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El peligroso negocio de la manipulación climática
Silvia Ribeiro
La Jornada
La crisis climática se siente ya en todas partes: lluvias abundantes y fuera de
temporada, mayores sequías y en lugares donde no las había, más inundaciones,
fríos y calores extremos, huracanes más fuertes y en nuevas regiones, pérdida de
cosechas, devastación de ecosistemas…
Ante esto, las empresas y gobiernos que han causado el cambio climático impulsan
propuestas cada vez más peligrosas, como la geoingeniería o manipulación
voluntaria del clima.
Casi ningún gobierno y ninguna industria se plantea cuestionar las causas del
calentamiento global: la agricultura industrial (monocultivos agrícolas y de
árboles, pecuaria intensiva, uso de agrotóxicos) y el cambio de uso de suelo
(incluyendo deforestación, desertificación, crecimiento urbano y carreteras) son
los principales factores de cambio climático, seguidos por la industria
automovilística y las emisiones de gases de efecto invernadero de las grandes
industrias. Pero las propuestas a la mesa son manipulaciones de mercado (como el
comercio de carbono, que no reduce un ápice las emisiones pero es un jugoso
negocio empresarial); aumentar los monocultivos agrícolas y de árboles (causas
principales del cambio climático); y nuevos remedios tecnológicos que tampoco
servirán, pero de nuevo, son un negocio para las empresas que tienen las
patentes sobre ellos.
La nueva carta del poderoso lobby petrolero, químico y de agronegocios es la
geoingeniería. Estas industrias, sus científicos de alquiler y el gobierno de
Estados Unidos, se han dedicado por décadas a negar que había cambio climático y
por tanto, no había necesidad de recortar las emisiones. Ahora cambiaron el
discurso: reconocen que el cambio climático es grave y hay que tomar medidas. La
solución perfecta, dicen, es la manipulación del clima a gran escala. No implica
reducir emisiones, ni cambiar los patrones de producción y consumo –que ellos
controlan y son su fuente de lucro–, sino hacer ingeniería climática para
enfriar el planeta, que renovada todo el tiempo, permitirían incluso aumentar
las emisiones, porque se contrarrestan sus eventuales efectos climáticos. La
geoingeniería, agregan, es una solución de ganar-ganar: no hay que cambiar nada
y crea nuevas fuentes de negocios.
Los gobiernos de las grandes potencias muestran creciente entusiasmo frente a la
perspectiva de no tener que reducir emisiones en sus fuentes y ya han comenzado
a desviar recursos públicos para investigación y experimentación en
geoingeniería. El primero de septiembre, la Sociedad Real (Academia de Ciencias
del Reino Unido) se sumó irresponsablemente al concierto, publicando un reporte
elaborado por un selecto grupo de científicos –la mayoría involucrados en
geoingeniería– que aunque reconoce que la geoingeniería implica riesgos,
básicamente dice que se debe tomar en cuenta y aumentar su investigación y
experimentación, como un plan B.
Entre las propuestas de geoingeniería está la fertilización de grandes áreas del
océano con hierro o urea (para aumentar el plancton, absorber carbono y bajar la
temperatura del mar), lanzar inmensas cantidades de compuestos sulfatados a la
estratosfera creando una sombrilla que tape los rayos del sol, poner en órbita
miles de millones de espejos que reflejen los rayos solares, manejar y desviar
huracanes, inmensas plantaciones de cultivos y árboles transgénicos para
agrocombustibles y sumideros de carbono, enormes parches de algas transgénicas
en el mar para absorber carbono o el llamado biochar: quemar cantidades
industriales de materia orgánica con pirólisis para enterrarlo en el suelo.
Cada propuesta en sí misma conlleva enormes riesgos y efectos secundarios. Por
ejemplo, las partículas de sulfato en la estratosfera caerán luego a la tierra,
produciendo la muerte prematura de 500 mil personas; la manipulación del mar por
fertilización o algas transgénicas, desequilibra las cadenas alimentarias y los
ecosistemas marinos; los espejos en el cielo serán manejados desde la Tierra
–¿que tal si deciden usarlos como arma para freír algún país que moleste a quien
controle las computadoras? ¿Dónde irá el reflejo si hay una caída del sistema?
Además, todas las propuestas comparten otros impactos. Para que el clima tome
nota, necesariamente deben realizarse a megaescala. Una vez puestas en marcha,
no hay vuelta atrás. El clima es un sistema global y no hay forma de predecir
los impactos que la manipulación climática producirá en otras regiones: los
países y poblaciones más vulnerables del Sur –que no contribuyen al caos
climático, pero lo sufren– podrían recibir los peores impactos, con más
descontrol climático y devastación de sus ecosistemas, afectando más a los
pobres, campesinos, indígenas, pescadores artesanales. Tienen además un alto
potencial de usos bélicos.
Los que proponen y tiene el dinero para financiar la geoingeniería son los que
han causado el cambio climático. Aducen que esperar a un consenso global sobre
el tema es demasiado lento para la gravedad de la crisis. ¿De dónde sacan
autoridad moral para adjudicarse el control del termostato global?
Serán sólo experimentos dice la Sociedad Real. Salvo para quien sufra los
impactos, que será una cruda realidad. La geoingeniería no solucionará nada y
aumentará el problema. Lo único razonable es una prohibición global que impida a
los nuevos señores del clima experimentar con todo y todos los demás.
*Investigadora del Grupo ETC