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Argentina: La lucha continúa

Es una de las 160 empresas recuperadas
Bauen Hotel, mucho más que un cuatro estrellas

Emilio Marín
La Arena

Cerrado por sus dueños en 2001, cuarenta de sus empleados entraron en este hotel dos años después y lo pusieron en marcha. Antes se organizaron en cooperativa, que hoy agrupa a 150 trabajadores. Sin embargo, como toda historia feliz, sufre acechanzas. En esta semana la Legislatura porteña puede tratar un proyecto macrista que pretende devolver el hotel a los ex dueños que lo vaciaron.

Historia frecuente

Desde que el capitalismo es tal, son incontables las empresas fallidas y menudean las vaciadas por sus propietarios. En la Argentina eso es moneda corriente, con dos agravantes: varias de esas fuentes de trabajo fueron levantadas con préstamos del Estado, nunca devueltos; y los empleados suelen quedar en la calle sin sus indemnizaciones de ley.
Uno de esos casos es el Bauen Hotel, que levanta sus 19 pisos en una zona estratégica de la Capital, a metros de las avenidas Callao y Corrientes. En Callao 360, para ser más precisos.
Marcelo Yurcovich era el empresario que lo inauguró en 1978 usando créditos del Banco Nacional de Desarrollo (Banade). Los memoriosos recordarán que ese año se jugaba el Mundial de Fútbol y que mandaban la dictadura y la Junta Militar.
Yurcovich no pagó esos préstamos oficiales y vendió el paquete a un grupo chileno, Solari. Después siguió la calesita de "nuevos" dueños sospechados de ser tan viejos como Yurcovich, que murió y fue continuado por su familia, sólo que con otras razones sociales (Mercotel, Poliequipos, etc).
El cierre sobrevino en el caótico diciembre de 2001, afectando a 80 empleados. Después de intentar vías legales, dos años después, la mitad de ese personal entró al lugar y se organizó en cooperativa para hacerlo funcionar. Seguramente en esa decisión influyó el ejemplo positivo de cerámicas, panaderías, imprentas, metalúrgicas, textiles y hasta de diarios, entre otros rubros, que se habían organizado en cooperativas para poner en marcha las fábricas cerradas por patronales huidizas.
Es un ida y vuelta. Hoy la experiencia del Bauen también educa al resto del movimiento nacional de empresas recuperadas, una corriente que cuenta con unos 160 establecimientos en todo el país y entre 12.000-15.000 empleados.

