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Medio Oriente - Asia - Africa

29 de mars del 2004

El asesinato del jeque Yassin
Tres generales, un mártir

Uri Avnery
Traducido para Rebelión por Carlos Sanchís

Quinientos miembros de Hamas con barbas negras y blancas estaban sentados frente a mí. Jeques venerados y personas jóvenes. En el lado, algunas filas estaban ocupadas por mujeres. Yo estaba estando de pie en la estancia, hablando en hebreo, con las banderas cruzadas de Israel y Palestina en mi solapa.

Como ya he rememorado varias veces, sucedió así: a finales de 1992, el nuevo primer ministro, Isaac Rabín, expulsó a 415 activistas islámicos-principalmente miembros de Hamas- al área fronteriza libanesa. Nosotros plantamos una acampada en protesta frente a la oficina del primer ministro en Jerusalén. Allí nos pasamos 45 días con sus noches-activistas por la paz israelíes (quiénes llegaron más tarde a fundar Gush Shalom) y ciudadanos árabes de Israel, principalmente miembros del movimiento islámico. La mayoría del tiempo fue muy frío, y algunos días nuestras tiendas se cubrieron de nieve. Había mucho debate en las tiendas, los judíos aprendieron algo sobre el Islam y los musulmanes algo sobre Judaísmo.

Los militantes expulsados vegetaron durante un año por el paisaje de colinas, entre los ejércitos israelí y libanés. El mundo entero siguió su sufrimiento. Después de un año les permitieron regresar, y los líderes de Hamas en Gaza organizaron una recepción de regreso a casa para ellos en el vestíbulo más grande de la ciudad. Invitaron a aquellos israelíes que habían protestado contra la expulsión. Me pidieron que hiciera un discurso. Hablé sobre paz, y en la intermisión fuimos invitados a almorzar con los organizadores. Quedé impresionado por la actitud amistosa de los centenares de personas que estaban allí.

Indudablemente, el Jeque Ahmed Yassin y el portavoz de los expulsados, Dr. Abd-al- Aziz al-Rantissi (quién pasó a ser el sucesor del Jeque Yassin la semana pasada) habrían estado presentes, también, si ellos no hubieran estado en prisión.

Recuento esta experiencia para señalar que el cuadro de Hamas como un enemigo incorregible de toda la paz y compromiso no es exacto. Por supuesto, 10 años de derramamiento de sangre, atentados suicidas y asesinatos selectivos han ocurrido desde entonces. Pero aun ahora, el cuadro es mucho más complejo que a primera vista pueda parecer.

Hay tendencias diferentes en Hamas. El centro duro ideológico se niega de hecho a cualquier paz o compromiso con Israel. Ellos lo consideran una implantación extranjera en Palestina que en la doctrina islámica es un "wakf" musulmán (concesión religiosa). Pero muchos simpatizantes de Hamas no tratan la organización como un centro ideológico sino como un instrumento de combate a Israel, en persecución de objetivos realistas.

El Jeque Yassin anunció hace algunos meses en un periódico alemán que la lucha se interrumpiría después del establecimiento de un estado palestino dentro de las fronteras de 1967. Recientemente, ofreció una " hudna" (tregua) durante 30 años. ( La cual recuerda fuertemente una sugerencia de Ariel Sharon de que Israel dejaría la Franja de Gaza y retendría partes grandes de Cisjordania en una fase interina que duraría 20 años.)

Por consiguiente, el asesinato del Jeque no sirvió para ningún objetivo positivo. Fue un acto tonto.

Los tres generales que realmente dirigen los asuntos de Israel- el primer ministro Ariel Sharon, el Ministro de Defensa Sha'ul Mofaz y el Jefe de Estado Mayor Mosh Ya'alon- mantienen que a "corto plazo" el asesinato aumentaría, de hecho, los ataques a ciudadanos israelíes, pero "a la larga" ayudaría a la "derrota del terrorismo." Tienen mucho cuidado de no explicar donde empiezan y acaban los límites del "corto" y del "largo plazo". Nuestros generales no creen en itinerarios.

Me tomo la libertad de decirles a estos tres estrategas ilustres: Ħlas tonterías, con zumo de tomate! ( como se dice en jerga hebrea). O más bien, tonterías con sangre.

A corto plazo, esta acción pone en peligro nuestra seguridad personal; a la larga representa un peligro aun mayor para nuestra seguridad nacional.

A corto plazo, ha aumentado la motivación para que Hamas lleve a cabo ataques mortales. Cada israelí entiende esto y está tomando precauciones extras estos días. Pero los resultados menos obvios son mucho más amenazantes.

En los corazones de centenares de miles de niños en los territorios palestinos y en los países árabes, este asesinato ha levantado una tormenta de rabia y ha traído sed de venganza, junto con los sentimientos de frustración y humillación en vista de la impotencia del mundo árabe. Esto no sólo producirá miles de nuevos potenciales atacantes suicidas dentro del país, sino también decenas de miles de voluntarios para las organizaciones islámicas radicales a lo largo del mundo árabe. (Lo sé, porque a la edad de 15 me uní al ejército clandestino en circunstancias similares.)

