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Argentina: La lucha continúa


La política del miedo: cuidado con…

Por Gustavo Lahoud *

Las recientes declaraciones de nuestro ministro de Economía Roberto Lavagna, -realizadas ante el más prestigioso medio de prensa de las finanzas mundiales, Financial Times- actualizan, de manera notable y preocupante, una de las tragedias estructurales que países como la Argentina deben soportar estoicamente desde hace por lo menos 30 años.

Me refiero, en honor a la necesaria precisión que se debe guardar ante estos episodios, a un nuevo capítulo de la saga protagonizada por los doctos tecnocráticos que "dicen entender de economía", afirmando, entre otras cosas, que en nuestro país hoy hay que cuidarse de no provocar una carrera de reajustes permanentes de precios y salarios que puedan desembocar, sin solución de continuidad, en un incipiente y preocupante rebrote inflacionario.

Lamentablemente, nuestro ministro de Economía ha caído en una nueva escenificación de la trampa del miedo aplicada a una por lo menos discutible interpretación económica de la coyuntura presente en términos de lo que es realmente posible en el orden de la administración de los recursos y medios económicos que, como se sabe ya desde la teoría clásica, son escasos y deben aplicarse a una multiplicidad de fines que, vale decirlo, deben poder priorizarse en términos de agenda de políticas públicas a diseñar y ejecutar desde la economía.

En primer lugar, me resulta imprescindible plantear que el desdoroso camino que se ha elegido a fin de alertar sobre estos supuestos peligros que estarían por venir, repite una nada desdeñable, funesta y esquizofrénica tradición de la élite dirigencial de la Argentina, según la cual se recurre a cualquier instrumento -en este caso, volcar semejantes expresiones ante el medio conservador por excelencia de las finanzas mundiales- a fin de obtener presuntas ganancias en la disputa de poder interno, generando, con ello, un mayor margen de maniobra que se autopercibe como imprescindible cuando, en realidad, lo que se hace es plantear falsamente una advertencia inusitadamente feroz teniendo en cuenta, entre otras cosas, el estado de postración, exclusión y miseria extendida que forman parte ya de un cuadro social largamente cristalizado e instalado como parte de la estructura económica permanente desde la devaluación de principios de 2002.

En realidad, estas expresiones son coincidentes con una de las formas en que, en la actualidad, las estructuras del capital concentrado y extranjerizado de la economía argentina operan intentando consolidar el actual estado de cosas desde la administración, asignación y distribución de los recursos económicos. Efectivamente, esa herramienta simbólica es el cuidado con…; en este caso, el miedo a la inflación, a la apertura de una etapa de riesgosa puja distributiva que desemboque en un verdadero pandemonium económico. En verdad, esta alerta juega, como en un espejo de imágenes quebradizas que no pueden verse entre sí, en algunos argumentos que, cuanto menos, permanecen en un inquietante estado de letargo y oscuridad argumentativa, de cual es necesario rescatarlos, a fin de poner un poco de luz en semejante desierto de ideas matizado convenientemente con la recurrente expresividad de un orden percibido, realmente, como la parálisis inmanente de la esperanza. Claro, porque como Usted sabrá, cuando la economía no crece, no se puede repartir lo que no genera como producto y/o riqueza, y, en el caso que es motivo de estas declaraciones, sólo puede orientarse una responsable deliberación de los actores sociales y económicos si comprenden que la única manera de obtener ajustes de salarios genuinos es a través de los aumentos de productividad que la economía vaya consolidando en su proceso productivo. Esto es, en verdad, el argumento predominante, pero…

Ciertamente, la estructura productiva… a ello vamos. Las expresiones del ministro Lavagna, ¿son realmente pertinentes? ¿Deben generar cauta preocupación? ¿Nos deben mover a reflexionar sobre algún peligro inminente?

