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Latinoamérica

El triunfo de la derecha en Chile y sus primeros obstáculos

Juan Francisco Coloane

Se ve más compactado y menos tenso al bando perdedor que al ganador, si hubiera que hacer un resumen de la situación después de la elección de segunda vuelta el 17 de enero.

La alianza de derecha y neoconservadurismo que venció por un margen de 3.2 % en la segunda vuelta, exhibe el desconcierto propio de una victoria estrecha y distorsionada en la forma en que se llevó a cabo.

Después de una campaña de propaganda nunca vista en Chile, para estigmatizar al gobierno que le devolvió estabilidad y prestigio al país, y que entregó enormes beneficios sociales, el bando ganador de la elección en su fuero interno naturalmente sabe bien el peso de su victoria.

Esta alianza todavía no percibe en forma precisa en qué condiciones venció y qué fuerza venció (Ver notas en ARGENPRESS).

Lejos de verse impactada, - una mayoría de analistas apoyando la opción de la derecha auguraban un colapso de la coalición de gobierno- la Concertación de Partidos por la Democracia -nombre oficial de la coalición perdedora -, ha demostrado la madurez de asumir los nuevos retos con calma, decisión, y visión de futuro.

Por otro lado, la excesiva atención por magnificar el daño ocurrido en la Concertación después de la derrota, comienza a provocar tensiones en la derecha y los sectores que la apoyan.

Se le ve enredada estratégicamente. No tiene claro si continuando con el plan de romper la Concertación le va a ser funcional para comenzar un buen gobierno.

El exabrupto del Senador Andrés Allamand, uno de los líderes del plan de hacer salir a la Concertación del gobierno y quebrarla, con el actual Ministro de Hacienda Andrés Velasco, es una indicación del clima interno.

"Existe felicidad pero es controlada", nos dice un periodista que cubre ese sector político. Ese control se origina en la sorpresiva vitalidad de la Concertación, que a pesar de la derrota, pareciera haber surgido con nuevos bríos.

A la derecha le incomoda la Concertación y la preferiría convertida en mil pedazos para gobernar sin las tensiones de los dos primeros períodos de la Concertación.

Lejos de estar derruida, como muchos anunciaron, la Concertación sin embargo debe enfrentar una transición de naturaleza distinta: aprender a funcionar fuera de la fábrica de poder más importante del estado, que es el gobierno.

"Es como volver al tiempo de la dictadura, pero con democracia, con nuestros parlamentarios, ediles, y la experiencia de 20 años en el gobierno. Lo importante es mantenernos unidos sin que se metan quintas columnas", dice un dirigente de la Concertación que prefiere reserva con su nombre en este período de recambio.

Los dos dilemas principales de la Concertación han sido anunciados por diversos personeros.

Primero, reconstituirse a partir de un golpe anunciado, que no es un dato menor.

Sus partidarios preveían la derrota, pero no la asumían del todo por ese fenómeno tan chileno de: "a ver si pasa algo y ganamos".

Le va a ser más difícil a la Concertación encontrar el nuevo diseño al no contar con la base del dibujo que es el gobierno. Enfrenta una realidad muy diferente al no disponer de esa fábrica de poder, y que facilita la ordenación de la misión principal y sus elementos constitutivos. .

Reconstruir su nuevo rol es más complejo porque el "enemigo" es triple: El gobierno, la alianza que apoya a ese gobierno, y el mandato popular de una estrecha mayoría, pero mandato al fin.

Unos dirán que la alianza de derecha también enfrentaba ese enemigo de tres cuerpos anteriormente, pero no era tal. La derecha nunca tuvo ese enemigo coordinado. Más bien enfrentó una fuerza dispersa que facilitó la tarea.

Venía de gobernar un país "heredado" por la Concertación, y tenía un plus en una serie de pliegues estructurales como las condicionantes constitucionales y sus derivadas políticas.

La Constitución actual en Chile fue manufacturada en dictadura bajo la premisa de que la derecha mantuviera en el futuro siempre altas posibilidades de obtener los cargos representativos, en base a un sistema electoral "binominal", concebido para la representación de las dos coaliciones de mayoría. La reforma constitucional de agosto de 2005, si bien remueve algunos elementos autoritarios, no logra transformar el sistema binominal.

Es así que los dos primeros gobiernos de la Concertación 1989-2000 fueron 10 años con fuertes tensiones determinadas por la presión militar en colusión con la derecha, que tuvieron fuertes repercusiones en los dos períodos siguientes.

Una nueva constitución manteniendo remanentes autoritarios de la dictadura y el sistema binominal, fueron los grandes aliados de la derecha y se transformaron en las principales desventajas de la coalición de centro izquierda.

El segundo dilema, es definir precisamente su identidad de centro-izquierda.

Definir esa identidad va a la par con reconstituir su diseño político de oposición y su tejido como fuerza operacional. Eso se facilita enfrentando coyunturas y un módico ejercicio teórico.

Centro es una zona minúscula y gris que se expresó en esta elección de forma muy opaca y a la hora de las definiciones tendió desaparecer.

En el fragor de la elección, la continuidad de la Concertación llegó a ser el "regreso de Allende", y el triunfo de la derecha "un regreso de la dictadura". Muchos de los simpatizantes no resistieron usar esos referentes para reafirmar identidades y opciones.

Centro-izquierda no explica el fondo del proyecto. Es una dicotomía que no dice si es integración, o es un "dos en uno". La intersección de dos conceptos es incomprensible al instante, y no distingue sin el manual bajo el brazo.

Concertación de Partidos por la Democracia fue una invención genial y funcionó, y el 17 de enero de 2010 podría ser apenas un tropiezo.

Si las definiciones básicas prevalecen, la Concertación surgida en 1988 para ponerle el freno definitivo a la dictadura, debería estar condiciones de formular su nueva misión y su nuevo diseño para que el neoconservadurismo no prolongue su estadía en el gobierno.

Habrá que acostumbrarse. Después de 20 años inesperados por cierto, considerado la inestabilidad de los regímenes en la región, la coalición de centro izquierda que gobernó Chile durante esos años, ya no estará más allí como un aliado de libertad política, de coherencia en políticas sociales y proyectos de desarrollo con equidad en el confín del mundo.

Por lo menos por cuatro años, que es el período que le corresponde al nuevo presidente elegido, Sebastián Piñera, en ese confín gobernará la derecha y el neoconservadurismo.

La ola neoconservadora que se expande en el mundo, contará en Chile con un aliado en zonas de frontera con áreas críticas de control estratégico como la Antártica y los mares del Sur.

Para quienes acompañan los acontecimientos mundiales con sentido del equilibrio internacional, el triunfo de la derecha neoconservadora en Chile no es un hecho menor.

El continente ya vivió la experiencia de un Chile durante la dictadura militar en los años 80 con una alianza insensata de apoyar a Gran Bretaña y EEUU en contra del esfuerzo argentino de recuperar las Islas Malvinas.

No pocos cuadros de ese gobierno militar, hoy apoyan al actual presidente electo, y no se descarta que ocupen cargos en su gobierno.

Que hayan sido los militares equivocados en Argentina, no le resta gravedad al hecho de un país en alianza con las dos potencias insignia de la Alianza Transatlántica, en contra de un vecino en tierras australes codiciadas por las grandes potencias.

Un presidente de corte neoconservador en Chile, que se disfraza de centro de derecha para captar votos, es una materia de alta preocupación para aquellos empeñados en los equilibrios internacionales.
 

 Fuente: lafogata.org