VOLVER A LA PAGINA  PRINCIPAL
Latinoamérica

Brasil, un estado suramericano entre los grandes

Alain Rouquié
lapluma.net

Brasil 1985. Después de 21 años de régimen militar se restablece la democracia. La difícil reconstrucción de instituciones políticas estables bajo un fondo de inflación galopante y de recesión económica, ocupa todo el escenario. Las ambiciones diplomáticas y los sueños de grandeza no figuran dentro del orden del día en ese país – continente. Golpeado fuertemente por la crisis de la deuda, el país aparece, a pesar de su tamaño y sus recursos, como «un país que tiene y seguirá teniendo porvenir», según una formula malintencionada y convenida.
Dos décadas mas tarde, los dirigentes de los países miembros del G7 proponen incluirlo dentro del club de los «países ricos». Los banqueros lo colocan entre los grandes países emergentes del BRIC al lado de China, India y Rusia. Es innegable que su PIB se encuentra a la par de estos dos últimos Estados. Inclusive los investigadores más serios prevén que el Brasil será la cuarta economía mundial antes del año 2050. Concientes del lugar y del papel que juega el país, sus dirigentes sostenidos por numerosas naciones como Alemania, Japón o India, reivindican ocupar un escaño permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Al alba de este siglo XXI, parece que Brasil ha cambiado de estatus, es como si el gigante se hubiera despertado, y que el eterno país del futuro al fin hubiera arribado a los brazos abiertos y calidos del presente.
 ¿Cómo es que el país más grande de América Latina conocido por sus prosperidades cíclicas y sus « contrastes » se ha convertido en un gran estado emergente? ¿Que factores le han permitido esta fuerte escalada? ¿Asistimos a un nuevo ciclo coyuntural, efímero por naturaleza o bien a una «promoción» que se inscribe durablemente dentro del tiempo?