Cualquiera que observe atentamente la realidad económica argentina, podrá vislumbrar la existencia de una estructura productiva fuertemente oligopolizada, hegemonizada por unos pocos sectores que son los que hoy han consolidado ganancias extraordinarias merced al proceso devaluatorio y que ostentan una inusitada capacidad de influencia política y de margen de maniobra para determinar, entre otras cosas, cuándo y cómo decidir mover las estructuras de precios de bienes masivos y básicos, que forman parte de la mínima seguridad alimentaria que todo noble ciudadano argentino debe poder preservar para subsistir y poder seguir trabajando aun por los miserables salarios que recibe a cambio y que son, valga decirlo también, un elemento más de una estructura económica como la descripta que, a la vez que tiene un auténtico ejército de reserva ya casi excluido del sistema de empleabilidad de la economía argentina, ostenta un pavoroso registro de informalidad en el empleo, trabajo en negro extendido, actividades semi-informales pésimamente remuneradas y carencia de las mínimas condiciones de seguridad para desempeñarse en el trabajo.

Por ende, en una situación de tal desequilibrio social y económico, ¿tiene sentido recurrir al miedo inflacionario? El ministro Lavagna, que nos ha convocado a todos a protagonizar un epopéyico esfuerzo en pos de mantener fuertes superávits fiscales a fin de poder asegurar el pago de la deuda reestructurada, ¿cree realmente que una economía así organizada, tan inequitativa en su matriz distributiva y tan regresiva en su ordenamiento impositivo y fiscal, y que genera trabajo de baja productividad y escasamente remunerado, puede provocar, desde el juego libre de la puja redistributiva de precios y salarios, un camino pavimentado inescapablemente hacia un proceso inflacionario?

En verdad, ¿no es la misma estructura económica de nuestro país la que está en reales condiciones de generar el caos? Sí, de hecho ya ha ocurrido; a fines de la horrorosa experiencia de la convertibilidad, con proceso devaluatorio mediante, una de las formas predilectas que el capital concentrado ha tenido para operar en nuestros países latinoamericanos, que es el instrumento de la fuga de capitales en masa, ha funcionado con una enorme capacidad extorsiva. Literalmente, nos ha puesto de rodillas, nos ha vaciado, contando con la anuencia del Fondo Monetario Internacional, que ha actuado como soporte logístico de una brutal operatoria de fuga de capitales que fue financiada a través de los 12.500 millones de dólares que el citado organismo nos prestara en la llamada operación del "blindaje".

Entonces, los instrumentos del cuidado con…, la fuga de capitales, el de la misma estructura productiva desigual e impiadosa de nuestra economía con su oligopolio extranjerizado, son los que realmente parecen tener la capacidad funcional y, por ende, el control de las palancas estratégicas de la economía, que son aquellas a través de las que se determina si el derrotero del proceso económico será efectivamente incluyente o no. He ahí, por cierto, el eje de la discusión y lo que verdaderamente debería ponerse sobre la mesa.

Tal como dice Julio Sevares, "Una de las causas de inflación no es monetaria, ni fiscal ni de expectativas, sino estructural. En los mercados concentrados, las empresas tienen la posibilidad de fijar precios por encima de sus costos de producción (que determinan los precios en competencia perfecta), de aumentar precios aprovechando que cualquier expansión de la demanda lo permite y de no reducirlos cuando la demanda cae. Por otra parte, cuando el mercado está dominado por pocas empresas, éstas tienen la posibilidad de dejar de lado la penosa competencia y optar por los acuerdos de precios, alternativa más viable cuanto menor es la voluntad o la capacidad de los gobiernos de combatir ese tipo de prácticas".

Soy de aquellos ciudadanos que piensa que si no debatimos en economía con la conducción de la política como verdadero norte estratégico, caeremos siempre en estas recurrentes trampas que, lejos de ser inocentes, juegan con apriorismos ideológicos y con sofismas dilemáticos que, en realidad, son la contrafigura de la disputa que no se está dispuesto a plantear desde el poder. Cuando se dice, no sin inocencia ni ingenuidad, que no se puede volver al estatismo como norma de organización económica, que hay que salir del falso debate entre conservadurismo económico y populismo irresponsable, lo que se hace, en verdad, es abonar una mentirosa dicotomía que ha servido para instalar una mirada prejuiciosa e injusta sobre los procesos políticos y económicos del país y de la región latinoamericana en general. Por ello, digamos, entonces, las cosas como realmente son y no como se generan desde la superchería del mito estructural sobre nuestra irresponsabilidad, incapacidad y negligencia en el manejo de las cuestiones económicas.

