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Medio Oriente - Asia - Africa

Las elecciones afganas se retrasan por segunda vez ante la falta de seguridad

Gara

La decisión coincide con un aumento de las acciones de la guerrilla talibán, pese al despliegue de tropas internacionales 03/07/04 La crisis en Irak está arrojando una larga sombra sobre la situación en otro país, primero invadido y luego ocupado por fuerzas occidentales. Sin embargo, lejos de tender a la normalidad, la crisis en Afganistán se complica cada día. De este modo, al cumplirse la fecha para la convocatoria de las primeras elecciones en el país en dos décadas, ayer se daba a conocer el segundo aplazamiento de las elecciones ante la falta de acuerdo entre los representantes de los partidos que integran la comisión electoral. Los comicios generales iban a celebrarse primeramente en junio pasado, después se anunció la fecha de setiembre, y tras este nuevo retraso se baraja que se celebren en octubre. La falta de condiciones de seguridad aparece como la razón de fondo en este aplazamiento, que se produce una semana después de que la OTAN anunciara su plan de aumentar de 6.500 a 10.000 sus soldados en el país.
KABUL Los temores de diversas organizaciones internacionales, que habían advertido hace meses que no sería posible convocar elecciones «libres y justas» en Afganistán, se cumplieron ayer, al anunciarse un nuevo aplazamiento de los comicios, según la BBC británica.
La fecha límite marcada por la legislación de Afganistán para convocar las elecciones generales dentro del próximo mes de septiembre, como había prometido el presidente títere del país, Hamid Karzai, se cumplió ayer, según afirmaron portavoces oficiales.
Una fuente de la Oficina Electoral del Gobierno afgano confirmó que la ley exige que la convocatoria formal de los comicios se haga con al menos 90 días de antelación, por lo que el de ayer era el último día para poder convocarlas el 30 de septiembre.
Un funcionario del Ministerio de Exteriores señaló, sin embargo, que las elecciones «serán en la fecha señalada», que Karzai insistido que estará dentro del mes de septiembre.
Al menos en una ocasión, hace diez días, Karzai se refirió, sin embargo, al mes de mizan del calendario afgano, que va del 22 de septiembre al 21 de octubre, como periodo para la celebración de los comicios.
De esta forma, la convocatoria, según la fuente de la Oficina Electoral, «se podría producir en la próxima semana», con lo que legalmente las elecciones tendrían que ser, como pronto, en la primera semana de octubre, antes del inicio del mes de ayuno musulmán del Ramadán y del inicio del duro invierno afgano.
Inicialmente estaba planeado que los afganos acudieran a las urnas en junio, según los acuerdos de Bonn de diciembre de 2001, pero los problemas de seguridad afectaron el ritmo del proceso de registro de votantes de manera que se aplazó hasta septiembre. Y este nuevo aplazamiento supondría un duro golpe a la credibilidad del proceso puesto en marcha por los invasores.
En este sentido, analistas estiman que el aplazamiento no interesa en absoluto a George W. Bush, pues vendría a empeñar el «éxito» por la exhibición ante la «justicia»de Saddam.
Según la ONU, el número de electores inscrito a fecha del 29 de junio se aproximaba a los 5,5 millones ­la mitad del censo­ mientras que el porcentaje de mujeres registradas en el censo es del 38%. Además, según el portavoz, en las zonas rurales este porcentaje es un 6% mayor que en las ciudades.
El portavoz de la ONU en Kabul, Manoel de Almeida, confirmó el jueves que se debatía el aplazamiento de las elecciones. «Es cierto que estamos preocupados», añadió, precisando que una de las principales preocupaciones es «la integridad de la operación electoral» así como la seguridad de los electores, los candidatos y el personal que organiza los comicios.
La guerrilla talibán, derrocado a finales de 2001 tras cinco años de gobierno en Kabul, ha aumentado sus acciones para boicotear las elecciones y, en los últimos meses, ha cometido diversos atentados contra los empleados del censo.
En su reciente reunión de Estambul, la OTAN decidió elevar de 6.500 a 10.000 el número de soldados de la ISAF, con mandato de la ONU y bajo mando de la Alianza Atlántica, para proteger el proceso.