«Un país del futuro»: recursos y dinámicas

Los brasileños no dudan que la naturaleza ha favorecido su territorio. De hecho tanto la historia como la geografía han contribuido a preservar la inmensa colonia portuguesa. La horizontalidad de un espacio que no fracciona ninguna barrera natural, un régimen monárquico centralizador, la presencia masiva y amenazante de una mano de obra esclava le evitaron al Brasil del siglo XIX de estallar en republicas independientes como ocurrió en el resto de la America española
«El mas vasto país tropical del mundo» esta dotado de ventajas naturales excepcionales. Su suelo fértil, el calor solar y la generosa hidrografía, le permiten obtener rendimientos agrícolas elevados con bajos costos de producción. Si a todo esto le agregamos una «frontera agrícola» de aproximadamente 90 millones de hectáreas (sin contar las selvas) y una investigación agronómica competitiva que ha permitido que las sabanas y los espinosos desiertos hayan sido domeñados y cultivados. Lo que nos permite comprender como Brasil ha podido llegar a ser una de las primeras potencias agrícolas mundiales.
Desde hace mucho tiempo el país es conocido por su café que entre los años 1880 y 1929 representó hasta el 70% de sus exportaciones. A pesar de que en la actualidad constituye una modesta parte de su comercio, Brasil sigue siendo el primer productor y exportador de café en el mundo. El país se clasifica igualmente a la cabeza o en los primeros rangos de un gran número de productos agrícolas: soja, azúcar, cítricos, jugo de naranja, carne bovina, maíz, tabaco, algodón, celulosa… sus riquezas no se limitan solamente a la agricultura, el país es también el primer exportador de minerales de hierro y uno de los primeros en estaño y aluminio.
Durante la década de los 70 el país consagró más de la mitad de sus ganancias comerciales al pago de la factura petrolera, es prácticamente autosuficiente en hidrocarburos gracias a las capacidades tecnológicas de explotación de aguas profundas de su compañía nacional. Durante la época del primer choque petrolero se fortaleció con una experiencia audaz de sustitución de carburantes y es también campeón planetario de etanol. Sus agrocarburantes producidos esencialmente a partir de la caña de azúcar, benefician de costos competitivos sin comprometer la seguridad alimenticia del país. Con enormes capacidades hidráulicas, en parte no explotadas, recursos importantes en Off shore petrolero y en la biomasa, el Brasil presenta un potencial energético envidiable.
Esta potencia agrícola también es un país industrializado, su comercio exterior esta compuesto en un 60% de bienes manufacturados o semiterminados. Desde el año 2000 los equipos de transporte y los productos metalúrgicos constituyen una cuarta parte de sus exportaciones. La compañía aeronáutica nacional Embraer, cuarto constructor mundial de células de avión, es el primer o segundo exportador del país. Con una capacidad de producción de más de 3 millones de vehículos automotores, de los cuales la mayoría de los que están a la venta actualmente, benefician de motores a carburantes modulables (flex-fuel) salidos directamente de la tecnología local. Los gastos en R&D (Investigación científica y desarrollo) son comparables a los de ciertos países desarrollados; Brasil también dispone de centros de investigación y de universidades de alto nivel, cuyas actividades jamás han sido afectadas por los vaivenes de la vida política.
No sabríamos subestimar los factores culturales en la ascendente trayectoria que vive el país. La inmensidad de su geografía y la exhuberancia de su naturaleza, constituyen para los brasileros motivo de orgullo y razones de esperanza que son el origen de un optimismo inquebrantable. Es cierto que por razones de su gran extensión territorial, de su escasa población inicial y la ausencia dentro de su territorio de grandes civilizaciones precolombinas, Brasil es verdaderamente un país nuevo, un espacio a ocupar. Esta "nación americana" que no cesa de transformarse no vive de su pasado. Urbanizada en un 80% ha revelado su dinamismo creando en el siglo XX varias ciudades ex nihilo. Brasilia monumental «capital de la esperanza» en menos de 50 años se ha convertido en uno de los símbolos mejor terminados del país.

