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Argentina: La lucha continúa
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Juicio al crimen más brutal de la dictadura
El TOF-5 comienza a juzgar mañana a los responsables por la Masacre de Fatima,
ocurrida en agosto de 1976
El
juez Guillermo Gordo y, a la derecha, el acusado Gallone, en una foto que
intentó usar en su favor.
En la madrugada del 20 de agosto de 1976 veinte hombres y diez mujeres
secuestrados en la Superintendencia de Seguridad Federal, bajo la órbita del
Cuerpo I de Ejército, fueron adormecidos y cargados en un camión verde oscuro. A
la altura del kilómetro 62 de la ruta 8, en un camino de tierra cercano a
Fátima, el camión y los tres Ford Falcon que lo escoltaban se detuvieron.
Bajaron a los moribundos, les dispararon un tiro a quemarropa y los apilaron
sobre una carga de dinamita. A las 4.30 la explosión hizo temblar Fátima. El
sumario policial detalló que tenían las manos atadas por la espalda y los ojos
tapados con cinta adhesiva. Fue la matanza más brutal que se conoce de la última
dictadura.
Mañana el Tribunal Oral Federal 5, integrado por Guillermo Gordo, Daniel
Obligado y Ricardo Farías, comenzará a juzgar por la "Masacre de Fátima" a tres
oficiales retirados de la Policía Federal. La acusación correrá por cuenta del
Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) y del fiscal Félix Crous. Los
imputados son el director de Inteligencia de la Superintendencia (SSF),
comisario general Juan Carlos Lapuyole –hombre de íntima confianza del ex
ministro del Interior Albano Harguindeguy, que interrogaba al pie de varias
mesas de tortura porteñas con el alias de "Francés"– y dos miembros de sus
brigadas: los comisarios inspectores Carlos Enrique Gallone y Miguel Angel
Timarchi.
El sombrío edificio de Moreno 1417, a una cuadra del Departamento Central de
Policía, fue desde los años ‘60 sinónimo de represión política. El año pasado,
el uruguayo Antonio Viana Acosta, militante tupamaro, denunció que ya en febrero
de 1974 fue torturado durante dos semanas en Coordinación Federal, nombre
anterior de la SSF. En su secuestro, pedido por la inteligencia oriental,
intervinieron los jefes de la Policía Federal, Alberto Villar y Luis Margaride,
y de la Triple A, Rodolfo Almirón y Juan Ramón Morales. Coordinación ya era
epicentro del incipiente Plan Cóndor.
El inspector Rodolfo Peregrino Fernández, ayudante de Harguindeguy durante 1976,
relató en 1983 que el ministro tenía brigada propia para secuestrar, pero
"cuando el grado de riesgo superaba la capacidad de acción de este grupo
recurría a oficiales de la Dirección de Operaciones de la SSF, cuya jefatura
ejercía el comisario mayor Lapuyole, siendo el principal Carlos Gallone, alias ‘Carlitos’,
quien más frecuentemente era comisionado a estos efectos". Agregó que Gallone
tenía "ferviente admiración por la extrema derecha" y fue "el más estrecho
colaborador de Harguindeguy en las tareas de represión ilegal. Se rodeó de los
mayores torturadores y asesinos salidos de la Triple A, a quienes llevó a la
Dirección General de Inteligencia".
A diferencia de otros centros clandestinos porteños como El Olimpo, Club
Atlético o la ESMA, recuperados como espacios para la memoria y con decenas de
represores presos, la mayor parte de los asesinos de la SSF siguen impunes, y su
edificio intacto. El juicio por Fátima es la excepción que confirma la regla. El
juez federal Norberto Oyarbide, que instruye la causa Triple A, no avanzó por el
momento más allá del entorno íntimo del ex ministro José López Rega. Y el Estado
argentino, querellante por medio de su Secretaría de Derechos Humanos en causas
de todo el país, no impulsó aún la investigación del centro clandestino más
cercano al Obelisco.
Royal Air Force
Rara avis para una fuerza que convirtió el silencio en mandamiento, el sargento
retirado Armando Luchina, ex carcelero de la superintendencia, declaró ante la
Conadep en 1984, en el Juicio a las Juntas en 1985, y ante cada organismo, juez
o periodista dispuesto a escucharlo. "Yo estoy jugado", responde para explicar
por qué no aceptó protección del Estado. A Luchina no le contaron la historia.
Siempre admitió que tuvo contacto con los secuestrados y que debía llevar una
lista de presos legales y otra de "RAF", por Royal Air Force, como Lapuyole &
Cía. nombraban a quienes consideraban "en el aire".
La noche del 19 de agosto se apagaron todas las luces de la superintendencia
menos las del ascensor y el estacionamiento, relató Luchina. Estaban los jefes
de todas las brigadas. Gallone daba las órdenes. Bajaron a los treinta
secuestrados desde distintos pisos. Cuatro parecían muertos. El resto, drogados.
Los cargaron en un camión que no era de la dependencia. "Estos se van para
arriba", le comentaron. Dos días después leería en los diarios la aparición de
los treinta cuerpos.
Un grupo de obreros se topó con la escena. La explosión había provocado un hoyo
de un metro de profundidad. La brutalidad obligó a Videla a repudiar la masacre.
Cinco cadáveres fueron identificados desde el primer momento. Inés Nocetti había
sido secuestrada el 11 de agosto junto con Selma Ocampo, militante sindical
despedida de la Ford de General Pacheco, identificada en 1984. Alberto Comas
había desaparecido a fines de julio. Trabajaba en la fábrica Royo, pegada al
Riachuelo. Ramón Lorenzo Vélez, Angel Osvaldo Leiva y Conrado Alsogaray, obreros
de la firma Bendix, habían sido secuestrados en la madrugada del 16 de julio.
Los otros 25 cuerpos fueron inhumados como NN en fosas individuales del
cementerio de Derqui. El Equipo Argentino de Antropología Forense los exhumó en
1985, pero recién diez años después, en el marco del Juicio de la Verdad, pudo
comenzar a identificarlos por medio de análisis genéticos. De las 30 víctimas,
16 ya tienen tumba con nombre y apellido. La mayoría eran obreros de Bendix y
fueron vistos en la SSF.
A fines de 2002, en representación de familiares de Jorge Argente, Alberto
Comas, Susana Pedrini de Bronzel y Horacio García Gastelú, el CELS pidió la
reapertura de la causa. En mayo de 2004 el juez federal Daniel Rafecas procesó a
Lapuyole, Gallone y al director de operaciones, Carlos Vicente "El Lobo"
Marcote, que murió poco después. Al año, al confirmar los procesamientos, la
Cámara Federal porteña incluyó también a Timarchi. En febrero de 2006 Rafecas
elevó la causa a juicio oral. Lapuyole, de 75 años y serios problemas de salud,
goza de prisión domiciliaria. Timarchi, de 62, y Gallone, de 60, están presos en
Devoto. La causa tiene un solo prófugo: Luis Alberto "El Japonés" Martínez. El
resto de los miembros de las brigadas de la superintendencia podrá presenciar el
juicio como cualquier ciudadano. Nadie los busca.