Balance positivo

Para mucha gente es imposible que una empresa funcione sin el orden jerárquico, con dueños, gerentes, capataces y empleados. Pero el balance del Bauen y los de otras fábricas recuperadas demuestran que hay otro camino posible para trabajar e incluso acumular beneficios invertidos no sólo en salarios sino también en obras.
Al principio todo fue muy difícil. El núcleo fundador de la cooperativa trabajaba día y noche, no sólo por cuestiones laborales sino también de sobrevivencia: las amenazas de desalojo judicial y policial no cesaron. Aún hoy, con tanto trecho recorrido y la legitimación social que brindan casi tres años de servicio, los pretendidos "dueños" no dejan de hacer falsas denuncias por medio de interpósitas personas para que la justicia correccional ordene clausuras del local, mientras siguen pleiteando ante otros juzgados para lograr la reposición del hotel a sus manos, privadas.
Luego de superar los momentos más duros, la cooperativa avanzó en la refacción del establecimiento y amplió la plantilla de empleados hasta los 157 de la actualidad.
De las 220 habitaciones del Bauen, se han restaurado y habilitado 160, el resto lo será más adelante. En total se ha invertido casi un millón de pesos en esas reparaciones, la ampliación del salón-bar de la planta baja y hasta la construcción de una pileta y solarium. Y lo remarcable es que todo lo hicieron sin recibir subsidios estatales ni créditos oficiales. Destacan en cambio la ayuda de los obreros de Zanón, que les vendieron los cerámicos a buen precio y largo plazo.
Cuando tengan el comedor diez puntos, el hotel recuperará las 4 estrellas de su mejor época. Serán la distinción de un hotel internacional, hecho a pulmón por sus trabajadores.
Ellos cuentan el cambio de actitud que les demandó actuar como miembros de la cooperativa. Dicen: "tenés que concientizarte; con el patrón vos cumplís 9 hora y te vas, cobrás y listo; acá no, te tenés que quedar diez o más horas y conservar cada cosa, incluso un cuchillo de cocina, porque es mío, es tuyo y es de ellos".
Aparte de esa nueva mirada sobre la empresa, los empleados que se fueron sumando tuvieron que capacitarse, incluso con clases de profesores de hotelería de la Universidad de Buenos Aires. Y así se vieron progresos interesantes, como que la actual supervisora de ventas revele que antes fue mucama y después fue capacitada.
Sin cholulismo sino con satisfacción de lo hecho, los empleados "marcan" a un grupo de huéspedes y develan que es el equipo de fútbol de Talleres de Córdoba, que para allí. Si uno no es futbolero, indican otra mesa y puntualizan: "es un baterista de Los Ramones". A la gente progresista le comentan que en el Bauen paró Danielle Mitterrand, la viuda del ex presidente de Francia, cuando vino al país en octubre.
Aunque les importan los resultados financieros, los cooperativistas afirman que su fuente de trabajo tiene una función social o de interés público. La UBA imparte allí clases de inglés y otros idiomas, hay dos salas de teatro y siete salones abiertos a la comunidad. Cuando alguien de pocos recursos viene del interior con un familiar enfermo, suelen alojarlo en forma gratuita.

Intentos de restauración

Con la idea de mantener el hotel en manos de la cooperativa que preside Marcelo Ruarte, los trabajadores presentaron en la Legislatura un "Proyecto de Ocupación Temporaria y Declaración de Utilidad Pública". Un kirchnerista, Diego Kravetz, lo presentó este año pero no tuvo tratamiento en el cuerpo.
Peor aún, al calor de la victoria de Mauricio Macri en las legislativas de octubre en la ciudad autónoma, desde las filas macristas surgió un proyecto opuesto. Lo motorizó Mario Morando, con apoyo en las dos bancadas que tributan a la derecha: Compromiso para el Cambio y Juntos por Buenos Aires.
Morando propone liquidar la autogestión y devolverle la propiedad al grupo Yurcovich que no ha podido acreditar su supuesto derecho, no ha devuelto los créditos al cerrado Banade (reabsorbido por el Banco Nación), ni puso los 4 millones de pesos de caución reclamados por el juzgado.
El macrismo plantea cerrar durante un año el hotel para "acondicionarlo" y que en ese lapso el Estado pague los salarios. Sólo se reincorporarían 20 de los cooperativistas, quedando más de 120 afuera.
Los legisladores Morando, Jorge Enríquez, Paula Bertol, Diego Santilli y otros, con el visto bueno de Santiago de Estrada, piensan tratar mañana el proyecto restauracionista. Desde cierto ángulo, semejante maniobra es el certificado de calidad de la obra del personal. Es que los vaciadores suelen hacerse humo cuando una empresa está por naufragar y tratan de restaurar su dominio cuando vuelve a ser rentable. El hotel hoy está saneado y en marcha, su personal trabaja feliz. Como dice el tango: "nunca falta un buey corneta, cuando un pobre se divierte".
Pero aún si lograran votar esa ley infame, es improbable que puedan desalojar el Bauen. En todas las movilizaciones que se hicieron ante la Legislatura, su grito unánime fue "El Bauen es de los trabajadores, y al que no le gusta, se jode". Muchos gremios, organizaciones piqueteras, partidos políticos, grupos culturales y barriales, etc, del país e incluso del mundo, hacen fuerza para que no vuelvan los vaciadores de empresas.