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Latinoamérica

Delincuencia y modelo económico en Chile

Eduardo Andrade Bone

Durante estas últimas semanas en Chile, se ha ido profundizando el debate en torno del problema de la criminalidad y la delincuencia, lacras sociales propias de un sistema económicos cada vez más injusto, como el que impera hoy en el país del cono sur latinoamericano.

Los candidatos que representan el legado del régimen militar, en sus expresiones duras y blandas, vale decir la Unión Demócrata Independiente (UDI) de extrema derecha y profunda defensora de la obra y de los crímenes, muertes desapariciones, exilio y robos a las alcas del Estado chileno por el régimen militar, junto a Renovación Nacional (pinochetismo blando), han levantado como sus banderas de lucha, el cada vez más agudo problema de inseguridad y delincuencia que tienen que enfrentar los chilenos.

Para ello las dos agrupaciones políticas, juntos a sus dos candidatos presidenciales, Joaquín Lavín (UDI) y Sebastían Piñera (RN), critican duramente la gestión del gobierno de la Concertación neoliberal y a su primer mandatario Ricardo Lagos, por no haber tomado las medidas necesarias para frenar el auge de la criminalidad y la delincuencia en el país. Para ello proponen más represión, más mano dura, más autocracia, una aplicación más afectiva de la doctrina de la seguridad nacional, que es la que resguarda los intereses de la oligarquía financiera nacional. Lo que exige en el fondo la extrema derecha, son la aplicación de los resabios represivos de la dictadura militar del criminal y ladrón Augusto Pinochet.

Puesto que el tema de la criminalidad y la delincuencia, es un tema sensible para la gran mayoría de los chilenos, la candidata de la Concertación neoliberal, Michelle Bachelet, como una forma de defensa ante la ofensiva de la extrema derecha (UDI-RN) ante el tema en cuestión, de una forma populista y demagógica, al igual que sus antecesores, hace otro tanto, ofreciendo más represión, la creación de un ministerio de seguridad pública e incremento del personal de la policía uniformada a 1500 personas por año.

O sea, a ellos no les basta con la policía civil y uniformada, no les basta con los aparatos de inteligencia de las diversas ramas de las Fuerzas Armadas, y que también se preocupan de estudiar e investigar el fenómeno de la delincuencia, no les basta con la Doctrina de la Seguridad Nacional y su Consejo respectivo, no les basta con las empresas de seguridad que dirigen ex torturadores que cuidan empresas, bancos, condominios residenciales, etc., o sea, es necesario más y más represión y no enfrentar los orígenes mismo del flagelo que azota a los chilenos y que es uno de los mayores legados del sistema económico de la dictadura.

Se puede calificar a un país que tiene que construir más cárceles e invertir en más personal represivo contra la delincuencia, como un país que avanza y progresa ?...es que el crecimiento de la criminalidad y la delincuencia desde la dictadura hasta ahora, es otro de los grandes éxitos económicos del neoliberalismo y la Concertación ? Un país que progresa acaso no tendría que reducir la cantidad de cárceles y la delincuencia, en vez de que ésta se encuentre en constante crecimiento ?

Ahora, los tres candidatos presidenciales, sólo hablan de incrementar la mano dura y la represión, pero nada dicen acerca del problema real y de fondo y en cuyos orígenes está el crecimiento de la criminalidad y la delincuencia, que no es otro, que el sistema económico vigente desde la época de la dictadura hasta nuestros días. Es el modelo neoliberal el que ha permitido las grandes desigualdades sociales, la brecha cada vez mayor entre ricos y pobres, es el modelo económico de los Chicago Boy, que ha permitido que sólo un 10% de la población disfrute de todos los beneficios del salvaje consumismo desenfrenado y cruel, mientras las grandes mayorías siguen esperando las promesas incumplidas, después de 32 años de modelo económico al servicio de los grandes empresarios y las trasnacionales, los grandes problemas que padecen la mayoría de los chilenos siguen sin resolverse.

Tanto el gobierno de la Concertación neoliberal, como la extrema derecha, más que asumir el problema de la delincuencia como una cuestión de orden social y que es necesario que se a discutida por toda población, ellos, al igual que los regímenes autoritarios y fascistas, sólo prometen más represión y mano dura. No se busca una solución real al problema de las actividades delictivas, en la cual por regla general se ven involucrados personas que proceden de los estrato sociales más pobres del pueblo chileno.

Pero nada se dice de la delincuencia económica, en la cual se encuentran involucrados personeros de gobierno, empresarios, etc. El tráfico de influencias también es una forma de delincuencia, así como la corrupción de la clase política chilena, con representación parlamentaria que se ha visto envuelto en actividades ilegales, de eso, poco o nada se habla, al contrario, siempre se trata de ocultarlo de la mejor forma posible.

Hasta el momento el único candidato presidencial que ha ido al "meollo del problema", es el representante del Pacto Junto Podemos Más, Tomás Hirsch y que ha denunciado cuales son las raíces verdaderas del crecimiento de la delincuencia y la criminalidad en Chile, que no es otra que la paupérrima situación socio-económica que padece la gran mayoría de los chilenos, producto de la aplicación de un sistema económico que sigue marginando a la mayoría de su pueblo, del "bullado crecimiento económico de la Concertación".

Durante 32 años, todavía no hay un reparto equitativo de la redistribución de la riqueza, el chorreo no llega nunca y los chilenos siguen esperando un mejor reparto de la torta, pues hasta ahora sólo ha beneficiado a la oligarquía financiera nacional, las trasnacionales y los políticos corruptos, y después se quejan de que la delincuencia crece y crece, cuando ésta es producto del mercado salvaje, de la libre competencia y del dios dinero, también denominado capitalismo neoliberal. De allí que cuando se habla o discute acerca de lo que ellos mismo han contribuido a crear, actúan siempre con un doble rasero, pues los delincuentes son los pobres, los que no se han beneficiado de los bullados éxitos y el crecimiento económico del "país", mientras que los chilenos observan atónitos como crece el tráfico de influencias y la corrupción, además de la frustración y la decepción ante la clase política, ante las promesas de la Concertación y la extrema derecha. O sea, que los delincuentes que se han beneficiado de los éxitos del sistema económico neoliberal, Satán izan el crecimiento de la inseguridad y la delincuencia, que ellos mismos han contribuido a generar, pero cuyas consecuencia tienen que pagarla los más pobres del país.