están detrás de todo esto y se va a tener que perfilar como el presidente de los
empresarios. No creo que esto ocurra inmediatamente, pero con el tiempo ese
proyecto va a hacerse realidad y veremos el verdadero Piñera.
Muchos se quejan de que la sociedad chilena es una sociedad desmovilizada
¿Cree que con Piñera en La Moneda podría darse una reactivación?
Sí. Aunque en un principio van a ser las elites partidarias las que se van a
mover, es posible que esta movilización de las elites poco a poco vaya generando
más movimiento en la sociedad chilena, sobre todo si el nuevo presidente Piñera
hace finalmente un Gobierno para los empresarios. Si Piñera hace un gobierno
liberal-social, como algunos pretenden e insisten que lo va a hacer, nos vamos a
encontrar con una derecha sorprendente. Todavía es temprano para saber cuál de
las dos opciones va a ocurrir.
Se comenta que más que un triunfo de la derecha, fue un fracaso de la
Concertación el hecho de que Piñera vaya a gobernar el país. ¿Cuáles han sido
los principales fallos de la coalición?
Sí, hay algo de realidad en eso. Además, en esta ocasión la derecha presentó un
candidato que logró ir más allá de la derecha clásica, que tiene un cierto
carisma. Tiene un carisma que en la sociedad chilena es bien importante y que no
hemos reflexionado suficientemente, y es que es millonario. Alguien que se hace
millonario. Eso genera la imagen del nuevo rico, pero también la del exitoso, y
acá primó la imagen del exitoso. Piñera fue capaz de proyectar dicha imagen,
mientras que Frei silenció totalmente su papel como empresario. Frei también era
un emprendedor, que renunció a los negocios para servir en función pública. No
trabajó suficientemente esa categoría y esta sociedad «exitista» vio en Piñera
el carisma del éxito, del winner (ganador). Ahora hace falta una Concertación
que piense en un proyecto inclusivo, que sobre todo trate de olvidar sus 20 años
de gobierno y las pifias que inevitablemente se generan después de un largo
tiempo en el poder. Ahora se necesita una Concertación que busque generar una
nueva forma de hacer política, que haga el discurso de la nueva política. La
Concertación estuvo a la defensiva durante toda la campaña y lo único que genera
es continuidad. Ha sido una Concertación desmovilizada, desmotivada, que no
discute sobre proyectos. Ahora se necesita discutir sobre proyectos.
Ahora la gente critica mucho a la Concertación, pero usted lleva años
haciéndolo. ¿Cuáles son las claves de la crítica que realiza a la coalición
saliente y al modelo de transición chilena?
La transición mantuvo el modelo económico social del pinochetismo con cambios
marginales, por no decir que la Concertación profundizó la neoliberalización de
la sociedad chilena, tanto desde el punto de vista ideológico como de las
políticas. Las ideas de validez del mercado, la validez de los empresarios,
transformados lingüísticamente en emprendedores, son muy fuertes. La
Concertación se quedó en un debe, en un camino que no profundizó, porque se
dedicó a repetir. La Concertación fue repetitiva, aunque funcionó en el marco de
una transición exitosa que le ha permitido gobernar durante 20 años, pero no
descubrió que esto tiene límite.
Hablemos de la izquierda. Pese a los malos resultados, el Partido Comunista
regresa al Parlamento. ¿Qué supone eso?
Por primera vez van a estar en el Parlamento, en función de un pacto con la
Concertación. Ahora, ¿cuál es el nuevo proyecto de los comunistas? Yo diría que
hasta ellos lo desconocen. Los comunistas, después de la caída del comunismo en
Europa y de las transformaciones del comunismo en Asia, sobre todo en China, no
han repensado su proyecto. Es un desafío para los comunistas y para los que
trabajamos con ellos, hay una tarea para articular un proyecto de izquierda
posible.
Se habla mucho de que la elección de Piñera significa un cambio de ciclo
histórico Chile. Usted es una persona que ha vivido los cuatro últimos grandes
periodos de la historia de este país. ¿Cree que estamos ante un gran cambio?
Yo diría que la determinación de una crisis siempre es una tarea compleja sea
como sea la crisis. Aquí la pregunta no es si hay crisis sino si se cree en
ella. Esta idea de crisis está teniendo calado, por lo que la tesis del cambio
es interesante. Pero no habrá una vuelta atrás ni una ruptura, sino una
prolongación. Tenemos que analizar el pasado en función de un nuevo futuro que
tiene un dato: la llegada al Gobierno por primera vez en lo que llaman la
transición, de la derecha. Va a depender mucho de lo que haga esa derecha. Están
los dos sectores de los que hablamos, el neoliberalismo de Piñera y el
conservadurismo de la UDI y de otros sectores de Renovación Nacional. Si se
impone el conservadurismo, tendremos un escenario interesante para la izquierda,
ya que debiera permitirle desplegar sus potencialidades culturales. Si el
despliegue es neoliberal, la izquierda y la Concertación deberían ir juntos,
replantearse esa aceptación del esquema neoliberal y pensar proyectos para el
futuro. ¿Para qué lado derivará el Gobierno? Todavía es temprano para saberlo.