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Argentina: La lucha continúa
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La resistencia
Carlos del Frade
APE
'Nos duelen a chorros las escuelas. Las escuelas que parecen hoy el escenario
privilegiado de la violencia. Violencia ejercida de pibes contra pibes. Y la
escena del crimen es el aula. La tele no cesa de anunciar las desgracias. Es que
se acabaron los secuestros Express y se terminó el paro del campo. Sólo se
interrumpe para mostrar el accidente de la ruta, y contarnos los muertos en
nuestras caras. Adolescencia feroz, rezaba el título del noticiero del lunes.
Alarma por la violencia escolar, decía el titular de la tapa del diario del
sábado. Ellos nos dictan la agenda macabra', escribió hace poco la maestra y
militante, Bety Jouve, desde sus años como docente rosarina.
'Los que estamos en las escuelas presenciamos en estos días como crece la
preocupación de los padres. Y aquella pelea en el recreo que días atrás era
intrascendente hoy cobra dimensiones inusitadas. Todos ven violadores y asesinos
seriales sentados justo al lado del banco del nene. Desasosiego y la explicación
que no alcanza', agrega la vicedirectora de una escuela que sigue porfiadamente
apostando y creando belleza y alegría en la zona oeste de la ex ciudad obrera.
Los medios remarcan una y otra vez sobre la violencia en las escuelas.
En un colegio de Gregorio Lafererre, por ejemplo, Alexander, de diez años, no
puede salir al recreo. Su padre dice que le rompieron la boca y las maestras,
entonces, lo cambiaron de curso y le prohibieron divertirse cuando termina la
hora.
Y los medios de comunicación descargan su falsa e hipócrita saña contra los
maestros: 'los agresores disfrutan de impunidad en el colegio, mientras que la
víctima de diez años debe asistir con miedo a clases. 'No lo dejan salir al
recreo para que no le peguen. Cuando no hay maestras de turno para cuidarlo, lo
dejan encerrado', se regodean en su sed de sangre y mano dura.
Agregan esos diarios que 'la pelea comenzó en el aula, durante una clase. La
maestra logró a separarlos, pero las agresiones llegaron a la hora del recreo.
En dos oportunidades el niño fue golpeado por cinco chicos de su misma edad'.
Es necesario volver a la maestra rosarina.
'Las voces de mano dura se levantan. Poner detector de metales, sacar la manzana
podrida, enderezar el árbol de chiquito. Ponernos a salvo. Y estaríamos tan
tranquilos si no fuera por estas cosas que nos estallan. No hay reparo, no hay
abrigo, no hay adentro calentito, no hay nada. ¿Bajar los brazos y las
banderas?. ¿Apagar la luz y meternos en nuestras casas?. ¿Mirarnos por las
mirillas con desconfianza?', escribe con las tripas.
No hay que rendirse, sienten las mayorías de las maestras y los maestros, no hay
que rendirse a lo que reclaman los grandes medios de comunicación.
Hay una tozuda resistencia de parte de los que multiplican esperanzas en las
aulas de forma cotidiana.
'...En mi escuela, igual que en otras tantas, escuché a papás y a maestros
atemorizados. El miedo nos manda y nos nubla las miradas. Tan nublada estoy que
casi me pierdo que esta semana recibimos la visita de Daniel, con la muestra de
las mil caras del Quijote. Y los chicos rieron, dibujaron, imaginaron, visitaron
el mundo del caballero andante. Pensaron y jugaron a ser Quijotes arreglando
entuertos. Le pusieron nombre a sus molinos de viento, a sus miedos, a los
gigantes que los acechan. Se sintieron Quijotes y Dulcineas, gastando pólvora en
chimango. La pólvora de los deseos, de los sueños, que siempre se escapan más
allá de nuestras manos.Y es que así vamos. Y así volvemos al otro día. Y así los
seguimos intentando. Educar a los pibes, menuda tarea. Imposible, al decir de
Freud. Siempre se escapa. Nunca llegamos. Es casi como gastar la pólvora en el
chimango. Hoy el día está nublado. Llueve del centro de mi alma a la punta de mi
dedo gordo. Llueve, y hay goteras por todos lados. Pero aunque se humedezcan
nuestros cartuchos, acá seguimos, obstinados, intentándolo', termina diciendo la
maestra Bety y sigue ofreciendo abrazos mientras enfrenta al sistema, como la
mayoría de los trabajadores de la educación de la Argentina, más allá de las
condenas contra los pibes.
Las maestras, los maestros y los pibes insistirán y pese a quien le pese,
ganarán.