Dimensiones políticas de un desarrollo internacional

Durante mucho tiempo la esperanza que teníamos de Brasil nos dejó un gusto amargo, a su despegue le faltó inspiración y constancia. Las abruptas recesiones eran seguidas por períodos de fuerte crecimiento, las fases de expansión aceleradas eran puestas en tela de juicio por los accesos de inflación. Este engranaje de la evolución, llego a ser calificado de «mito de Sísifo
[1] permanente». Las condiciones políticas de un desarrollo de largo alcance aun no estaban reunidas. La volatilidad económica iba de la mano con una sucesión de gobiernos débiles y de recurrentes golpes militares. Los 21 años de regímenes autoritarios instaurados a partir de 1964 no lograron un mejor resultado en el asentamiento de un desarrollo continuo a pesar de los gritos triunfalistas de los años del «milagro económico».
En 1985 es restaurada y consolidada la democracia, hoy su existencia ha sobrepasado el tiempo de la dictadura. Las instituciones políticas posmilitares del Brasil han dado pruebas de su solidez, inicialmente superando la crisis de 1992 provocada por la «destitución» del presidente Collor de Melo, luego permitiendo en el 2003 una alternancia política (del centro hacia la izquierda) temida y dramatizada; gracias a esta estabilidad constitucional sin precedentes, Brasil ha podido poner orden en su economía y sus finanzas. A partir del plan Real de 1994 la inflación comienza a ser vencida y el país hasta entonces cerrado empieza a liberarse para ganar en competitividad.
Dos presidentes sucesivos salidos de partidos rivales y de sensibilidades políticas opuestas, Fernando Henrique Cardoso y Luiz Inacio Lula da Silva, han abanderado desde 1995 políticas macroeconómicas de la misma inspiración; mas allá de los discursos electorales, ambos han practicado una gestión rigurosa destinada a reducir la vulnerabilidad exterior de un país poco exportador y fuertemente endeudado. El crecimiento de las exportaciones se convirtió en el objetivo económico prioritario del presidente Lula, que entre otras cosas jamás puso en duda la apertura económica y las reformas del Estado de su predecesor. Al final de los años 1990 el país alcanzaba difícilmente a superar la barrera de 60 mil millones de dólares de exportación, su comercio exterior ha duplicado esta cifra largamente al superar en 2005 los 138 mil millones de dólares lo que representa poco en PIB (menos del 15%) si se compara a otros Estados del continente, pero que representa una profunda mutación cualitativa para una economía que durante largos años se centraba solamente en su mercado interno.
Una década de rigor financiero y de esfuerzos a la exportación ha aureolado a Brasil de una nueva credibilidad, aquella que ofrece condiciones de estabilidad y de satisfactoria continuidad política. Esta imagen inédita ha contribuido a atraer un flujo consecuente de inversionistas directos extranjeros cuya cifra asciende a más de 20 mil millones de dólares anuales. Sin lugar a dudas otros factores también han contribuido de manera no despreciable a la atracción y a la expansión recobrada del Brasil y sobre todo al prestigio personal de estos dos últimos presidentes.
Fernando Cardoso y Luiz Inázio Lula Da Silva quienes desde 1995 se sucedieron en la presidencia, son dos personalidades muy diferentes que han beneficiado de una popularidad muy significativa al exterior de Brasil. Cardoso es un universitario, un sociólogo de renombre internacional perteneciente a una familia de gran abolengo. Lula es hijo de campesinos pobres del árido Nordeste; obrero metalúrgico y líder sindical, fundador del Partido de los trabajadores. Estos dos presidentes excepcionales han tenido con estilos contrastados una aproximación muy similar de la política exterior. Para Cardoso Brasil debían conseguir ante todo su integración competitiva en el mercado mundial. Lula aspira «cambiar el mapa comercial del mundo». Es decir ir mucho más lejos en la misma dirección, para darle al Brasil el puesto que le corresponde en el concierto de las naciones. Ambos se levantan contra las asimetrías del orden internacional y las desigualdades entre los Estados.
En la prosecución de esos objetivos no sabríamos subestimar el papel que juega la diplomacia brasilera. La calidad y el valor de los agentes de la Itamaraty (Ministerio de relaciones exteriores de Brasil) son notorias. La competencia de esa élite meritocrática es un capital no despreciable para la acción exterior del país. Hay que anotar que desde 1995 el ministerio de Relaciones exteriores ha estado en manos de diplomáticos de carrera 10 años de 12.