Hablando seriamente, creo en una agenda real de cambio, que tal vez pueda servirle como norte al ministro Lavagna. Simplemente lo propongo desde mi derecho a expresar mi opinión como ciudadano que no está dispuesto a dejarse arrebatar por las disputas que huelen a tecnocracia artificiosa. Ella se sustenta en tres pilares:

La recuperación de la planificación sobre la infraestructura básica integral que nuestro país, como parte de la región, necesita convertir en política pública concreta dirigida estratégicamente desde el Estado, cuyo rol regulador e interventor en la realidad económica, social, productiva e infraestructural hay que recobrar como eje geoestratégico articulador de un nuevo modelo de desarrollo inclusivo, endógeno y proyectado equilibradamente hacia la economía global desde una concepción de la actividad productiva y económica situada desde las problemáticas del país y la región. Es decir, caminos, puertos, aeropuertos, medios de transporte, integración territorial con economías regionales sustentables, conexiones geográficas múltiples, obras de infraestructura básica en materia de energía, comunicaciones, transporte, salud, educación y esparcimiento son los necesarios ejes que se deben recuperar desde el Estado con un criterio director dinámico y democratizador, sin intervencionismos ineficientes que consoliden estructuras de poder, sino a través de un rol activo, que promueva el involucramiento comunitario en el manejo y control del propio destino de la colectividad de la que se forma parte. Esta línea maestra supone un nuevo rol para y desde el Estado, pero con un sentido diferente, que tome lo mejor de las experiencias pasadas y reconozca el dinamismo imprescindible que la economía mundial con su actual desarrollo tecnológico demanda en términos de autoexigencia productiva en patrones de productividad más eficientes a partir de una incesante incorporación de tecnología e innovación productiva. Entonces, infraestructura básica es también, apropiación de tecnología e innovación. Por lo menos, para pensarlo.

Recuperar el rol del Estado en términos de financiamiento público integral, es decir, el crédito público debe, necesariamente, ser dirigido -desde las instituciones crediticias estatales- al conjunto de actividades productivas y de planificación económica que han de encararse a fin de que sea posible la estructuración de los pilares de un nuevo modelo económico inclusivo. Claro que, por cierto, el capital concentrado de nuestra economía opera, también, desde una lógica que ha resultado devastadora: es la que liga al Estado a la ineficiencia financiera y a su mala calidad de asignador de recursos en la economía. Sobre ello, es necesario trabajar en pos de desbaratar un foco tradicional de sofisma economicista que, desde hace ya 30 años, está aun vivito y coleando.

Finalmente, recrear un papel inteligente, dinámico y estratégico del Estado en materia energética y de recursos naturales. Aquí también se han instalado con fuerza los debates mentirosos que aíslan a la ciudadanía de la posibilidad de comprender la estructura oligopólica que hoy perdura en el manejo y control de toda la cadena energética, y en particular la hidrocarburífera, del país y en la explotación irracional de los recursos naturales renovables y no renovables de nuestra generosa geografía. Por ende, rol regulador junto a una inescapable reflexión social sobre la manera en que, entre otras cosas, se forman los precios en el mercado energético argentino son dos de las tareas que hay que instalar como fundamentales si es que estamos dispuestos, como sociedad, a no dejarnos correr por la infamia disolvente de la retórica del cuidado con la inflación y la puja distributiva, que son dos de los espectros statuquoistas que suelen menearse en estas circunstancias, lo cual, en definitiva, ha llevado a la pérdida del buen sentido en la observación de la economía como una herramienta que debe servir al mejoramiento inclusivo de la calidad de vida integral de los ciudadanos argentinos. Ciertamente, en materia energética y de recursos naturales, es esencial recuperar junto a la noción de planificación, el debate sobre la propiedad del recurso y la necesidad estratégica de su explotación racional y sustentable.

Para concluir, ministro Lavagna, me gustaría recordarle, desde mi humilde lugar de ciudadano argentino que jamás cejará en su esfuerzo por comprender a su sociedad como una comunidad de iguales e incluyente, unas palabras del General Juan Domingo Perón, quien, reflexionando sobre el sentido de la economía decía lo siguiente en su obra "El modelo argentino para el proyecto nacional":

"Debemos tener en claro que lo esencial con respecto a los objetivos que debe perseguir una actividad radicada en el país, es que éstos deberán atender tanto el aporte de la economía nacional como el beneficio del empresario. Esto debe definir una conducta coherente respecto de los intereses nacionales y los del empresariado."

