Homenaje a "La Negra", Amanda Peralta
Figura emblemática de la izquierda peronista
Prensa de frente
Peralta
en Taco Ralo
Amanda Peralta fue fundadora de la Juventud Peronista
de La Plata y, luego, de las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP). En 1965 fue
detenida en la base guerrillera de las FAP en Taco Ralo. En estos días en que la
noticia de su muerte llegó desde Suecia, donde residía desde su exilio,
publicamos extractos de un dialogo más extenso entre Amanda y Juan José Salinas
- publicados originalmente en la revista El Porteño en 1985 - y reproducidos -
más tarde - por la Revista Los ´70.
- Las FAP difieren bastante de otras organizaciones armadas de nuestro país. ¿A
que se debe?
- Fue la organización que le dio continuidad a la resistencia peronista. En ella
privaba mucho lo voluntario, lo no militar. También las relaciones directas con
la base y los sindicatos. Quizás todo eso se debiera a que la mayoría éramos
viejos militantes políticos que habíamos hecho nuestra experiencia en las
unidades básicas o en la JP. No tendíamos una mistificación respecto de lo que
era el peronismo. Ellos leían los libros de Perón y tomaban sus palabras como
dogma
- A lo largo de todos est6os años, ¿te replanteaste tu vida política?
- Claro. Tengo la sensación de que estuve en el peronismo haciendo siempre la
contra, siempre peleando. Desde que llegaron las instrucciones de Perón de
votarlo a Frondizi, en 1957, nunca estuvimos de acuerdo con nada. Siempre
estábamos en la vereda de enfrente.
- ¿Ustedes pasaron a la acción guerrillera porque no había otra opción?
- No había otra opción, eso es cierto. No había opciones políticas de otro tipo,
menos aún legales.
- ¿ Y bajo la presidencia de Arturo Illia?
- Illia se aparecía como un gorila más que ganaba las elecciones gracias a la
proscripción del peronismo. Hoy vemos que esa visión fue un error. Nos
equivocamos y le hicimos el juego a los militares. ¡Yo participé en la
preparación del foco guerrillero durante el gobierno de Illia, en 1964¡
- ¿Qué los impulsó a tomar el camino del foco?
- Estábamos en pleno foquismo, con las anteojeras puestas. Muy influidos por la
Revolución Cubana. El foco era la respuesta mágica, maravillosa y perfecta para
los problemas del país. Fue nuestra etapa de mayor sectarismo. El hecho de que
el gobierno de Illia fuera democrático se consideraba un estorbo para
desarrollar el foco guerrillero. Y esa estrategia destruyó la unidad que existía
entre la Juventud Peronista y los sindicatos. Para mí, esa fue una de las
grandes tragedias del foco. Hasta entonces, la unidad que había era tremenda:
los sindicatos no podían hacer ningún tipo de agitación sin la JP. Hoy siento
que nuestra ida al monte como una consecuencia de la derrota obrera.
- ¿Qué sucedió en 1973?
- Había toda una idealización de la lucha armada. Pero el grupo de los veteranos
de la FAP, en el 73, planteamos abiertamente que la tarea era política, que
había que organizar a las bases y que la estrategia del ERP y Montoneros era
errónea. También hicimos una crítica al alto grado de violencia que usaban esas
organizaciones. Hoy tenemos que ver eso también autocríticamente: antes del 73,
cuando nosotros operábamos como grupo armado, no se daban esos niveles de
violencia porque la represión tenía otras características. Si hubiéramos actuado
en la etapa del salvajismo, creo que hubiéramos entrado en la misma dinámica.
- ¿Después de todos estos años ¿cuál es tu reflexión?
- En general, en todos los procesos guerrilleros prima la visión voluntarista de
acortar los plazos. Digamos que es la versión de izquierda de lo que el golpe es
para la derecha. Yo no creo que se pueda negar la existencia de procesos
violentos. Incluso, en gran cantidad de casos, la violencia es un arma de las
masas. Pero hoy diferencio esa problemática de la concepción de guerra, así como
diferencio entre lucha de clases y guerra de clases.
Hay una visión acrítica de los procesos de guerra. Se hace una asimilación de lo
ineludible con lo legítimo. No podemos plantearnos erradicar la guerra a través
de fomentar las guerras. En 1973 esta confusión era muy grande porque allí la
violencia no era necesaria. Sucede que la concepción foquista se formó con dos
componentes: el nacionalista –con todos sus valores patrióticos, los héroes, el
sacrificio – y la concepción marxista de la lucha de clases como el motor de la
historia. Eso dio un cóctel explosivo. Tendíamos a ver la violencia como
heroísmo y como valor proletario y socialista. Ahí estaba la idea: cuantos más
milicos limpiemos, más cerca estaremos del socialismo. El problema es cuando
descubrís que no podes hacer una guerra sin militarizarte, sin volverte un
militar.
Fijate que para nosotros el concepto de lo militar, tan odioso para cualquier
viejo anarquista o socialista, llegó a perder el carácter negativo. Hacer
política era militar. Lo militar era lo más sagrado de las organizaciones
foquistas. Después llegaron los grados, los ascensos, las formaciones militares.
Lo más triste es que todo esto se vivía como valores socialistas. Ese
militarismo pasó a deformar el pensamiento político. ¿Hay algo peor para el
desarrollo de una discusión política seria, honesta, profunda, que la
subordinación militar? Yo creo que hoy debemos poner todo eso patas para arriba.
No dar nada por sabido, ir al fondo, e incorporar críticamente la teoría. Eso
significaría poder aprender de nuestras experiencias.