Brasil, una potencia regional sin rival

El país mas grande del subcontinente (casi cuatro veces la Argentina), posee fronteras comunes con todos los estados de América del Sur a excepción de Chile y Ecuador. Esta situación geopolítica ha delimitado el primer círculo de la acción exterior de un Brasil democrático. Un acercamiento o reconciliación con los países vecinos se imponía después de cuatro lustros de una dictadura militar sospechosa de tintes expansionistas.
Brasil ha anudado una «alianza estratégica» con su rival histórico, Argentina. Ambos países poseen intereses convergentes. Sus instituciones democráticas frescamente restauradas, aun son demasiado frágiles; es por ello que la solidaridad se impone y que deben de urgencia normalizar sus relaciones con el fin de evitar toda tensión bilateral que pueda desestabilizarlos. Es por dichas razones que sus gobiernos se han puesto de acuerdo sobre medidas de confianza particularmente en el dominio nuclear, ya que ambos Estados tienen mutuamente desconfianza de estar en la mira militar del otro. En 1988, firmaron un tratado de libre comercio, en el que se incluyeron Uruguay y Paraguay, primer paso hacia la creación de MERCOSUR, sellado por el Tratado de Asunción en 1991.
Este proceso de integración regional, en un primer tiempo aparece como un gran suceso económico. Entre los años 1991 y 1998 este comercio «intrazonal» progresivamente liberalizado fue multiplicado por cinco. Entre 1991 y 1997 Brasil se convirtió en el primer cliente de Argentina, ya que ésta le vendió el doble de lo que le había vendido a los Estados Unidos y la misma cantidad que al conjunto de los países de la Unión Europea. El mercado regional absorbió entonces más del 15% de las exportaciones brasileras, principalmente bienes industriales de fuerte valor agregado. Sin embargo MERCOSUR entra en crisis en el año 2000. La grave crisis financiera argentina debido a un mecanismo insostenible del cambio fijo, fue una de sus causas, la devaluación sin concertación previa de la moneda brasilera, fue la otra.
De hecho, el MERCOSUR no disponiendo de ningún mecanismo institucional capaz de asegurar al menos un mínimo de convergencia macroeconómica que pueda facilitar la conciliación de intereses divergentes, trae como consecuencia la regresión de la integración. Es así como el funcionamiento de MERCOSUR permanece estrictamente intergubernamental, Brasil a pesar del discurso de sus dirigentes se muestra rigurosamente reticente, con respecto a todo dispositivo supranacional. Tanto los países socios de la organización como también aquellos que podrían asociarse (Chile en particular), temen el uní lateralismo brasilero, y no están lejos cuando piensan que al proclamar que el "MERCOSUR es su destino", el gigante suramericano no piensa compartir el poder de decisión con sus «modestos» vecinos. Al contrario, Brasil parece propenso a «buscar el máximo de beneficio con un mínimo de compromiso».