"Pero si se trata de obtener tantos beneficios como sea posible, consolidando intereses que están en el exterior, los aportes a la economía nacional se alejarán considerablemente de lo que resulta conveniente para el país."

"En esta materia no basta con lograr soluciones apresuradas para las grandes cuestiones, pensando que todo lo demás ha de resolverse por sí solo. No basta tampoco con elaborar soluciones a medias, tomando decisiones sobre la inversión externa sin establecer claramente la actividad en la cual han de insertarse. Hay que establecer políticas diferenciales, en todos los campos, y fijar con precisión suficiente la forma de preservar los objetivos nacionales."

"…La planificación es consecuencia necesaria de la organización, e instrumento para la conducción concreta."

En realidad, Señor ministro, la economía es una ciencia social que debe ligarse con la satisfacción de la vida humana; si esto no se entiende, si nuevamente seremos víctimas de los espejismos catastrofistas convertidos en profecías autocumplidas, es que no hemos logrado comprender -ni siquiera en un mínimo porcentaje- las causas finales y eficientes detrás de cuyos engranajes operan los actores económicos que han consolidado estas estructuras de exclusión y de despojo.

La dignidad es un grito que clama por justicia y que denuncia que la economía es hoy el tiempo de la inhumanidad y del no ser. En mi caso, lucharé democrática y lealmente para que esto se termine. Simplemente, porque mi Patria me duele.

Lic. Gustavo Lahoud. Buenos Aires, 24 de Marzo de 2005.

Notas:

Ver BERMUDEZ, Ismael: "El trabajo en negro volvió a crecer y afecta al 48,9% de los asalariados", en Clarín, Sección El País, sábado 19 de marzo de 2005, p.9. En este caso, se referencia una nota que recoge datos oficiales del INDEC, sobre el empleo en negro en la Argentina en el cuarto trimestre de 2004.

Véase al respecto una esclarecedora nota de Alfredo Eric Calcagno y Eric Calcagno, en la edición Cono Sur de Le Monde diplomatique. CALCAGNO, Alfredo Eric y CALCAGNO, Eric: "Finanzas al margen de la ley. Quiénes y cómo fugaron capitales", en Le Monde diplomatique, Edición Cono Sur, enero 2005, pp. 8 y 9.

Véase SEVARES, Julio: "La inflación y la estructura económica", en Clarín, Sección Opinión, sábado 19 de marzo de 2005, p. 29.

Es, en verdad, un proceso simultáneo a una lógica de pensamiento situado, tal como define Enrique Dussel a la necesidad de pensarnos desde la región y terminar con la reproducción in fine de la estructura colonial del saber y del conocimiento. Véase DUSSEL, Enrique: "Eurocentrismo y Modernidad" en Mignolo, Walter: Capitalismo y Geopolítica, Ed. Del Signo-Duke University, Bs. As., 2001.

Sevares, en la nota aludida afirma que "…con la privatización de YPF, el Estado perdió la capacidad de fijar los precios del combustible en función de los costos internos de producción, potestad que quedó en manos del mercado, dominado por unas pocas empresas extranjeras". Idem 3.

Al respecto, es recomendable la lectura de una obra liminar del pensamiento político, en la que se reflexiona sobre el concepto de comunidad, que muchas veces se transforma en algo inasible y que es necesario comprender bien en esta hora de la Argentina y de América Latina. A tales efectos, véase: FRIEDRICH, Carl: El hombre y el gobierno, Ed. Tecnos, Madrid, 1968.

Ver PERÓN, Juan: el modelo argentino para el proyecto nacional, colección Testimonio de Actualización Política, Instituto de Estudios Peronianos, Fundación Integración Americana, Bs. As., 1995, pp. 42, 43 y 45.

* Lic. en Relaciones Internacionales de la Universidad del Salvador. Investigador del Área de Recursos Energéticos y Planificación para el Desarrollo del Instituto de Investigación en Ciencias Sociales (IDICSO) de la Universidad del Salvador; colaborador del Movimiento por la Recuperación de la Energía Nacional Orientadora (MORENO). Fecha: Marzo de 2005. Email: idicso@yahoo.com.ar