No hay ninguna arma más fuerte para una organización combatiente que un mártir. Baste mencionar a Avraham Stern, alias Ya'ir que fue muerto por la policía británica en Tel-Aviv en 1942. Su sangre dio un impulsó la emergencia del clandestino Lehi (apodado "la banda de Stern") qué sólo cuatro años después estaba jugando un papel destacado en la expulsión de los británicos de Palestina.

Pero la reputación de Ya'ir no era nada comparada con la del Jeque Yassin. El hombre nació al completo para el papel de mártir canonizado: una personalidad religiosa, un parapléjico en una silla de ruedas, quebrado de cuerpo pero no de espíritu, un militante que pasó años en prisión, un líder que continuó su lucha después de sobrevivir a un intento de asesinato más temprano milagrosamente, un héroe asesinado cobardemente desde el aire mientras abandonaba la mezquita después de la oración.

Ni siquiera un genio de escritor podría inventar una figura más adecuada para la adoración de mil millones de musulmanes, en esta y las próximas generaciones.

El asesinato de Yassin animará a la cooperación entre las organizaciones palestinas combatientes. Aquí, también, un paralelismo con la clandestinidad hebrea se presenta. En una cierta fase de la lucha contra los británicos, había mucha inquietud entre los miembros del Hagana, el ejército clandestino semi-oficial de la dirección sionista (comparable a Fatah de hoy). El Hagana (qué incluía la formación de elite del Palmakh) fue visto como inactivo, mientras el Irgun y Lehi aparecían como héroes que llevaron a cabo acciones increíblemente audaces. La agitación dentro del Hagana causó la emergencia de un grupo llamado "la Nación Luchadora" qué defendió la cooperación íntima entre varias organizaciones. Varios miembros del Hagana simplemente se fueron al Lehi.

Ahora está pasando entre los palestinos. Se manchan cada vez más los límites entre los varios grupos. Los miembros de Las Brigadas de los Mártires de Al-Aqsa cooperan con Hamas y Jihad, contrariamente a las órdenes de su dirección política, diciendo que " puesto que nos matan juntos, permítidnos luchar juntos." Este fenómeno esta ligado a crecer y hacer los ataques más eficaces.

La popularidad de Hamas entre la población está subiendo a lo más alto, junto a su capacidad para llevar a cabo ataques. Esto no significa que el público palestino acepta el objetivo de un estado islámico o que ha dejado la idea de un estado Palestino junto a Israel. Incluso entre los miembros de Hamas, muchos abrazan esta idea. Pero la admiración de las masas para los atacantes y sus acciones reflejan la convicción que los israelíes entienden sólo el idioma de la fuerza, y esa experiencia demuestra que sin violencia extrema los palestinos no lograrán nada en absoluto.

No hay ninguna evidencia real, desgraciadamente, para lo contrario. La verdad es que los palestinos nunca han logrado algo sin acudir a la violencia. Por tanto las peticiones firmadas estos días por significadas personalidades palestinas llamando para un final de la lucha armada no tendrá efecto. No pueden señalar cualquier otro método que suene con convencimiento a su público. Y nuestro gobierno siempre, sin excepción, presenta tales movimientos como una señal de debilidad.

A un más largo plazo, el asesinato de Yassin propone un peligro existencial. Para cinco generaciones, el conflicto Israelo-palestino fue esencialmente un conflicto nacional-un choque entre dos grandes movimientos nacionales cada uno de los cuales exigieron el país para sí mismo. Un conflicto nacional es básicamente racional, puede ser resuelto por compromiso. Esto puede ser difícil, pero es posible. Nuestra pesadilla siempre ha sido que la lucha nacional se convertiría en religiosa. Puesto que cada religión exige representar la verdad absoluta, las luchas religiosas no permiten el compromiso.

El martirio del Jeque Yassin incluso empuja más lejos la oportunidad de Israel de lograr jamás la paz y la tranquilidad, relaciones normales con sus vecinos, con una economía floreciente. Aumenta el peligro de que las generaciones futuras de árabes y musulmanes lo verán como una implantación extranjera, instalada en esta región por medio de la fuerza, con cada musulmán decente, desde Marruecos a Indonesia, debiendo esforzarse por su desarraigo.

Tales visiones están lejos de la capacidad de absorción de nuestros tres generales.

Sharon, Mofaz, Ya'alon y su raza entienden sólo la fuerza bruta al servicio de un nacionalismo estrecho. La paz no los inspira, para ellos el compromiso es una palabra sucia. Está bastante claro que ellos se sentirán mucho más cómodos si el pueblo palestino está conducido por fanáticos combatientes religiosos que por un hombre dispuesto al compromiso como Yasser Arafat.

27.3.04