Frente a la crisis del MERCOSUR, Brasil parece que ha escogido una salida adelantada y en vez de prever un examen profundo sobre la integración, la expansión se ha convertido en su objetivo prioritario, como si la organización hubiera sido solo una etapa dentro de un gran proyecto estratégico de integración suramericana, creado y puesto en marcha por Brasilia. El primero de septiembre de 2000, el presidente Cardoso invitó a Brasilia a los jefes de Estado de América del Sur a una primera cumbre. Una segunda Cumbre tuvo lugar en Guayaquil, Ecuador, en julio de 2002. Estas conferencias presidenciales tuvieron al menos tres objetivos: Afirmar una identidad regional, lanzar un programa de integración de infraestructuras y obtener el reconocimiento internacional del papel regional de Brasil, puesto que el animador del reagrupamiento subcontinental parece ser el primer beneficiado. La iniciativa para la integración de infraestructuras regionales (IIRSA) al centro de las discusiones de Guayaquil, aparece como la puesta en marcha del proyecto histórico brasilero de enlace terrestre entre los dos océanos, Atlántico y Pacífico. Los programas de carreteras, de gaseoductos y de interconexión eléctrica, tejen una tela donde Brasil ocupa el centro y que, en sus grandes líneas, prolonga los grandes ejes de la planificación indicativa brasilera. Es como si Brasil tuviera la intención de organizar el espacio suramericano en círculos concéntricos en el que él sería el centro.
Mientras que el MERCOSUR, unión aduanera imperfecta y zona de libre cambio inacabada se resquebraja, Brasil bajo la presidencia de Lula continúa su estrategia continental. En la reunión de diciembre del 2004, en Cuzco (Perú), fue creada la Comunidad suramericana de naciones en la que se asocian en vista de una posible unión el MERCOSUR y los países del Pacto Andino (CAN), como también tres estados de la región que no hacían parte de ninguna de esas dos organizaciones. Los socios de MERCOSUR no manifestaron un gran entusiasmo con la idea de agrandase. La primera cumbre de esa nueva entidad se realizó en Brasilia en septiembre de 2005 y solo tuvo un éxito moderado. Algunos jefes de Estado sospechan que Brasil sigue la ruta de sus intereses particulares y que les ha atado las manos. No deja de ser cierto que un proceso de integración continental organizado por el país mas poderoso de la región no puede avanzar sin suscitar inquietudes.
Algunos países vecinos, temen que Brasil establezca relaciones de tipo Norte-Sur en las que el coloso brasilero asumiría el papel del Norte Industrial, comprador de materias primas y de activos sensibles (principalmente dentro del renglón de la energía). Es el caso de una Argentina desindustrializada, en la que esta división regional del trabajo hace el papel de espantapájaros. Los dirigentes bolivianos, primer proveedor de gas del Brasil denuncian las relaciones juzgadas asimétricas, casi neocolonialistas. La «nacionalización» de los hidrocarburos por el presidente Evo Morales, el 1° de mayo de 2007, proclamada simbólicamente en las instalaciones de la compañía brasilera Petrogas, lo dicen todo sobre los resentimientos y rencores que separan los dos países hermanos. Es por ello que los gobiernos de Argentina y del Uruguay particularmente han apoyado la demanda de adhesión de Venezuela al MERCOSUR a sabiendas de que los objetivos diplomáticos de Hugo Chávez están alejados de la lógica comercial del Tratado de Asunción. Ellos esperan que el rico estado petrolero venga a ayudar a reequilibrar un reagrupamiento regional con muchas desigualdades. Más allá de esos procesos de intención con respecto a Brasil, el sentimiento prevalece en toda la región, empujado por extraños vientos de sus ambiciones globales que lo alejan poco a poco de la unidad y de la esperanza de la América latina.

Brasil, un actor global que duda

Con el fin de la guerra fría y la mundialización, repentinamente Brasil toma conciencia de su aislamiento, herencia de dos decenios de regímenes militares. El país replegado sobre sí mismo durante mucho tiempo deberá en lo sucesivo acrecentar su presencia en el exterior, con el fin de ser asociado a las grandes decisiones internacionales. Un Brasil que se siente «global trader» solo puede garantizar su autonomía y defender sus intereses siendo un miembro activo en las instancias internacionales y sentándose en la mesa de negociaciones.
La adhesión en 1977 al Tratado de no proliferación nuclear (TNP) que durante treinta años Brasil había juzgado inicuo e inaceptable fue la decisión mas emblemática de este gran tema. El país habiendo ratificado el Tratado de Tlateloco de desnuclearización continental, y habiendo renunciado mediante la constitución de 1998 a la utilización del átomo con fines militares, el rechazo del TNP y otras convenciones multilaterales en ese mismo dominio ya no se justificaban. Sin embargo Brasilia se sigue oponiendo a un TNP que autorice a los cinco « grandes » a conservar sus armamentos nucleares y exige la eliminación total de otros arsenales existentes, ya que la diplomacia brasilera aboga por la igualdad entre las naciones y la revisión del Statu quo internacional. Es cierto que ese revisionismo se expresa sin ninguna agresividad ni voluntad de confrontación. Con la llegada de Lula a la presidencia el tono del discurso ha cambiado y es mucho más ofensivo, la tradicional cordialidad no es desmentida, como lo testimonian las excelentes relaciones entre Brasil y los Estados Unidos.
La política exterior brasilera es más firme y más visible. Para ello se compromete en una estrategia que no se limita solamente al espacio aéreo regional y de entrada reclama en el año 2003 un puesto de miembro permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Efectivamente los dirigentes brasileros estiman que su país es el único Estado de América Latina que posee las competencias necesarias para acceder al círculo de los « grandes » de dicho Consejo y no solamente como representante de un grupo regional sino en razón de sus propias características. Fue así como le pidieron a sus amigos y vecinos reconocerles ese derecho. Aportando la contribución militar mas fuerte de la operación para mantener el orden y la paz en Haití (Minustah), Brasil quiso demostrar que tiene la capacidad para asumir responsabilidades globales.
Sin duda alguna fue el papel que jugó en la Organización Mundial del Comercio, lo que reveló al mundo su combatividad y las ambiciones de su diplomacia. Partiendo de la base que de que todos los Estados miembros son iguales y que los problemas comerciales, especialmente la liberación de los intercambios agrícolas constituyen una de sus prioridades, se mostró muy activo en la OMC especialmente en Doha 2001 durante el lanzamiento de un nuevo ciclo de negociaciones comerciales multilaterales. En este mismo marco durante el encuentro de agosto 2003 en Cancún, Brasil tomó la delantera en un grupo de países emergentes, el G20 hizo oposición a la conclusión de un acuerdo más que mininal sobre las cuestiones agrícolas, fruto de un entendimiento entre los Estado Unidos y la Unión Europea. La negociación fue bloqueada y la reunión postergada. Desde entonces, Brasil se ha convertido en uno de los cinco grandes actores (al lado de la Unión Europea, Estados Unidos, Japón e India), llamados a preparar el eventual relanzamiento de los trabajos del ciclo de Doha.
El golpe dado por Brasil (esta vez con la ayuda de Argentina) al proyecto norteamericano de zona de libre intercambio de las Américas (ZLEA –ALCA) es determinante en la diplomacia del país en defensa de sus intereses nacionales. En principio ese proceso debería terminarse a comienzos del 2005, pero los Estados Unidos se negaron a incluir dentro del paquete de negociaciones las cuestiones agrícolas, que según Washington eran solo competencia de la OMC. Brasil, potencia mundial en los negocios del agro, ha asumido una posición clara y fuerte frente a todos los temas sensibles que atañen a su propia economía (servicios, propiedad intelectual, mercados públicos) temas estos que serán enviados a la Organización Mundial. La Cumbre de las Américas celebrada en Monterrey en enero de 2004 ha ratificado un acuerdo mininal entre los Estados Unidos y Brasil que ha dejado caduca la estrategia americana. En noviembre de 2005 en Mar del Plata, el presidente Bush reconoció que el ALCA así fuera Light tenía muy pocas posibilidades de llegar a buen término. Sin Brasil no puede haber un libre intercambio en las Américas. A ese propósito podemos subrayar que a su manera, Brasil es una « nación indispensable » . Es por dicha razón que el país no tuvo en cuenta ni las esperanzas ni las esperas de otros Estados del continente favorables al proyecto norteamericano. También es cierto que en la reunión de Cancún, la formación del G20 no movilizó el conjunto de los países latinoamericanos, es así como Colombia y Uruguay no desearon participar.
Algo bien importante es que la política exterior brasilera busca reagrupar la totalidad de los países del Sur. Sus críticos vislumbran un resurgimiento de un tercer mundo caduco, salido del mismo espíritu de Bandung (Indonesia. Conferencia del 18 al 24 de abril de 1955). Es conforme a esta aproximación Sur-Sur, que la ITAMARATY, dio pie a perennizar el G20. La mayoría de las nuevas iniciativas de la diplomacia brasilera ponen de pié esta misma línea de orientación. El acercamiento con India y África del Sur en el seno de un Foro en un dialogo triangular, la Primera Cumbre Árabe-Sudamerica que tuvo lugar en Brasilia en el mes de mayo de 2005, los intercambios fuertemente mediatizados de visitas presidenciales con la China y una voluntad de presencia muy activa en el África Subsahariana son solo algunas de las manifestaciones de una política determinada de « solidaridad periférica » en la que el verdadero sentido de ese activismo diplomático es difícil de captar. Podemos preguntarnos: ¿Brasil espera jugar un papel de actor global con el fin de asegurar de manera indiscutida son Leadership regional? ¿Aspira a imponerse como líder incontestable de la América latina para hacerse reconocer como uno de los « nuevos grandes » ?, ¿O se encuentra probablemente en un cruce de caminos a la búsqueda de un papel y de un estatus dentro de un orden mundial durablemente desorganizado?

Una escalada incierta de fuerza

Por su tamaño y población Brasil es el 5° país del mundo, sin embargo solamente se sitúa en el 30º rango mundial por su participación en el comercio mundial (con apenas el 1%). Por otra parte la décima economía mundial es relegada a la 64 ava plaza en índices de desarrollo humano (IDH) mientras que las dos terceras partes de países del mundo tienen una renta per cápita inferior al suyo. Efectivamente a pesar de los progresos obtenidos recientemente este país de insolentes riquezas tiene aun un gran numero de pobres: cerca de 50 millones de brasileros viven bajo el índice de pobreza, o sea una proporción tres veces superior a la de otros países con ingresos similares.
Estas cifras fijan el marco y los limites de la promoción internacional del Brasil. También es cierto que la « incongruencia de su estatus » es propio de todos los grandes países emergentes particularmente aquellos que componen el BRIC. Pero el Brasil gigante con pies de arcilla, es capaz de acumular todos los desafíos. Fuertes desniveles entre las regiones, las desigualdades sociales seculares, la ineficiencia, las infraestructuras de transportes (carreteras, portuarias, aeroportuarias) constituyen impedimentos bastantes serios para su desarrollo. El país presenta desde hace 20 años tasas de crecimiento mediocres: 2,5% de promedio contra un 8,7% durante los años 1970. Además durante sus años fastos sus resultados se situaban bajo el promedio latinoamericano (4,3% en 2004 contra 5,4% para el resto del continente). Podríamos afirmar que el país esta demasiado lejos del dinamismo de las economías asiáticas.
A pesar de ello Brasil se ha ido beneficiando ampliamente de la ascensión vertiginosa de India y de China. Este último país aumentó su volumen de compras en 80% en 2003. En cuatro años el comercio con el Imperio del Medio se multiplicó por cuatro y absorbió el 6% de las exportaciones brasileras. En 2004 la China se convirtió en el tercer cliente de Brasil justo detrás de Estados Unidos y Argentina. Pero tampoco deja de ser cierto que la aproximación entre « el taller del mundo » y « la despensa del planeta » sea totalmente favorable a este último. China devoradora de materias primas es el primer país importador de soja sin contribuir a diversificar la economía brasileña que por el contrario se re-primeriza y se vuelve mas vulnerable. Los commodites (soja, celulosa, minerales de hierro, jugo naranja), constituyen más del 75% del comercio brasilero con China, mientras que Brasil le compra sobre todo maquinarias y productos químicos. La estructura de las exportaciones industriales de los dos países sin ser idéntica no deja de ponerlas en competencia en numerosos sectores en los mercados terciarios. Tampoco es seguro que la panoplia defensiva brasilera pueda resistir durante mucho tiempo a la ruptura del mercado de los productos manufacturados chinos, sobre todo en los sectores de tecnología ligera. 
Sin embargo es innegable que el aumento de la demanda mundial ha ayudado enormemente a la escalada en potencia del Brasil, esta no es solamente la consecuencia de un efecto pasajero. La estabilidad democrática, las sanas finanzas, una gestión macroeconómica realista, le ha permitido al país sacar las mayores ventajas de unas opciones óptimas coyunturales. Durante el año 2006, Brasil invirtió en el extranjero 26 mil millones de dólares y en la actualidad es menos vulnerable a las crisis financieras externas que hace 10 años. Una diplomacia ambiciosa ha hecho el resto sin obtener ciertamente resultados verdaderamente determinantes en terrenos prioritarios (ONU, OMC, integración regional). El estatus internacional del país depende principalmente de la suerte que corran las otras « grandes de la periferia » y de la evolución de los mercados mundiales mas que de la virtuosa continuidad de sus políticas económicas.
De todas maneras el país presenta una diferencia capital con sus « homólogos » , la de ser un coloso « desarmado » . Efectivamente Brasil esta desprovisto de uno de los mayores atributos de fuerza que poseen el resto de los Estados que componen el BRIC
[2] : el arma nuclear. El pacifismo de un país sin armamento nuclear, esta inscrito en su constitución. Brasil no solamente ha abandonado cualquier pretensión a la utilización militar nuclear, tampoco posee la capacidad de proyección exterior de fuerzas convencionales. No teniendo que enfrentar ninguna amenaza, ha reducido sus gastos militares y sus fuerzas armadas y por consiguiente no puede llevar a cabo una política hegemónica. Es por su fuerza tranquila y la confianza que inspira su « modernización constructiva » que este Estado cooperativo, esta inclinado a contrarrestar las « políticas de fuerza » y a edificar coaliciones, para conservar su papel de actor global.
*Alain Rouquié, director de investigación Emerita en el CERI (Centro de estudios y de investigaciones internacionales de Ciencias Po), es presidente de la Casa de América Latina (París) y antiguo embajador de Francia en Brasil

Fuente
: L’enjeu Mondiale – Les pays émergents, sous la direction de Christophe Jaffrelot, Sciences.
Les Presses, L’Express, paginas 105 a 116

Bibliografía :
BENASSAR Bartolomé et Marin Richard, Histoire du Brésil, Paris, Fayard, 2000
DROULERS Martine, Brésil une géohistoire, Paris, PUF, 2001
Lamounier Bolivar et FIGUEREDO Rubens (eds), A Era FHS, SăPaulo, Cultura Editores, 2002
ROUQUIÉ Alain, Le Brésil au XXI siècle.
Naissance d’un nouveau grand, paris, Fayard, 2006
THERY Hervé, Le Brésil, Paris, Armand Colin, 2000
VAN EEUWEN Daniel, et al., Le nouveau Brésil de Lula : dynamique des paradoxes, La Tour d’Aigues, Editions de l’Aube, 2006
Notas del traductor
Tal vez fueron los reflejos de un diamante en bruto, o quizás las contrariadas intenciones que dejan escurrir el tiempo, entonces los días se convierten en semanas…luego somos golpeados por temblorosos sentimientos "de lo nunca terminado". Al finalizar esta aclaradora traducción, nos arriban atropellados nacimientos y/o noticias nuevas
- Lula descalifica y protesta contra las nuevas bases militares en territorio colombiano; consecuencia de ello la negociación apresurada de promesas de compra a Francia de algunos de sus aviones de combate mas reputados (36 aviones "rafale"), como también naves fluviales y marítimas, amén del sacrilegio de dar fortaleza a una armada defensiva. 
 
- La acogida y la protección del presidente legitimo de Honduras, Manuel Zelaya en la embajada de Brasil en Tegucigalpa.
 
- La jubilosa elección de Río de Janeiro como sede de los Juegos Olímpicos a celebrarse en esa ciudad carioca en el 2016. Elección ésta que no solo le hizo de nuevo verter lágrimas de emoción al Rey Pelé, sino también a un Lula que hasta entonces no había expresado en público este tipo de sentimientos.
 
iBrasil no termina de sorprendernos!
 
Ossaba, París 4 de Octubre de 2009
 
[1] El mito de Sísifo es un extenso ensayo de Albert Camus, originalmente publicado en francés en 1942 como Le Mythe de Sisyphe En él, Camus discute la cuestión del suicidio y el valor de la vida, presentando el mito de Sísifo como metáfora del esfuerzo inútil e incesante del hombre moderno, que consume su vida en fábricas y oficinas sórdidas y deshumanizadas.
 
[2] BRIC: Brasil, Rusia, India, China, acrónimo propuesto por la firma Goldman Sach

Traducción: Ossaba para La Pluma
 
Revisado por: María Piedad Ossaba
Fuente original:
http://lapluma.net/es/index.php?option=com_content&task=view&id=3117&Itemid=117

Fuente: lafogata.org